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Política Global: Brasil: fricciones en torno a la política de no intervención

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(Editorial en Capa).- A pesar del continuo e imprudente coqueteo con la política intervencionista de Washington manifestado por el canciller Ernesto Araujo y por el mismo presidente Jair Bolsonaro, contagiados por una rancia ideología neoconservadora, la cúpula militar en Brasil, contradiciendo las inclinaciones presidenciales se han mantenido firme en el principios de No Intervención y el respeto a la soberanía con relación a la aguda crisis venezolana.

El presidente Jair Bolsonaro, en su reciente visita de Estado a los Estados Unidos, reafirmó su vacilación en la reunión sostenida con el presidente Donald Trump. No obstante su vocero el General Otávio Rêgo Barros, tuvo inmediatamente que reafirmar la posición militar de no intervencionista expresada semanas antes por el vicepresidente, general (retirado) Hamilton Mourão durante la reunión del Grupo de Lima realizada en la ciudad colombiana de Bogotá el 25 de febrero. Su participación fue fundamental para enfriar el ambiente beligerante creado por la agresiva retórica intervencionista de los Estados Unidos, en la ocasión representado por el vice-presidente Mike Pence.

Brasil cree firmemente que es posible hacer que Venezuela regrese a la convivencia democrática de las Américas sin ninguna medida extrema que nos confunda, siendo naciones democráticas, con los que serán juzgados por la Historia como agresores, invasores y voladores de las soberanías nacionales” enfatizó el general Mourão.

Dos semanas después, el 14 de marzo, el propio vocero de la presidencia el General Rego Barros había señalado que Brasil ha venido conduciendo una diplomacia militar con Venezuela. “Desde que decidimos compartir la ayuda humanitaria, les he comunicado que la diplomacia militar se ha hecho presente en la interlocución con Venezuela. Y, naturalmente, por ser diplomacia militar, los militares venezolanos con los militares brasileños establecieron un link y conversan por medio de ese link”.

De acuerdo a un reportaje del periódico O Globo del 13 de marzo el canal de comunicación de los generales de ambos países existe desde septiembre del año pasado a partir de la realización de un encuentro en la ciudad venezolana de Puerto Ordaz, entre el entonces ministro de Defensa del gobierno de Michael Temer, general Joaquim Silva e Luna y su colega del país vecino, general Vladimir Padrino López, aun en el cargo. En la época el ministro brasileño dijo, “Celebramos aquí un acto de confianza para la reconstrucción de nuestro trabajo, para nuestros países y particularmente para nuestra región, que necesita mantenerse en estabilidad y paz”.

Es claro que las Fuerzas Armadas de Brasil en armonía con la posición oficial no comparten cualquier simpatía por el gobierno de Nicolás Maduro y lo consideran un presidente ilegítimo, reconociendo el peligro que representa para todo el Hemisferio.

Mourão, en la referida reunión del Grupo de Lima dejó claro que el cuestionado gobierno de Nicolás Maduro no abandonará la escena tan fácilmente: “A la luz de los acontecimiento acumulados desde hace más de una década, debemos reconocer que Venezuela no conseguirá librarse ella sola de la opresión del régimen chavista…El momento es del llamado al sentido de la responsabilidad. Ante todo, de los gobierno de los países de las Américas. Independientemente de ideologías y de partidos, es forzoso reconocer que tenemos nuestra cuota de participación en la consolidación de un régimen ilegal e ilegítimo en Venezuela, debido a errores y omisiones que deseamos que no se repitan.

El mundo vive, continuo Mourão, una preocupante escalada de tensiones políticas, económicas y militares que se deben enfrentar adecuadamente con la actuación responsable de los gobiernos nacionales y de los organismos internacionales, el motivo primario de nuestra presencia en esta reunión cumbre, para tratar la crisis más grave habida en el hemisferio desde inicios de los años 60 del siglo pasado”.

(Colaboración de Movimiento de Solidaridad Iberoamericana MSIa Informa)

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Política Global: De cómo el imperio destruye a Julian Assange y a Wikileaks

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Con información Agencia de Noticias Sputnik //

Ya es de conocimiento mundial que cuando un ser humano entra en la mira de los servicios de inteligencia en cualquier país del mundo por considerarlo un «peligro para la seguridad nacional» todo el sistema represivo se lanza contra este hombre o mujer hasta destruirle o desprestigiarle.

