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MUNDO

América Latina, en pie de lucha contra el neoliberalismo

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(Cortesía Sputnik Mundo)

La verdad raramente es pura y nunca es simple 
(Oscar Wilde, 1854-1900)

El neoliberalismo impuesto en escala global desde el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos como único camino hacia el crecimiento económico, ha sufrido una tremenda caída en América Latina.

La explosión popular en Chile —país considerado como modelo durante más de 40 años—, la derrota del seguidor incondicional del Fondo Monetario Internacional —Mauricio Macri en Argentina—, el estallido social en Ecuador, el triunfo indiscutible de Evo Morales en Bolivia, la casi victoria del candidato del Frente Amplio —Daniel Martínez en Uruguay— y la existencia del gobierno populista de Andrés Manuel López Obrador en México indican que este sistema económico está agotado.

Lo interesante es que ningún analista y partidario del neoliberalismo global estaba preparado para la repentina rebelión latinoamericana que hizo desmitificar este modelo económico y presentarlo en toda su desnudez. Carlos Heller, un político argentino, comentó que “el neoliberalismo opera en la escala global como una especie de bomba de succión que traslada recursos de las mayorías hacia las minorías”.

En otras palabras, este sistema económico concentra los recursos pero nunca los derrama. El think tank Credit Suisse Research Institute en su informe Global Wealth Report 2019 reveló que la riqueza global de los “millonarios creció hasta 360 millones de dólares entre mediados de 2018 y mediados de 2019”. También siguió aumentando la desigualdad a escala global cuando el “45% de la riqueza está en manos del 1% más rico, mientras que la mitad de la población más pobre posee menos del 1% de este patrimonio mundial”.

Para los promotores de este modelo, la desigualdad económica no es negativa mientras esté acompañada por la disminución de la pobreza sin querer darse cuenta que el crecimiento de la desigualdad social y económica está pauperizando a la clase media y cierra el camino de los pobres hacia su bienestar.

Chile después del golpe de Estado de Pinochet en 1973 se convirtió en el laboratorio del neoliberalismo inaugurado con la represión, secuestros, exilio, relegaciones, allanamientos, tortura, ejecución de opositores, desapariciones forzadas que facilitaron la aplicación de las reformas económicas elaboradas por el grupo Chicago Boys de Milton Friedman y Arnold Harberger.

La privatización de corporaciones estatales, las medidas de austeridad, la represión de toda la oposición y el control estatal de sindicatos fueron aplicados con facilidad debido al miedo que impuso la dictadura, y produciendo en Chile un trauma psicosocial que, de acuerdo a los estudios del Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS), generalmente dura no menos de 30 años. Es decir, persiste durante unas tres generaciones. Y así sucedió en Chile, donde Pinochet supo atar todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos y aplastar a sangre y fuego la sociedad chilena en nombre de la estabilidad, el desarrollo, el orden, la sensatez y el éxito.

El modelo económico y social impuesto por la dictadura fue avalado por la Constitución de 1980 que los gobiernos de Concertación Política de Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010) no se atrevieron ni siquiera a modificar. Tampoco cambiaron el orden impuesto por el régimen de Augusto Pinochet. Seguían pasando los años y el modelo impuesto por la dictadura se convertía por los medios de comunicación globalizada cada vez más en un ejemplo del éxito mientras la desigualdad crecía, los sueldos de la mayoría de los chilenos estaban por debajo de los sueños, la educación privada era cada vez más inaccesible y la pública, escasa, y las AFP estaban ganando cada vez más mientras los jubilados tenían pensiones de hambre.

Tuvieron que pasar 46 años para que se agote la paciencia del pueblo y se produzca un estallido de indignación saliendo solamente en la capital más de un millón de chilenos a protestar. Ni la abolición del incremento de la tarifa del metro ni la represión y la militarización de las calles y el toque de queda han llegado a acallar las marchas y protestas. Pero este estallido fue precedido por la llamada Revolución de los pingüinos en 2006, cuando 600.000 estudiantes secundarios salieron a exigir el derecho a la educación. Cinco años después, en 2011, los estudiantes universitarios organizaron la Primavera de Chile cuando se sublevaron contra la privatización de la enseñanza. El mismo año el pueblo mapuche empezó su lucha de resistencia.

Los psicólogos han tenido razón cuando afirmaron que se necesitaba no menos de 30 años para que los seres humanos sean capaces de superar el trauma psicosocial producido por la represión de la dictadura. Al declarar el presidente Sebastián Piñera que desde el 18 de octubre “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite”, la indignación del pueblo chileno creció aún más porque este “enemigo poderoso” estaba representado por los hombres y mujeres chilenos que ya perdieron miedo a la represión y a la violencia del Estado. Según los documentos del Instituto Nacional de los Derechos Humanos (0INDH) de Chile, durante 11 días de protestas que siguen adelante hasta el envío de este artículo, 20 personas murieron, 3.162 fueron detenidas y 1.092 fueron heridas: de ellas 237 por perdigones y 272 por armas de fuego.

