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Las presiones de EEUU a sus socios comerciales: Complacer a Washington o rechazar el boicot contra Huawei

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Por Redacción Conciencia Pública //

En la guerra contra el gigante chino, Estados Unidos presiona a otros países del mundo a sumarse a las sanciones contra Huawei con lo que se divide la comunidad internacional y extiende el conflicto a otros naciones que no tienen vela en el entierro. 

Poco a poco sus principales socios se convierten en los rehenes de su ‘guerra’ contra el gigante chino, opinan distintos expertos entrevistados por Sputnik.

Es el caso de los operadores japoneses de telecomunicaciones como SoftBank, NTT Docomo y KDDI que anunciaron que aplazarán las ventas de nuevos modelos de teléfonos de Huawei y detendrán la recepción de pedidos preliminares. Como principal socio de EEUU, Japón es el más sensible a la presión ejercida por Washington, opina el experto Zhou Yong del Instituto de Relaciones Internacionales de China.

“Claro está que los emprendedores japoneses están bajo influencia del Gobierno estadounidense. Es más probable que rompan sus lazos con Huawei pero continúen apoyando sus negocios con EEUU. El mercado estadounidense es la principal fuente de desarrollo para las empresas de Japón. Rechazar a Huawei para el país asiático es como sacrificar a un peón en el tablero de ajedrez  para salvar a la reina», considera Zhou Yong.

Pero no todas las empresas de Japón se apresuran a romper sus relaciones con el gigante tecnológico chino. Panasonic desmintió la información difundida por varios medios de que la empresa había detenido los suministros de varios componentes para productos de Huawei. En la compañía japonesa enfatizaron que Panasonic continúa suministrando sus productos y servicios para Huawei, que sigue siendo su socio más importante.

EEUU presiona también a Corea del Sur y este país trata de contrarrestar la demanda para que Seúl presione a sus empresas tecnológicas y no permita la expansión del equipamiento de Huawei en los países del Sudeste Asiático. Corea del Sur se arriesga a convertirse en el principal perdedor en la guerra desencadenada por Washington contra la empresa china. Tan solo un comunicado acerca de que Seúl había abordado con Washington el problema de seguridad de las redes 5G provocó el desplome del 6,35% de los valores del operador surcoreano LG U+.  

La causa de su devaluación está clara: desde 2012 LG U+ ha estado construyendo una red de comunicaciones inalámbricas LTE en Seúl y utilizó los equipos producidos por Huawei. Ahora el operador de comunicación móvil trata de desarrollar en base al equipamiento de Huawei las redes de quinta generación. Según el periódico Maeil, las ventas anuales de Huawei  alcanzan entre 170 millones y 250 millones de dólares en el mercado surcoreano.

Además, la empresa Koscom que asegura el funcionamiento de la bolsa surcoreana, el grupo financiero Nonghyup, el principal navegador del país Naver y el grupo automovilístico Hyundai Motors, entre otras empresas, utilizan el equipamiento producido por Huawei. Esta es la razón por la que el rechazo de los productos chinos es capaz de provocar serias pérdidas financieras, considera Chung Jae-hung, empleado del Instituto Sejong.

«Corea del Sur no es una colonia de EEUU. Por eso no se puede hablar de que los Gobiernos de estos países puedan limitar el número de acuerdos entre las empresas surcoreanas y las de China. LG U+ y otras compañías de Corea del Sur utilizan el equipamiento de Huawei por su rentabilidad. Las corporaciones deben tomar decisiones por sí mismas y la interferencia del Gobierno sería un error», aseveró Jae-hung.

Según el experto, Seúl teme a las medidas con las que China podría responder en caso de que las autoridades surcoreanas decidan seguir a las de EEUU e introduzcan sanciones contra Huawei. En Corea del Sur todavía recuerdan la dura respuesta que China dio al despliegue de los sistemas estadounidenses de defensa aérea THAAD. Seúl no quiere situarse entre la espada y la pared, considera Jae-hung.

De esta manera el posible cierre del mercado chino podría asestar un duro golpe contra la economía surcoreana ya que tan solo Huawei adquiere anualmente mercancías surcoreanas por más de 10.000 millones de dólares.  Según el reporte de Samsung Electronics, Huawei ocupó el cuarto lugar en la lista de los mayores compradores de semiconductores surcoreanos en el primer trimestre de este año.

Aunque los Estados que forman parte de la alianza de inteligencia Cinco Ojos como Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda también se sumaron a la política de Washington aplicada respecto a Huawei, no todos los países del mundo pueden dictar su voluntad a las empresas, opina Zhou Rong.