Así está pasando con Julian Assange, uno de los tres pilares de WikiLeaks, quien abrió los ojos al mundo entero sobre los crímenes y las atrocidades que estaban cometiendo EEUU y sus obedientes sirvientes de la OTAN en el Oriente Medio al lanzar su ‘guerra permanente’ para apoderarse de los recursos nacionales de Irak, Afganistán, Libia, Somalia, Siria. Ahora, este valiente comunicador social está recluido en la prisión de alta seguridad de Belmarsh en Londres, conocida como el ‘Guantánamo británico’ y con la salud seriamente decaída.

Lo trágico de este caso consiste en que todo el proceso contra Assange está basado en la decisión de Washington de considerarlo culpable hasta que se demuestre su inocencia en los 18 cargos sobre el rol de Julian Assange en la revelación de crímenes de guerra de EEUU en Irak y Afganistán publicados entre 2011-2012 por WikiLeaks y conspiración diplomática global.

Sin embargo, la arremetida de Washington contra WikiLeaks arrancó ya en 2009 después de la divulgación de un video del tiroteo a periodistas en Bagdad el 13 de julio de 2007 por un helicóptero militar norteamericano. La publicación por WikiLeaks del ‘Diario de Guerra en Afganistán’ el 25 de julio de 2010 hizo intensificar aún más la irritación de la Casa Blanca.

En 2017, el entonces director de la CIA y hoy secretario de Estado, Mike Pompeo, declaró una guerra abierta contra los tres pilares de WikiLeaks: Julian Assange, el abogado y activista Jacob Appelbaum y el relacionista público Trevor Fitzgibbon.

Por una simple decisión política del ‘establishment’ norteamericano, el Departamento de Justicia de EEUU se convirtió en un ‘inquisidor’ global del siglo XXI que concentró su mirada primero en Julian Assange, lanzando, según el relator especial de las Naciones Unidas sobre Tortura y Penas Crueles, Nils Melzer, «una campaña implacable y desenfrenada de acoso público, difamación e intimidación de Julian Assange no solo en EEUU sino en Reino Unido, Suecia y Ecuador».

Melzer señaló también que «en 20 años de trabajo con las víctimas de la guerra, la violencia y la persecución política, nunca vi a un grupo de estados democráticos asociarse deliberadamente para aislar, satanizar y abusar de un solo individuo por tanto tiempo, con tan poco respeto por la dignidad humana y el imperio de la ley».

El ‘modus operandi’ del sistema de represión globalizada dirigida por Washington ha tenido de preferencia desde hace bastante tiempo el uso de la táctica de rumores, denuncias y acusaciones relacionadas con el sexo como acoso sexual, ataque sexual, violación, homosexualismo para dañar la reputación pública del personaje que atenta a desafiar el sistema político y social existente.

El acusado por muy inocente que sea se convierte en una víctima señalada y manchada como un «violador en serie». El sistema sabe que esta táctica produce un efecto inmediato negativo sobre la capacidad de producción de esta persona y afecta seriamente su estado de ánimo y mental. Así hicieron con Julian Assange cuando dos mujeres, la periodista y feminista sueca Anna Ardin de 30 años y su amiga Sofia Wilden de 26 años denunciaron al fundador de WikiLeaks por abuso sexual y reconociendo al mismo tiempo que el sexo en ambos casos fue consensuado.

