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OPINIÓN

La bomba de tiempo en el IMSS: Entre la asfixia financiera y la rebelión sindical

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac:

El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) no solo enfrenta una crisis operativa; hoy, se tambalea sobre una auténtica bomba de tiempo. El reciente anuncio del Consejo Técnico sobre la modificación a la «Modalidad 40» ha encendido las alarmas de miles de trabajadores que, tras una vida de esfuerzos, veían en esta alternativa su única esperanza para una pensión digna.

No se equivoquen: la Modalidad 40 no desaparece, pero ha sido cercenada. A partir de este 22 de octubre, las nuevas reglas imponen límites severos que golpean directamente el bolsillo de quien busca mejorar su retiro. Adiós a los pagos retroactivos y un tope salarial que ahora se reduce drásticamente al último sueldo registrado más una sola UMA diaria (poco más de 117 pesos), dejando atrás la posibilidad de cotizar hasta por 25 UMAS. Es, en esencia, una medida de contención financiera disfrazada de orden administrativo.

El trasfondo es, como hemos señalado constantemente en este espacio, la falta de dinero. El Gobierno Federal se encuentra en un callejón sin salida. Con casi 10% del presupuesto nacional —un peso de cada diez— destinado exclusivamente a programas sociales como la Pensión del Bienestar, el margen de maniobra para el IMSS se agota. Salud, seguridad y campo han sido sacrificados en el altar de la política asistencialista. La realidad es fría: más del 60% de los recursos del Seguro Social ya se destina a pensiones, en un país cuya población envejece aceleradamente.

Mientras el Consejo Técnico intenta ganar tiempo con un análisis de viabilidad a seis meses, la legalidad del acuerdo ya está bajo la lupa. ¿Puede un consejo restringir por decreto lo que la ley permite? El Senado ya ha prometido revisar este atropello que afecta a más de 273,000 personas que hoy cotizan activamente bajo este esquema.

Pero la crisis no termina en las oficinas administrativas; se respira en las calles. Este miércoles 21 de octubre, médicos, enfermeras y empleados sindicalizados tomaron más de 20 estados en una megamanifestación. El descontento es total: rechazan la propuesta oficial de un incremento salarial del 2.9% —insuficiente ante la inflación y la carga laboral— y exigen un 10% al salario tabular.

La figura de su secretario general, Rafael Olivos, está bajo fuego por, según ellos, no defender los intereses del gremio, mientras la dirección del IMSS, encabezada por Zoé Robledo, se mantiene en una postura de «justa medida» que la base trabajadora simplemente no acepta.

Estamos ante un escenario de deterioro acelerado. El sistema de pensiones está topado, el servicio médico colapsa ante el desabasto y la falta de personal, y el frente laboral se fractura. Lo que hoy vemos en las calles es solo el síntoma; la enfermedad es la incapacidad de administrar recursos finitos.

Si no hay corrección, el IMSS dejará de ser el pilar de la seguridad social para convertirse en el epicentro de la próxima gran crisis financiera de México.


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