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Frentes abiertos del presidente norteamericano: Los desafíos, Donald Trump frente a guerras frías y conflicto racial en EEUU

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Por Vicky Peláez //

Desde hace más de 200 años EEUU viene promoviendo protestas, disturbios, terrorismo y golpes en países cuyos gobernantes se oponen a la voluntad de Washington, pero ahora le ha tocado probar sus recetas en su propio terruño.

La historia del mundo viaja del Oriente al Occidente, pues Europa es innegablemente el fin de la historia y Asia es el comienzo (Hegel G.W.F., La filosofía de la historia, 1956)

Ya son diez días de disturbios, saqueos y vandalismo por el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd los que están estremeciendo al país, obligando a las principales ciudades a declarar el toque de queda para evitar la caída de Norteamérica al abismo.

Sin embargo, y a pesar de todo esto, la retórica beligerante de Donald Trump y de su administración contra China y Rusia está creciendo día a día. Tal es la paranoia interna estadounidense antirrusa y antichina que el actual asesor de la seguridad nacional de EEUU, Robert O’Brien, señaló a China, Irán y también a los rusos de promover la violencia que está azotando a Estados Unidos en estos días.

A la vez la exasesora de la seguridad nacional de Barack Obama y la exembajadora de EEUU en las Naciones Unidas, la demócrata Susan Rice, acusó a Rusia, basándose en su “experiencia”, de “estar detrás de las manifestaciones violentas en Norteamérica” en FOX News.

Los generales estadounidenses están declarando que no permitirán a China y Rusia expandir sus intereses en el Medio Oriente y América Latina. Sin embargo, ni la guerra híbrida de Norteamérica contra China y Rusia, ni las sanciones, ni el despliegue de sus barcos de guerra en el Caribe pudieron evitar el arribo de los tanqueros iraníes a Venezuela trayendo gasolina y equipos de refinamiento de petróleo.

EEUU no se atrevió a intervenir, aceptando de esta manera el poder de China y Rusia que han mostrado su sólido apoyo a Venezuela e Irán sin recurrir a la retórica.

La llegada de los cinco barcos petroleros iraníes a Venezuela está confirmando el cambio en el equilibrio de las fuerzas en el mundo por mucho que Washington esté tratando de no permitirlo. Y pensar que hace 21 años los aviones de guerra norteamericanos atacaron con misiles la embajada de China en la capital de la República Federativa Socialista de Yugoslavia, Belgrado, y no pasó nada después de pagar Washington una compensación.

Hace un año, en 2019, las fuerzas navales británicas detuvieron el tanquero iraní Grace frente a las costas de Gibraltar y lo retuvieron durante 43 días. Esta vez los norteamericanos y sus aliados de la OTAN decidieron abstenerse de cualquier acción hostil contra Irán y Venezuela al no estar listos para afrontar un inminente incidente internacional.

No obstante, esto no significa que Washington cambie su actitud hacia Venezuela, porque debido a su tradición histórica resumida por el exasesor del Consejo Nacional de Seguridad (NSC), Michael Ladeen, “cada 10 años o algo así, Estados Unidos señala a un pequeño país (…) y lo tira contra un muro solo para mostrar al mundo que hablamos en serio”. Esta vez Donald Trump proyectó su política internacional más allá de Venezuela e Irán, lanzando una nueva guerra fría contra Rusia y China más diseñada para el consumo interno que externo para convencer a sus ciudadanos con el avance del eslogan América ya es grande de nuevo.

Por supuesto, todavía falta mucho para lograr lo que Donald Trump propone, si es que llegue a cumplir el presidente de EEUU esta meta alguna vez. Mientras tanto el departamento de Estado y el Congreso norteamericano para desviar la atención de todos los problemas que están afectando al país se lanzaron desde 2014 a una nueva guerra fría, primero contra Rusia y ahora contra China.

Los medios de comunicación de EEUU y de sus satélites de la OTAN han desatado una campaña de noticias falsas contra ambos países de la dimensión parecida a la Guerra Fría contra la Unión Soviética que duró desde 1945 a 1991 cuando se disolvió el sistema socialista y se desintegró la Unión Soviética.

