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OPINIÓN

El INSABI y el nuevo choque Alfaro-AMLO

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Los Hombres del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac //

Un buen round se dará el gobernador Enrique Alfaro con el Presidente Andrés Manuel López Obrador por la centralización que la 4T pretende realizar del servicio de salud.

Durante el pasado fin de semana el gobernador Enrique Alfaro fue muy preciso en la postura que asumirán en torno a la posible firma y adhesión al Insabi:

Lo que nosotros vamos a hacer es plantear de inicio una propuesta de convenio de no adhesión, es decir Jalisco va a mantener su postura de que no vamos a entregar el sistema de salud a la Federación, por razones que vamos a explicar la próxima semana”.

Aquí en Jalisco no nos vamos a dejar presionar, esa no es la forma, Jalisco va a actuar con un sentido de responsabilidad histórica; si yo tomara una decisión en función de si me dan mil millones de pesos o no, imagínense qué clase de gobernador sería. Yo no voy a actuar así, yo estoy escuchando a la gente que sabe de tema de salud”.

Y no es capricho, quiero que se entienda por qué, no es si quiero o no quiero, imagínense qué fácil para el gobernador de Jalisco, nos desentendemos del tema de salud, ay que lo resuelva el presidente, que lo paguen, que lo arreglen, que lo resuelvan ellos, pues para mí que problema habría en eso”.

Luego viene la sobadita para evitar que digan que obstaculiza las políticas y programas del Presidente López Obrador:

Queremos ayudarle al presidente pero también que nos escuche como gobierno, academia, trabajadores del sector salud, pacientes y, sobre todo, como jaliscienses”.

Bueno, eso es el posicionamiento que hace el gobernador de Jalisco. Vamos a ver si se sostiene, porque un día dice una cosa desde Guadalajara, pero cuando está enfrente de López Obrador, cambia el discurso.

En esta lucha por evitar entregar los hospitales de Jalisco al Gobierno Federal, el gobernador no está solo, hace causa común con los hospitales civiles y, por supuesto, con el poderoso Grupo Universidad, que tienen la particularidad de no ser afines a la 4T y a López Obrador, recordemos las descalificaciones que se lanzaron durante la campaña electoral pasada los dos personajes referidos y que hoy con todo y que se repelen, tienen que entenderse para ejercer el gobierno.

¿QUIÉN TIENE RAZÓN?

En esta disputa, habría que señalar que el Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) es rechazado por seis gobernadores (Martín Orozco de Aguascalientes; Diego Sinhue de Guanajuato; Francisco Domínguez de Querétaro; Carlos Mendoza de Baja California; Francisco García de Tamaulipas y Enrique Alfaro de Jalisco, de Movimiento Ciudadano).

Creo que en este tema el gobernador Alfaro tiene razón, el Insabi parece estar hecho con las extremidades inferiores, sin reglas de operación y sin un presupuesto claro. Es un grave error haber eliminado de tajo, de la noche a la mañana, el Seguro Popular que con sus deficiencias, sí era de utilidad para más de 50 millones de mexicanos.

La justificación para imponer el Insabi a rajatabla es la corrupción que se generó en torno al Seguro Popular, lo cual es real, pero meter el freno y dejar a millones de pacientes sin servicio, es una actitud miope. ¿Cuántas personas perderán la vida por este grave error?

La intención de ofrecer un servicio de salud con medicinas totalmente gratis es ideal, como lo han hecho otros países del mundo, como Dinamarca, cuya tasa de impuestos que pagan los contribuyentes es muy alta y es general. Aquí el tema es de dónde saldrán los recursos económicos para poder hacer realidad ese sueño. ¿De dónde? ¿A qué áreas se le quitará presupuesto para que esto se cumpla?

Por citar un ejemplo: el IMSS para el ejercicio fiscal de 2019 se aprobó un presupuesto anual de 746 mil millones de pesos, un incremento de 67 mil millones más que el de 2018 y que suman la aportación tripartita (patrones, trabajadores, gobierno) y sabemos cómo se otorgan esos servicios, en particular los de tercer nivel en los que los pacientes tienen que esperar meses para poder recibir una intervención, y no pocos pierden la vida sin que les llegue la operación requerida.

El Presidente López Obrador afirmó que aquellos que no tienen la seguridad social (IMSS-ISSTE, Hospitales Militares) van a contar con atención médica y medicamentos gratuitos, se les va a garantizar ese derecho a través del Insabi, por lo que se está reorganizando el Sistema de Salud Pública y a mas tardar el 1 de diciembre de este año estará listo con todo lo que ofrecen (análisis, medicamentos gratuitos y atención médica gratuita).

