OPINIÓN
De mal en peor
Subrayado
El traslado de la gente de a pie a cualquier punto de la Zona Metropolitana de Guadalajara se ha vuelto un verdadero calvario y un incremento en el gasto del pasaje; por ello, las motocicletas vienen a resolver en gran parte esta situación. Sin embargo, representan un peligro para el tráfico en general.
Por Gerardo Rico
En la Zona Metropolitana de Guadalajara presenciamos a diario un crecimiento explosivo del número de motocicletas que circulan por todos los rumbos. Se debe principalmente a una combinación de necesidades laborales originadas desde la pandemia de COVID-19, pero, además, a un deficiente servicio en el transporte público y a las facilidades económicas para adquirirlas.
Cifras del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG) precisaron que, entre 2020 y 2025, se duplicó el número de motocicletas registradas en el padrón oficial del estado y, a la par, se redujo la cantidad de unidades del transporte público. Las estadísticas demuestran que hace seis años circulaban en la ciudad casi 588 mil motocicletas, con un crecimiento sostenido anual, hasta sumar poco menos de un millón 100 mil vehículos de este tipo en 2025; esto es un crecimiento de más de 87%.
Esta moda en nuestra ciudad originó que 1 de cada 12 habitantes tenga y maneje una motocicleta, sin previa capacitación para conducirla. Las razones principales de esta accesibilidad pueden dividirse en los siguientes factores:
1.- Facilidades comerciales y de financiamiento. Es decir, existe la posibilidad de adquirir uno de estos vehículos no solo en agencias especializadas, sino en tiendas departamentales, supermercados y cadenas de electrodomésticos que se ubican prácticamente en cualquier esquina de la ciudad.
2.- Créditos accesibles. Dichos establecimientos ofrecen esquemas de pago semanales o quincenales muy bajos, enganches mínimos y requisitos de aprobación muy flexibles, que permiten a cualquier persona en edad laboral adquirir una unidad de inmediato.
3.- Placas al momento de la compra. En la mayoría de los casos se reciben las placas correspondientes al momento de la compra, luego de que las autoridades estatales, a través del Servicio Estatal Tributario, obligaron por ley a las agencias y comercios a entregar las motocicletas previamente emplacadas para que circulen legalmente.
4.- El costo-beneficio ante el tráfico. Nuestra ciudad enfrenta serios problemas de congestión vial. La motocicleta representa una alternativa ágil para infiltrarse en el tráfico urbano y reducir de manera drástica el costo de la gasolina.
En una nota informativa de Lauro Rodríguez, publicada en NTR Guadalajara hace unos días, se da cuenta del fenómeno que me llamó la atención para tratarlo en este espacio, pues aquí viene la parte contrastante:
Entre enero y julio de este año murieron 78 motociclistas en accidentes viales en el área conurbada de nuestra ciudad, de acuerdo con el Consejo Estatal para la Prevención de Accidentes (CEPAJ); un aumento de 8.9% respecto al mismo periodo de 2025. El 89% de los fallecidos son jóvenes varones de entre 15 y 29 años de edad.
En la mayoría de las ocasiones, los decesos se originan por el exceso de velocidad, la falta de equipo adecuado y las maniobras imprudentes en vialidades importantes.
Estas cifras representan un desafío para la movilidad y la seguridad vial, en vista de que los motociclistas se encuentran entre los transeúntes más vulnerables en calles y avenidas. A diferencia de los automovilistas, cuentan con menor protección ante una colisión, por lo que cualquier impacto puede tener consecuencias graves o mortales.
Otro dolor de cabeza…
En nuestra ciudad, el transporte urbano se convirtió más en un negocio que en un servicio a la comunidad. A pesar de que autoridades estatales afirman que el servicio es de los mejores de América Latina, lo cierto es que a diario miles de habitantes de esta urbe padecen la falta de rutas, la escasez de unidades y la saturación de estas.
En cualquier rumbo de la ciudad y en cualquier ruta se originan competencias entre conductores de los camiones del transporte urbano para ganar pasaje: lo mismo en la ruta 52, que pasa por el centro de la ciudad; en la 622, que va por Fidel Velázquez hacia Plaza Patria, Américas y López Mateos; en la 101, que recorre la avenida Niños Héroes hacia La Minerva, y López Mateos por Moctezuma hasta El Colli, entre otras.
En ocasiones la gente debe esperar hasta 40 minutos o más para abordar una unidad que, por la tardanza, va a tope y a veces ya no hace las paradas señaladas en la ruta. Si corren con suerte, aparecen dos o tres unidades que van compitiendo entre sí, sin respetar al pasaje que va a bordo.
Cifras del IIEG confirmaron una drástica caída en el número de viajes de pasajeros a inicios de 2026, de hasta 10% en el número de usuarios en varias zonas de la periferia y el oriente de la metrópoli. Se cancelaron rutas sin previo aviso, o los pasajeros y los conductores optan por no entrar a determinadas colonias por la inseguridad, situación que aísla a los usuarios y en ocasiones los obliga a tomar hasta tres camiones para llegar a su trabajo, a la escuela o a cualquier actividad.
El traslado de la gente de a pie a cualquier punto de la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) se ha vuelto un verdadero calvario y un incremento en el gasto del pasaje; por ello, las motocicletas vienen a resolver en gran parte esta situación. Sin embargo, representan un peligro para el tráfico en general por la falta de pericia en la mayoría de los conductores. Lo que nos hace ir de mal en peor en el desplazamiento a cualquier rumbo de la ciudad.


