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OPINIÓN

El Grito de Independencia: héroes y omisiones

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Opinión, por Pedro Vargas Ávalos.

“Mexicanas, mexicanos. ¡Viva la Independencia! ¡Viva Miguel Hidalgo y Costilla! ¡Viva Josefa Ortiz Téllez-Girón! ¡Viva José María Morelos y Pavón! ¡Viva Leona Vicario! ¡Viva Vicente Guerrero! ¡Viva Gertrudis Bocanegra! ¡Viva Guadalupe Victoria! ¡Viva Antonia Nava! ¡Vivan las heroínas y los héroes que nos dieron patria! ¡Vivan los pueblos indígenas y afromexicanos! ¡Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes! ¡Viva la dignidad del pueblo de México! ¡Viva la libertad! ¡Viva la igualdad! ¡Viva la justicia! ¡Viva la democracia! ¡Viva México independiente y soberano! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!”.

Esa fue la arenga con que, la noche del 15 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP) entusiasmó a los mexicanos al rememorar el inicio de la guerra de Independencia, al amanecer del 16 de septiembre de 1810, desde la parroquia de Dolores, en el actual estado de Guanajuato.

Al enterarnos de varias ceremonias del Grito en la República y, desde luego, en Jalisco, encontramos omisiones, equívocos e injusticias. A continuación, haremos un breve compendio de esas anomalías. Comenzaremos con lo sucedido en el Zócalo de la capital nacional, para anotar lo acontecido en otros lugares, culminando con lo que encontramos en nuestra tierra tapatía.

Hemos de anotar que, en relación con doña Leona Vicario, no se le trata como a doña Josefa Ortiz, pues a esta le agrega CSP el apellido materno —Téllez-Girón—, suprimiendo el de su cónyuge (Miguel Domínguez, el Corregidor) y, por el contrario, a Vicario ni le adiciona el apellido materno —Fernández de San Salvador— ni alude al de su esposo, que fue el notable Andrés Quintana Roo.

Ahora bien, con relación al Grito del año pasado, la primera magistrada no aludió a Ignacio Allende y tampoco comprendió a Manuela Medina, “La Capitana”. A cambio de esas omisiones, incluyó a Antonia Nava, “La Generala”, por cierto, poco conocida en la nación, y quien, durante la guerra insurgente, al frente de un grupo femenino, brindaba cuidados y preparaba alimentos para los insurrectos. Antonia Luisa Nava (1779-1843) fue esposa del insurgente Nicolás Catalán (1780-1838). Cuando este se unió a José María Morelos, a finales de 1810, ella lo acompañó. Le apodaron “La Generala” debido a que su marido alcanzó tal grado. Desaparecido Morelos, Antonia siguió en la resistencia rebelde hasta el final de la guerra de Independencia, participando en el desfile triunfal del Ejército de las Tres Garantías —Trigarante—, el 27 de septiembre de 1821, en la Ciudad de México. En su tierra, Tixtla de Guerrero, tiene una estatua, erigida en 1987.

Los personajes omitidos en el Grito de este año fueron don Ignacio Allende Unzaga (1769-1811), iniciador, al igual que Hidalgo, de la guerra de Independencia, y la esforzada indígena María Manuela Medina (Taxco, 1780-Texcoco, 1822), muerta en la pobreza. De Allende se ha escrito muchísimo, pero de ella, poco: luchó al lado del Siervo de la Nación, don José María Morelos, obteniendo, en 1813, el grado de capitana; participó en siete batallas, descollando la de Acapulco, el 13 de abril de 1813, y la del castillo de San Diego, en el mismo año. Recibió dos heridas de lanza en combate, estando al borde de la muerte. No apoyó a Iturbide en 1821, pues sospechaba de su doblez; con tal conducta, demostró firmeza y claridad en sus ideales de libertad y autonomía.

Para los jaliscienses, es de hacer notar la injusticia de no incluir a la formidable heroína doña Rita Pérez Jiménez, quien, sin lugar a duda, posee mayores méritos que algunas de las mencionadas por la presidenta. Nuestra paisana fue esposa del esclarecido Pedro Moreno y madre del niño héroe insurgente Luis Moreno Pérez, muerto luchando por la libertad a la edad de 13 años, además de tener muchos otros merecimientos.