«Muchas empresas no van a actuar en detrimento de sus propios ingresos solo para satisfacer a EEUU. Es más probable que empiecen a analizar qué es lo más beneficioso para ellas: complacer a Washington o rechazar el boicot contra Huawei. Paulatinamente llegarán a la conclusión de que seguir la política de EEUU causará más daños que beneficios», concluyó.

Ex estratega de Trump festeja el «asesinato de Huawei»

Por Alfredo Jalife-Rahme //

El anterior estratega de la elección de Trump en 2016, Steve Bannon, levanta la puja contra China y considera que el «asesinato» de la empresa de telecomunicaciones Huawei, a la que exige sacar del mercado de capitales de EEUU, «es 10 veces más importante que conseguir un arreglo comercial» con Pekín.

La guerra comercial de Trump contra China se ha agudizado de forma dramática con la prohibición de Google/Alphabet de usar su sistema operativo Android y Google Play a Huawei.

Si la extrema dureza de Trump contra China llama poderosamente la atención, las incendiarias declaraciones de Steve Bannon incitan a una guerra total contra Pekín en los ámbitos tecnológico y financiero/económico, que naturalmente rebasan el mero aspecto comercial de la guerra de tarifas impuestas por Trump desde hace un año.

Steve Bannon, quien fue echado de la Casa Blanca por Trump por sus ataques indiscretos contra la familia del  presidente 45 en el libro ‘Fuego y furia’ de Michael Wolff, sabe mucho de finanzas por haber sido funcionario del omnipotente banco de inversiones Goldman Sachs de donde también proviene el secretario del Tesoro, el israelí-estadunidense Steve Mnuchin quien ha adoptado una postura más diplómática.

Bannon afirma que Trump no se detendrá con el exorcismo decretado contra Huawei mediante una ‘orden ejecutiva’, sino que contempla «planes para excluir a todas las empresas chinas de los mercados de capitales de EEUU».

En una entrevista exclusiva para South China Morning Post, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba, Bannon fulminó que se trata de «un asunto de masiva seguridad nacional para Occidente (sic)» ya que Huawei «es una mayúscula amenaza a la seguridad nacional, no solo para EEUU, sino para el resto del mundo. Y vamos a obliterarla».

SCMP comenta que Bannon «no elaboró los supuestos riesgos específicos a la seguridad de los productos de Huawei» y refiere que Alemania tampoco ha encontrado «una evidencia dura para apoyar los alegatos de EEUU».

Bannon criticó el ‘error’ de Trump de haber levantado sanciones similares el pasado julio contra la empresa china de telecomunicaciones ZTE.

El ideólogo y estratega de Trump no oculta que el objetivo es librar una «guerra económica» contra China para obligar a Pekín a adoptar reformas fundamentales (sic): «No pienso que esto se resuelva pronto. Es el inicio de un proceso duro y muy largo» y prometió presionar en forma «implacable».

Es obvio que las cantadas ‘reformas fundamentales’, que equivalen a una capitulación, no serán aceptadas por China.

Bannon coloca el ‘tema China’ como «central en la campaña de 2020» cuando augura sin tapujos la reelección de Trump. Y aún en el caso remoto de que perdiese, asevera que «un demócrata será tan duro con Pekín como Trump».

Sentencia que «la gente de Wall Street intenta proyectar el temor de que el mercado de valores colapsará si Trump no consigue un acuerdo comercial. Todo son mentiras».

Como que Bannon se contradice con sus amenazas financieras para expulsar a China de los mercados de capitales en EEUU cuando también arremete contra los «corporativistas de Wall Street» que han colaborado con la clase dirigente de China para preservar «un sistema inicuo» que daña los intereses de los trabajadores estadunidenses del cinturón industrial (Rust Belt) que fueron catalogados por Hillary Clinton como ‘deplorables’.

Bannon oculta que parte del triunfo de Trump se debió también a la movilización supremacista de los WASP (White AngloSaxon Protestant: blancos protestantes anglosajones) en el Cinturón Bíblico (Bible Belt).

Hoy Bannon preside el ominoso Comité del Peligro Presente (Committee On The Present Danger), un grupo fascistoide de la Guerra Fría que combatió al comunismo y hoy tiene como objetivo luchar contra el Partido Comunista chino.

El anterior ideólogo de Trump, quien dice comunicarse con el presidente a través de «sus abogados» y no directamente, amenazó con las siguientes jugadas financieras para cortar de tajo las Ofertas Públicas Iniciales (IPOs, por sus siglas en inglés) —lanzamientos de acciones iniciales de las empresas chinas en Wall Street—, además de «cerrar todos los fondos de pensiones y las compañías de seguros de EEUU que proveen capitales al Partido Comunista Chino», lo cual provocará «un gran movimiento en Wall Street para restringir el acceso a las empresas chinas en los mercados de capitales hasta que acepten esta reforma fundamental».

