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OPINIÓN

Pablo Lemus: Entre la reconfiguración del poder y el dilema del liderazgo

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac:

Nos encontramos, sin lugar a dudas, en la antesala de una redefinición profunda del mapa político en Jalisco. El proceso electoral que culminará el primer domingo de junio del próximo año servirá para ver en la práxis la conducción y manejo político de Pablo Lemus como el jefe político de Movimiento Ciudadano.

Con la renovación de 17 gubernaturas en el país, el escenario nacional está en ebullición, pero es aquí, en nuestro estado, donde la lupa se posa con mayor rigor. La elección intermedia servirá para definir el destino de los diputados federales, locales y los 125 municipios y al mismo tiempo la oportunidad para que el mandatario estatal consolide su propia arquitectura de poder, liberándose finalmente de las inercias de la administración anterior.

El objetivo es claro y ambicioso: Movimiento Ciudadano necesita tener la mayoría en el Congreso del Estado, que en la primera mitad de este gobierno no la ha tenido; dominar los municipios de la Zona Metropolitana de Guadalajara y asegurar una bancada federal que sirva de contrapeso y gestión. Para lograr esto, el gobernador Lemus se enfrenta a una tarea titánica que divide su estrategia en tres frentes: el electoral, el de gobernabilidad y el de la reestructuración de su equipo de trabajo.

La gran incógnita que hoy recorre los pasillos de Casa Jalisco es cómo, y bajo qué criterios, tomará Pablo Lemus las decisiones fundamentales. Por primera vez en su carrera, el gobernador no solo es un actor político; es el jefe político. Ya no estamos bajo la sombra de la dupla que caracterizó al sexenio anterior. Ahora, el timón está en sus manos y las decisiones sobre las candidaturas, especialmente en las zonas estratégicas, dictarán el tono de la segunda mitad de su gestión.

Comencemos por las certezas, que son pocas, pero fundamentales. En la capital, Guadalajara, Verónica Delgadillo tiene el camino trazado. La primera alcaldesa en la historia de la ciudad está frente a la oportunidad de oro: buscar la reelección para consolidar su proyecto. En Tlajomulco, la apuesta también está clara con Gerardo Quirino Velázquez, quien buscará la continuidad. Son decisiones que aportan estabilidad, pero no son las que generan la verdadera tensión en el ajedrez político.

El verdadero nudo gordiano se encuentra en Zapopan, la capital económica del estado. Aquí es donde el escenario se vuelve complejo, casi laberíntico. Juan José Frangie, tras concluir su segundo periodo y sumar seis años al frente del municipio, se enfrenta a una transición necesaria.

La mancuerna Lemus-Frangie ha sido, posiblemente, la más exitosa de la política jalisciense reciente. Sin embargo, en esta coyuntura, surge la duda: ¿quién tendrá la última palabra? ¿Frangie, con su apuesta clara por Isaura Amador, o el gobernador Lemus, quien debe equilibrar los intereses de una baraja de aspirantes que incluye a perfiles como Fabiola Loya, Gaby Cárdenas, Mónica Magaña y Tatiana Anaya Zúñiga? A este escenario, ya de por sí nutrido, se le suma el nombre de José Luis Tostado, coordinador de la fracción legislativa, quien aparece como una pieza que podría romper la inercia.

El gobernador ha optado por una estrategia de «jueguen», una instrucción que suele esconder tanto una prueba de lealtad como un cálculo de fuerza. «El que traiga más canicas, será el agraciado», es la máxima que hoy dicta el proceso.

Sin embargo, en la política real, las encuestas son solo una parte de la ecuación. La paridad de género, las alianzas y, sobre todo, la discrecionalidad con la que se manejan los ejercicios demoscópicos en partidos como Morena —donde la falta de transparencia es el sello distintivo— obligan a que el gobernador sea sumamente quirúrgico.

En el caso de Movimiento Ciudadano, el reto es demostrar que sus decisiones emanan de una estrategia legítima y no de un ejercicio vertical de poder que pueda fracturar a los grupos internos.

Paralelamente, está la urgencia de reconfigurar el gabinete. Salvador Zamora y Alberto Esquer, dos pilares formados en la escuela alfarista, han fungido como brazos ejecutores del gobernador. Sin embargo, existen voces —y señales claras— que sugieren que el gobernador busca una confianza más orgánica, más propia.

Aquí entra la figura, siempre presente y siempre necesaria, de Juan José Frangie. Su integración al equipo de gobierno del Estado se perfila no solo como una posibilidad, sino como una necesidad estratégica. Lemus lució en Zapopan precisamente porque tuvo en Frangie a un operador que resolvía el día a día, permitiéndole al entonces alcalde enfocarse en la comunicación ciudadana.

¿Se repetirá esta dinámica ahora en el Gobierno del Estado? ¿Llegará Frangie antes o después del proceso electoral? Esta integración podría ser la pieza que le falta al gobernador para que su administración cobre el dinamismo que, a juicio de algunos observadores, le ha faltado en comparación con sus años en la alcaldía zapopana.

No podemos omitir el rol de los operadores veteranos. Enrique Ibarra Pedroza, desde su posición actual, sigue siendo un factor de cohesión. Su relación con el gobernador y su capacidad de transitar entre grupos lo convierten en un activo invaluable para la operación política de bajo perfil, esa que no sale en las fotos pero que gana las elecciones.

Finalmente, el escenario nos lleva a las reflexiones que, hace pocos días, planteó el exgobernador Alberto Cárdenas Jiménez. Sus palabras fueron un espejo en el que Pablo Lemus debe mirarse: la responsabilidad de encabezar la alianza anti-Morena y la capacidad de convencer a Dante Delgado no son tareas menores.

Alberto Cárdenas puso sobre la mesa un dilema existencial para cualquier político: ¿cómo quiere Lemus concluir su sexenio? ¿Como un líder crítico, un referente de la oposición en el occidente del país, o como alguien que simplemente busca el retiro dorado en una embajada o consulado, siguiendo el camino que ya han trazado otros antes que él?

El proceso electoral será el gran laboratorio de Pablo Lemus. Será ahí donde sabremos, de una vez por todas, si el gobernador tiene la capacidad de consolidar un liderazgo propio, ajeno a tutelas, o si estamos ante una transición que terminará diluyéndose en las viejas prácticas del sistema.

La respuesta, como siempre, la tiene el poder y el tiempo, el veredicto lo darán las urnas y la capacidad del gobernador para entender que, en la política, el que no arriesga, no avanza, pero el que arriesga mal, se queda en el camino.


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