Se oye muy bien, pero ver para creer. Por lo pronto, su arranque ha sido pesimamente operado.

En lo que es Jalisco, que es lo que interesa a la población de aquí, es cómo se hará la reestructuración del Sistema de Salud y qué pasará con ese choque de criterios con el gobierno de la 4T, vamos a ver si la posición dura del gobernador Alfaro permite se avance y se logren mayores recursos o sucede todo lo contrario.

Muy pronto lo sabremos.

JALISCO

La compra de votos

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Opinión, por Javier Medina Loera //

Por mucho que ahora nos sorprenda, la compra de votos en tiempo de elecciones nunca ha sido una novedad en México. A través de la Historia, los distintos gobiernos siempre han tenido recursos y formas sutiles (a veces no tanto) para asegurarse de la lealtad incondicional de amplios sectores de la población.

En tiempos del PRI, por los años 80 del siglo pasado, el periodista Gabriel Ibarra Bourjac documentó una reunión de lealtad de los priistas en la que el líder campesino jalisciense de aquel entonces, Chema Sotelo, llegó a decir que “los campesinos votaremos por el que nos pongan, así sea un olote”.

Y sucede que hoy día, muchos miles de morenistas, si no es que millones, están dispuestos a votar en las próximas elecciones por sus candidatos, así sean “puros olotes”, es decir, entonces como ahora no se analizan cualidades o defectos de los aspirantes a cargos públicos, sino únicamente su ideología política.

Es evidente que el pensamiento libre nos abre los ojos, pero la ideología los cierra, y esto es precisamente lo que le conviene a cualquier gobierno.

Por eso es que los políticos, cuyo objetivo es conquistar y mantener el poder, utilizan siempre todos los recursos a su alcance para asegurarse la lealtad de los ciudadanos en tiempos electorales.

Cuando en México había mucha tierra por repartir y estaban de moda las reformas agrarias en el mundo, gobiernos como los de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas no dudaron en expropiar latifundios para repartirlos entre los campesinos pobres a cambio de su lealtad.

Por eso no extraña aquel pronunciamiento de Chema Sotelo, de que los campesinos estaban dispuestos a votar hasta “por un olote”.

Pasaron los años y los siguientes gobiernos revolucionarios siguieron explotando el reparto agrario como recurso político para la compra de votos, pero llegó un momento en que la tierra por repartir se acabó, porque ésta no crece (al contrario, se pulveriza), y entonces fue cuando los políticos tuvieron que buscar nuevas formas de control de los votantes,

Y es así como los nuevos gobiernos dieron impulso a los programas sociales con fuertes inyecciones económicas del Estado. En otras palabras, no tuvieron más remedio que meterle mano al erario público. Este es el caso concreto del presidente Andrés Manuel López Obrador, que utiliza indiscriminadamente los recursos del Estado para ganarse la voluntad ciudadana a través de pensiones del bienestar, subsidios, becas, etcétera.

Y hoy como ayer mucha gente cree que los apoyos que reciben, así sean tierras o dinero en efectivo, provienen del gobierno en turno, y no de la Nación, como es correcto.

En conclusión, la compra de votos sigue y seguramente seguirá por los siglos de los siglos.

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NACIONALES

La quimera del bienestar: La promesa del fondo de pensiones

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco //

El tablero político de México, ese ajedrez implacable donde los peones y alfiles tejen estrategias de cara a elecciones y futuras jubilaciones, se encuentra nuevamente al centro de un huracán político y financiero: la creación del Fondo de Pensiones del Bienestar, promovido por Morena bajo la batuta del siempre carismático presidente Andrés Manuel López Obrador.

La propuesta, envuelta en la seda de la solidaridad y el bien común, promete un paraíso pensionario a trabajadores afiliados al IMSS y al ISSSTE, dos gigantes que resuenan en el imaginario de la seguridad social en México.

Sin embargo, la realidad, como un diablo en los detalles, sugiere una narrativa menos optimista. Los fondos prometidos, esa garantía de 40 mil millones de pesos provenientes de cuentas inactivas de trabajadores de avanzada edad, palidecen ante la necesidad colosal de 1.5 billones de pesos anuales requeridos para cubrir las pensiones prometidas a unos 25 millones de empleados. ¿No es acaso esta una promesa tan frágil como las hojas de otoño?

En un gesto que rozaría lo desesperado, diversas fuentes de financiamiento han sido sugeridas: desde las ganancias de proyectos faraónicos como el Tren Maya y el Aeropuerto Felipe Ángeles, hasta los remanentes de entidades paraestatales y adeudos públicos. ¿Pero qué certeza existe de que estos fondos estén disponibles cuando las hojas del calendario caigan en el momento de pagar las pensiones?