Apenas se dio cuenta Washington del resurgimiento de Rusia tanto a nivel nacional como internacional, especialmente después de la reincorporación de Crimea en 2014, no dudó ni un instante la administración estadounidense en reiniciar una campaña de demonización de Moscú y de su líder Vladímir Putin acusando sus intenciones de debilitar a Norteamérica y dividir su sociedad. Siguiendo las pautas de la anterior guerra fría, los grupos de batalla de la OTAN, bajo el mando del Pentágono, se desplazaron a Lituania en la frontera con el enclave ruso de Kaliningrado, a Polonia y a Letonia que bordea a Rusia. También se instalaron sistemas de misiles dirigidos contra Rusia en Polonia y Rumanía.

Actualmente Polonia está pidiendo a EEUU el traslado de bombas nucleares de Alemania a su país sin aparentemente darse cuenta de que en el caso de un conflicto militar su país sería el primero en ser arrasado por estas armas ya más sofisticadas y mortíferas en comparación con las bombas que Norteamérica había sido utilizado en Hiroshima y Nagasaki. No obstante, la propaganda antirrusa promovida día a día por Washington y aumentada por los aliados incondicionales de Washington de la OTAN, desgraciadamente posee más poder persuasivo sobre la gente que la lógica. Además, esta propaganda ha sido reforzada permanentemente por el departamento de Estado, la CIA y el Pentágono. Hasta Hollywood ha sido involucrado en este juego sucio de desinformación. Según el Acta del 2017 del Freedom of Information, Washington intervino en 1.800 casos de películas y series de televisión relacionados con Rusia.

Los organizadores del Premio Pulitzer no se quedaron atrás en esta cruzada antirrusa violando toda la ética profesional establecida desde la creación de esta institución en 1917, empezaron a otorgar premios en el periodismo a los autores que han estado tratando de acusar al Gobierno de Putin por su política de expansión del poder ruso en el extranjero, como lo hizo The New York Times en 2017. La historia se repitió el presente año cuando el Premio Pulitzer 2020 fue entregado otra vez a The New York Times por una serie de ocho historias “cuya investigación conllevó un gran riesgo sobre las prácticas predatorias del régimen de Vladímir Putin”.

Lo triste de todo esto es observar el cinismo de los supuestos periodistas de investigación que recurrieron a las fuentes anónimas para acusar al presidente de Rusia y a su Gobierno en asesinatos en el extranjero, en desestabilización de Europa, en la manipulación de las elecciones presidenciales en EEUU en 2016, en el envenenamiento por una Unidad del GRU (la inteligencia militar rusa) del búlgaro Emilian Gebrev, en el tráfico de diamantes en la república Central Africana. También acusaron a los aviones de ataque rusos en destrucción de cuatro hospitales en Siria sin presentar pruebas concretas.

Los medios de comunicación occidentales se han convertido en una máquina de propaganda tanto antirrusa como antichina. El Premio Pulitzer 2020 fue entregado a la agencia Reuters por su cobertura fotográfica de las protestas en Hong Kong contra el Gobierno de China. Los reportajes gráficos de The New York Times sobre la represión de los musulmanes en China también obtuvo el máximo galardón.

También durante seis años Rusia ha tenido que sufrir sanciones impuestas por Estados Unidos:

  • primero, fue Barack Obama cuyo Gobierno aplicó 555 sanciones;

  • después Donald Trump infligió 220 castigos económicos y financieros a Moscú entre 2016 y 30 de enero de 2020.

Actualmente Washington está amenazando a aplicar el mismo método de imposición de su hegemonía contra China al darse cuenta recientemente del potencial económico, financiero y geopolítico de este país y de paso, igual como en el caso de Rusia, acusar a China no solamente en la violación de tratados comerciales, su política expansionista, sino en ser responsable por la propagación de COVID-19 a nivel mundial. Con esto Trump está intentando encubrir el rol de EEUU y sus laboratorios BSL-4 en la diseminación de coronavirus en el planeta.