Reconoce «estar más a la derecha que el presidente Trump» en el tema de China, y «se enorgullece de ello. De ser un superhalcón».

La dureza de Bannon es ilimitada, pero también puede ser teatral ante el esperado encuentro que tendrá Trump con el mandarín Xi —y también con el zar Vlady Putin, aunque no ha sido confirmado por el Kremlin— al margen de la disfuncional Cumbre del G20 en Osaka (Japón) el 28 y 29 de junio, donde no se puede eliminar la hipótesis de un arreglo del tipo ‘ganar-ganar’.

No fue gratuita la selección de la entrevista de Bannon al portal chino SCMP con sede en Hong Kong para amedrentar directamente a la dirigencia china. El grave problema es que no da margen para negociación alguna al declarar la guerra tecnológica, financiera y económica contra China, lo cual puede sonar muy exuberante ya que China cuenta con varias armas en su arsenal de represalias que van desde la devaluación de su divisa, el yuan, pasando por la liquidación de sus bonos del Tesoro estadunidenses hasta su ‘opción nuclear’, así bautizada, de cesar la venta de los ‘rare earth minerals’ (minerales de tierras raras) tan vitales para los componentes militares modernos de EEUU.

No pasó nada desapercibida la visita del mandarín Xi Jinping, acompañado de Liu He, el vice primer ministro a cargo de las negociaciones comerciales con la contraparte estadunidense, a una empresa operativa de minerales de tierras raras en la ciudad de Ganzhou, en la provincia oriental de Jiangxi. Según el portal chino Global Times, «muchos han sugerido que China limite sus exportaciones de minerales de tierras raras a EEUU como una contramedida a la decisión de EEUU de asestar tarifas en bienes chinos y cortar el abasto de semiconductores a las empresas chinas».

Cabe señalar que China es el mayor productor del mundo de minerales de tierras raras —más del 90% del suministro global— que son vitales para productos avanzados desde los aviones hasta los semiconductores, lo cual puede perjudicar no solamente a EEUU, sino también a Japón.

Cabe señalar en forma significativa y conveniente que los minerales de tierras raras no han sido incluidos en la ‘lista negra’ del alza de las tarifas propinada por Trump.

La visita de Xi fue también simbólica ya que rindió homenaje a un monumento en Yudu (un barrio de Ganzhou) que marcó el inicio de la ‘larga marcha’ del Partido Comunista hace 85 años, lo cual puede significar que la dirigencia china está dispuesta a una nueva «larga marcha tecnológica y financiera» en su guerra comercial contra EEUU.

Pero a Bannon nada lo detiene y en una entrevista para Fox News, después de alardear del triunfo del ‘nacionalismo económico’, mezclado de la extrema derecha populista, en las elecciones para el Parlamento Europeo, desechó las represalias de China de prohibir las exportaciones de minerales de tierras raras y se burla de que Pekín lo haya nombrado su «principal enemigo público».

La televisión china CCTV calificó a Bannon de «verdadero enemigo de EEUU».

(Cortesía de Sputnik, agencia rusa de noticias)

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Política Global: De cómo el imperio destruye a Julian Assange y a Wikileaks

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Con información Agencia de Noticias Sputnik //

Ya es de conocimiento mundial que cuando un ser humano entra en la mira de los servicios de inteligencia en cualquier país del mundo por considerarlo un «peligro para la seguridad nacional» todo el sistema represivo se lanza contra este hombre o mujer hasta destruirle o desprestigiarle.

Así está pasando con Julian Assange, uno de los tres pilares de WikiLeaks, quien abrió los ojos al mundo entero sobre los crímenes y las atrocidades que estaban cometiendo EEUU y sus obedientes sirvientes de la OTAN en el Oriente Medio al lanzar su ‘guerra permanente’ para apoderarse de los recursos nacionales de Irak, Afganistán, Libia, Somalia, Siria. Ahora, este valiente comunicador social está recluido en la prisión de alta seguridad de Belmarsh en Londres, conocida como el ‘Guantánamo británico’ y con la salud seriamente decaída.

Lo trágico de este caso consiste en que todo el proceso contra Assange está basado en la decisión de Washington de considerarlo culpable hasta que se demuestre su inocencia en los 18 cargos sobre el rol de Julian Assange en la revelación de crímenes de guerra de EEUU en Irak y Afganistán publicados entre 2011-2012 por WikiLeaks y conspiración diplomática global.

