OPINIÓN
¿Y si platicamos de la marcha y la fuerza política de la UdeG?
Opinión, por Francisco Junco:
La marcha por el agua exhibió algo más que indignación ciudadana: la capacidad de movilización de la Universidad de Guadalajara y las interrogantes sobre el papel de su grupo político rumbo a 2027.
La marcha del domingo por la calidad del agua en Guadalajara dejó muchas imágenes, pero hay una que merece observarse más allá de los enfrentamientos frente a Casa Jalisco, de los detenidos y de los jóvenes que aparecieron vestidos de negro, con el rostro cubierto y dispuestos a la confrontación: la capacidad de la Universidad de Guadalajara para convocar, movilizar y colocar su presencia en las calles en un momento políticamente estratégico.
Porque una cosa es la legítima indignación de miles de ciudadanos que llevan meses padeciendo problemas con el agua que llega a sus hogares y otra, igualmente relevante para el análisis político, es la estructura de organización que consigue reunir a estudiantes, colectivos, organizaciones y grupos con causas distintas en una misma movilización.
La pregunta es inevitable: ¿quién capitaliza políticamente esa fuerza y con qué propósito?
La defensa del agua consiguió reunir a ciudadanos, vecinos, ambientalistas, ciclistas y grupos que mantienen otras agendas, entre ellas las relacionadas con Palestina y la defensa del territorio en distintos puntos de Jalisco. Cada organización tiene sus propias razones para salir a la calle y sería un error suponer que todas responden a una misma dirección política.
Sin embargo, también sería ingenuo ignorar que las movilizaciones masivas tienen una dimensión política y que, en Jalisco, la Universidad de Guadalajara ha demostrado durante décadas que no es solamente una institución educativa. Es, además, un actor con capacidad de interlocución, negociación y presión frente a los gobiernos.
Y esa capacidad no desapareció con el fracaso electoral de Hagamos.
Aquí comienza la parte interesante de la historia.
El grupo político que durante años ha mantenido el control de la Universidad ha demostrado que conserva estructuras, liderazgos y capacidad de operación. Después de la desaparición de Hagamos como una opción electoral competitiva, parte de esa fuerza política encontró nuevos espacios de participación, entre ellos Somos Jalisco, donde Leobardo Alcalá Padilla tiene un papel relevante.
A eso se suma la posición que ocupa el exrector Ricardo Villanueva Lomelí en el Gobierno federal, como subsecretario de Educación Superior, y su cercanía con Morena. Son elementos que permiten plantear una pregunta sobre el futuro político de ese grupo, aunque no bastan, por sí mismos, para demostrar que exista un acuerdo electoral específico.
Estamos a las puertas del proceso electoral de 2027. En ese contexto, la fuerza de movilización de la Universidad adquiere otra lectura.
¿Se trata solamente de acompañar causas sociales? ¿De ejercer presión para que los gobiernos resuelvan problemas que afectan a la población? ¿O también existe la intención de conservar espacios de poder, negociar candidaturas y participar en la definición de los próximos gobiernos municipales y legislativos?
No hay, hasta ahora, elementos suficientes para afirmar que la marcha haya sido organizada con el propósito de obtener candidaturas. Aunque hubo partidos, como Morena, que aprovecharon el foro para lanzarse contra MC, la pregunta merece hacerse, sobre todo cuando la institución universitaria y los grupos políticos que han orbitado a su alrededor mantienen una presencia relevante en la vida pública de Jalisco.
Las principales alcaldías de la Zona Metropolitana, así como las diputaciones locales y federales, representan espacios de decisión que ningún grupo político con capacidad de operación observaría con indiferencia.
Y la UdeG sabe movilizar.
Lo que también llamó la atención durante la jornada fue la repetición de consignas contra el gobernador Pablo Lemus. Frases como “Pablo Lemus, chinga tu madre” y “Lemus es un pendejo, el agua es un derecho” formaron parte del repertorio que se escuchó entre los contingentes. También se observaron carteles con mensajes similares.