Lo que está olvidando la administración de Trump o simplemente lo está ignorando es una advertencia de Napoleón Bonaparte de hace más de 200 años:

“China es un gigante dormido. Hay que dejarlo dormir, porque cuando este gigante se despierta, sacudirá el mundo”.

Y así sucedió. Llegó el momento cuando China no solamente se despertó, sino que se convirtió en una potencia económica y financiera que no aceptó el modelo y valores neoliberales que Occidente esperaba, sino siguió su propio camino de desarrollo económico, político, militar y social basados en la filosofía de Confucio y en el pensamiento de su presidente Xi Jinping.

El líder chino orientó a su país seguir tres principios:

  1. primero, reemplazar el pensamiento tradicional occidental, que hizo algunas raíces en su nación, con los valores chinos y proyectar el rol del liderazgo en las relaciones exteriores a un nuevo nivel;

  2. segundo, construir las relaciones exteriores basándose en la imparcialidad y justicia;

  3. tercero, asegurar que la política exterior de China siempre protegerá la soberanía nacional, seguridad nacional y el desarrollo del país.

Para Donald Trump y sus asesores esta orientación china representa un peligro para EEUU, lo que obliga a Washington a aumentar sus ataques contra Beijing en todos los niveles empezando por el supuesto robo de la propiedad intelectual norteamericana, comercio desequilibrado e injusto, su expansión en Eurasia, especialmente en Hong Kong, en América Latina y en África y, cómo no, propagación de coronavirus a nivel mundial. Recientemente el Gobierno norteamericano declaró que restringirá severamente la presencia de estudiantes y profesores chinos en las universidades norteamericanas. Sin embargo, habría que esperar las reacciones de los rectores de las casas de estudios que reciben anualmente más de 15.000 millones de dólares por la matrícula de los 369.000 estudiantes chinos. Sin estos jóvenes procedentes de China quebrarán las universidades.

Lo mismo pasará con la prohibición de las cuatro principales líneas aéreas chinas que traen sus ciudadanos a EEUU. Según la publicación Hosteltur, el número de turistas a EEUU en 2019 fue superior a tres millones, y gastaron más de 35.000 millones de dólares. Entonces todas las amenazas de Trump estarán perjudicando a la economía de su país, lo que convertirá finalmente su discurso beligerante en una simple retórica preelectoral. Lo mismo pasará con sus declaraciones respecto a Hong Kong después de que la Asamblea Popular Nacional de China aprobase leyes de seguridad nacional fiel a la política de un país, dos sistemas.

El artículo segundo aclara que el país se opone firmemente a la interferencia en los asuntos de la Región Administrativa Especial de Hong Kong por parte de cualquier fuerza extranjera o externa. Precisamente es Norteamérica la que está promoviendo protestas en Hong Kong mientras reprime los disturbios en su propio país. Cualquier castigo a la región administrativa retornará en forma de bumerán a EEUU, pues Hong Kong es un importante centro financiero en Asia donde Norteamérica tiene fuertes intereses y donde inclusive se lava el dinero procedente de EEUU.

Hay una vieja canción interpretada por Liza Minnelli, Money, Money, que explica la esencia del sistema norteamericano y en general del capitalismo en cualquiera de sus formas que reza: Money makes the world go round (el dinero hace que el mundo gire). Así de simple.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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Podría prolongar su gobierno hasta 2036: De la KGB a zar de todas las rusias…¡Putin forever!

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Política Global, por Jorge López Portillo Basave //

Navsegada” Putin – Putin para siempre-, decían algunos de los manifestantes que con pancartas apoyaban o rechazaban las reformas constitucionales que el Presidente Vladimir Putin había propuesto al pueblo de Rusia mismas que fueron votadas el pasado 1 de julio.