Entre los heridos hay 60 niños y adolescentes. También el INDH registró 50 querellas por tortura, actos crueles, inhumanos y degradantes durante la detención y 17 casos de violencia sexual. La Coordinadora Ni Una Menos y Feministas Autónomas denunció la desaparición de 13 mujeres desde el viernes 18 de octubre. A pesar de todo esto el pueblo chileno sigue la lucha contra la injusticia y la desigualdad impuesta por el neoliberalismo.

Mientras en Chile su pueblo salió a las calles para protestar contra el sistema económico y político impuesto por el Fondo Monetario Internacional, en Argentina hubo estallido popular en las urnas poniendo el fin durante las elecciones presidenciales al régimen derechista de Mauricio Macri, considerado por los globalizadores y entre ellos el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa como el ejemplo de aplicación exitosa del modelo neoliberal. Se olvidaron los que pretenden ser amos del mundo que Mauricio Macri —quien prometió en el 2015 luchar contra la corrupción— en 2017 apareció envuelto en los Papeles de Panamá. Durante su presidencia hizo todo lo posible para beneficiar las empresas de su familia con contratos en autopistas, pero a la vez bajó significativamente el poder adquisitivo de los argentinos.

En total, la gestión de Macri fue desastrosa en todo: desempleo, aumento de pobreza al 34%, crecimiento de inflación al 47%, devaluación del peso, endeudamiento con el FMI de hasta 278.000 millones de dólares —es decir, un 72% más— y la desarticulación del 40% de la planta productiva que provocó un colapso fabril.

Precisamente por estas cosas, el pueblo, como dijo el periodista argentino Luis Bruschtein, “esa multitud que fue calificada como vagos, fanáticos, choriplaneros, violentos, chorros que aguantó a pie firme la discriminación, la destrucción de sus trabajos y de sus bolsillos, del futuro de sus hijos, esa multitud hizo derrocar al macrismo”.

Los argentinos dieron el 48,10% de su voto al Frente de Todos, encabezado por Alberto Fernández, quien será el próximo presidente del país, y a Cristina Fernández de Kirchner, quien asumirá la vicepresidencia. Fue precisamente la expresidenta del país, Cristina Fernández, quien logró formar la convocatoria de la unidad de peronistas y otras fuerzas para derrotar a Macri con la consigna Nunca más el neoliberalismo. Lo hizo a pesar de ser sometida al circo judicial durante los últimos cuatro años, allanamientos de su vivienda y ataques contra sus hijos.

Alberto Fernández prometió a sus votantes “una Argentina solidaria y más igualitaria con el nuevo orden y nueva lógica”. Uno de sus primeros gestos fue encontrarse con la presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y saludar a Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Ya se sabe que una de las primeras acciones del nuevo Gobierno, que asumirá sus funciones el próximo 10 de diciembre, va a ser la implementación de la Ley de Emergencia Alimentaria. En un reciente artículo la periodista argentina Victoria Ginzberg afirmó que por fin vamos a tener “un presidente con el que podremos enojarnos y amargarnos, pedirle más, exigirle más, como él mismo dijo, si no cumple con lo que prometió”.

No cabe duda que al nuevo Gobierno del Frente de Todos le espera un trabajo titánico para recomponer la economía y que será muy difícil dar primeros pasos en la dirección contraria al neoliberalismo. No hay que olvidar que América Latina está bajo una mirada permanente de Washington, cuyos líderes siguen implementando la consigna elaborada por la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice, que consiste en “crear nuevos mecanismos para reprender a aquellos países que se apartan del camino democrático”. En otras palabras, a los que empiezan a renegar del neoliberalismo. Venezuela es la víctima del ojo que todo lo ve del Big Brother.

Ya uno de los más incondicionales de Estados Unidos, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se mostró descontento con los resultados de las elecciones en Argentina al declarar que “Argentina eligió mal. No pienso a felicitar a Fernández. Argentina puede ser apartada del Mercosur”. Bolsonaro expresó su mayor molestia por el retorno al poder de Cristina Fernández debido a su cercanía con Nicolás Maduro, Lula da Silva, Dilma Rousseff y Evo Morales.

Lo extraño que está pasando en Bolivia, el país de Evo Morales, es que mientras en Argentina, Chile y Ecuador su pueblo repudia al neoliberalismo, un gran sector de la población boliviana, la nación con mayor crecimiento económico en la región, quiere variar el proceso y retornar al neoliberalismo.

