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OPINIÓN

A confesión de parte… Fox y la sombra del fraude electoral

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Opinión, por Pedro Vargas Ávalos:

Las elecciones presidenciales celebradas el domingo 2 de julio de 2006 han sido fuente pródiga de opiniones y revelaciones. El eje de esa jornada es: ¿hubo o no hubo fraude electoral?

La mayoría del pueblo mexicano sostiene que sí hubo defraudación y, además, es incuestionable que en el proceso sí se registraron irregularidades. El propio Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación reconoció, en su dictamen final, que las intromisiones en campaña del entonces presidente Vicente Fox, las campañas de organismos empresariales y grupos adversarios a la izquierda, acreditaron que la equidad de la contienda fue desfavorable al candidato de la Coalición Por el Bien de Todos y el Frente Amplio Progresista, que fue Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Expertos de la UNAM reconocieron inconsistencias de origen en el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), tales como un comportamiento de captura atípico y fallas en la distribución de dígitos. Finalmente se denunció la aparición de boletas en basureros, la apertura ilegal de paquetes electorales antes del conteo oficial y múltiples errores aritméticos en miles de actas, por lo que se insistió en que se abrieran los paquetes para hacer conteo voto por voto y casilla por casilla, lo cual se negó por la autoridad electoral, la cual admitió que se revisara solo un 8%, porción en la que, se demostró, había sufragios mayoritariamente a favor de AMLO.

El entonces IFE estaba encabezado por Luis Carlos Ugalde, un mediano personaje que había llegado a ese cargo por presiones del priismo y de Elba Ester Gordillo, según él mismo confiesa en su libro “Así lo viví”. Ahora pregona —sin mucho crédito— ser analista de la materia electoral y cuestiones de la democracia.

Los que defienden los resultados oficiales de aquella elección, se basan precisamente en datos del IFE, del TEPJF y en opiniones de parciales al prianismo o miembros de las oposiciones del lopezobradorismo. Como ejemplo de estos, está lo que escribió Ciro Murayama, entonces consejero electoral —en 2022— junto al presidente del organismo, Lorenzo Córdova Vianello, ambos preclaros anti cuatro T.

El antedicho personaje afirma que AMLO y sus simpatizantes afirman cada que pueden lo referente al fraude de 2006, con la idea de que, si repiten tal supuesto, al final será verdad, y enfatiza Murayama: “La historia trágica del siglo XX alerta del peligro de dar carta de credibilidad a las mentiras repetidas”. Tras esas afirmaciones, añade: “el fraude electoral fue desterrado de la vida política de México hace décadas gracias al diseño de normas e instituciones en las que participaron todas las fuerzas políticas”. (El País, 11-II-2022).

En días recientes, el hablantín expresidente Vicente Fox, quien reiteradamente da muestras de su antipatía —aversión— por la 4T, hizo unas declaraciones que han vuelto de actualidad ese tema del fraude cometido en 2006, cuando resultó “haiga sido como haiga sido” presidente el panista michoacano Felipe Calderón, según la desvergonzada propia expresión de éste.

La entrevista del expresidente fue realizada por el periodista español Juan Luis Cebrián para el medio digital The Objective y se publicó el 1 de noviembre pasado, recibiendo amplia difusión de inmediato.

Lo sustancial de esa conversación es que el guanajuatense Fox reconoció haber intervenido en el multicitado proceso electoral de 2006 para decididamente auspiciar el triunfo de su correligionario Felipe Calderón y de esa forma mantener al Partido Acción Nacional (PAN) en la presidencia; sin ambages exclamó: “Gana Calderón o lo puedo decir aquí, hice que ganara Calderón, aunque no es muy democrático decir eso”. 

El exmandatario fue todavía más lejos: reconoció que llegó a plantear públicamente que no entregaría el poder a un presidente electo de otro partido, llegando a la barbaridad de comparar la sucesión presidencial con la administración de una empresa, en la que, dijo este bocón, el dueño decide a quién dejarle las riendas.

Las reacciones no se dejaron esperar y hubo lluvia de opiniones, las más de ellas condenando las palabras foxianas. En la conferencia presidencial matutina del día 2, en la que se compartió un audio de esa entrevista, se le pidió a la Presidenta Claudia Sheinbaum -CSP- su opinión sobre las afirmaciones de marras; tras escucharlas, la mandataria calificó como terribles sus revelaciones, precisando: “Hoy Fox afirma dos cosas terribles: uno, que participó en la elección de 2006, y dos, que gobernar México es como dirigir una empresa y que es un negocio. ¿Cómo que es un negocio? Sí, para ellos era un negocio, para los hijos de Marta Sahagún, para todos ellos era un negocio”.

Como lo manifestado por el expresidente es indefendible, el líder del panismo nacional, Jorge Romero, pintó su raya, subrayando que las declaraciones de Fox son estrictamente personales y no reflejan la postura del partido; su instituto blanquiazul, claro que sigue en su postura de que el triunfo calderoniano fue constitucional. Sin embargo, sobre la conducta actual de Fox, rápidamente aclaró: «…el PAN —dice—: Fox, a quien trajimos a que nos ayudara a la elección que sigue —2027—, ya mejor nos deslindamos de él porque habla demasiado».

Otros opinadores consideran que, ante tan crudas afirmaciones, el PAN busca mitigar el costo político y desmarcar la legitimidad del gobierno de Felipe Calderón de los comentarios del expresidente. Muchos comentaristas políticos coinciden en que esas declaraciones le otorgaron «armas narrativas» inmediatas a Morena y a la presidenta Claudia Sheinbaum para justificar su movimiento de transformación frente al pasado amargo del neoliberalismo, encarnado por el prianismo, sistema que propiamente inició con Miguel de la Madrid en diciembre de 1982 y concluyó en 2018 con Enrique Peña Nieto.

Como quiera que sea, Vicente Fox, el fallido timonel de la transición democrática mexicana, sujeto deslenguado, frívolo y deshonesto, lo que ha logrado con sus recientes declaraciones sobre los comicios presidenciales de 2006, fue testificar que quien lo sucedió lo hizo mediante el fraude, por lo que, sabiendo que la confesión es la reina de las pruebas, se debe aplicar el principio jurídico de que, “A confesión de parte, relevo de pruebas”.

 


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