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El dilema de Pablo Iglesias y el futuro de Podemos en España

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Por Luis Rivas //

Pablo Iglesias necesita el respaldo de los militantes de Podemos para justificar el fracaso en su pretensión de formar parte de un gobierno de coalición dirigido por el socialista Pedro Sánchez.

Tras meses de negociaciones infructuosas, someter al voto la respuesta al presidente interino es la salida que podía protegerle de las críticas que le están ya llegando por negar la posibilidad al PSOE de acceder al poder efectivo tras los resultados de las elecciones de abril.

Para Pedro Sánchez, esa decisión de Iglesias fue la gota que colmó el vaso de su paciencia, pues lo consideró como una maniobra que da en un principio por finalizada la posibilidad de contar con su apoyo en la sesión de investidura, justo después de que el presidente del gobierno en funciones acercara la posibilidad de incluir en su equipo de gobierno a miembros de Podemos.

Durante semanas, PSOE y Podemos han llevado a cabo negociaciones que cada partido ha interpretado de cara al público según la táctica cambiante de cada instante y haciendo públicas conversaciones que deberían haber sido discretas. En un primer momento, Pedro Sánchez habló de “gobierno de cooperación“, nuevo concepto que servía para evitar un tradicional gobierno de coalición, donde ambos partidos compartirían ministros en proporción a sus resultados electorales, siempre bajo la dirección de Pedro Sánchez.

Pero los socialistas tenían claro desde un principio que no podían sentar a la mesa del consejo de ministros a un aliado que no consideran fiable. Las diferencias ideológicas y políticas que separan a ambos partidos son mucho más evidentes que la idea de unirse en un gabinete compartido. Para el PSOE es la actitud de Podemos sobre Cataluña el principal escollo, según declaraciones de todos sus líderes. Podemos ha defendido siempre un referéndum de autodeterminación para esa región, algo que el PSOE considera fuera de la Constitución y de su propio ideario.

DIFERENCIAS PSOE-PODEMOS

Pero Cataluña no es lo único que separa a las dos fuerzas de la izquierda española. Las medidas sociales que podrían alcanzar en consenso llegarían a un límite que para Pablo Iglesias supondría la aceptación de una línea socialdemócrata que convertiría a su organización en una simple fuerza de apoyo para la gestión socialista.

En una palabra, muchos verían en este punto la fagocitación efectiva de Podemos por el partido mayoritario. ¿Qué créditos podría obtener Iglesias y su partido en caso de éxito de tal coalición en los siguientes comicios? Confirmar, quizá, que el objetivo de superar un día al PSOE electoralmente sería más complicado que convertirse en el aliado junior permanente de los socialistas.

Pero muchos votantes de izquierda no entienden que se deje pasar la oportunidad de establecer un gobierno de ese color, aunque ambos partidos deban ceder en algo. La pretensión de primera y de última hora de Pablo Iglesias de integrar personalmente el ejecutivo de Sánchez era más bien una apuesta a “todo o nada”, consciente de que para los socialistas ese aliado coyuntural podría convertirse en cada momento en una amenaza para la estabilidad o en un crítico interno que desacreditara su gestión en cada medida que hubiera que acometer.

Por eso Sánchez y sus portavoces preferían insistir en un acuerdo de programa del que no se pudiera salir argumentando diferencias insalvables. Los comentarios que insisten en la existencia de gobiernos de coalición en toda Europa convencen poco cuando se trata de poner de acuerdo a un partido socialdemócrata y a otro que defiende, o defendía hasta hace poco, posiciones antisistema. Un apoyo exterior de Iglesias a un gobierno monocolor de Sánchez tras la firma de un programa dejaría más libertad al líder de Unidas Podemos para desligarse del compromiso si el pacto no se cumple, pero ahí Sánchez no ha empujado de su parte para poner en marcha con prontitud una mesa de negociación, que debería haber sido el paso previo a un acuerdo.