Durante las recientes elecciones presidenciales Evo Morales obtuvo el 47,07% de los votos, quedándose Carlos Mesa en el segundo lugar con el 36,51%. Inmediatamente desde Washington el servidor incondicional de EEUU, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, declaró no reconocer la victoria de Evo Morales, como si la OEA estuviera por encima de la Constitución de Bolivia.

La Coordinadora Nacional de la Democracia que incluye opositores de la derecha, centroizquierda, comités procívicos, comités militares y comités de policías retirados declaró desde el anuncio del Tribunal Supremo Electoral (TSE) al ganador Evo Morales, el inicio del paro nacional, marchas de protesta para crear estado de crisis total acompañado por la violencia.

El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, ya señaló a Carlos Sánchez Berzain y al millonario boliviano Branko Marinkovic como los promotores y financistas de la violencia en el país. Carlos Sánchez Berzain, exministro de Gobierno y de Defensa en el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, reside en EEUU y recientemente publicó el libro Castrochavismo: crimen organizado en las Américas. Branko Marinkovic, de origen montenegrino, es prófugo de la justicia boliviana por organizar y financiar entre 2006 y 2008 una banda armada terrorista para lucha por la secesión de la Media Luna de Bolivia, una zona ubicada en el oriente del país con abundantes yacimientos de hidrocarburos integrada por los Departamentos de Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando.

Los 30 auditores de la OEA que ya están en Bolivia difícilmente van a apoyar los resultados de la votación. Evo Morales, por su acercamiento a Rusia y su política independiente, está irritando a Washington desde hace mucho tiempo. Entonces, el futuro de Bolivia está en manos de su pueblo. Mientras, miles de indígenas campesinos, mineros y el grueso de la Confederación Obrera de Bolivia (COB) llegaron a la capital y salieron a las calles para defender los resultados de la elección y amenazan a los opositores al servicio de EEUU con el “uso de dinamita que es histórico y democrático”.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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ENTREVISTAS

La visión del politólogo Pablo Quiroz: El problema de Evo Morales fue querer perpetuarse en el poder

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Por Raúl Cantú //

Independientemente de los resultados que logró en Bolivia como presidente en donde hubo índices de crecimiento mayores de los que se han registrado en la región, la crítica a Evo Morales es no ser demócrata y de haber reformado la ley para perpetuarse en el poder, es la visión de Pablo Quiroz Zepeda, quien está al frente de la Oficina Internacionaliata de la Universidad Marista, y es especialista en temas de América Latina.

El internacionalista no ve un panorama positivo para este país latinoamericano al corto plazo, conforme lo argumenta en entrevista realizada en el programa radiofónico Tela de juicio que conduce Becky Reynoso.

Con su conocimiento académico y además el haber vivido en Sudamérica donde conoció las entrañas políticas de la región, Pablo Quiroz manifiesta que no se puede comparar un país con otro, en el contexto de la problemática que han sucedido en los últimos meses con Ecuador, El Salvador, Chile y ahora Bolivia, pues cada uno tiene sus coyunturas diferentes.

El tema general de Latinoamérica es para no poner todos los huevos en la misma canasta. Cada país, por más que seamos una región, tenemos datos muy diferentes en crecimiento económico, en índice de desarrollo humano, en aparato gubernamental, hasta el supremo tribunal electoral que aquí en México está el INE, en Uruguay el voto es obligatorio si no hay multas, en Bolivia tienen un tribunal supremo electoral que aquí es parte de la coyuntura. Entonces no podemos dar por hecho que Venezuela es igual a El Salvador, que Chile es igual a Ecuador, es el primer error que tenemos como medios de comunicación”.

BOLIVIA, 37% CON POBLACIÓN INDÍGENA

Agrega: “En el tema de izquierda o de derecha, o digamos el Foro de Sao Paulo, lamentablemente sí merma en la opinión y polariza aún más a las personas que vivimos en la región de América Latina. No hay que quedarnos únicamente con el pasado, es parte del presente y va a forjar el futuro, hay detalles claros de la sociedad boliviana que hay que enfatizar, Bolivia tiene alrededor de un 37 por ciento de población indígena, que hasta los setentas tenía un gran pie sobre la espalda, no podían sacar una bandera, debe haber un respeto por estos pueblos originarios”.

Entre las cosas que resalta del gobierno de Evo Morales, es el crecimiento que tuvo Bolivia debido a sus productos minerales, que fueron el sustento para tener programas sociales exitosos.

Dictaduras militares, crecimiento económico, que en Bolivia es debido a productos minerales, cuando a un país le va bien porque es el boom de alguna industria y esa industria tiene un aparato estatal, crea activos que se derivan en más programas sociales, entonces un gobierno como el de Evo Morales le iba bien”.

