OPINIÓN
IEPC: autonomía y confianza
Luchas Sociales, por Mónica Ortiz:
La importancia del papel que debe desempeñar en Jalisco el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Jalisco (IEPC) es fundamental. Además de iniciar el periodo de preparación y organización de los comicios, el Instituto estrena presidente: Ernesto Santana Bracamontes, quien fue elegido con un amplio consenso federal al obtener ocho de los nueve votos posibles en el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE).
Este respaldo manifiesta la confianza en su formación jurisdiccional, tras desempeñarse por más de dos décadas en el TRIEJAL y el TEPJF. Pero ¿por qué es importante que la organización del proceso electoral en Jalisco cuente con certeza desde la presidencia del Instituto?
En Jalisco, quizá como en todas las demás entidades federativas, la presión mediática y política de los procesos electorales es, sin duda, un tema que debe analizarse a fondo. El poder y sus procesos de elección están cargados de situaciones que definen rumbos, generan alianzas y, en algunos casos, buscan, desde la corrupción, posicionarse en el poder mediante el amago a la elección. En un país como el nuestro, es complicado vivir la tensión de la búsqueda del poder, y la organización de los procesos electorales no está fuera del foco ni de los señalamientos de que los partidos y los grupos de poder locales busquen someterlos o minarlos. Por eso, el IEPC juega un papel fundamental.
En este sentido, para los ciudadanos, el árbitro organizador de los procesos electorales debe contar con la fuerza institucional y la certeza jurídica de que quien lo encabeza tenga la capacidad técnica suficiente en materia electoral, así como el perfil idóneo para garantizar el correcto funcionamiento del IEPC durante las jornadas electorales.
Debe ser capaz de dar la seguridad de que el Instituto atiende tanto las exigencias legales como las ciudadanas, pues resulta muy difícil para los grupos de poder no buscar el control de aquello que les garantiza posicionarse o mantenerse en el poder. Sin embargo, la función básica y primaria de este Instituto es clara: demostrar su capacidad y su funcionamiento ante los eventos que estamos por vivir, que deben ser, sin duda, una celebración de la participación democrática de los ciudadanos y no de manotazos sobre la mesa que reclaman el poder.
El mayor reto del IEPC, además de sostener discursos de absoluta independencia, neutralidad e imparcialidad para dar certeza a las decisiones del órgano electoral —que deben ser reales y no solo discursos de campaña—, es el relacionado con la transparencia y la rendición de cuentas. También consiste en hacer visible ante la ciudadanía el papel fundamental que tiene el Instituto, no solo durante los periodos electorales, sino en todo momento.
Es evidente que la ciudadanía cuenta con poca información sobre la función que desempeña el IEPC y que sus campañas de difusión resultan técnicas y obsoletas. Visibilizarlo y transparentarlo es parte de lograr que la sociedad lo reconozca como una instancia cercana que fortalece el ejercicio del voto, acto esencial de la participación democrática y del poder político y gubernamental de toda entidad federativa.
Cabe destacar que la llegada de Ernesto Santana a la presidencia del IEPC se produce tras una estela de severos cuestionamientos hacia sus antecesores y, en particular, marcada por la accidentada renuncia de la anterior titular en medio de procesos hiperjudicializados. Hoy, el nuevo consejero presidente no solo hereda una institución con desgaste, sino también la urgencia inaplazable de poner orden en la mesa y rendir cuentas claras a la ciudadanía. Es un desafío de proporciones mayores: asumir el timón justo cuando el reloj apremia y la maquinaria de organización para el nuevo proceso electoral exige mano firme, autonomía absoluta y cero tolerancia a las sombras del pasado.
La cultura democrática no se construye únicamente con urnas, campañas y resultados electorales; se construye con instituciones que respondan a la ciudadanía, con información clara, decisiones explicables y rendición de cuentas sin simulaciones. El IEPC tiene la oportunidad de demostrar que la organización de las elecciones no es un trámite administrativo, sino un acto de defensa de la voluntad popular frente a la opacidad, la manipulación y la corrupción.
Si el Instituto logra acercarse a la gente, transparentar su trabajo y sostener su autonomía frente a los grupos de poder, no solo fortalecerá el proceso electoral de 2027: contribuirá a que la democracia en Jalisco deje de ser un discurso y se convierta en una práctica cotidiana de vigilancia, participación y lucha contra la corrupción.