Sin embargo, la arremetida de Washington contra WikiLeaks arrancó ya en 2009 después de la divulgación de un video del tiroteo a periodistas en Bagdad el 13 de julio de 2007 por un helicóptero militar norteamericano. La publicación por WikiLeaks del ‘Diario de Guerra en Afganistán’ el 25 de julio de 2010 hizo intensificar aún más la irritación de la Casa Blanca.

En 2017, el entonces director de la CIA y hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró una guerra abierta contra los tres pilares de WikiLeaks: Julian Assange, el abogado y activista Jacob Appelbaum y el relacionista público Trevor Fitzgibbon.

Por una simple decisión política del ‘establishment’ norteamericano, el Departamento de Justicia de EEUU se convirtió en un ‘inquisidor’ global del siglo XXI que concentró su mirada primero en Julian Assange, lanzando, según el relator especial de las Naciones Unidas sobre Tortura y Penas Crueles, Nils Melzer, «una campaña implacable y desenfrenada de acoso público, difamación e intimidación de Julian Assange no solo en EEUU sino en Reino Unido, Suecia y Ecuador».

Melzer señaló también que «en 20 años de trabajo con las víctimas de la guerra, la violencia y la persecución política, nunca vi a un grupo de estados democráticos asociarse deliberadamente para aislar, satanizar y abusar de un solo individuo por tanto tiempo, con tan poco respeto por la dignidad humana y el imperio de la ley».

El ‘modus operandi’ del sistema de represión globalizada dirigida por Washington ha tenido de preferencia desde hace bastante tiempo el uso de la táctica de rumores, denuncias y acusaciones relacionadas con el sexo como acoso sexual, ataque sexual, violación, homosexualismo para dañar la reputación pública del personaje que atenta a desafiar el sistema político y social existente.

El acusado por muy inocente que sea se convierte en una víctima señalada y manchada como un «violador en serie». El sistema sabe que esta táctica produce un efecto inmediato negativo sobre la capacidad de producción de esta persona y afecta seriamente su estado de ánimo y mental. Así hicieron con Julian Assange cuando dos mujeres, la periodista y feminista sueca Anna Ardin de 30 años y su amiga Sofia Wilden de 26 años denunciaron al fundador de WikiLeaks por abuso sexual y reconociendo al mismo tiempo que el sexo en ambos casos fue consensuado.

Fue una operación bien montada contra Assange, aceptando el Scotland Yard la acusación de supuestas ‘víctimas’ de coerción ilegal y abuso sexual sin presentar las afectadas alguna prueba concreta contra su victimario. El preservativo que presentó Anna Ardin no reveló ADN ni de ella ni de Assange. Sin embargo, el fundador de WikiLeaks fue arrestado bajo sospechas y sin cargos de violación y después fue liberado bajo fianza mientras se estudiaba su posible extradición a Suecia que a su vez podía entregarlo a EEUU donde sería juzgado por espionaje

EL PRESIDENTE DE ECUADOR LO ENTREGÓ

Después que la Corte británica determinara extraditarlo a Suecia, Assange pidió en 2012 asilo en la Embajada de Ecuador en Londres, donde se quedó durante siete años sin asistencia médica. El 11 de abril de 2019, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, tras recibir promesas de Washington de nuevos créditos financieros para su país, suspendió el asilo de Assange y lo entregó a Scotland Yard, que lo sacó a rastras de la Embajada ecuatoriana y lo trasladó a la prisión de Belmarsh, donde estuvo durante un tiempo en el hospital de la cárcel debido al serio deterioro de su salud, llegando al extremo de no poder sostener una simple conversación con sus abogados.

El sistema represivo globalizado tampoco dejó en paz a otros dos pilares de WikiLeaks: el activista y abogado Jacob Appelbaum y el relacionista público Trevor Fitzgibbon. La periodista Suzie Dawson describió en su ensayo ‘Freeing Julian Assange’ como la prensa globalizada se empeñó en destruir sus carreras, sus finanzas y hasta el matrimonio de Jacob creando imagen de ‘violadores en serie’ sin presentar ninguna prueba concreta. Bastaron rumores, mentiras, insinuaciones, alegaciones para convertirlos en unos depredadores sexuales. Tan fuerte fue la guerra informativa contra Trevor que 70 organizaciones progresistas lo repudiaron.

En 2018 el periodista islandés Kristinn Hrafnsson, nombrado editor jefe de WikiLeaks, fue acusado por los medios de comunicación globalizados de ser violento con las mujeres sin presentar ninguna prueba. El otro colaborador de WikiLeaks, Matt DeHart, exanalista de inteligencia de EEUU y miembro del grupo de piratas informativos, fue tildado de perverso y se le inventó la tenencia de pornografía infantil que indignó a la opinión pública a tal extremo que inclusive Edward Snowden atacó a Matt. Resultó que esta táctica usada con fines políticos funcionó a la perfección para hacer debilitar a WikiLeaks.