LA ENTREVISTA

Pregunta. ¿No es un mérito de Evo Morales el crecimiento en Bolivia?

Respuesta. Es mérito al transferir esa victoria económica, ese recurso natural que tiene Bolivia y lo puedas dirigir muy bien a los más desprotegidos. Es un mérito, si Evo se hubiera ido o hubiera sido más demócrata porque es la mayor crítica hacia él, al tratar de reformar la ley para decir quiero estar más tiempo en el poder, ya lo había hecho en 2016, se quería reformar el artículo 168 de la constitución boliviana para postergar más la presidencia de Evo Morales.

Cuando pasa el referéndum, lógicamente existe una preferencia por el no, ya desde ahí vemos una oposición, que en 2019 se marca en los comicios como preferencias electorales son ambiguas, cada vez que leemos una estadística es diferente entre empresas, ya hay una diferencia y bastante marcada, eso duele mucho a los latinoamericanos, no es nada democrático, es una observación, debemos exigir encuestas que digan lo que realmente es.

Pregunta. Ahí ya era foco rojo…

Respuesta. Desde 2016 ya viene foco rojo. Pero todavía la situación de ir a una segunda vuelta no es clara, es un cochinero desde el lado gubernamental al tratar de emprender a toda costa mecanismos gubernamentales para perpetuarse en el poder, también es un cochinero de empresas que hacen las encuestas, una empresa marcaba a Evo con 40 por ciento para la victoria, una gran diferencia, pero todos querían su juego. Creo que la oposición no jugó con la mejor carta, ya había ganado bastiones fuertes, Bolivia no es únicamente La Paz.

CONVOCARÁN A ELECCIONES

Pregunta. El 37 por ciento de población es indígena, lo que hace ganar a un presidente…

Respuesta. Así es. Esto ya nos da a qué va a pasar, Yáñez ya dice que es la presidenta interina. Ya cuando el aparato legislativo acredita que ella es la presidenta interina, tiene que convocar a elecciones, pasan 90 días y se forman las nuevas elecciones.

Pregunta. ¿Qué va a pasar con Bolivia?

Respuesta. No está teniendo alternancia política, eso es lo complicado. El señor Mesa que ya estaba contendiendo con Evo Morales, viene desde el 2005 arrastrando, yo en un artículo mencioné que tenemos líderes millennials, desde 2005, desde 2003, a inicios del milenio, personas que hoy tienen 18 o 20 años solo han conocido a uno o dos presidentes, una forma de gobierno, esto es muy triste para una participación ciudadana, es triste en un ambiente democrático, vemos que un joven de 20 años en Bolivia nada más había visto de presidente a Evo Morales. No están dejando los sistemas políticos de América a nuevos liderazgos, que enfrenten nuevos retos, que impliquen nuevos conocimientos, nos quedamos estancados.

Pregunta. ¿Y en México qué está sucediendo?

Respuesta. El liderazgo de México, el activismo, lo lleva Marcelo Ebrard, no lleva la batuta Andrés Manuel López Obrador, es más interno, uno que otro comentario a favor de la traída de Evo Morales que está apegada a derecho, y que no ha sido el único caso en la historia mexicana de recibir personas, tanto que vengan del exilio por ser militantes de izquierda como fue en la guerra civil española, así como de derecha.

Pregunta. Pero eran personas que eran perseguidas por los gobiernos, en sentido opuesto casi no hubo…

Respuesta. Hemos tenido personas que han venido del franquismo. Cuando fue la guerra civil española, no solo recibimos republicanos, también recibimos personas franquistas. A nivel de presidente no, quizás el caso podría ser más similar es el de León Trotsky, pero ya son muchos años.

Pregunta. Ya dijo el gobierno que le darán un dinero para que viva…

Respuesta. Lo criticable aquí es que sí está apegado a derecho, apegado a una amistad, una confianza del gobierno mexicano hacia la personalidad de Evo Morales. Lo criticable es que viene una persona pidiendo asilo político, cuando viene una persona pidiendo asilo político por Tapachula se le trata igual, no se le va a tratar igual. Creo que entre seres humanos debe ser igual el trato, lo que me parece muy complicado y se habla a corto plazo, mediano plazo, pero no se habla de las repercusiones del pueblo boliviano más allá si hubo golpe de estado o no, continúa Bolivia con grupos de poder que no dan alternancia.

PANORAMA PESIMISTA PARA BOLIVIA

Pregunta. ¿No ves un buen futuro para Bolivia?