El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, sí vitoreó a doña Rita, pero omitió a varios enormes insurgentes. El Ejecutivo encabezó la tradicional ceremonia del Grito de Independencia, por segunda vez en su periodo (igual que la presidenta), desde el balcón de Palacio de Gobierno, en Guadalajara, enarbolando el lema “Jalisco, el Corazón de México”. Su audiencia presencial se estimó en 60 mil personas, ante quienes pronunció su arenga patriótica, en la cual vitoreó a Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos y Pavón, Josefa Ortiz (sin su segundo apellido ni el de su marido); prosiguió con Ignacio Allende y los hermanos Aldama —Ignacio y Juan, a quienes no precisó, para mejor información de la gente—, citando enseguida a doña Leona Vicario (de quien, como CSP, tampoco mencionó su segundo apellido ni el de su marido).

La proclama de Lemus prosiguió con el “¡Viva Vicente Guerrero!”, para continuar con vivas para Guadalupe Victoria y Pedro Moreno (de quien siempre se omite el segundo apellido, González). Prosiguió con el convincente “¡Viva María Rita Pérez Jiménez!” y, suprimiendo el apodo de “El Amo”, enlistó a José Antonio Torres, “nuestro héroe”, según agregó el mandatario. Seguidamente, invocó —sin apellido materno, que es Padilla— al ínclito Prisciliano Sánchez, primer gobernador electo —en vez de constitucional— de Jalisco.

El final de su arenga incorporó un “¡Vivan las mujeres y los hombres que todos los días construyen un México más justo y próspero!”. Y las aclamaciones: “¡Vivan las niñas y los niños de Jalisco! ¡Viva el Estado Libre y Soberano de Jalisco! ¡Viva nuestra Independencia! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México!”. La respuesta fueron emocionantes muestras del fervor patrio demostrado por los asistentes a la ceremonia, que prueban el profundo nacionalismo mexicano.

Recapitulando, Lemus solo mencionó los apellidos maternos de dos próceres, omitiendo los de nueve. Incluyó a un personaje ilustre, pero que no brilló como insurgente. A la Corregidora no le agregó ni el apellido materno —como lo hace la presidenta— ni el de su esposo —Domínguez—, como tradicionalmente se le conoce en México. Omitió al menos a tres excepcionales insurgentes coterráneos: José María Mercado, Gordiano Guzmán y José María González de Hermosillo.

Viendo otros lados, observamos que María Eugenia Campos, en Chihuahua, primero tocó la campana, lo que siempre se hace al final de la alocución. Luego pronunció —leyéndola, lo cual denota desconocimiento— la arenga. En esta, a doña Josefa Ortiz la mencionó como se decía tradicionalmente, “de Domínguez”, y no con su segundo apellido, como lo estableció la presidenta, Téllez-Girón. De igual manera se condujo Grecia Quiroz en Uruapan, incluyendo en la proclama al desaparecido Carlos Manzo, exalcalde de esa ciudad. El colmo se registró en Bacobampo, municipio de Etchojoa, Sonora, donde su comisario, Amado Alcántar, enarboló una bandera ¡de Hungría!

En Ameca, desde el balcón de la presidencia municipal, se lanzó a un chico, dizque rememorando al niño héroe Juan Escutia. El infante, envuelto con el lábaro, ante la expectación de mucha gente, cayó en una manta colocada a propósito para evitar accidentes. La pregunta es: ¿qué tiene que hacer un niño héroe de 1846 en el Grito de la Independencia de 1810? Al respecto, el gobernador expresó: “Creo que hay tradiciones que se deben acabar… Poner en riesgo a un niño lanzándolo desde el segundo piso de la presidencia municipal… es una tradición que se debe acabar”. La morenista Martha Catalina “Caty” Loza Castro, primera presidenta municipal de Ameca, tiene la palabra.