Mientras todo esto estaba sucediendo, los agentes del FBI estaban extremadamente activos interrogando a su informante islandés Sigurdur Thordarson, quien se convirtió en el principal acusador de Assange. En mayo pasado, la agente especial del FBI Megan Brown, quien está a cargo de investigación contra Assange, viajó a Islandia junto con el fiscal Kellen Dwyer del Distrito Oriental de Virginia para interrogar a Thordarson. Este informante no tiene mucha credibilidad por tener un historial criminal.

Este personaje había sido un colaborador de WikiLeaks en Islandia desde 2010 hasta que en 2011 cuando se contactó con la embajada norteamericana en Reikiavik ofreciendo ayuda a EEUU en investigación criminal relacionada con Julian Assange. Entre 2011 y 2012 Thordarson entregó a las autoridades norteamericanas ocho discos duros de información perteneciente a WikiLeaks por los cuales recibió miles de dólares en recompensa.

El arresto y el traslado de Assange al ‘Guantánamo británico’ está demostrando el poder de largo brazo de Washington que ya estaba seguro que el fundador de WikiLeaks sería extraditado a EEUU tarde o temprano y donde sería acusado de contactar con la analista del Departamento de Defensa, Chelsea Manning, para «obtener ilegalmente documentos clasificados relacionados con los secretos de defensa nacional y su posterior publicación».

El Departamento de Justicia de EEUU ya presentó 18 cargos contra este comunicador social y el secretario de Interior de Reino Unido, Sajid Javid, no se dejó esperar y firmó una solicitud formal para extraditar a Assange a EEUU donde el Gran Jurado le podría condenar hasta 175 años de prisión. El Tratado de Extradición entre Washington y Londres fue firmado y ratificado en 2007 sin necesidad de presentar evidencias sustanciales para proceder con extradición.

Ahora todo depende de la decisión de la justicia británica. El pasado 14 de mayo durante la sesión de procedimiento la jueza de la Corte de Magistrados de Westminster, Emma Arbuthnot, ordenó para el 25 de febrero 2020 una audiencia con una duración prevista de cinco días para revisar la extradición de Julian Assange a EEUU.

Se prevé también vistas preliminares en julio y octubre próximos. Si tomamos en cuenta que el esposo de la magistrada, James Arbuthnot, es exdirector de Security Intelligence Consultancy SC Strategy Ltd., la empresa privada británica de inteligencia cuya ‘labor’ fue divulgada en más de 500 informes de WikiLeaks, ya podemos darnos cuenta del veredicto que espera al periodista y activista Julian Assange.

Lo nuevo de este caso es la aparición inmediata de lo que se llama ‘Efecto Assange’, que consiste en el inicio de una nueva ola de ‘cacería de brujas’ contra el periodismo de investigación y el pensamiento alternativo en Australia, Francia y EEUU.

La Policía de Australia realizó ya una redada en la Australian Broadcasting Corporation con la orden de apropiarse, eliminar o cambiar la información periodística relacionada con la seguridad nacional del país. En San Francisco, California, el 14 de junio pasado una docena de policías fuertemente armados abrió a martillazos la puerta de la casa del periodista Bryan Carmody, lo esposaron y requisaron todo su material de trabajo. Esto ocurrió al negarse el periodista revelar su fuente de información tras publicar un informe sobre un turbio suceso local.

Frente a estos ataques contra los medios de comunicación, el periodismo globalizado que hasta poco estaba proyectando a la opinión pública una imagen distorsionada y vilificada del creador de WikiLeaks y posteriormente mantuvo silencio sobre la tragedia de Assange dando luz verde a su persecución por el Gobierno estadounidense, por primera vez en los últimos 10 años los informadores globalizados se sintieron inseguros.

Surgieron dudas en los medios de comunicación más alineados con Washington respecto a su futuro en el caso de publicar algunos documentos clasificados. Recién han comprendido que la criminalización de la práctica periodística no tendría límites y podría inclusive afectar al mismo The New York Times o The Guardian británico que supuestamente son partidarios y luchadores por la democracia y la libertad.

Una posible extradición de Julian Assange a EEUU junto con una arremetida por el sistema represivo globalizado neoliberal contra los medios de comunicación abriría la puerta a una dictadura con todas sus consecuencias. El fundador de WikiLeaks ya nos advirtió sobre este peligro al exponer a EEUU, a sus aliados de la OTAN más importantes y a sus líderes divulgando sus secretos, sus crímenes más cruentos y sus planes para domesticar a la opinión pública mundial silenciando a la prensa alternativa y tratando inclusive controlar internet.