“FUERZA PROGRESISTA NO SECTARIA”

La adaptación, o la supuesta moderación de Podemos para apoyar lo que la izquierda llama medidas sociales, siempre puede tener un límite. Y si se trata de acercar al PSOE formaciones más a la izquierda, el fantasma de Íñigo Errejón planea ya sobre el futuro de Iglesias. Errejón, aliado de la exalcaldesa de Madrid Manuela Carmena en la formación regional “Más Madrid”, ha asegurado que existe espacio político en España para otra fuerza progresista “no sectaria”. EL PSOE insiste en ese aspecto, facilitando sondeos de opinión que indicarían que un partido encabezado por Errejón a nivel nacional superaría a sus excompañeros de Unidas Podemos en unas nuevas elecciones generales.

Es esa división de la izquierda lo que genera la esperanza del Partido Popular y Ciudadanos, si se va definitivamente de nuevo a las urnas, aunque nadie sepa a ciencia cierta cuáles serían los cambios de opinión de unos votantes hastiados tras un debate eterno, causado primero por los actos ilegales y las exigencias del independentismo catalán y ahora por las dificultades que cada partido pone sobre la mesa para llegar a acuerdos que posibiliten la formación de un gobierno. Ciertas voces anuncian que solo la abstención saldría ganando con una nueva cita electoral. Lo que parece también probable es que Unidas Podemos no mejore los decepcionantes resultados obtenidos en las últimas generales, municipales, autonómicas y europeas.

Si Pedro Sánchez no logra la investidura en la tercera semana de julio, las Cortes deberán esperar a septiembre para ofrecerle la última oportunidad antes de evitar nuevos comicios. La izquierda española puede así perder una nueva oportunidad de llevar a cabo las reformas que proponen, pues el país sigue viviendo de los presupuestos aprobados por la derecha hace dos años. Solo un gobierno investido por el Parlamento puede proponer un nuevo plan económico, que tanto PSOE como Podemos querían convertir en “social”, antes de tirarse los trastos a la cabeza.

(Cortesía de Sputnik Noticias)

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La modelación de nuevas sociedades; apuntes sobre guerra simbólica: ¿Qué pasó en Bolivia?

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Por José Negrón Valera //

Durante la presidencia de Evo Morales Bolivia logró reducir la pobreza a la mitad. Fue el país que más creció en Latinoamérica en los últimos años, logró una redistribución de la pobreza y el respeto a las identidades locales de poblaciones históricamente excluidas. No le sirvió de nada. ¿Por qué? Porque se subestima el poder del imaginario colectivo.

Con Chávez ocurrió algo similar. Nunca antes en Venezuela se vivió tal nivel de bienestar como el que se alcanzó en el periodo entre 2006 y 2012. Miles de venezolanos, la mayoría de ellos opositores a la revolución bolivariana, viajaron por el mundo con dólares preferenciales producto de la bonanza petrolera de esos años.

Mejoraron su posición económica, adquiriendo viviendas y automóviles, producto de las políticas de créditos sociales y del enorme poder adquisitivo del bolívar. Aun así, nunca cambiaron su opinión adversa al presidente venezolano.

¿Qué pasó? Por qué las realidades de bienestar concreto, real, vivido, no permiten a las personas cambiar sus percepciones. Por qué, por ejemplo, son capaces de seguir atadas al discurso ‘antisocialismo’, aun cuando tiene en sus manos pruebas concretas de la eficacia de dicho sistema.

LA CLAVE ESTÁ EN LO INMATERIAL

En la novela Reyes y dinosaurios se describe la manera en que se diseñan los programas de ingeniería social disfrazados de programas gubernamentales, tendencias filosóficas y movimientos artísticos. En un fragmento de dicha obra uno de los agentes encargados de pensar cómo los símbolos pueden ser usados para derrocar Gobiernos comenta sus hallazgos:

“Había dado con el entendimiento cierto sobre la dimensión omnipresente del poder. Aquel cuya imposición no es visible. Aquel que actúa sin la figura del represor, sino a través de su sospecha, por intermedio de la intuición, de lo que sobrevendrá. (…) Usa el miedo para cohesionar su legión, pero no a través del miedo a perder, sino a dejar de-ser-eso-que-se-les-ha-prometido. Perfeccionó e hizo herramienta útil la muy patrocinada necesidad de pertenecer a la élite. La gente gusta de estar en grupos, pero no en cualquier grupo, sino en aquel que es más manada que el resto, aquel que come el pasto verde mientras los otros se conforman con la sal y la melaza. Hizo suyo el mito colonial, la segregación de las castas y los linajes, institucionalizó la subordinación e hizo del eurocentrismo su núcleo, su meca a la cual voltean y doblan sus rodillas el resto de ansiosos aspirantes.