El esquema propuesto parece un mosaico de aspiraciones y fondos contingentes, donde la certeza financiera brilla por su ausencia. La diputada Ivonne Cisneros y el diputado Ignacio Mier, ambos estandartes de la propuesta, han hablado con la confianza de quienes ven tierras fértiles en el horizonte, pero los expertos y la crítica advierten que el terreno podría estar minado de desafíos insuperables.

España, un modelo a seguir en materia de pensiones, ofrece una tasa de reemplazo del 80% del salario, sustentado por contribuciones significativas tanto de empleadores como de trabajadores. En contraste, México aporta apenas un 9%, y los trabajadores, un mínimo del 1%. ¿Cómo se espera entonces alcanzar un ideal del 100% con aportaciones tan modestas?

El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, -sí, aunque usted no lo crea hay quien cobra como secretario del trabajo en México- ha sugerido que recursos incautados y parte de las utilidades de empresas estatales podrían abonar al fondo. Aun así, las sombras de la duda se ciernen sobre la viabilidad de estas fuentes, con críticos como Rolando Silva Briceño, de la Comisión Técnica de Seguridad Social del Colegio de Contadores Públicos de México y Carlos Ramírez, expresidente de la CONSAR, apuntando a las lagunas y los riesgos de depender de recursos que bien podrían no materializarse.

Este enfoque disperso y fragmentado hacia el financiamiento revela una estrategia más de emergencia que de planificación a largo plazo. La opacidad en el manejo y asignación de los fondos sólo añade incertidumbre a un sistema que debería caracterizarse por su previsibilidad y solidez.

A la sombra de esta propuesta se teje también una trama de urgencia electoral, percibida por observadores como un intento de ganar el favor popular sin un plan robusto que asegure la sustentabilidad financiera a mediano y largo plazo. Los trabajadores mexicanos, en su justa demanda de seguridad en la vejez, podrían encontrarse en un laberinto burocrático para reclamar derechos que, por ley, les corresponden.

El debate, enriquecido por contribuciones de instituciones como el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), llama a una evaluación meticulosa y basada en evidencia. Se pide a los legisladores un diálogo abierto y constructivo, imperativo para garantizar que las decisiones tomadas hoy no se conviertan en las cadenas del mañana para las finanzas públicas y la dignidad de los trabajadores al final de su vida laboral.

En este escenario, lleno de promesas y sombras, el Fondo de Pensiones del Bienestar se perfila como una criatura mitológica: imponente en la narrativa, pero esquiva en la realidad tangible. La esperanza de jubilaciones dignas se entreteje con el temor de que la realidad no cumpla con las promesas hechas en tiempos de campaña.

Mientras tanto, la oposición y los expertos señalan que la propuesta podría estar más orientada a cosechar votos que a sembrar las bases de un sistema pensionario robusto y equitativo. La crítica no es menor: se alega que el plan puede llevar a un incremento de la presión fiscal sin resolver de manera fundamental las deficiencias estructurales del sistema de pensiones actual. La preocupación es palpable: ¿se está comprometiendo el futuro fiscal del país a cambio de un beneficio político inmediato?

La falta de claridad en la operatividad del fondo y la indefinición de los mecanismos para la devolución de recursos son talones de Aquiles que podrían desmotivar a los trabajadores a ejercer su derecho a reclamar los ahorros que, con esfuerzo, han acumulado durante años. La posible complicación administrativa, largos tiempos de espera y trámites excesivos podrían ser un calvario para aquellos que se aventuren a reclamar lo que es legítimamente suyo.

El análisis no termina en la crítica: el Instituto Mexicano para la Competitividad y otras voces autorizadas sugieren que la propuesta requiere un replanteamiento profundo. Se advierte sobre el riesgo de que los recursos del fondo sean insuficientes y de que las aportaciones gubernamentales adicionales necesarias distraigan fondos de áreas cruciales como educación, salud y seguridad.

La posible expropiación de cuentas inactivas, aunque negada oficialmente, sigue siendo una sombra que planea sobre la iniciativa, aumentando la desconfianza entre los trabajadores y sus beneficiarios. Las figuras prominentes en la defensa del fondo, como Carlos Ramírez y Abraham Vela, ex presidentes de la CONSAR, reiteran que, aunque la propuesta no constituye una expropiación directa, la manipulación de cuentas inactivas sin una estrategia clara es una maniobra arriesgada y potencialmente injusta.