Nuestra Constitución, Nuestro País, Nuestra Decisión” decían los folletos de propaganda que impulsaban la propuesta. En Rusia existe una ley para la realización de referéndums que permitan reformar su “Carta Magna”, en ese sentido y a sus 67 años de edad el ex agente de la KGB –policía secreta- obtuvo una importante victoria política al lograr pasar el proyecto de ley que permite su reelección continua hasta el año 2036. El actual periodo de Putin Concluía en el 2024, pero decidió no esperar y en medio de la pandemia se logró reformar la constitución.

Los acontecimientos políticos de una potencia sirven de referencia para conocer lo que pueden ser tendencias o fenómenos político-sociales que se repitan en otras regiones del mundo, especialmente en una era tan intercomunicada como la actual; por ejemplo, sabemos que el Presidente de China Xi Jinping logró algo similar hace un par de años, aumentando su poder político –interno y externo- prolongando su permanencia en el cargo reformando la ley que ahora le permitirle reelecciones indefinidas. Parce que Putin no se quiso quedar atrás.

Hay varias democracias que mantienen a sus mismos gobernantes en el poder por décadas, pero en ellas los órganos del Estado son mucho más independientes y por ende se da un verdadero equilibrio de poder mediante el cual los ciudadanos pueden exigir cuentas de forma efectiva a sus gobernantes. Japón, Alemania, Inglaterra, Francia e Israel son ejemplos de este tipo de democracias que mantienen por mucho tiempo a sus gobernantes pero que pueden ser removidos en cualquier momento por medios pacíficos en caso de ser encontrados culpables por faltas graves o vía electoral permitiendo que alguien más llegue al gobierno.

En el mundo circulan videos de líderes opositores rusos y de organismos civiles de supervisión electoral en donde acusan al gobierno de haber perpetrado un fraude electoral monumental, pero el Organismo Central Electoral anunció que el 78% de los electores votaron a favor de las reformas propuestas.

UNA BUENA SEMANA PARA EL KREMLIN

La reforma constitucional tienen muchos más aspectos que la prolongación de Putin en el poder. En esta nueva Carta Magna el Presidente Ruso puede destituir a los jueces y ministros de la Corte, también se crea el Consejo de Estado integrado por el Ministro del Interior –algo así como el de Gobernación- y todos los gobernadores del país; una mezcla de CONAGO en México pero encabezada por el presidente del país.

Resaltó que en la misma se defina al matrimonio como la “Unión del Hombre y la Mujer” lo que motivó varias marchas de grupos gay y la protesta de varias embajadas en el pasado miércoles izaron en Moscú la bandera del arcoíris, símbolo mundial de la homosexualidad.

La inclusión de Dios en el texto constitucional es el último elemento que cuadra la campaña del Presidente Putin, quien se ve así mismo como el conservador de los mandatarios mundiales y defensor de la fe cristiana, lo que contrasta con su socio comunista del sur Xi Jinping. Es una extraña coincidencia que un Vladimir –Lenin- eliminó a la Iglesia de los asuntos del gobierno ruso y otro Vladimir –Putin- la regrese 100 años después.

El Kremlin es la mini ciudad amurallada en la cual está asentada la sede del poder político de Rusia a la orilla del rio “Moskva”. Pero en términos geo-políticos es el centro de gobierno que ha influido con mucha determinación en el ascenso y descenso de la mayoría de los movimientos político-económico-militares que dan forma al mundo moderno. Conquistarla fue la distracción o ambición que en 1812 costó la derrota a Napoleón lo que detuvo su avance europeo y que terminó en su primer exilio en la Isla de Elba. Lo mismo le pasó a Hitler que por abrir el frente ruso perdió el frente Occidental y ahora lo mismo le pasa a los americanos que por estar entretenidos con Rusia durante cuatro años de pleitos en Washington, están por perder el flanco asiático.

La elección se dio el miércoles 1 de julio. El jueves 2 de julio Rusia ponía en marcha una pieza más del ajedrez global que por el momento comparte con China aunque también le vende aviones militares a la India que de momento está en pleito con Beijing.