Los que desean adorar, los que temen no embarcarse en el tren que los conducirá hacia otra clase de existencia, los que temen que el mundo siga su marcha y los deje atrás. (…) Crea una élite, un estamento que obedece y que olvida su pasado, su origen, el vientre materno, los juegos triviales; les borra el rastro de vuelta y los convierte en esclavos, en los edulcorados y muy eunucos ciudadanos del mundo, donde no hay patria y el arraigo avergüenza, donde la tradición huele a derrota y los ancestros saben a metal, a oxidado metal, a pesados grilletes”. 

Los dos símbolos más potentes que se utilizaron para modelar las sociedades latinoamericanas fueron el discurso religioso y el mito del progreso. Perder “eso-que-se-les-ha-prometido” se concreta, literalmente, en el miedo a no alcanzar el American Way of Life, de la maquinaria propagandística, pero también a evitar la castradora culpa del ‘pecado original’ católico. 

Un ‘paraíso prometido’ y un ‘sueño americano’ blanco, occidental y liberal, que por cierto, dejó por fuera esta existencia al 99% de la población latinoamericana, primero en el siglo XVI y luego con la avanzada imaginacional que puso a Estados Unidos como el modelo a seguir luego de la Segunda Guerra Mundial.

Quienes no entran en el estereotipo, tienen tres caminos desde el punto de vista de la élite: Someterse silenciosamente, canalizar su frustración convirtiéndose en verdugos de sus iguales o ser aniquilados como ocurre en Chile, Haití, Ecuador, Bolivia.

El mecanismo mitad culpa y mitad endorracismo adquiere entonces la forma de militares hincados ante una biblia minutos antes de cumplir la guerra santa que el neoliberalismo impuso en Latinoamérica a través de un Plan Cóndor y de una colonización medieval que aún se mantienen vigentes.

“La gente no vota por realidades sino por expectativas”… es una ley del márquetin electoral. Usualmente se les paga muy bien a los consultores solo para decir esa frase en conferencias. Lo dramático es que tienen razón. Aunque casi nunca explican el por qué ocurre esto.

 

EL EXPERIMENTO DE LOS CLARCK

Los indígenas que en Bolivia han participado en el golpe de Estado son esclavos de algo que no logran entender. Está allí, sí, como una molestia a la que no pueden ponerle nombre. Que los hace actuar con una violencia descarnada, derrotados ante un amo invisible que les ha gobernado desde niños.

Algo que han aprendido quienes se dedican al modelaje social es que los bloques constitutivos de la colonización comienzan a erigirse en la infancia.

Es en esta edad donde el efecto resulta más estremecedor y perecedero. ¿Se ha preguntado usted por qué cuando coloca un video infantil en Youtube, la publicidad que aparece usualmente es de un cantante de reguetón? Siendo las herramientas altamente específicas para lograr un mejor posicionamiento y segmentación de la audiencia, ¿usted cree que es casual que a su niño de cinco años lo bombardeen con material de consumo de adultos? Sabe por qué lo hacen. Porque están garantizando su próxima generación de consumidores a través de un modelado de sus percepciones.

No es un invento de los productores musicales, ya Thomas Bernays el creador de la teoría de la propaganda (sobrino de Freud, por cierto) estaba muy claro en que si las sociedades democráticas (entiéndase de nuevo las gobernadas por blancos, anglosajones, liberales) querían perpetuarse debían apelar a estrategias mucho más profundas que la fuerza.

Bernays ideó una ‘teoría del consentimiento’ explicada en los siguientes términos:

“La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática. Aquellos que manipulan este mecanismo invisible de la sociedad constituyen un Gobierno invisible, que es el verdadero poder gobernante de nuestro país. Somos gobernados, nuestras mentes son moldeadas, nuestros gustos formados, nuestras ideas sugeridas, en gran medida por hombres de los que nunca hemos oído hablar. Este es un resultado lógico de la forma en que está organizada nuestra sociedad democrática”.