En conclusión, el Fondo de Pensiones del Bienestar, aunque noble en su intento de proporcionar una jubilación más generosa para los trabajadores mexicanos, se enfrenta a un mar de incertidumbre y escepticismo. Requiere un debate transparente, amplio y fundamentado en análisis financieros sólidos de esos que no sabe, ni le gusta hacer a la 4T.

Los trabajadores de México merecen un sistema de pensiones que no solo sea generoso en su retórica, sino eficaz y justo en su implementación. La verdadera medida del éxito de esta iniciativa será si puede pasar de las palabras a los hechos sin sacrificar la estabilidad económica ni la equidad social. Hasta el momento, no se ve cómo.

En X @DEPACHECOS

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NACIONALES

Segunda llamada

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Opinión, por Miguel Ángel Anaya Martínez //

A inicios de este mes se llevó a cabo el primer debate presidencial, un ejercicio poco esperado y poco visto por los votantes mexicanos. Como suele suceder las candidatas punteras se enfrascaron en descalificaciones y señalamientos y mostraron poco de sus propuestas para mejorar la situación del país, por su parte, Jorge Álvarez Maynez, con una sonrisa un poco extraña, a diferencia de sus redes sociales mostró una imagen apagada.

Los debates que deberían tener la función de comparar ideas, mostrar planes, proyectos, conectar con las y los ciudadanos, se han convertido en un show donde los candidatos que se saben abajo suelen atacar al que va a la cabeza en las encuestas.

A pesar de que la mayoría de los mexicanos son ajenos a dedicar dos horas de su día, (generalmente domingo), a escuchar propuestas de personajes que no conocen ni desean conocer, los resúmenes informativos y los videos de Tik-Tok son seguidos y replicados por bastantes ciudadanos.

Lo que vimos en el debate del 7 de abril, fue a una Claudia Sheinbaum segura, preparada y tranquila de que a pesar de tener muchos señalamientos a su gestión y a la administración federal que promueve, sigue arriba en las encuestas y parece que sus seguidores continuarán fieles a su causa. Su principal contrincante no lo encuentra en los partidos o candidatos, sino en la posible alta participación ciudadana del próximo 2 de junio.

Por su parte, Xóchitl Gálvez, mostró una imagen contrariada, parece que la sobreasesoría a sus gestos, imagen personal y lenguaje corporal pesaron más de lo que ayudaron, no fue ella misma y se notó. Los partidos de oposición se decantaron por Xóchitl porque es una persona fresca, sin señalamientos y eso venía a avivar la esperanza de poder refrescar la muy dañada imagen del PRI y del PAN, sin embargo, es claro que le cuesta desmarcarse de los partidos, se encajona cuando le preguntan por Marko Cortés y sobre todo, por “Alito”.

De Máynez, se puede comentar que si bien, presenta propuestas un poco más elaboradas, es notorio que aún no consigue la atención del electorado mayor de 29 años, del ciudadano que solo ve dos opciones para votar y que piensa que decantarse por una tercera vía podría ser equivalente a desperdiciar el voto.

Es de destacar el crecimiento en las redes sociales del zacatecano, desde la jingle de su campaña que ha sido un éxito en las listas de reproducción de México y algunos países más, hasta el click que ha tenido con los jóvenes en las universidades. Aunque Máynez se ve lejos del triunfo, la campaña despunta y podría conseguir una buena cantidad de sufragios con los jóvenes que votan por primera vez y que lo ven como una opción viable o una moda. En México hay 40 millones de posibles electores de 29 años o menos.

Este domingo 28 de abril se llevará a cabo el segundo debate, para Xóchitl, es de las últimas oportunidades para repuntar, es momento de romper cadenas y hacer lo que corresponde.

En sus mismas palabras, expresa que no le han gustado las imposiciones desde la casa de campaña:

En esta campaña he vivido cosas durísimas y quizá la más dura es la que pasó con mi hijo, tengo que decirlo. Y de repente he estado pensando ‘es que la gente no te quiere de huipil, porque una presidenta no puede traer huipil’. He hecho el esfuerzo de traer traje sastre que sí lo uso, pero me incomoda, y creo que en el debate nunca estuve cómoda, la verdad me sentía fingida”.

A pesar de que los debates no tienen la mayor audiencia, lo que se replica posterior a ellos sí influye en el electorado. La participación de las candidatas y el candidato es de las últimas oportunidades para demostrar que son mejores, o al menos dejar alguna frase o concepto contundente que haga pensar al elector que vale la pena tachar su nombre en la boleta.

Si Xóchitl no es contundente en el debate, si Claudia vuelve a tener un día de campo, si Máynez sigue con su tendencia en redes sociales, se ve muy difícil que el resultado pronosticado desde hace meses para la elección presidencial, pueda cambiar.

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