Fue una operación bien montada contra Assange, aceptando el Scotland Yard la acusación de supuestas ‘víctimas’ de coerción ilegal y abuso sexual sin presentar las afectadas alguna prueba concreta contra su victimario. El preservativo que presentó Anna Ardin no reveló ADN ni de ella ni de Assange. Sin embargo, el fundador de WikiLeaks fue arrestado bajo sospechas y sin cargos de violación y después fue liberado bajo fianza mientras se estudiaba su posible extradición a Suecia que a su vez podía entregarlo a EEUU donde sería juzgado por espionaje

EL PRESIDENTE DE ECUADOR LO ENTREGÓ

Después que la Corte británica determinara extraditarlo a Suecia, Assange pidió en 2012 asilo en la Embajada de Ecuador en Londres, donde se quedó durante siete años sin asistencia médica. El 11 de abril de 2019, el presidente ecuatoriano, Lenín Moreno, tras recibir promesas de Washington de nuevos créditos financieros para su país, suspendió el asilo de Assange y lo entregó a Scotland Yard, que lo sacó a rastras de la Embajada ecuatoriana y lo trasladó a la prisión de Belmarsh, donde estuvo durante un tiempo en el hospital de la cárcel debido al serio deterioro de su salud, llegando al extremo de no poder sostener una simple conversación con sus abogados.

El sistema represivo globalizado tampoco dejó en paz a otros dos pilares de WikiLeaks: el activista y abogado Jacob Appelbaum y el relacionista público Trevor Fitzgibbon. La periodista Suzie Dawson describió en su ensayo ‘Freeing Julian Assange’ como la prensa globalizada se empeñó en destruir sus carreras, sus finanzas y hasta el matrimonio de Jacob creando imagen de ‘violadores en serie’ sin presentar ninguna prueba concreta. Bastaron rumores, mentiras, insinuaciones, alegaciones para convertirlos en unos depredadores sexuales. Tan fuerte fue la guerra informativa contra Trevor que 70 organizaciones progresistas lo repudiaron.

En 2018 el periodista islandés Kristinn Hrafnsson, nombrado editor jefe de WikiLeaks, fue acusado por los medios de comunicación globalizados de ser violento con las mujeres sin presentar ninguna prueba. El otro colaborador de WikiLeaks, Matt DeHart, exanalista de inteligencia de EEUU y miembro del grupo de piratas informativos, fue tildado de perverso y se le inventó la tenencia de pornografía infantil que indignó a la opinión pública a tal extremo que inclusive Edward Snowden atacó a Matt. Resultó que esta táctica usada con fines políticos funcionó a la perfección para hacer debilitar a WikiLeaks.

Mientras todo esto estaba sucediendo, los agentes del FBI estaban extremadamente activos interrogando a su informante islandés Sigurdur Thordarson, quien se convirtió en el principal acusador de Assange. En mayo pasado, la agente especial del FBI Megan Brown, quien está a cargo de investigación contra Assange, viajó a Islandia junto con el fiscal Kellen Dwyer del Distrito Oriental de Virginia para interrogar a Thordarson. Este informante no tiene mucha credibilidad por tener un historial criminal.

Este personaje había sido un colaborador de WikiLeaks en Islandia desde 2010 hasta que en 2011 cuando se contactó con la embajada norteamericana en Reikiavik ofreciendo ayuda a EEUU en investigación criminal relacionada con Julian Assange. Entre 2011 y 2012 Thordarson entregó a las autoridades norteamericanas ocho discos duros de información perteneciente a WikiLeaks por los cuales recibió miles de dólares en recompensa.

El arresto y el traslado de Assange al ‘Guantánamo británico’ está demostrando el poder de largo brazo de Washington que ya estaba seguro que el fundador de WikiLeaks sería extraditado a EEUU tarde o temprano y donde sería acusado de contactar con la analista del Departamento de Defensa, Chelsea Manning, para «obtener ilegalmente documentos clasificados relacionados con los secretos de defensa nacional y su posterior publicación».

El Departamento de Justicia de EEUU ya presentó 18 cargos contra este comunicador social y el secretario de Interior de Reino Unido, Sajid Javid, no se dejó esperar y firmó una solicitud formal para extraditar a Assange a EEUU donde el Gran Jurado le podría condenar hasta 175 años de prisión. El Tratado de Extradición entre Washington y Londres fue firmado y ratificado en 2007 sin necesidad de presentar evidencias sustanciales para proceder con extradición.

Ahora todo depende de la decisión de la justicia británica. El pasado 14 de mayo durante la sesión de procedimiento la jueza de la Corte de Magistrados de Westminster, Emma Arbuthnot, ordenó para el 25 de febrero 2020 una audiencia con una duración prevista de cinco días para revisar la extradición de Julian Assange a EEUU.