Cómo se llega a esto. Es aquí donde entran los medios masivos de difusión de contenido (TV, Prensa, Radio), pero también el saber que se produce en las universidades, los movimientos artísticos y las tendencias que inundan las narrativas, las estéticas, los gustos musicales. Nada queda fuera de ello. ¿Si es efectivo o no para dirigir el destino de las sociedades?, pues nada más tenemos que atender al experimento realizado en los cuarenta por los sociólogos estadounidenses Kenneth y Mamie Clark. 

Estos científicos sociales reunieron un grupo de niños y les hicieron preguntas sobre dos muñecas, una blanca y una negra.  Los resultados fueron un electroshock para quienes desde el statu quo deseaban mantener oculto el racismo terrible de la sociedad norteamericana.

“El 63% de ellos dijo que preferiría jugar con la muñeca blanca. La mayoría dijo que la muñeca blanca era más bonita que la muñeca negra y, en la respuesta más conmovedora de todas, el 44% de los niños negros dijo que la muñeca blanca se parecía más a ellos”.

Para el profesor de la Universidad de Harvard William Julius Wilson, el que los niños consideraran que el “blanco era más hermoso que el negro” resultó absolutamente ‘devastador’ para la opinión pública de aquel momento y fue usado para comenzar a poner fin a las leyes de segregación. ¿Les fue bien?

En el 2009 el programa estadounidense Good Morning América replicó el experimento de los Clark para ver qué había cambiado. A pesar de que en la reseña que hace la cadena, se consideran optimistas sobre cuánto ha avanzado la sociedad estadounidense, ver el video es un despertar automático para quien cree que el debate político actual es sobre meros modelos económicos.

“LA MENTE DE LA HUMANIDAD”: EL OBJETIVO

La verdadera guerra que hay que ganar es la cultural. La lucha es civilizatoria y se encuentra en efervescencia por todo el globo.

Las redes de tanques de pensamiento, concentradas en El Movimiento, la iniciativa impulsada por Steve Bannon, exasesor de Trump, llevan un trecho largo de ventaja sobre los pueblos.

La razón es que ellos sí entienden que para apuntalar las transformaciones económicas que necesitan, lo primero en que deben influir es “en el cuerpo viviente de la cultura”, para así conquistar “la mente de la humanidad”, tal como lo explica Luis Britto García en su obra El imperio contracultural. 

Lo alarmante es que sí lo están logrando.

En 2006, las corporaciones Disney, Time Warner, NBC Universal, Fax Studios (NewsCorp) y Viacom representaban el 79% de la producción cinematográfica y el 55% de la distribución mundial, según el investigador español Manuel Castell.

Una monopolización de lo que vemos y por supuesto, del cómo pensamos. Sin embargo, mientras en la pantalla se nos aletarga con la idea de que avanzamos hacia una sociedad tecnológica de progreso ilimitado, las imágenes que nos llegan de la realidad cruda y concreta nos cuentan algo muy distinto.

Se nos venden viajes a Marte, inteligencia artificial, transhumanos, pero en la vida verdadera no salimos del ciclo de violencia, del racismo colonial, de las masacres de niños como las que en estos momentos se silencian en Palestina. Una realidad medieval, edulcorada por los filtros de las redes sociales.

Esta contradicción no es casual. Lo que se nos está diciendo, y prácticamente a gritos, es que en la fiesta idílica del futuro no estamos invitados. Y que además, nos guste o no, tendremos que conformarnos con despedazarnos los unos a los otros, mientras los que tiran de los hilos terminan de decidir qué hacer con nosotros.

Para todos los que resistimos en El Alto, en Gaza, en Yemen, en Caracas, en Santiago;  Para quienes no aceptaremos resignados y con los brazos cruzados, se vienen tiempos interesantes. Ya lo decía Edward Said, la historia está repleta de opresiones e injusticias, pero también de heroísmos y resistencias, y “en la abrumadora mayoría de los casos”, estas últimas son las que han terminado triunfando.