La alianza sino-rusa envió el primer tren de tecnología moderna patrocinada por Beijing conectando el comercio entre Pyongyang y Moscú. Uno podría decir que Corea del Norte es poco importante, pero estas vías recorren una distancia que por mar durarían semanas y que por aire es muy costosa para la venta de artículos industriales o de autos. La distancia es superior a la que separa a Cancún de Alaska. Este avance también permite –en plena pandemia- el aumento del comercio de mercancías chinas enviadas directamente en vagones cerrados y con rastreo satelital hasta los mercados europeos de Alemania o Francia. Es el segmento ferroviario más largo del mundo

En la reunión informativa del jueves, la Empresa Paraestatal Ferroviaria Rusa confirmó que la construcción del Tren Bala que conectará a Moscú con Beijín en recorridos de 48hrs -hoy toma siete días- va en tiempo conforme a lo planeado y que se inaugurará en el 2023. Las inversiones y construcciones para conectar los más de siete mil kilómetros están siendo a cargo de la empresa china ferroviaria pero la operación será a cargo de la entidad rusa.

Donald Trump ha pedido que Rusia sea reintegrado al G7, propuesta que Alemania y Francia rechazaron, pero ahora Rusia dice que un G7 sin Beijing “no tiene sentido, porque es simplemente imposible discutir cualquier asunto del mundo moderno sin China” declaró el 4 de julio el viceministro de relaciones exteriores de Rusia Sergei Ryabkov.

EL NEO-ZAR VLADIMIR

La gente por las calles también llevaba fotos de Putin con atuendo de Zar. “Una vez que se es agente de la KGB, siempre se será de la KGB”, declaró el Presidente Ruso. Eso nos da una clara idea de su estructura intelectual. El también abogado nació en San Petersburgo – Ciudad de San Pedro en español- ha sido el hombre fuerte de Rusia desde 1999. Su ambición por restablecer el esplendor de la Rusia Imperial mezclado con el poder de la Unión Soviética es una similitud que se puede encontrar en el Presidente chino aunque con estilos muy distintos ambos gozan de un poder casi absoluto dentro de sus países.

El fenómeno jurídico-social que por la vía electoral otorga a una sola persona el control económico-político-militar de un país por largos periodos de tiempo, no es un hecho de ideología comunista o capitalista sino de control emocional y mental de una mayoría que ve en esta forma de gobierno una oportunidad para sobrevivir por miedo o por interés. Los ciudadanos ven en al líder como al único capacitado para lograr el objetivo del Estado Moderno que es “El Bien Común” y a cambio de eso ceden sus libertades individuales al extremo. A él entregan las riendas de un Estado que es público pero que puede manejar como propio “por el bien de todos”. Siempre es más fácil responsabilizar a otros de lo que puede ser parte de nuestra propia responsabilidad. También puede ser que muchos ciudadanos prefieran a un líder respetado en el mundo aunque éste no de resultados económicos en lo local o de derechos civiles en lo local. Puede haber de los dos pero a veces hay que escoger.

Vladimir logró crear una idea de Unidad Nacional en torno a su propia persona. El nacionalismo regresa por los excesos de la globalización, irónicamente la propia globalización está cayendo víctima de su propia ambición porque el rumbo que sigue no es de globalización en el sentido de que todos los países valgan lo mismo sino de una redistribución del poder en el que un gobierno pueda imponer su ideología a los demás marcando el regreso del péndulo de la historia.

No olvidemos que el socialismo nació en Occidente, de hecho el primer pueblo socialista-comunista se creó en 1824 en EUA a manos de un inmigrante inglés, mismo que fracasó dos años después. Este experimento encabezado por Robert Owen fue practicado años antes del Manifiesto Comunista de Marx & Engels en 1848, pero tuvo su primer gran triunfo en la Rusia Comunista de 1917, Revolución patrocinada en parte por Alemania y Japón al inicio del siglo pasado en su búsqueda por distraer al Zar de Rusia de los conflictos que tenía en ese momento con los países respectivos. El sistema socialista después fue imitado por la China comunista y muchos más. Pero Putin no parece tener interés en el comunismo sino en el imperialismo liberal asociado con la China comunista.