Se prevé también vistas preliminares en julio y octubre próximos. Si tomamos en cuenta que el esposo de la magistrada, James Arbuthnot, es exdirector de Security Intelligence Consultancy SC Strategy Ltd., la empresa privada británica de inteligencia cuya ‘labor’ fue divulgada en más de 500 informes de WikiLeaks, ya podemos darnos cuenta del veredicto que espera al periodista y activista Julian Assange.

Lo nuevo de este caso es la aparición inmediata de lo que se llama ‘Efecto Assange’, que consiste en el inicio de una nueva ola de ‘cacería de brujas’ contra el periodismo de investigación y el pensamiento alternativo en Australia, Francia y EEUU.

La Policía de Australia realizó ya una redada en la Australian Broadcasting Corporation con la orden de apropiarse, eliminar o cambiar la información periodística relacionada con la seguridad nacional del país. En San Francisco, California, el 14 de junio pasado una docena de policías fuertemente armados abrió a martillazos la puerta de la casa del periodista Bryan Carmody, lo esposaron y requisaron todo su material de trabajo. Esto ocurrió al negarse el periodista revelar su fuente de información tras publicar un informe sobre un turbio suceso local.

Frente a estos ataques contra los medios de comunicación, el periodismo globalizado que hasta poco estaba proyectando a la opinión pública una imagen distorsionada y vilificada del creador de WikiLeaks y posteriormente mantuvo silencio sobre la tragedia de Assange dando luz verde a su persecución por el Gobierno estadounidense, por primera vez en los últimos 10 años los informadores globalizados se sintieron inseguros.

Surgieron dudas en los medios de comunicación más alineados con Washington respecto a su futuro en el caso de publicar algunos documentos clasificados. Recién han comprendido que la criminalización de la práctica periodística no tendría límites y podría inclusive afectar al mismo The New York Times o The Guardian británico que supuestamente son partidarios y luchadores por la democracia y la libertad.

Una posible extradición de Julian Assange a EEUU junto con una arremetida por el sistema represivo globalizado neoliberal contra los medios de comunicación abriría la puerta a una dictadura con todas sus consecuencias. El fundador de WikiLeaks ya nos advirtió sobre este peligro al exponer a EEUU, a sus aliados de la OTAN más importantes y a sus líderes divulgando sus secretos, sus crímenes más cruentos y sus planes para domesticar a la opinión pública mundial silenciando a la prensa alternativa y tratando inclusive controlar internet.

La libertad es lo más importante en la vida y precisamente esta libertad está en peligro actualmente. Ya es hora para los medios de comunicación darse cuenta de lo que les espera a ellos y al mundo entero si es que siguen siendo promotores y portavoces del sistema represivo globalizado.

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Política Global: ¿Se convierte la sociedad de servicios en una sociedad de sirvientes?

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Con información de Agencia de Noticias Sputnik //

La humanidad está regresando a la esclavitud, un brillante ejemplo de esto es el surgimiento de la economía de plataformas, afirma el escritor socialista ruso, historiador y uno de los fundadores del Frente de Izquierda de Rusia, Alexéi Sajnin.

La economía de plataformas está representada por servicios como Airbnb, Amazon, Alibaba, Uber, que permiten a los usuarios solicitar servicios básicos sin o con el menor número de intermediarios. Esta nueva economía crea empleos que requieren baja cualificación, ofrecen un salario mínimo y garantías sociales. Reúne a mensajeros, limpiadores, repartidores, asistentes, etc.

Y esta es una tendencia mundial. Por ejemplo, la Oficina de Estadísticas Laborales de EEUU informa que 7 de las 10 ocupaciones de más rápido crecimiento en Estados Unidos pertenecen a la mano de obra mal pagada en el sector de servicios: empleados de enfermería, camareros, cocineros, vendedores, mensajeros. El Parlamento de Suecia recientemente permitió la creación de todo un grupo de «trabajos sencillos» («enkla jobb» en sueco): ascensorista, zapateros, porteros, etc.

Según un estudio realizado por expertos de la OCDE, en los últimos años, casi todo el crecimiento del PIB en los países desarrollados se debió al crecimiento del empleo en los trabajos de baja productividad y mal pagados en el sector de servicios.