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El caos en Latinoamérica: Agonía del neoliberalismo con auge de la remilitarización

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Por Alfredo Jalife-Rahme (Sputnik Mundo) //

En el mundo tripolar de hoy, conformado por las potencias Estados Unidos, Rusia y China, fracturado también por la desglobalización que refleja la agonía del neoliberalismo global, se escenifican revueltas multidimensionales con una aguda remilitarización en Latinoamérica -sin el Caribe-, en medio de la rebelión demográfica de los ‘millennials’ que usan como instrumento las redes cibernéticas.

 

Solía proferir Confucio, el inconmensurable sabio chino del Siglo V, antes de Cristo, que el inicio del caos se gestaba con la confusión lingüística.

En el nuevo (des) orden global en curso, han sido hechas añicos las viejas categorías de izquierda y derecha cuando hoy el mundo se encuentra fracturado por la dicotomía del nacionalismo contra el globalismo -antes de la próxima taxonomía de la inteligencia artificial donde prevalecerán EEUU, China y Rusia-.

La epidemia de revueltas en Latinoamérica, sin contar El Caribe, que padece las propias, se han agudizado debido a su dinámica demografía donde resaltan los millennials desde Ecuador pasando por Chile hasta Bolivia y quienes se movilizan con mayor vehemencia y celeridad gracias a las redes cibernéticas.

Bajo el prisma del hemisferio ‘americano’, resalta la lucha por el poder en EEUU entre dos grupos antagónicos —el de George Soros y el del presidente Trump— quienes hoy luchan en una guerra sin cuartel con sus respectivos tentáculos y epígonos.

En la fase de Trump, asistimos a un neomonroísmo que resucita la doctrina Monroe de 1823 y que busca destruir lo que queda del alicaído bloque ALBA.

La feroz lucha fratricida en EEUU, de cara a las elecciones de noviembre de 2020, afecta e infecta la dimensión latinoamericana debido a la presencia del 18% de latinos en su seno —55 millones, en una población de 329 millones—, muchos de ellos de doble nacionalidad, así como a la política propia del trumpismo, nada disímbola de Hillary Clinton/Obama respecto a Latinoamérica que sufre en varios puntos desestabilizaciones mediante golpes de Estado inducidos y apoyos tangibles para sus diversas  remilitarizaciones.

A mi juicio, el inicio de las audiencias públicas para defenestrar a Trump y/o la búsqueda de su reelección tienen ya repercusiones enormes desde el norte de México -la carnicería de la familia de mormones LeBaron en la Sierra de Sonora, frontera con Arizona: notorio estado volátil (swing state) del colegio electoral estadounidense- hasta Bolivia, donde fueron capturadas las llamadas telefónicas a la Embajada de EEUU en La Paz de parte de dos senadores republicanos que promovieron el golpe de Estado: Marco Rubio de Florida (con 29 votos electorales) y Ted Cruz de Texas (con 38 votos electorales).

De aquí a noviembre del 2020, tanto para impedir su impeachment (defenestración) como para ser reelegido, Trump deberá contar con el apoyo de los dos senadores de origen cubano Marco Rubio y Ted Cruz, quienes han apretado las tuercas para propiciar cambios de régimen en países que consideran comunistas/socialistas en Latinoamérica.

A raíz de la carnicería de la familia de mormones binacionales LeBaron en el norte de México, no solamente el presidente Trump conminó a su homólogo mexicano a recibir ayuda militar para combatir a los ‘monstruos’ del narcotráfico, sino que también el muy influyente senador republicano Lindsey Graham llegó a calificar a México de encontrarse en una situación peor a la de Siria.

Las convulsiones en Latinoamérica y sus resultados tendrán enorme impacto en las elecciones de EEUU en noviembre del 2020.

Hoy Latinoamérica vive una imponente remilitarización: desde la llegada al poder en Brasil con el excapitán evangelista Jair Bolsonaro hasta el reciente golpe policiaco-militar-mediático-bíblico en Bolivia.

En Brasil, la máxima potencia geoeconómica-territorialpoblacional-militar de Latinoamérica, 22 miembros del gabinete de Bolsonaro son militares, donde destaca su vicepresidente y general retirado Hamilton Mourao.

La remilitarización brasileña es sui generis con máscara ‘democrática’, mezclado al pinochetismo neoliberal de su ministro de economía Paolo Guedes: un Chicago boy adoctrinado en Chile.