Respuesta. Por el momento no, lamentablemente sí podemos hablar que se harán comicios, que le darán su palomita al nuevo estado boliviano, pero Bolivia es el país que desestabiliza este match entre el foro de Sao Paulo y el grupo de Lima, porque tenía mucha presencia con Nicolás Maduro en Venezuela, hubo participación en un foro anti neoliberal en La Habana con participación de Bolivia, de Venezuela, entonces era un personaje clave, porque era un éxito en crecimiento económico, era la mejor carta de presentación de la izquierda latinoamericana.

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MUNDO

La modelación de nuevas sociedades; apuntes sobre guerra simbólica: ¿Qué pasó en Bolivia?

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Por José Negrón Valera //

Durante la presidencia de Evo Morales Bolivia logró reducir la pobreza a la mitad. Fue el país que más creció en Latinoamérica en los últimos años, logró una redistribución de la pobreza y el respeto a las identidades locales de poblaciones históricamente excluidas. No le sirvió de nada. ¿Por qué? Porque se subestima el poder del imaginario colectivo.

Con Chávez ocurrió algo similar. Nunca antes en Venezuela se vivió tal nivel de bienestar como el que se alcanzó en el periodo entre 2006 y 2012. Miles de venezolanos, la mayoría de ellos opositores a la revolución bolivariana, viajaron por el mundo con dólares preferenciales producto de la bonanza petrolera de esos años.

Mejoraron su posición económica, adquiriendo viviendas y automóviles, producto de las políticas de créditos sociales y del enorme poder adquisitivo del bolívar. Aun así, nunca cambiaron su opinión adversa al presidente venezolano.

¿Qué pasó? Por qué las realidades de bienestar concreto, real, vivido, no permiten a las personas cambiar sus percepciones. Por qué, por ejemplo, son capaces de seguir atadas al discurso ‘antisocialismo’, aun cuando tiene en sus manos pruebas concretas de la eficacia de dicho sistema.

LA CLAVE ESTÁ EN LO INMATERIAL

En la novela Reyes y dinosaurios se describe la manera en que se diseñan los programas de ingeniería social disfrazados de programas gubernamentales, tendencias filosóficas y movimientos artísticos. En un fragmento de dicha obra uno de los agentes encargados de pensar cómo los símbolos pueden ser usados para derrocar Gobiernos comenta sus hallazgos:

“Había dado con el entendimiento cierto sobre la dimensión omnipresente del poder. Aquel cuya imposición no es visible. Aquel que actúa sin la figura del represor, sino a través de su sospecha, por intermedio de la intuición, de lo que sobrevendrá. (…) Usa el miedo para cohesionar su legión, pero no a través del miedo a perder, sino a dejar de-ser-eso-que-se-les-ha-prometido. Perfeccionó e hizo herramienta útil la muy patrocinada necesidad de pertenecer a la élite. La gente gusta de estar en grupos, pero no en cualquier grupo, sino en aquel que es más manada que el resto, aquel que come el pasto verde mientras los otros se conforman con la sal y la melaza. Hizo suyo el mito colonial, la segregación de las castas y los linajes, institucionalizó la subordinación e hizo del eurocentrismo su núcleo, su meca a la cual voltean y doblan sus rodillas el resto de ansiosos aspirantes.

Los que desean adorar, los que temen no embarcarse en el tren que los conducirá hacia otra clase de existencia, los que temen que el mundo siga su marcha y los deje atrás. (…) Crea una élite, un estamento que obedece y que olvida su pasado, su origen, el vientre materno, los juegos triviales; les borra el rastro de vuelta y los convierte en esclavos, en los edulcorados y muy eunucos ciudadanos del mundo, donde no hay patria y el arraigo avergüenza, donde la tradición huele a derrota y los ancestros saben a metal, a oxidado metal, a pesados grilletes”. 

Los dos símbolos más potentes que se utilizaron para modelar las sociedades latinoamericanas fueron el discurso religioso y el mito del progreso. Perder “eso-que-se-les-ha-prometido” se concreta, literalmente, en el miedo a no alcanzar el American Way of Life, de la maquinaria propagandística, pero también a evitar la castradora culpa del ‘pecado original’ católico. 

Un ‘paraíso prometido’ y un ‘sueño americano’ blanco, occidental y liberal, que por cierto, dejó por fuera esta existencia al 99% de la población latinoamericana, primero en el siglo XVI y luego con la avanzada imaginacional que puso a Estados Unidos como el modelo a seguir luego de la Segunda Guerra Mundial.

Quienes no entran en el estereotipo, tienen tres caminos desde el punto de vista de la élite: Someterse silenciosamente, canalizar su frustración convirtiéndose en verdugos de sus iguales o ser aniquilados como ocurre en Chile, Haití, Ecuador, Bolivia.

El mecanismo mitad culpa y mitad endorracismo adquiere entonces la forma de militares hincados ante una biblia minutos antes de cumplir la guerra santa que el neoliberalismo impuso en Latinoamérica a través de un Plan Cóndor y de una colonización medieval que aún se mantienen vigentes.