Sin embargo, como explica el escritor ruso, este no fue siempre el caso. Después de la Segunda Guerra Mundial, los comunistas en el campo socialista y los socialdemócratas en los países desarrollados de Occidente siguieron una política para adelantar el desarrollo del capital humano. Invirtieron en educación, en programas de capacitación avanzada, proporcionaron garantías sociales y, en general, redistribuyeron el ingreso nacional a favor de la clase trabajadora. Esto llevó al hecho de que la fuerza laboral gradualmente se fue volviendo más cara, pero más y más cualificada.

Como resultado, la productividad laboral mundial creció rápidamente. Por ejemplo, en la década de 1960 y principios de 1970, según las estadísticas de la OCDE, en 37 de las economías capitalistas más grandes, creció un 3,3 % anual. Después de la liberalización de la economía en los años 1980-1990, estas tasas comenzaron a disminuir rápidamente. En 1995-2007, la tasa de crecimiento anual promedio de la productividad laboral cayó a 2,6%. En 2011-2015, esta cifra ya era del 1,7%, y en los últimos 5 años del 0,9%.

«Pero, ¿por qué el progreso técnico en lugar de un trabajo desafiante, interesante, creativo, bien pagado y de alto rendimiento crea este tipo de trabajos basura como mensajeros y repartidores? Es muy sencillo. Tal es la lógica del capital», responde Sajnin a su pregunta.

El rápido crecimiento de la productividad laboral hace que el mercado se sature. Las necesidades básicas de las personas están más o menos satisfechas. Todos están alimentados, vestidos, provistos de vivienda, educación y transporte. La gente se relaja, pero el crecimiento económico comienza a disminuir.

El capitalismo keynesiano, que dominó el mundo hasta los años 1970, buscaba una salida a esta crisis en la creación de nuevas necesidades, lo que resultó en la aparición de la sociedad de consumo.

«Sus mecanismos aún funcionan, pero son cada vez menos eficaces», afirma el experto ruso.

Recuerda que en los últimos 40 años los ingresos y la riqueza se han concentrado en manos de una pequeña minoría. Esto es el fruto de las reformas neoliberales que destruyeron el volante del capitalismo de consumo, empobreciendo a la mitad de la población y convirtiendo a la segunda mitad en esclavos de sus créditos.  

«Hoy en día, la mayoría de nosotros simplemente no tenemos dinero para comprar todos los dispositivos nuevos», comenta el socialista ruso.

La otra salida no es perseguir el crecimiento de la producción, sino reducir gradualmente el tiempo de trabajo, invertirlo en algo digno de una persona: educación, participación en la gestión de la sociedad, creación de nuevos estilos de vida, ciencia, arte, creatividad, nutrir nuevas generaciones, es decir, reducir la proporción de trabajo rutinario en la vida, propone Sajnin.

Pero aquí surge un problema: la extracción de ganancias comerciales es posible solo a través de la apropiación por parte del capitalista, el empleador, de una parte del tiempo de trabajo de sus empleados.

Si el tiempo de trabajo se reduce constantemente, también se funde la base misma de las relaciones capitalistas y la producción de mercancías. Incluso Karl Marx explicaba que si la producción se automatizada totalmente y los trabajadores eran reemplazados por máquinas, entonces el capitalismo, como formación social, se vuelve imposible, ya que la fuente de extracción de plusvalía desaparece.

Por lo tanto, la cuestión del tiempo de trabajo es de crucial importancia para el capitalismo.

«Y aquí hay una contradicción sin solución: el crecimiento de la productividad laboral lleva a una reducción en el tiempo de trabajo socialmente necesario, lo que significa que socava la base misma del capitalismo como modo de producción. Por lo tanto, el capital se opone a este crecimiento por todos los medios, transfiriendo una parte creciente de la economía al área del trabajo manual improductivo, en la esfera de la «economía de sirvientes». Incluso las altas tecnologías en el marco del sistema capitalista están empezando a funcionar no para hacer nuestra vida más interesante, cómoda y creativa, sino para reducirla a trabajos basura aburridos y rutinarios», escribe Sajnin.