La gran diferencia material entre un rey que hereda el gobierno a un hijo y un líder que hereda el poder a otro en un sistema semi o totalmente autoritario, es que en el primero el derecho es por sangre y en el segundo es por maniobras políticas, pero en los dos el verdadero dueño del país es un grupo de oligarcas y no una mayoría, a pesar de que en el segundo se diga que la mayoría decide, en realidad hay una “orientación para que el pueblo decida lo correcto” que es casualmente lo que el eterno líder ha pensado.

Rusia encabezada por Stalin fue el punto de apoyo que Occidente usó para derrotar a Hitler en la Segunda Guerra Mundial, hoy China usa a Rusia con Putin para derrotar a Occidente. No creo necesario aprender ruso -aunque debe ser interesante- pero sí comentar que hay una tendencia hacia el autoritarismo por las fallas o excesos de la democracia capitalista occidental, especialmente las fallas de gobernantes y ciudadanos que no hemos sido más exigentes con nosotros mismos siendo parte del problema nuestra propia falta de responsabilidad.

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Con derecho al retorno: Cómo Israel repatrió a los judíos de todo el mundo

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(Sputnik Mundo). Hace justo 70 años, el 5 de julio del 1950, el Parlamento de Israel (Knéset) aprobó la Ley del Retorno, que garantiza el derecho de todos los judíos a regresar a Israel y solicitar la ciudadanía. Esta iniciativa legislativa, que se convirtió en una de las más importantes del país, no ha estado exenta de polémicas.

Inicialmente, el artículo 2 de esta ley prescribía que el visado de repatriado podía concederse a cualquier persona de origen judío que manifestara su deseo de asentarse en Israel. Las autoridades israelíes solo podían rechazar una solicitud si el individuo había sido acusado de cometer un crimen contra el pueblo de Israel o si presentaba una amenaza a la salud pública y la seguridad del Estado hebreo.

Tampoco podían regresar a Israel aquellas personas que tuvieran un historial criminal en el pasado. Esta disposición buscaba evitar a los delincuentes que veían el regreso a Israel como una manera de escapar de la justicia en otros países.

La aprobación de la Ley del Retorno condujo inmediatamente a la aparición de ciertos problemas legales. En particular, se hizo necesario determinar algunos criterios que debía cumplir cada solicitante para ser repatriado a Israel. 

En 1958, el ministro del Interior de la época, Yisrael Bar-Yehuda, dio instrucciones para que “una persona que declare sinceramente que es un judío sea registrada como judío, sin exigir pruebas mayores”. Sin embargo, esto causó una fuerte polémica dentro del país, especialmente dentro de los sectores más religiosos, por lo que el primer ministro, Ben Gurión, decidió derogar esta modificación. 

Esta situación solo empeoró en 1962, con el caso del monje católico de origen judío Oswald Rufeisen y en 1968, con el comandante de la Armada israelí, Benjamin Shalit, casado con una mujer atea y escocesa, y quien exigió reconocer a sus hijos como judíos. La historia de Rufeisen fue tan determinante que se convirtió en un símbolo de la lucha de los que no estaban de acuerdo con la definición oficial de persona judía.

Algunos expertos defendían que era necesario que los repatriados respetaran el Halajá: el cuerpo colectivo de reglas religiosas judías que reglamenta la vida religiosa y social de los adeptos al judaísmo. Otros sugerían que para reconocer a un individuo como judío bastaba con que este pasase a confesar la respectiva fe, sin importar si era un afroamericano o un aborigen.   

En 1970, la Ley del Retorno fue completada con la siguiente definición: un judío era aquel individuo que nacía de una madre judía o realizaba un giyur —conversión de un no judío al judaísmo —, y no pertenecía a otra religión. Al mismo tiempo, su cónyuge, hijos y nietos de otra confesión que arribaron al país hebreo junto con él podían contar con  los mismos derechos y beneficios que otros repatriados, según la base de la Ley del Retorno.

“Guiado por esta ley, el Gobierno israelí abrió las puertas a una repatriación ilimitada e inmediatamente enfrentó el problema de la repatriación y absorción masiva de inmigrantes”, recordó en una de sus obras literarias el escritor ruso Rafael Grugman. 