En Chile, el colapso del modelo neoliberal ha llevado a una revuelta de los millennials que no amaina, por lo que su presidente Sebastián Piñera, un multimillonario que hizo su fortuna bajo el pinochetismo, decretó el estado de emergencia operado por la casta militar.

La dimisión del gabinete de Piñera y las promesas de un nuevo pacto social y una nueva Constitución no satisfacen a los millennials, sin horizonte palpable de vida, quienes exigen su renuncia, lo cual presagia la ingobernabilidad y un inminente golpe de Estado rectificativo.

En Perú, frontera norte de Chile, el presidente Martin Vizcarra disolvió el Congreso y gobierna con un amplio respaldo de su Ejército.

En Ecuador, frontera norte de Perú, las volcánicas protestas juveniles obligaron a un toque de queda operado por el Ejército en la capital Quito para sostener a su repudiado presidente Lenin Moreno que tuvo que huir a Guayaquil.

Hasta aquí cabe un axioma estrujante: los Gobiernos de Latinoamérica, sean de izquierda o de derecha en la anacrónica taxonomía, perviven si gozan del apoyo del Ejército —como son los casos de Nicaragua y Venezuela— o son derrocados, como es el caso de Bolivia donde el Ejército y la Policía obligaron a la renuncia del presidente Evo Morales.

El caso de Venezuela es singular: pese al boicot y las sanciones de EEUU —que busca apoderarse de su petróleo, oro y torio—, el presidente Maduro, sucesor de Hugo Chávez (teniente coronel de carrera), ha podido sortear las sublevaciones y la autoproclamación como ‘presidente’ de Juan Guaidó, gracias al apoyo del Ejército que ha mantenido su cohesión contra vientos y mareas.

Debido al golpe de Estado, Bolivia marca el paroxismo de la remilitarización en Latinoamérica y parece repetir el menú neomonroísta de EEUU cuando Hillary Clinton propició el golpe de Estado militar contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras en 2009 para luego redireccionar su ‘democracia’ militarizada con un candidato conveniente.

¿Podrá el Ejercito de Bolivia repetir hoy con Trump la fórmula hondureña de ayer con Hillary Clinton?

En Bolivia, llamó la atención que la autoproclamada presidenta Jeanine Áñez —por cierto, tía de Carlos Andrés Áñez Dorado, un narcotraficante encarcelado en Brasil hace dos años —haya sido elegida sin quórum y entronizada por los militares en forma flagrante.

La autoproclamada presidenta se hizo notar más, amén de su racismo medieval contra los indígenas (mayoría de la población), por ostentar una Biblia evangelista como su estandarte, en imitación al ‘evangelismo sionista’ del excapitán Bolsonaro en Brasil.

Entre los varios factores en juego en Bolivia, cabe destacar uno de mayor trascendencia geopolítica: su posesión de gas nacionalizado y la mayor reserva de litio en el planeta que sirve para los smartphone y los carros eléctricos.

Justamente antes del golpe, el Gobierno de Evo Morales había anunciado sus planes para nacionalizar la industria del litio. Cabe destacar que días antes, el depuesto Evo Morales había asistido al lanzamiento del carro eléctrico Quantum, de fabricación boliviana al 100%.

Hace dos meses, Ivanka, hija y ‘asesora’ de Trump, había visitado la provincia de Jujuy (Argentina), frontera con Bolivia, para apoyar la ‘ruta del litio’ mediante una inversión de 400 millones de dólares.

El ‘triángulo del litio’ de Bolivia/Argentina/Chile concentra el 75% del planeta y es objeto de la codicia de las mineras anglosajonas de EEUU y Canadá que desde la OEA —con sede en Washington y cuyo presupuesto depende del 60% de EEUU— había catalizado el golpe de Estado en Bolivia.

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Las revelaciones del hombre que abrió el Muro de Berlín a 30 años de su caída: “No había otra alternativa”

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(Cortesía de Sputnik Mundo)

Hace exactamente 30 años, los ciudadanos berlineses derribaron un muro de hormigón que había dividido a Alemania en dos zonas durante casi tres décadas. Sputnik conversó con Harald Jaeger, el guardia fronterizo de la República Democrática Alemana (RDA) que abrió primero la frontera entre las dos Alemanias aquella noche histórica.