Según su punto de vista, el capitalismo moderno ha agotado su potencial de desarrollo.

Los analistas de la OCDE también llegan a la conclusión de que los empleadores de los países desarrollados se benefician más de la contratación de empleados baratos que de la inversión en nuevas tecnologías. Pero incluso donde aparecen estas tecnologías, conducen a un deterioro en la situación económica de la gente común, que cada vez más recurre al mercado laboral basura.

«Hace mucho tiempo el capitalismo, con su productividad generalizada, convirtió la esclavitud y la servidumbre en no rentables, liberando a cientos de millones de personas para participar en la explotación capitalista eficaz. Pero hoy en día, los intereses del capital hacen necesario bombear millones de vidas a las industrias de servicios personales más estúpidas, improductivas y sin sentido, que son cada vez menos diferentes en su funcionalidad de la esclavitud», concluye el escritor ruso.

 

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Xi se acerca más a Putin para resistir a las presiones de Trump en el G20

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Política Global, por Alfredo Jalife-Rahme //

La Cumbre del G20 en Osaka se encuentra ante una bifurcación: Trump acepta el nuevo orden tripolar y comparte con Rusia y China sus respectivas esferas de influencia geopolíticas y regionalismos geoeconómicos o prosigue el caos y la fractura global todavía controlados, hasta que Trump se convenza de la ‘estabilidad estratégica’ tripolar.

Trump constata la fractura del caduco orden de la OTAN, no se diga del desplome de la fracasada supremacía ‘globalista’ —a tal grado de desairar de nueva cuenta a la canciller alemana Merkel durante la conmemoración del ‘Día D’ a la usanza estadunidense—, mientras Xi Jinping visitaba Moscú—para reunirse por enésima vez con Vladímir Putin y así celebrar el aniversario 70 de la relación bilateral de Rusia y China—, y asistía a la Cumbre Económica Internacional de San Petersburgo, la ciudad natal del presidente ruso.

El portal South China Morning Post, con sede en Hong Kong y propiedad de Alibaba, admite que ‘China busca el apoyo de Rusia y los países de Asia Central en medio de las tensiones con EEUU’.

Ya es perogrullada: el mandatario chino Xi se ha reunido más veces con Putin que con cualquier otro líder foráneo desde que accedió al poder hace 6 años.

Xi también aprovechará la oportunidad para asistir a la Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái en la capital de Kirguistán, Biskek, del 13 al 14 de junio.

La jerarquía china no pierde el tiempo y su influyente vicepresidente Wang Qishan ha visitado Pakistán, Holanda y Alemania cuando se ha intensificado la competencia de China y EEUU en varios frentes: desde el Ártico, pasando por el binomio mar del Sur de China/Taiwán, hasta la guerra tecnológica y comercial.

En solo dos meses, el mandatario chino Xi Jinping se ha reunido con su homólogo ruso, Vladímir Putin, quien acudió al Foro de la Ruta de la Seda en Pekín.

El comercio bilateral entre Moscú y Pekín rebasó los 100.000 millones de dólares en 2018, donde predominan las importaciones de gas y petróleo por China.

Ni Rusia ni China buscan la confrontación con Trump, sino más bien conforman un frente de resistencia ante las asfixiantes sanciones y ‘guerras multidimensionales’ de EEUU.

En fechas recientes, Mike Pompeo, secretario de Estado y exdirector de la CIA, visitó Sochi, donde celebró una amigable y fructífera reunión con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, con el fin de distender varios frentes candentes.

No fue gratuito que días después, en el clásico estilo de la CIA, se haya filtrado a The Washington Post la crítica de Pompeo a la oposición venezolana que no consigue entenderse entre sí, así como su postura realista ante la inviabilidad del ‘acuerdo del siglo’ del plan de Jared Kushner, el ‘talmúdico’ yerno de Trump, para «resolver» el contencioso palestino, que prácticamente significaría su humillante claudicación en beneficio del proyecto irredentista del ‘Gran Israel’ con las anexiones del Golán, el este de Jerusalén y la mayor parte de Cisjordania.