La primera ola estaba compuesta por refugiados procedentes de Europa que habían sobrevivido al Holocausto y se habían asentado en Chipre. La segunda procedió de los países árabes y del norte de África. 

“Los judíos fueron forzados a abandonar sus hogares, les confiscaron sus propiedades, casas y tierras. Un gran número de nativos multilingüe de 70 países que no hablaba la lengua hebrea se movilizaron a Israel, entre ellos había muchas personas discapacitadas, ancianos y niños que necesitaban un cuidado especial”, escribió Grugman.

Como consecuencia, este flujo de migrante condujo a una profunda crisis económica en Israel. El 12 de marzo de 1951, el país hebreo envió una nota a Estados Unidos, la URSS, Reino Unido y Francia exigiendo que le pagasen una indemnización de 1.500 millones de dólares de los fondos recibidos como parte de las reparaciones alemanas. La URSS decidió no responder a esta nota, mientras los países occidentales recomendaron que Israel recurriese directamente a la Alemania Occidental. 

De acuerdo con lo señalado por Joseph Telushkin en su libro El Mundo Judío, “la Ley del Retorno es probablemente el acta más popular de todas las que fueron introducidas por el Knéset. Incluso al día de hoy sigue siendo una fuente de confort psicológico para los judíos de todo el mundo, incluso para los que no tienen la intención de volver a Israel.”

No obstante, una de las principales críticas a las que se somete esta ley es el hecho de que muchos de los que volvieron a Israel no se asocian con el pueblo judío. En cambio, lo hicieron solo con el fin de mejorar su situación socioeconómica al recibir los beneficios que otorga esta ley a los repatriados. Parte de estas personas considera a Israel como un punto intermedio para emigrar a EEUU o Canadá. 

De hecho, la profesora de derecho israelí Ruth Gavison opina que la repatriación debe permitirse solo a los que estén interesados en el modo de vida judío. Por esta razón, ya se propuso una enmienda a la ley, que incluiría un criterio de interés por la vida judía.

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MUNDO

El perverso mensaje de EEUU de apropiarse del remdesivir: Compra producción de próximos tres meses

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Por Raúl Zibechi (Sputnik Mundo)

Días atrás del gobierno de Donald Trump decidió comprar grandes cantidades del fármaco remdesivir, casi todo lo que el fabricante será capaz de ofrecer al mundo durante los próximos tres meses.

Se trata del primer medicamento aprobado contra el COVID-19, patentado por la empresa Gilead, lo que hace que ninguna otra empresa esté autorizada para producirlo. Según la información, se trata de 500.000 dosis compradas por EEUU, que equivale a toda la producción del mes de julio y el 90% de lo que se prevé para agosto y septiembre.

Es cierto que cada país tiene el deber de proteger la vida de sus ciudadanos. Sobre todo EEUU, donde la pandemia ha contagiado ya a casi tres millones de personas y se ha cobrado la vida de 130.000, con elevadas tasas de contagios en la actual oleada de rebrotes, que superan los 50.000 diarios.

Sin embargo, el mensaje que envía la Administración Trump al mundo es algo muy parecido a una declaración de guerra. La Unión Europea no ocultó su malestar que viene de mucho antes y se remonta a las “escaramuzas por las mascarillas y el supuesto intento estadounidense de hacerse con la empresa alemana CureVac, puntera en la investigación de una vacuna”, destaca El País.

En realidad, el remdesivir no es la solución a la pandemia de coronavirus, aunque “acorta las hospitalizaciones, pero no reduce la mortalidad ni disminuye los ingresos en la UCI”, según el jefe de servicio de enfermedades infecciosas del hospital Ramón y Cajal en Madrid.

En suma, no cura pero resuelve el problema que desvela a los gobiernos: el colapso del sistema sanitario.

La cuestión es más grave aún, ya que el laboratorio estadounidense Gilead, que produce el fármaco, vende cada dosis a razón de casi 400 dólares, llevando el costo total del tratamiento a 2.200 dólares.