“La gente no vota por realidades sino por expectativas”… es una ley del márquetin electoral. Usualmente se les paga muy bien a los consultores solo para decir esa frase en conferencias. Lo dramático es que tienen razón. Aunque casi nunca explican el por qué ocurre esto.

 

EL EXPERIMENTO DE LOS CLARCK

Los indígenas que en Bolivia han participado en el golpe de Estado son esclavos de algo que no logran entender. Está allí, sí, como una molestia a la que no pueden ponerle nombre. Que los hace actuar con una violencia descarnada, derrotados ante un amo invisible que les ha gobernado desde niños.

Algo que han aprendido quienes se dedican al modelaje social es que los bloques constitutivos de la colonización comienzan a erigirse en la infancia.

Es en esta edad donde el efecto resulta más estremecedor y perecedero. ¿Se ha preguntado usted por qué cuando coloca un video infantil en Youtube, la publicidad que aparece usualmente es de un cantante de reguetón? Siendo las herramientas altamente específicas para lograr un mejor posicionamiento y segmentación de la audiencia, ¿usted cree que es casual que a su niño de cinco años lo bombardeen con material de consumo de adultos? Sabe por qué lo hacen. Porque están garantizando su próxima generación de consumidores a través de un modelado de sus percepciones.

No es un invento de los productores musicales, ya Thomas Bernays el creador de la teoría de la propaganda (sobrino de Freud, por cierto) estaba muy claro en que si las sociedades democráticas (entiéndase de nuevo las gobernadas por blancos, anglosajones, liberales) querían perpetuarse debían apelar a estrategias mucho más profundas que la fuerza.

Bernays ideó una ‘teoría del consentimiento’ explicada en los siguientes términos:

“La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Aquellos que manipulan este mecanismo invisible de la sociedad constituyen un Gobierno invisible, que es el verdadero poder gobernante de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes son moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar. Este es un resultado lógico de la forma en que está organizada nuestra sociedad democrática”.

Cómo se llega a esto. Es aquí donde entran los medios masivos de difusión de contenido (TV, Prensa, Radio), pero también el saber que se produce en las universidades, los movimientos artísticos y las tendencias que inundan las narrativas, las estéticas, los gustos musicales. Nada queda fuera de ello. ¿Si es efectivo o no para dirigir el destino de las sociedades?, pues nada más tenemos que atender al experimento realizado en los cuarenta por los sociólogos estadounidenses Kenneth y Mamie Clark. 

Estos científicos sociales reunieron un grupo de niños y les hicieron preguntas sobre dos muñecas, una blanca y una negra.  Los resultados fueron un electroshock para quienes desde el statu quo deseaban mantener oculto el racismo terrible de la sociedad norteamericana.

“El 63% de ellos dijo que preferiría jugar con la muñeca blanca. La mayoría dijo que la muñeca blanca era más bonita que la muñeca negra y, en la respuesta más conmovedora de todas, el 44% de los niños negros dijo que la muñeca blanca se parecía más a ellos”.

Para el profesor de la Universidad de Harvard William Julius Wilson, el que los niños consideraran que el “blanco era más hermoso que el negro” resultó absolutamente ‘devastador’ para la opinión pública de aquel momento y fue usado para comenzar a poner fin a las leyes de segregación. ¿Les fue bien?

En el 2009 el programa estadounidense Good Morning América replicó el experimento de los Clark para ver qué había cambiado. A pesar de que en la reseña que hace la cadena, se consideran optimistas sobre cuánto ha avanzado la sociedad estadounidense, ver el video es un despertar automático para quien cree que el debate político actual es sobre meros modelos económicos.

“LA MENTE DE LA HUMANIDAD”: EL OBJETIVO

La verdadera guerra que hay que ganar es la cultural. La lucha es civilizatoria y se encuentra en efervescencia por todo el globo.

Las redes de tanques de pensamiento, concentradas en El Movimiento, la iniciativa impulsada por Steve Bannon, exasesor de Trump, llevan un trecho largo de ventaja sobre los pueblos.

La razón es que ellos sí entienden que para apuntalar las transformaciones económicas que necesitan, lo primero en que deben influir es “en el cuerpo viviente de la cultura”, para así conquistar “la mente de la humanidad”, tal como lo explica Luis Britto García en su obra El imperio contracultural. 

Lo alarmante es que sí lo están logrando.

En 2006, las corporaciones Disney, Time Warner, NBC Universal, Fax Studios (NewsCorp) y Viacom representaban el 79% de la producción cinematográfica y el 55% de la distribución mundial, según el investigador español Manuel Castell.