La libertad es lo más importante en la vida y precisamente esta libertad está en peligro actualmente. Ya es hora para los medios de comunicación darse cuenta de lo que les espera a ellos y al mundo entero si es que siguen siendo promotores y portavoces del sistema represivo globalizado.

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Política Global: ¿Se convierte la sociedad de servicios en una sociedad de sirvientes?

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Con información de Agencia de Noticias Sputnik //

La humanidad está regresando a la esclavitud, un brillante ejemplo de esto es el surgimiento de la economía de plataformas, afirma el escritor socialista ruso, historiador y uno de los fundadores del Frente de Izquierda de Rusia, Alexéi Sajnin.

La economía de plataformas está representada por servicios como Airbnb, Amazon, Alibaba, Uber, que permiten a los usuarios solicitar servicios básicos sin o con el menor número de intermediarios. Esta nueva economía crea empleos que requieren baja cualificación, ofrecen un salario mínimo y garantías sociales. Reúne a mensajeros, limpiadores, repartidores, asistentes, etc.

Y esta es una tendencia mundial. Por ejemplo, la Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU informa que 7 de las 10 ocupaciones de más rápido crecimiento en Estados Unidos pertenecen a la mano de obra mal pagada en el sector de servicios: empleados de enfermería, camareros, cocineros, vendedores, mensajeros. El Parlamento de Suecia recientemente permitió la creación de todo un grupo de «trabajos sencillos» («enkla jobb» en sueco): ascensorista, zapateros, porteros, etc.

Según un estudio realizado por expertos de la OCDE, en los últimos años, casi todo el crecimiento del PIB en los países desarrollados se debió al crecimiento del empleo en los trabajos de baja productividad y mal pagados en el sector de servicios.

Sin embargo, como explica el escritor ruso, este no fue siempre el caso. Después de la Segunda Guerra Mundial, los comunistas en el campo socialista y los socialdemócratas en los países desarrollados de Occidente siguieron una política para adelantar el desarrollo del capital humano. Invirtieron en educación, en programas de capacitación avanzada, proporcionaron garantías sociales y, en general, redistribuyeron el ingreso nacional a favor de la clase trabajadora. Esto llevó al hecho de que la fuerza laboral gradualmente se fue volviendo más cara, pero más y más cualificada.

Como resultado, la productividad laboral mundial creció rápidamente. Por ejemplo, en la década de 1960 y principios de 1970, según las estadísticas de la OCDE, en 37 de las economías capitalistas más grandes, creció un 3,3 % anual. Después de la liberalización de la economía en los años 1980-1990, estas tasas comenzaron a disminuir rápidamente. En 1995-2007, la tasa de crecimiento anual promedio de la productividad laboral cayó a 2,6%. En 2011-2015, esta cifra ya era del 1,7%, y en los últimos 5 años del 0,9%.

«Pero, ¿por qué el progreso técnico en lugar de un trabajo desafiante, interesante, creativo, bien pagado y de alto rendimiento crea este tipo de trabajos basura como mensajeros y repartidores? Es muy sencillo. Tal es la lógica del capital», responde Sajnin a su pregunta.

El rápido crecimiento de la productividad laboral hace que el mercado se sature. Las necesidades básicas de las personas están más o menos satisfechas. Todos están alimentados, vestidos, provistos de vivienda, educación y transporte. La gente se relaja, pero el crecimiento económico comienza a disminuir.

El capitalismo keynesiano, que dominó el mundo hasta los años 1970, buscaba una salida a esta crisis en la creación de nuevas necesidades, lo que resultó en la aparición de la sociedad de consumo.

«Sus mecanismos aún funcionan, pero son cada vez menos eficaces», afirma el experto ruso.

Recuerda que en los últimos 40 años los ingresos y la riqueza se han concentrado en manos de una pequeña minoría. Esto es el fruto de las reformas neoliberales que destruyeron el volante del capitalismo de consumo, empobreciendo a la mitad de la población y convirtiendo a la segunda mitad en esclavos de sus créditos.  

«Hoy en día, la mayoría de nosotros simplemente no tenemos dinero para comprar todos los dispositivos nuevos», comenta el socialista ruso.

La otra salida no es perseguir el crecimiento de la producción, sino reducir gradualmente el tiempo de trabajo, invertirlo en algo digno de una persona: educación, participación en la gestión de la sociedad, creación de nuevos estilos de vida, ciencia, arte, creatividad, nutrir nuevas generaciones, es decir, reducir la proporción de trabajo rutinario en la vida, propone Sajnin.