La crítica al gobernador es legítima y forma parte del ejercicio de la protesta. Lo que resulta pertinente analizar es la organización de los mensajes, su reiteración y la manera en que se distribuyeron a lo largo de la movilización.
¿Fue una coincidencia entre grupos que comparten su rechazo al mandatario? ¿Hubo coordinación entre algunas de las organizaciones participantes? ¿Quién definió las consignas y la estrategia de comunicación?
Son preguntas periodísticas, no conclusiones anticipadas. Para responderlas hacen falta testimonios, documentos y evidencias que permitan distinguir entre una coincidencia política y una operación organizada.
En otro terreno, lo ocurrido frente a Casa Jalisco obliga a no perder de vista la presencia de jóvenes con el rostro completamente cubierto, vestidos de negro y algunos portando objetos que podían utilizarse para agredir.
La violencia registrada durante el enfrentamiento, las personas lesionadas y las detenciones deben investigarse con rigor, sin criminalizar a quienes participaron pacíficamente en la marcha. La existencia de grupos dispuestos a la confrontación representa un motivo de preocupación, pero tampoco autoriza a atribuir responsabilidades colectivas sin pruebas.
Identificar a quienes iniciaron las agresiones, establecer cómo ocurrieron los hechos y revisar la actuación de los cuerpos de seguridad corresponde a las autoridades competentes, bajo escrutinio público.
Los comunicados difundidos por la Universidad de Guadalajara y el Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) el mismo domingo aportan otro elemento a esta lectura.
La Universidad informó que tres estudiantes fueron detenidos y exigió que se esclarecieran los hechos, se garantizara su integridad y se concretara su liberación. El CUAAD expresó su solidaridad con María Fernanda Sedano Fonseca y Gustavo Sanjuan González, estudiantes de la Licenciatura en Artes Visuales para la Expresión Fotográfica, y reclamó respeto a sus derechos humanos.
La respuesta institucional demuestra que la Universidad no se mantuvo al margen de lo sucedido y que cuenta con mecanismos para intervenir públicamente cuando integrantes de su comunidad enfrentan una situación de esta naturaleza.
También coloca sobre la mesa una exigencia que no debería admitir diferencias políticas: la protección de los derechos humanos y el esclarecimiento de las detenciones.
El ITESO también manifestó preocupación por las detenciones y la respuesta gubernamental a la protesta. La intervención de ambas instituciones amplió la dimensión pública de lo sucedido y colocó el asunto más allá de la disputa entre manifestantes y autoridades estatales.
Por eso, la marcha no debe reducirse a los enfrentamientos ni utilizarse para descalificar una demanda ciudadana que tiene sustento en un problema real.
El agua limpia es una exigencia básica y el desgaste provocado por la crisis hídrica no se resuelve con discursos ni con acusaciones cruzadas.
Pero tampoco conviene cerrar los ojos ante la dimensión política de la movilización.
La Universidad de Guadalajara volvió a demostrar que tiene capacidad para hacerse presente en las calles. Lo que todavía no sabemos es cómo utilizará esa fuerza en los meses que vienen, qué papel buscará desempeñar en la disputa electoral y hasta dónde llegará su interlocución con Morena y otros actores políticos.
La respuesta no está necesariamente en lo que ocurrió el domingo, sino en lo que veremos después: en las alianzas que se formalicen, los liderazgos que se promuevan, las candidaturas que se negocien y las decisiones que tome el grupo que ha mantenido influencia sobre la institución.
Porque una marcha puede ser, al mismo tiempo, una expresión legítima de inconformidad ciudadana y un escenario en el que distintos actores políticos midan fuerzas.
La incógnita permanece: ¿la UdeG salió a las calles para respaldar una causa social o también para recordarle a la clase política que sigue siendo un factor de poder?
El tiempo, los hechos y las decisiones rumbo a 2027 permitirán responderlo.
¿Y si platicamos?