Una monopolización de lo que vemos y por supuesto, del cómo pensamos. Sin embargo, mientras en la pantalla se nos aletarga con la idea de que avanzamos hacia una sociedad tecnológica de progreso ilimitado, las imágenes que nos llegan de la realidad cruda y concreta nos cuentan algo muy distinto.

Se nos venden viajes a Marte, inteligencia artificial, transhumanos, pero en la vida verdadera no salimos del ciclo de violencia, del racismo colonial, de las masacres de niños como las que en estos momentos se silencian en Palestina. Una realidad medieval, edulcorada por los filtros de las redes sociales.

Esta contradicción no es casual. Lo que se nos está diciendo, y prácticamente a gritos, es que en la fiesta idílica del futuro no estamos invitados. Y que además, nos guste o no, tendremos que conformarnos con despedazarnos los unos a los otros, mientras los que tiran de los hilos terminan de decidir qué hacer con nosotros.

Para todos los que resistimos en El Alto, en Gaza, en Yemen, en Caracas, en Santiago;  Para quienes no aceptaremos resignados y con los brazos cruzados, se vienen tiempos interesantes. Ya lo decía Edward Said, la historia está repleta de opresiones e injusticias, pero también de heroísmos y resistencias, y “en la abrumadora mayoría de los casos”, estas últimas son las que han terminado triunfando.

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MUNDO

El caos en Latinoamérica: Agonía del neoliberalismo con auge de la remilitarización

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Por Alfredo Jalife-Rahme (Sputnik Mundo) //

En el mundo tripolar de hoy, conformado por las potencias Estados Unidos, Rusia y China, fracturado también por la desglobalización que refleja la agonía del neoliberalismo global, se escenifican revueltas multidimensionales con una aguda remilitarización en Latinoamérica -sin el Caribe-, en medio de la rebelión demográfica de los ‘millennials’ que usan como instrumento las redes cibernéticas.

 

Solía proferir Confucio, el inconmensurable sabio chino del Siglo V, antes de Cristo, que el inicio del caos se gestaba con la confusión lingüística.

En el nuevo (des) orden global en curso, han sido hechas añicos las viejas categorías de izquierda y derecha cuando hoy el mundo se encuentra fracturado por la dicotomía del nacionalismo contra el globalismo -antes de la próxima taxonomía de la inteligencia artificial donde prevalecerán EEUU, China y Rusia-.

La epidemia de revueltas en Latinoamérica, sin contar El Caribe, que padece las propias, se han agudizado debido a su dinámica demografía donde resaltan los millennials desde Ecuador pasando por Chile hasta Bolivia y quienes se movilizan con mayor vehemencia y celeridad gracias a las redes cibernéticas.

Bajo el prisma del hemisferio ‘americano’, resalta la lucha por el poder en EEUU entre dos grupos antagónicos —el de George Soros y el del presidente Trump— quienes hoy luchan en una guerra sin cuartel con sus respectivos tentáculos y epígonos.

En la fase de Trump, asistimos a un neomonroísmo que resucita la doctrina Monroe de 1823 y que busca destruir lo que queda del alicaído bloque ALBA.

La feroz lucha fratricida en EEUU, de cara a las elecciones de noviembre de 2020, afecta e infecta la dimensión latinoamericana debido a la presencia del 18% de latinos en su seno —55 millones, en una población de 329 millones—, muchos de ellos de doble nacionalidad, así como a la política propia del trumpismo, nada disímbola de Hillary Clinton/Obama respecto a Latinoamérica que sufre en varios puntos desestabilizaciones mediante golpes de Estado inducidos y apoyos tangibles para sus diversas  remilitarizaciones.

A mi juicio, el inicio de las audiencias públicas para defenestrar a Trump y/o la búsqueda de su reelección tienen ya repercusiones enormes desde el norte de México -la carnicería de la familia de mormones LeBaron en la Sierra de Sonora, frontera con Arizona: notorio estado volátil (swing state) del colegio electoral estadounidense- hasta Bolivia, donde fueron capturadas las llamadas telefónicas a la Embajada de EEUU en La Paz de parte de dos senadores republicanos que promovieron el golpe de Estado: Marco Rubio de Florida (con 29 votos electorales) y Ted Cruz de Texas (con 38 votos electorales).

De aquí a noviembre del 2020, tanto para impedir su impeachment (defenestración) como para ser reelegido, Trump deberá contar con el apoyo de los dos senadores de origen cubano Marco Rubio y Ted Cruz, quienes han apretado las tuercas para propiciar cambios de régimen en países que consideran comunistas/socialistas en Latinoamérica.