Pero aquí surge un problema: la extracción de ganancias comerciales es posible solo a través de la apropiación por parte del capitalista, el empleador, de una parte del tiempo de trabajo de sus empleados.

Si el tiempo de trabajo se reduce constantemente, también se funde la base misma de las relaciones capitalistas y la producción de mercancías. Incluso Karl Marx explicaba que si la producción se automatizada totalmente y los trabajadores eran reemplazados por máquinas, entonces el capitalismo, como formación social, se vuelve imposible, ya que la fuente de extracción de plusvalía desaparece.

Por lo tanto, la cuestión del tiempo de trabajo es de crucial importancia para el capitalismo.

«Y aquí hay una contradicción sin solución: el crecimiento de la productividad laboral lleva a una reducción en el tiempo de trabajo socialmente necesario, lo que significa que socava la base misma del capitalismo como modo de producción. Por lo tanto, el capital se opone a este crecimiento por todos los medios, transfiriendo una parte creciente de la economía al área del trabajo manual improductivo, en la esfera de la «economía de sirvientes». Incluso las altas tecnologías en el marco del sistema capitalista están empezando a funcionar no para hacer nuestra vida más interesante, cómoda y creativa, sino para reducirla a trabajos basura aburridos y rutinarios», escribe Sajnin.

Según su punto de vista, el capitalismo moderno ha agotado su potencial de desarrollo.

Los analistas de la OCDE también llegan a la conclusión de que los empleadores de los países desarrollados se benefician más de la contratación de empleados baratos que de la inversión en nuevas tecnologías. Pero incluso donde aparecen estas tecnologías, conducen a un deterioro en la situación económica de la gente común, que cada vez más recurre al mercado laboral basura.

«Hace mucho tiempo el capitalismo, con su productividad generalizada, convirtió la esclavitud y la servidumbre en no rentables, liberando a cientos de millones de personas para participar en la explotación capitalista eficaz. Pero hoy en día, los intereses del capital hacen necesario bombear millones de vidas a las industrias de servicios personales más estúpidas, improductivas y sin sentido, que son cada vez menos diferentes en su funcionalidad de la esclavitud», concluye el escritor ruso.

 

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Xi se acerca más a Putin para resistir a las presiones de Trump en el G20

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Política Global, por Alfredo Jalife-Rahme //

La Cumbre del G20 en Osaka se encuentra ante una bifurcación: Trump acepta el nuevo orden tripolar y comparte con Rusia y China sus respectivas esferas de influencia geopolíticas y regionalismos geoeconómicos o prosigue el caos y la fractura global todavía controlados, hasta que Trump se convenza de la ‘estabilidad estratégica’ tripolar.

Trump constata la fractura del caduco orden de la OTAN, no se diga del desplome de la fracasada supremacía ‘globalista’ —a tal grado de desairar de nueva cuenta a la canciller alemana Merkel durante la conmemoración del ‘Día D’ a la usanza estadunidense—, mientras Xi Jinping visitaba Moscú—para reunirse por enésima vez con Vladímir Putin y así celebrar el aniversario 70 de la relación bilateral de Rusia y China—, y asistía a la Cumbre Económica Internacional de San Petersburgo, la ciudad natal del presidente ruso.

El portal South China Morning Post, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba, admite que ‘China busca el apoyo de Rusia y los países de Asia Central en medio de las tensiones con EEUU’.

Ya es perogrullada: el mandatario chino Xi se ha reunido más veces con Putin que con cualquier otro líder foráneo desde que accedió al poder hace 6 años.

Xi también aprovechará la oportunidad para asistir a la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en la capital de Kirguistán, Biskek, del 13 al 14 de junio.

La jerarquía china no pierde el tiempo y su influyente vicepresidente Wang Qishan ha visitado Pakistán, Holanda y Alemania cuando se ha intensificado la competencia de China y EEUU en varios frentes: desde el Ártico, pasando por el binomio mar del Sur de China/Taiwán, hasta la guerra tecnológica y comercial.

En solo dos meses, el mandatario chino Xi Jinping se ha reunido con su homólogo ruso, Vladímir Putin, quien acudió al Foro de la Ruta de la Seda en Pekín.

El comercio bilateral entre Moscú y Pekín rebasó los 100.000 millones de dólares en 2018, donde predominan las importaciones de gas y petróleo por China.

Ni Rusia ni China buscan la confrontación con Trump, sino más bien conforman un frente de resistencia ante las asfixiantes sanciones y ‘guerras multidimensionales’ de EEUU.

En fechas recientes, Mike Pompeo, secretario de Estado y exdirector de la CIA, visitó Sochi, donde celebró una amigable y fructífera reunión con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, con el fin de distender varios frentes candentes.