Trump coquetea con Putin con el fin de alejarlo de Xi, quien tampoco busca agravar la situación con EEUU, a juicio de Danil Bochkov, colaborador del Consejo de Asuntos Internacionales de Rusia, quien aduce que «para China es importante demostrar que tiene un amigo confiable [Rusia], pero que no debe ser hecho en una manera abiertamente provocativa».

Según South China Morning Post, la cumbre entre Xi Jinping y Vladímir Putin acercó aun más a China y a Rusia y propulsaron su relación a «algo cercano a una alianza» con el fin de «resistir las presiones de Trump».
Después de la reunión, el presidente ruso declaró que el acuerdo de los dos países en temas globales «alcanzó [sin exageración alguna] un alto nivel sin precedentes».

Por su parte, el presidente chino comentó que las relaciones bilaterales habían sido optimizadas a una «nueva era»: al nivel de «una asociación de coordinación estratégica integral».

Cabe señalar que el mandatario chino, Xi Jinping, usa regularmente los términos de ‘nueva era’ en referencia al ascenso político global de China frente a la decadencia de EEUU.

Xi se desvivió en elogios al presidente ruso, a quien calificó de ser «su mejor amigo» y con quien «ha interactuado más extensamente», en clara alusión a su enfriamiento con Trump.

En forma inesperada y contra su prudente costumbre, Xi fustigó las sanciones de EEUU contra Irán, asentando que Rusia y China ostentan la misma postura al respecto: «con EEUU recientemente imponiendo presión extrema y sanciones unilaterales contra Irán, las tensiones sobre el tema nuclear en Irán y aun en todo el Oriente Medio se han vuelto preocupantes».

Como si lo anterior fuera poco y no se supiera, China fortalecerá la ruta del mar del Norte de Rusia en el Ártico. Cada vez es más notorio que la Ruta de la Seda de China va en paralelo a la ruta del norte de Rusia en el Ártico.

Shi Yinhong, miembro del Consejo de Estado de China, interpretó que la visita de Xi a Rusia otorga a China más influencia en su competencia geoestratégica con EEUU: «el anuncio de China de que sus lazos con Rusia entraron a una nueva Era, el énfasis de los vínculos personales de Xi con Putin, y el exhorto a EEUU sobre Irán están diseñados contra el antecedente de tensiones sin precedentes entre EEUU y China y la duradera confrontación entre Rusia y EEUU».

Amén de ‘practicar sus pagos’ con sus respectivas divisas, el rublo y el renminbi, no pasó desapercibida el inicio de colaboración de Huawei con MTS, el mayor operador móvil de Rusia, para desarrollar la tecnología 5G y el lanzamiento piloto de redes.

La agencia china Xinhua dio vuelo a la declaración de Rusia y China sobre la «estabilidad estratégica global» que manifiesta la «voluntad de salvaguardar al multilateralismo».

El concepto de ‘estabilidad estratégica’ fue definido en 1990 por EEUU y la ex-URSS como la remoción de incentivos para que cualquiera de las superpotencias lance un primer golpe nuclear.

La efímera unipolaridad de EEUU —que se extendió para unos, desde 1991 al 2001 (atentados del 11/09); para otros, desde 1991 hasta el 2008, hasta la crisis financiera global por la quiebra del banco estadounidense de Lehman Brothers— perturbó la ‘estabilidad estratégica’ que, con el ascenso de China y la resurrección de Rusia, obliga a EEUU a recapacitar sobre la imperativa necesidad de un mundo multipolar.

Llama la atención que el canciller ruso, Serguéi Lavrov, haya manejado frente a Mike Pompeo el concepto de ‘estabilidad estratégica’, al que se ha adherido China y que, a mi juicio, Trump no tiene más remedio que asimilar en forma realista, que hoy de facto significa la ‘multipolaridad nuclear’ .

La trascendental —debido a su coyuntura geoestratégica— Cumbre del G20 en Osaka, Japón, con las probables cumbres al margen de Trump tanto con el mandatario chino, Xi Jinping, como con el presidente ruso, Vladímir Putin, respectivamente, marcará los límites y/o los alcances de la ‘estabilidad estratégica’ que necesariamente será tripolar o no lo será.

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