A raíz de la carnicería de la familia de mormones binacionales LeBaron en el norte de México, no solamente el presidente Trump conminó a su homólogo mexicano a recibir ayuda militar para combatir a los ‘monstruos’ del narcotráfico, sino que también el muy influyente senador republicano Lindsey Graham llegó a calificar a México de encontrarse en una situación peor a la de Siria.

Las convulsiones en Latinoamérica y sus resultados tendrán enorme impacto en las elecciones de EEUU en noviembre del 2020.

Hoy Latinoamérica vive una imponente remilitarización: desde la llegada al poder en Brasil con el excapitán evangelista Jair Bolsonaro hasta el reciente golpe policiaco-militar-mediático-bíblico en Bolivia.

En Brasil, la máxima potencia geoeconómica-territorialpoblacional-militar de Latinoamérica, 22 miembros del gabinete de Bolsonaro son militares, donde destaca su vicepresidente y general retirado Hamilton Mourao.

La remilitarización brasileña es sui generis con máscara ‘democrática’, mezclado al pinochetismo neoliberal de su ministro de economía Paolo Guedes: un Chicago boy adoctrinado en Chile.

En Chile, el colapso del modelo neoliberal ha llevado a una revuelta de los millennials que no amaina, por lo que su presidente Sebastián Piñera, un multimillonario que hizo su fortuna bajo el pinochetismo, decretó el estado de emergencia operado por la casta militar.

La dimisión del gabinete de Piñera y las promesas de un nuevo pacto social y una nueva Constitución no satisfacen a los millennials, sin horizonte palpable de vida, quienes exigen su renuncia, lo cual presagia la ingobernabilidad y un inminente golpe de Estado rectificativo.

En Perú, frontera norte de Chile, el presidente Martin Vizcarra disolvió el Congreso y gobierna con un amplio respaldo de su Ejército.

En Ecuador, frontera norte de Perú, las volcánicas protestas juveniles obligaron a un toque de queda operado por el Ejército en la capital Quito para sostener a su repudiado presidente Lenin Moreno que tuvo que huir a Guayaquil.

Hasta aquí cabe un axioma estrujante: los Gobiernos de Latinoamérica, sean de izquierda o de derecha en la anacrónica taxonomía, perviven si gozan del apoyo del Ejército —como son los casos de Nicaragua y Venezuela— o son derrocados, como es el caso de Bolivia donde el Ejército y la Policía obligaron a la renuncia del presidente Evo Morales.

El caso de Venezuela es singular: pese al boicot y las sanciones de EEUU —que busca apoderarse de su petróleo, oro y torio—, el presidente Maduro, sucesor de Hugo Chávez (teniente coronel de carrera), ha podido sortear las sublevaciones y la autoproclamación como ‘presidente’ de Juan Guaidó, gracias al apoyo del Ejército que ha mantenido su cohesión contra vientos y mareas.

Debido al golpe de Estado, Bolivia marca el paroxismo de la remilitarización en Latinoamérica y parece repetir el menú neomonroísta de EEUU cuando Hillary Clinton propició el golpe de Estado militar contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras en 2009 para luego redireccionar su ‘democracia’ militarizada con un candidato conveniente.

¿Podrá el Ejercito de Bolivia repetir hoy con Trump la fórmula hondureña de ayer con Hillary Clinton?

En Bolivia, llamó la atención que la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez —por cierto, tía de Carlos Andrés Áñez Dorado, un narcotraficante encarcelado en Brasil hace dos años —haya sido elegida sin quórum y entronizada por los militares en forma flagrante.

La autoproclamada presidenta se hizo notar más, amén de su racismo medieval contra los indígenas (mayoría de la población), por ostentar una Biblia evangelista como su estandarte, en imitación al ‘evangelismo sionista’ del excapitán Bolsonaro en Brasil.

Entre los varios factores en juego en Bolivia, cabe destacar uno de mayor trascendencia geopolítica: su posesión de gas nacionalizado y la mayor reserva de litio en el planeta que sirve para los smartphone y los carros eléctricos.

Justamente antes del golpe, el Gobierno de Evo Morales había anunciado sus planes para nacionalizar la industria del litio. Cabe destacar que días antes, el depuesto Evo Morales había asistido al lanzamiento del carro eléctrico Quantum, de fabricación boliviana al 100%.

Hace dos meses, Ivanka, hija y ‘asesora’ de Trump, había visitado la provincia de Jujuy (Argentina), frontera con Bolivia, para apoyar la ‘ruta del litio’ mediante una inversión de 400 millones de dólares.

El ‘triángulo del litio’ de Bolivia/Argentina/Chile concentra el 75% del planeta y es objeto de la codicia de las mineras anglosajonas de EEUU y Canadá que desde la OEA —con sede en Washington y cuyo presupuesto depende del 60% de EEUU— había catalizado el golpe de Estado en Bolivia.

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