ENTREVISTAS
Erik Brandon se rapa para ayudar al pequeño Santi que pelea por la vida
– Historias que inspiran: Santi necesita un segundo trasplante de médula.
Por Francisco Junco:
Hay gestos que duran unos minutos, pero cuentan historias enteras. Raparse la cabeza puede parecer una cosa sencilla: pasar la máquina, dejar caer el cabello y listo. Pero cuando alguien decide hacerlo para acompañar a un adolescente que pelea contra el cáncer, el cabello deja de ser cabello y se convierte en una forma de decir: no estás solo.
Eso fue lo que hizo Erik Brandon Palacios Sánchez, periodista y activista por los derechos humanos de las personas con discapacidad y de niños y adultos con cáncer. Esta vez no se rapó por él. Tampoco por una campaña. Lo hizo por Santiago, un joven de 14 años, originario de Tepatitlán, Jalisco, que enfrenta nuevamente la leucemia después de que un primer trasplante de médula ósea no funcionara.
Erik conoce de luchas. Nació a los seis meses y tres semanas de gestación y pasó seis meses en una incubadora. Pesaba apenas un kilo. Una hipoxia cerebral le provocó parálisis cerebral y una discapacidad que afecta el movimiento de sus piernas.
“Cabía en una caja de zapatos, tenía un peso de apenas un kilo, no se me formaban todavía ni los ojos ni los oídos”, contó el activista a Conciencia Pública.
En sus labios lleva una frase que parece resumir su propia existencia: “Lo que tienes enfrente de ti es un milagro de vida”. Y es que, para Erik, vivir nunca ha sido una cuestión sencilla ni automática. Detrás de cada paso hay una historia de rehabilitación, de familia y de personas que decidieron no rendirse.
Sus primeros años tampoco fueron fáciles para sus padres. Hubo diagnósticos equivocados, desesperación y dudas. Su madre, María del Rosario Sánchez, y su padre, Eduardo Benjamín Palacios Torres, tuvieron que aprender a caminar con un hijo que necesitaba atención especializada. Su padre murió de cáncer en 2015, después de enfrentar primero un cáncer de colon y posteriormente uno de riñón.
Pero hay una imagen que Erik conserva de su padre y que nunca va a olvidar: su padre empujándolo, llevándolo a terapias, acompañándolo a cada lugar. “Él era mis pies, hoy es mi inspiración, es mi ángel”, resaltó. Esa experiencia familiar terminó por empujarlo hacia otra causa. Erik comenzó a involucrarse en la defensa de personas con discapacidad y también en el acompañamiento a quienes enfrentan el cáncer.
Desde entonces, ha participado en distintas campañas. En 2022, Alejandro Barbosa, director de Nariz Roja, lo invitó al “Reto Invencibles”. La idea era ponerle precio simbólico a su cabello y convertirlo en ayuda. La meta inicial era de 10 mil pesos. La respuesta de sus amigos y familiares permitió reunir 16 mil. Entonces se rapó por primera vez.
Dos años después volvió a hacerlo. Esta vez acababa de perder a su primo José Alejandro Sánchez Beas, un joven de poco más de 30 años que también enfrentó un cáncer agresivo. Erik se sumó a la campaña “Mi amigo sin pelo”, de la asociación Canica.
Ahora, en 2026, volvió a tomar la máquina. Pero esta vez había un nombre detrás del gesto: Santiago. La historia del adolescente llegó a Erik a través de Quiero TV, donde fue columnista en la sección “Quiero Inclusión”. Ahí conoció el caso del muchacho de Tepatitlán.
Santiago tiene 14 años. Ya pasó por un trasplante de médula debido a la leucemia. Por un momento, él y su familia pensaron que la enfermedad había quedado atrás. Incluso llegó el día de su graduación de secundaria. Después llegaron los estudios y las malas noticias: los niveles estaban bajos y el trasplante no había funcionado.
La familia volvió entonces a la lucha. Santiago necesita una nueva oportunidad y enfrenta nuevamente un proceso médico complicado. Pero hay algo que llamó especialmente la atención de Erik: los sueños del muchacho. Quiere ser piloto aviador.
“Como todo joven, él tiene muchos sueños, quiere ser piloto aviador”, relató Erik. Y luego habla de algo que no aparece en ningún expediente médico: su actitud. “Es un chavo que dice que tiene muchas ganas de salir adelante y darle en la torre al cáncer”.
Ahí estuvo el motivo. Erik quería raparse en un espacio público para generar conciencia, pero Santiago acababa de salir de un proceso complicado de hospitalización. Así que decidió hacerlo desde donde estaba. Se rapó, mandó evidencia a la familia y se sumó también con un apoyo económico.
No hay grandes discursos detrás de la máquina de cortar cabello. Hay algo más sencillo: hay empatía. “Mientras haya alguien con cáncer y que tenga ese entusiasmo por la vida, nadie merece pasar esta lucha solo”, resaltó Erik.
La campaña “Todos con Santi, por una segunda oportunidad de vida” busca precisamente acompañar a Santiago y a su familia. La recaudación puede realizarse a través de las redes sociales de la campaña, donde se encuentra el enlace para hacer llegar directamente los apoyos a la familia.
Erik también ofrece sus propias redes como puente para quienes quieran ayudar. Pero quizá lo más importante de esta historia no sea cuánto dinero pueda reunirse, aunque para Santiago cada peso puede representar una posibilidad. Tampoco que un periodista se haya rapado nuevamente. Lo importante es lo que hay detrás.
Un hombre que nació con una discapacidad y que aprendió desde niño que la vida también puede ponerse cuesta arriba. Un hijo que vio a su padre enfrentar el cáncer. Un periodista que decidió convertir sus propias experiencias en una causa. Y un adolescente de Tepatitlán que, pese a que la enfermedad volvió a tocar su puerta, todavía quiere volar.

“Muchos podrán decir: ‘¿Yo qué puedo hacer?’. Te puedo decir que podemos hacer mucho”, sostiene Erik. A veces, explicó, basta con la empatía; otras veces, con un gesto amable, con acompañar o simplemente con no dejar solo al que está atravesando una dificultad.
Y entonces aparece la razón de esta historia. Santi no está solo. Tiene una familia que pelea por él, personas que han decidido sumarse y ahora también a un periodista que, una vez más, dejó que su cabello cayera al suelo para convertirlo en un mensaje.
“Vivamos intensamente cada segundo de nuestra vida”, dice Erik. Tal vez por eso se pela. No por el cabello. Por Santi.
El segundo trasplante que necesita Santiago representa un costo estimado de 3 millones de pesos. Quienes quieran sumarse pueden hacerlo directamente a través de las redes sociales de la campaña “Todos con Santi, por una segunda oportunidad de vida”, en Facebook como “Todos con Santi” y en Instagram como “Todos con Santi 11”, donde la familia mantiene los canales para recibir los apoyos económicos destinados al tratamiento del adolescente.