El periódico español desnuda el inmenso negocio que supone la compra masiva de la Casa Blanca. La ONG Salud por Derecho, defensora del acceso universal a los medicamentos sostiene: “Cálculos hechos por la Universidad de Liverpool estiman que el coste de producción más un beneficio razonable sería de un dólar [90 céntimos de euro] por dosis”.

La industria farmacéutica occidental se beneficia de las gigantescas inversiones que realizan los Estados para el desarrollo de nuevos fármacos, que luego rinden beneficios millonarios a las empresas privadas.

La directora de Salud por Derecho concluye que “estos elevados precios y los acuerdos como el de Estados Unidos ponen en riesgo el acceso al fármaco de toda la población que lo necesite”.

Las razones por las cuales la Casa Blanca decidió hacer una compra tan masiva pueden oscilar entre dar un mensaje de “preocupación” por la salud de la población en plena campaña electoral, hasta un probable recado dirigido a la Unión Europea, que estos días decidió abrir sus fronteras a pasajeros de 15 países extra comunitarios pero no a los provenientes de EEUU.

Lo grave del asunto es que muestra la existencia de una guerra no armada entre aliados tan cercanos como EEUU y la UE. En abril, Francia denunció intentos de Estados Unidos de llevarse sus pedidos de China, pagando precios superiores y en efectivo en la misma pista donde se embarcan las mascarillas.

Se dirá que no es nuevo y que ha sido la tónica durante la pandemia, incluyendo peleas entre países de la misma Unión Europea. A principios de marzo, “Francia se apropió 4 millones de mascarillas que iban rumbo a España e Italia”, provenientes de China, aprovechando una escala en la ciudad de Lyon para requisarlas.

La situación es más grave de lo que se piensa, ya que no se trata de un simple intento de tomar la delantera frente a otros países.

En primer lugar, la política de América primero, con la cual EEUU busca reposicionarse en el mundo y revertir su decadencia industrial, no sólo está destinada a provocar enfrentamientos con quienes ha declarado como enemigos (China, Rusia, Irán y Venezuela), sino que provoca tensiones y enemistades incluso con sus propios aliados.

En el estado actual del sistema mundial, nadie puede permitirse jugar solo y en contra de los demás. Esta política contrasta con la declarada por el gobierno de China, en el sentido de tejer alianzas de larga duración, como la Ruta de la Seda, que beneficien tanto al país que realiza inversiones como a los anfitriones.

En segundo lugar, esta puede ser apenas la primera escaramuza de una batalla mayor, cuando se consiga la primera vacuna contra el coronavirus. Como apuntó el investigador Andrew Hill, de la Universidad de Liverpool: “Imagina que esto fuera una vacuna. Eso sería una tormenta de fuego. Pero tal vez esto es una muestra de lo que vendrá”.

Al parecer, tanto las escaramuzas por las mascarillas y los respiradores al comienzo de la pandemia, como la actual disputa por el remdesivir, es algo así como un “ensayo general” de un enfrentamiento en ciernes a gran escala. La guerra comercial contra China y las tasas a las importaciones de productos de sus aliados que viene promoviendo Trump, van en la misma dirección: América primero es una declaración del guerra al resto del mundo.

La tercera es el agudo contraste entre esta política y la de Pekín, que donó millones de mascarillas a los más diversos países del mundo en todos los continentes. Se dirá, con razón, que son donaciones interesadas para mejorar su posición comercial y diplomática, lo cual resulta evidente. Aún así, el contraste con la política de Washington no puede ser mayor.

Finalmente, la cuestión de fondo es que China ha contenido la pandemia, mientras EEUU lucha con un rebrote inesperado y letal que retrasa aún más la ansiada reapertura de la economía. La crisis global generada por la pandemia encuentra al Dragón en plena expansión, pese a los tropiezos inevitables, mientras el Águila sigue su lenta decadencia, alienándose cada vez más aliados que resultan imprescindibles en la batalla por la hegemonía global.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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