No fue gratuito que días después, en el clásico estilo de la CIA, se haya filtrado a The Washington Post la crítica de Pompeo a la oposición venezolana que no consigue entenderse entre sí, así como su postura realista ante la inviabilidad del ‘acuerdo del siglo’ del plan de Jared Kushner, el ‘talmúdico’ yerno de Trump, para «resolver» el contencioso palestino, que prácticamente significaría su humillante claudicación en beneficio del proyecto irredentista del ‘Gran Israel’ con las anexiones del Golán, el este de Jerusalén y la mayor parte de Cisjordania.

Trump coquetea con Putin con el fin de alejarlo de Xi, quien tampoco busca agravar la situación con EEUU, a juicio de Danil Bochkov, colaborador del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, quien aduce que «para China es importante demostrar que tiene un amigo confiable [Rusia], pero que no debe ser hecho en una manera abiertamente provocativa».

Según South China Morning Post, la cumbre entre Xi Jinping y Vladímir Putin acercó aun más a China y a Rusia y propulsaron su relación a «algo cercano a una alianza» con el fin de «resistir las presiones de Trump».
Después de la reunión, el presidente ruso declaró que el acuerdo de los dos países en temas globales «alcanzó [sin exageración alguna] un alto nivel sin precedentes».

Por su parte, el presidente chino comentó que las relaciones bilaterales habían sido optimizadas a una «nueva era»: al nivel de «una asociación de coordinación estratégica integral».

Cabe señalar que el mandatario chino, Xi Jinping, usa regularmente los términos de ‘nueva era’ en referencia al ascenso político global de China frente a la decadencia de EEUU.

Xi se desvivió en elogios al presidente ruso, a quien calificó de ser «su mejor amigo» y con quien «ha interactuado más extensamente», en clara alusión a su enfriamiento con Trump.

En forma inesperada y contra su prudente costumbre, Xi fustigó las sanciones de EEUU contra Irán, asentando que Rusia y China ostentan la misma postura al respecto: «con EEUU recientemente imponiendo presión extrema y sanciones unilaterales contra Irán, las tensiones sobre el tema nuclear en Irán y aun en todo el Oriente Medio se han vuelto preocupantes».

Como si lo anterior fuera poco y no se supiera, China fortalecerá la ruta del mar del Norte de Rusia en el Ártico. Cada vez es más notorio que la Ruta de la Seda de China va en paralelo a la ruta del norte de Rusia en el Ártico.

Shi Yinhong, miembro del Consejo de Estado de China, interpretó que la visita de Xi a Rusia otorga a China más influencia en su competencia geoestratégica con EEUU: «el anuncio de China de que sus lazos con Rusia entraron a una nueva Era, el énfasis de los vínculos personales de Xi con Putin, y el exhorto a EEUU sobre Irán están diseñados contra el antecedente de tensiones sin precedentes entre EEUU y China y la duradera confrontación entre Rusia y EEUU».

Amén de ‘practicar sus pagos’ con sus respectivas divisas, el rublo y el renminbi, no pasó desapercibida el inicio de colaboración de Huawei con MTS, el mayor operador móvil de Rusia, para desarrollar la tecnología 5G y el lanzamiento piloto de redes.

La agencia china Xinhua dio vuelo a la declaración de Rusia y China sobre la «estabilidad estratégica global» que manifiesta la «voluntad de salvaguardar al multilateralismo».

El concepto de ‘estabilidad estratégica’ fue definido en 1990 por EEUU y la ex-URSS como la remoción de incentivos para que cualquiera de las superpotencias lance un primer golpe nuclear.

La efímera unipolaridad de EEUU —que se extendió para unos, desde 1991 al 2001 (atentados del 11/09); para otros, desde 1991 hasta el 2008, hasta la crisis financiera global por la quiebra del banco estadounidense de Lehman Brothers— perturbó la ‘estabilidad estratégica’ que, con el ascenso de China y la resurrección de Rusia, obliga a EEUU a recapacitar sobre la imperativa necesidad de un mundo multipolar.

Llama la atención que el canciller ruso, Serguéi Lavrov, haya manejado frente a Mike Pompeo el concepto de ‘estabilidad estratégica’, al que se ha adherido China y que, a mi juicio, Trump no tiene más remedio que asimilar en forma realista, que hoy de facto significa la ‘multipolaridad nuclear’ .

La trascendental —debido a su coyuntura geoestratégica— Cumbre del G20 en Osaka, Japón, con las probables cumbres al margen de Trump tanto con el mandatario chino, Xi Jinping, como con el presidente ruso, Vladímir Putin, respectivamente, marcará los límites y/o los alcances de la ‘estabilidad estratégica’ que necesariamente será tripolar o no lo será.

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