Una vez que abrió la puerta, la muchedumbre de alemanes del Este se abalanzó hacia la República Federal de Alemania.

Por su parte, los guardias de los demás puntos de control del Muro de Berlín siguieron el ejemplo de Jaeger, algo que dio inicio a la caída del muro.

Jaeger reveló que los empleados de las unidades de control de pasaportes trabajaron para el Ministerio para la Seguridad Nacional de la República Democrática Alemana (Stasi). Sin embargo, usaban el uniforme de la Guardia Fronteriza para no levantar sospechas.

Pese a los acontecimientos de noviembre de 1989, Jaeger creía que la RDA seguiría existiendo. El día posterior a la caída del Muro de Berlín, su compañero de trabajo, Edwin Görlitz, le dijo: “Harald, creo que este es el fin. El fin de la República Democrática Alemana”. “En ese momento, no había otra alternativa”, confesó Jaeger.

Harald Jaeger

Harald Jaeger

CONTRABANDO Y MIGRACIÓN

El interlocutor de Sputnik reveló que al principio apoyó el cierre de la frontera entre las dos Alemanias en agosto de 1961 debido a problemas como la migración circular o el contrabando del Este al Oeste.

No obstante, admitió que el control fronterizo se endurecía cada vez más y que, cuando se enteró de que las autoridades habían instalado ametralladoras y minas antipersonas en la frontera, ni siquiera quería pensar en eso.

“Transferimos la responsabilidad de una persona a un mecanismo”, declaró a Görlitz.

Jaeger subrayó que para los guardias fronterizos que se encontraban en las torres de vigilancia ubicadas a una distancia de 300 metros era casi imposible apuntar a las piernas de los desertores.

Por su parte, las autoridades de la República Democrática Alemana restringían cada vez más la libertad de sus residentes.

“Y nosotros seguíamos hablando de la victoria del socialismo, de la difusión de la democracia”, reveló el exguardia fronterizo, quien admitió que ese fue el momento en el que pensó que “algo tenía que cambiar”.

En la primavera de 1989, los ciudadanos de la RDA que querían abandonar el país ocuparon las embajadas de la República Federal de Alemania en los países del bloque del Este, como Polonia o Hungría. 

En ese momento, Jaeger preguntó a Görlitz quiénes eran esos invasores, a lo que este respondió que, en su mayoría, eran jóvenes. 

“Eran jóvenes en los que confiábamos, y ellos nos abandonaban. Si la juventud abandona el país, el Estado ya no tiene derecho de existir. Deberíamos haber lamentado su partida”, admitió.

EL INICIO DEL FIN

El 9 de noviembre, el funcionario del Partido Socialista Unificado de Alemania Günter Schabowski anunció erróneamente en una rueda de prensa en directo que todas las leyes para cruzar la frontera habían sido derogadas. 

“¿Qué mierda está diciendo?”, se preguntó Jaeger, quien estaba de guardia en ese momento. Luego, llamó a sus jefes del Ministerio para la Seguridad del Estado, aunque no tomaron en serio sus palabras. 

Mientras tanto, cada vez más personas se congregaban frente al punto de control.

Jaeger reveló que el teniente Ziegerhorn, del Ministerio para la Seguridad, afirmó que no podía ayudarle y que hasta había avisado al jefe de seguridad Wolfgang Herger, pero confesó que no les creían.

Sin embargo, más tarde, el jefe le llamó y le ordenó que dividiera a los ciudadanos de la RDA en dos grupos y permitiera cruzar la frontera a quienes “se comportaban de manera provocativa”. Al mismo tiempo, tenía que  poner el sello en sus fotos y, de este modo, anular sus pasaportes. Además, tenía que guardar sus datos para que nunca pudieran volver a Alemania del Este.

Alrededor de 500 personas tuvieron la oportunidad de cruzar el muro, 200 de las cuales ya tenían pasaportes inválidos. 

Jaeger cuenta el caso de una pareja que quiso volver a Berlín del Este. Sin embargo, el hombre tenía su foto sellada y solo su esposa pudo volver a casa.

“Y ese fue el momento en el que entendí lo que habíamos hecho”, confesó Jaeger, quien optó por desobedecer la orden y permitió que ambos volvieran a Berlín Oeste.

