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OPINIÓN

Quejas, videos y un juez suspendido: Colotlán, la toga como garrote

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco:

Hay pueblos a los que la justicia llega tarde, y hay otros a los que llega de malas. Colotlán, allá en el norte de Jalisco, donde la sierra se va haciendo huichola y los caminos se hacen largos, pertenece a los dos. Durante meses, un juez de Control Penal, el licenciado Francisco Barrera Gómez, despachó desde su estrado como despachaban los antiguos jefes políticos porfirianos: a gritos, con amenazas y, cuando le daba por ser galante, con piropos.

No lo invento yo. Está grabado. Y lo dijo él mismo, con esa franqueza que solo da la seguridad de la impunidad: «Está grabado todo y vaya y quejese otra vez».

El abogado se quejó. Y las cámaras, que no tienen miedo ni compadres, también hablaron.

Primera escena: el abogado que estorbaba

En una audiencia cuya fecha nadie ha precisado o nadie quiere acordarse, un defensor pide debatir con la parte acusadora. Pide, pues, lo que el Código Nacional de Procedimientos Penales le concede. Al juez no le gusta.

«Le doy oportunidad de que intervenga», dice el magistrado, con la displicencia de quien regala una moneda a la puerta del templo.

«Usted no me da ninguna oportunidad, es el código el que me está dando el derecho, su señoría», responde el abogado.

Ahí está, en una sola frase, toda la reforma penal de 2008 que el juez parece no haber leído. Al defensor no lo autoriza la bondad del juzgador. Lo autoriza la ley. Pero para ciertos funcionarios esa diferencia es una afrenta personal.

La respuesta llega como llegan los manotazos: «Ahora lo voy a multar y, si no, lo voy a sacar. Créamelo, lo voy a sacar. Y ponga la queja que usted quiera, y denúncieme como quiera… sáqueme en redes sociales».

El juez no amenaza a un delincuente: amenaza a un abogado que pide hablar. Y ya sabía que había quejas y videos, y no le importaba. Ese es el dato político de esta historia: la certeza de que nada iba a pasar.

Segunda escena: «preciosa», «hermosa»

En otra grabación, el defensor se preocupa por la salud de su representada, acusada de robo en un conflicto familiar, y pide que pueda ir al baño. El juez lo acusa de dilatar el procedimiento, lo llama mentiroso y se dirige a la acusada.

«Ahorita te estás escuchando, preciosa.»

La mujer, con la humildad de quien sabe que su libertad depende del hombre que la tutea, pide disculpas. Dice que le duele estar ahí. Dice que necesitan presentar pruebas.

«Por eso, hermosa, ya renunciaste, ya no hay.»

Detengámonos aquí. Ante un tribunal, una persona acusada está en su punto de máxima vulnerabilidad frente al Estado. El representante de ese Estado no la llama por su nombre: la llama «hermosa», y con el mismo tono le informa que perdió su derecho a ofrecer pruebas. El piropo y la negación de un derecho caben en la misma frase. Eso no es descortesía. Es una forma de ejercer el poder que llevamos décadas fingiendo haber superado.

El expediente que nadie leía

Según informó MURAL, el Consejo de la Judicatura reconoce que Barrera Gómez acumula seis quejas presentadas entre 2025 y 2026, todas «en etapa de dictaminación». La palabra merece monumento. Dictaminación: ese purgatorio administrativo donde las quejas de los ciudadanos van a envejecer con dignidad.

Seis quejas. Ninguna resuelta. Hubo además una audiencia el 14 de abril, en un caso de homicidio, donde el juez perdió la compostura con el abogado José Cabrera porque este le pidió que no guiara a la defensa. El juzgador pasó por Autlán y Puerto Vallarta antes de llegar a Colotlán, donde, según los litigantes, el Consejo no hace revisiones. En castellano: Nadie fue a ver qué hacía.

La suspensión: el reflejo de la cámara

Ahora el Pleno del Consejo de la Judicatura anuncia la suspensión de un juez de Control Penal del Distrito XI, con sede en Colotlán, por «probable conducta indebida». Intervienen la Visitaduría, el Órgano Interno de Control y la Comisión de Vigilancia. Tres instancias para revisar unos videos que cualquier ciudadano ya vio en su teléfono. ¿Con qué van a salir para no destituir?

El comunicado dice que «el Poder Judicial de Jalisco no tolera actuaciones que atenten contra el respeto a los derechos humanos». Muy bien. Pero ¿por qué sí las toleró durante seis quejas? ¿Por qué hizo falta que los videos se volvieran virales?

La respuesta es tan vieja como el sistema: la institución no reacciona ante el abuso, reacciona ante el escándalo. El ciudadano que se queja por la vía formal es un expediente. El que se queja en redes sociales es un problema de imagen. Y los problemas de imagen sí se atienden, y rápido.

Lo irónico es que fue el propio juez quien señaló el camino: «Sáqueme en redes sociales». Lo sacaron. Y funcionó. Triste lección para un Poder Judicial: el amparo más eficaz contra un juez abusivo resultó ser un celular.

El otro lado del espejo

Mientras tanto, la Fiscalía de Jalisco investiga dos asesinatos de abogados. José Camilo Novoa López, litigante en asuntos civiles y agrarios, fue atacado el 23 de septiembre en Ciudad Guzmán por hombres armados. Días después, una abogada fue asesinada a puñaladas en su casa de la colonia Jardines Alcalde, en Guadalajara, tras dejar a sus hijos en la escuela.

Que quede claro: nada vincula estos crímenes con el juez de Colotlán, y sería irresponsable sugerirlo. Pero las tres notas juntas cuentan una sola historia. En Jalisco, la abogacía se ha vuelto un oficio de riesgo afuera de los tribunales y de humillación adentro. Al abogado lo matan en la calle y lo amenazan en la sala.

Un Estado que no protege a quienes defienden derechos, y que tarda seis quejas en reaccionar contra quien debería garantizarlos, no tiene un problema de conducta individual. Tiene un problema de estructura.

Posdata para el Consejo

La suspensión es apenas el principio. Los jaliscienses merecen saber qué pasó con cada una de las seis quejas, cuántas audiencias presidió este juez y si alguien perdió su libertad o sus pruebas por el mal humor del juzgador. Y cuántos otros juzgados regionales funcionan sin que nadie los vigile.

Porque si la vigilancia la seguirá haciendo un celular, sobran la Visitaduría, el Órgano Interno de Control y la Comisión de Vigilancia.

Y sobra también, por cierto, el discurso.


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