En Aguascalientes, Tere Jiménez aludió a la Corregidora con el acostumbrado “de Domínguez” y, con la frase “¡Viva el Gigante de México!”, provocó que numerosos escuchas ni supieran de qué se trataba, pero el imperante fervor del Grito los llevó a clamar el consiguiente “¡Viva!”. Por lo que sabemos, para la mandataria local ese “gigante” es el estado de Aguascalientes.

Para nosotros, la gran omisión de CSP es nunca citar a la valiente cuanto abnegada Rita Pérez Jiménez, esposa del preclaro laguense Pedro Moreno González, quien, siendo de posición socioeconómica alta, escogió pelear por la Independencia de México al lado de su marido, perdiendo hijos, esposo, parientes y bienes, y padeciendo prisión, suplicios y hostilidades de todo tipo, siempre en aras de lograr la emancipación nacional. Esos hechos la enaltecen y sitúan en un elevado sitial del heroísmo, por lo que bien merece que, nacionalmente, un año se dedique a su memoria.

Ahora bien, por lo que a Jalisco toca, es lamentable que no se mencione —ni a nivel nacional y, lo peor, tampoco en su terruño— a varios distinguidos insurgentes que arrostraron miles de peligros para darnos libertad e independencia. El Ejecutivo solo pronunció los nombres de María Rita Pérez Jiménez y José Antonio Torres (a quien le suprimió el alias con que es identificado: “El Amo”). Completó con el enorme Prisciliano Sánchez (Padilla, apellido materno que no refirió), primer gobernador electo (constitucional es lo propio) de Jalisco.

Sin embargo, sobre tan señero jalisciense, hemos de observar que no fue su participación insurgente lo que lo distinguió, sino su acendrado republicanismo y firme posición federalista, su extraordinaria labor legisladora y, como gobernante, una inigualable labor político-administrativa.

A contrapelo de lo anterior, se omitió enunciar al extraordinario tapatío José María Mercado Luna, quien, en carta a su progenitor, le informó que cambiaba su estandarte de la cruz (pues era cura de Ahualulco, hoy de Mercado) por la espada y, en relampagueante campaña —en noviembre y diciembre de 1810—, dominó para la insurgencia desde Etzatlán hasta el puerto de San Blas, pasando por Tequila y Tepic.

De igual manera, no se recordó al tenaz Gordiano Guzmán (de apellido materno Cano), quien luchó desde 1811 por la causa de Hidalgo, al lado de su hermano Francisco Guzmán, quien lideraba la causa insurgente en la región de Tamazula. Fallecido este, lo sustituyó y, tras la Independencia, proclamó la república federal, cuyas banderas sostuvo hasta que fue asesinado —el 11 de abril de 1854— por sicarios del nefasto Santa Anna. Eso motivó que se le llamara “Primer Mártir de la Reforma”. En su honor, Tamazula es de Gordiano y Zapotlán el Grande, Ciudad Guzmán.

Para no ser exhaustivos en la omisión injusta (en la mención de héroes al dar el Grito) de notables insurgentes jaliscienses, señalaremos a don José María González de Hermosillo (Chávez), oriundo —1774— de Zapotlán el Grande, pero desarrollado en Los Altos de Jalisco: a las órdenes directas del Padre de la Patria, se hizo dueño de casi toda la Intendencia de Sonora-Sinaloa, siendo, por tanto, el primero que luchó por la Independencia en el norte del país.

En su lucha por la Independencia alcanzó el grado de mariscal de campo y, en 1817, el Congreso de Chilpancingo lo nombró comandante general de Nueva Galicia —hoy Jalisco—, como homenaje por su defensa a favor de la insurgencia. Murió traicionado en 1818. Desde 1828, el pueblo sonorense de Pític se llama ciudad Hermosillo, que ahora es la capital del estado de Sonora, según decreto del Congreso de esa entidad, de fecha 13 de marzo de 1831.

Ojalá que en sucesivos Gritos se corrijan esas irregularidades, para mejor informar al pueblo. Y se proponga a la presidenta que un año se dedique a reconocer la excepcional vida patriótica de doña Rita Pérez Jiménez, lo cual sería estricta justicia cívico-histórica.


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