Jaeger también aprendió que la decisión de la Stasi contradecía las leyes de la RDA, ya que, desde el punto de vista jurídico, solo un tribunal, y no un policía fronterizo, podía privar de nacionalidad a los residentes del país.

“Técnicamente, violé la ley. No tuve que seguir esa orden, pude negarme a  hacerlo desde el principio”, reveló.

En ese momento decidió solo hacer lo que creía que era correcto. A las 23:30 del 9 de noviembre, Jaeger ordenó a los guardias del punto fronterizo en la calle Bornholmer que levantaran la barrera y suspendieran el control fronterizo. Y este fue el momento en el que abrió el Muro de Berlín.

“NO HUBO ALEGRÍA”

“Todo mi mundo se cayó a pedazos”, reveló Jaeger, quien señaló que, al ver a los residentes de la RDA abandonando el país, pensó que, en realidad, le abandonaban a él.

El expolicía confesó que lo único que quería era llorar y que “no hubo alegría cuando los vio desfilando” al otro lado de la frontera. Luego, se topó con un compañero que estaba llorando por lo ocurrido.

Harald Jaeger admitió que nadie tenía derecho a abrir la frontera —ni siquiera el mismísimo Gorbachov ni el ministro de Defensa, Heinz Kessler—, ya que los países del Pacto de Varsovia estaban obligados a coordinar sus actividades en la frontera.

“Si abren la frontera con la RFA, abren la frontera oeste del Pacto de Varsovia, lo que equivale a una capitulación”, explicó. Jaeger subrayó que nadie pudo dar una orden así y que solo una persona como él pudo abrir la frontera “sin intención”.

El 14 de noviembre, la Fiscalía Militar de la RDA inició una investigación para hacer comparecer ante la Justicia a un “grupo de personas no identificadas” que habían abierto la frontera en la calle Bornholmer. En ese momento, no se sabía oficialmente que era Jaeger el que dio la orden. 

TESTIGO ESPAÑOL DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN

El entonces embajador de España en la República Democrática Alemana, Alonso Álvarez de Toledo, fue testigo del histórico momento. 

El 9 de noviembre de 1989, escribió en su diario —publicado más tarde bajo el título Notas a pie de página: memorias de un hombre con suerte—: “Gracias a una coincidencia increíble, he sido testigo de la apertura del muro, que se convirtió en un acontecimiento histórico hoy a las 9:12. No pudo ser más trivial. Sin bombos ni platillos, sin avisos previos ni anuncios públicos, un empleado desconocido de la policía fronteriza abrió la puerta en la valla y dijo a las personas que esperaban al otro lado que podían pasar”.

Más tarde, reveló en una entrevista con el diario XLSemanal que fue él quien le dio el “primer empujón” al Muro de Berlín.

“Eso, al menos, me confesó el oficial al mando del punto de control de la calle Bornholmer, el primero que se abrió la noche del 9 de noviembre de 1989”, recordó.

“Si me abría la puerta solo a mí, por ser embajador, delante de toda aquella muchedumbre, lo matan. Así que pidió instrucciones y, como ningún superior le respondía, mandó todo a hacer puñetas y dejó cruzar a la gente. Fue el primer paso fronterizo que se abrió”, agregó Toledo.

“EL 9 DE NOVIEMBRE NUNCA PASÓ”

El exguardia fronterizo declaró a Sputnik que después de los acontecimientos de aquel día, no tuvo que dar explicaciones ni redactar informe alguno.

“El 9 de noviembre nunca pasó en la RDA”, confesó. Jager agregó que el reporte diario de los 9 y 10 de noviembre simplemente desapareció.

En noviembre de 2014, Mijaíl Gorbachov rindió homenaje a Jager en la gala de la fundación internacional Cinema for Peace y le otorgó el título de Héroe de Paz. Sin embargo, el hombre no cuenta con ningunos títulos o galardones por parte de las autoridades alemanas.

“No abrí el camino a través del muro. Simplemente me aseguré de que todo pasara con tranquilidad y sin derramamiento de sangre. El mérito era mío y de mis entonces colegas. No voy a permitir que me quiten este mérito. Estoy orgulloso de eso”, concluyó.

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