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OPINIÓN

Cuando todos quieren ser el elegido

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– Y si platicamos… de Guadalajara.

Por Francisco Junco Nava.

Las intermedias tienen algo particular: no hay presidencial que se lleve los reflectores ni candidato que arrastre votos. El elector mira con más detenimiento a quienes buscan gobernar su ciudad. Aparece entonces una vieja regla: cuando no hay figura nacional en la boleta, el personaje suele pesar más que la marca.

No es una ley matemática, pero la historia lo ha mostrado. Quien gobierna llega a las intermedias con tres años de desgaste, promesas cumplidas y pendientes, decisiones que ya generaron simpatías y molestias. En 2027, Morena habrá gobernado estados y municipios el tiempo suficiente para que el ciudadano evalúe resultados, no solo discursos. Analistas ya hablan de desgaste y del peso de las candidaturas locales frente a la marca.

Y si eso ocurre en Guadalajara, habrá que mirar con lupa a Morena. En el partido ya se mueven las piezas. No significa que todos los que levantaron la mano lleguen al final, ni que todos tengan la misma estructura, experiencia o reconocimiento. Sí significa que la candidatura ya es conversación política, mucho antes de una definición formal.

Y si platicamos de nombres, hay que empezar por Mery Pozos. Conoce los dos lados de la política: el territorio y el Congreso. Es diputada federal y preside la Comisión de Presupuesto y Cuenta Pública, una posición que le da interlocución nacional. Ha convertido al presupuesto en una de sus cartas. También tiene una narrativa de cercanía con la presidenta Claudia Sheinbaum. Ha dicho que la instrucción federal ha sido no abandonar el territorio y ha pedido “piso parejo” dentro de Morena.

Su fortaleza es esa: comunicación, presencia territorial, posición legislativa y capacidad de confrontar. No rehúye el debate con Movimiento Ciudadano ni cuestionar al gobierno municipal. Su riesgo es el mismo rasgo que la hace visible: quien confronta acumula adversarios. Y en una interna, los adversarios no siempre están enfrente.

Después está Carlos Lomelí. El senador no necesita demasiadas presentaciones. Tiene años de presencia, experiencia electoral y conocimiento de la estructura morenista. El 3 de agosto hizo pública su intención de buscar la candidatura a Guadalajara. La declaración provocó una denuncia ante el IEPC por presuntos actos anticipados de campaña, asunto que corresponde a la autoridad y que, por sí solo, no define la viabilidad de su aspiración. Su activo es la trayectoria: es conocido dentro y fuera de Morena y aparece en mediciones sobre la candidatura. También carga con lo inevitable de quien lleva años en la arena: una historia que puede usarse a favor o en contra. El conocimiento es ventaja, pero también mayor exposición.

Luego aparece José María “Chema” Martínez. Ya sabe lo que significa competir por Guadalajara. Fue candidato de Morena en 2024 y hoy es regidor. No necesita imaginarse la elección: ya estuvo en ella. Conoce colonias, problemas municipales, el Cabildo y la maquinaria de Movimiento Ciudadano desde el otro lado. Su agenda reciente ha encontrado en el agua un punto de confrontación con los gobiernos municipal y estatal. No es un asunto menor: el agua se volvió uno de los problemas más sensibles de la Zona Metropolitana y cualquier aspirante tendrá que hablar de ella. Su fortaleza es la experiencia. Su debilidad puede estar en que ya tuvo una campaña completa: llega con conocimiento, pero también con antecedentes que el elector puede revisar.

Otro nombre que empezó a hacer ruido es Sergio Chávez. Aquí cambia la historia. No gobierna Guadalajara; gobierna Tonalá. Por eso su eventual salto a la capital tiene lectura metropolitana. Reconoció la inquietud de buscar la candidatura y fue claro: si va, no quiere un trámite; quiere competir para gobernar. También dijo que espera respaldo del partido y de la Presidencia antes de decidir. Tiene experiencia municipal y conocimiento de la zona metropolitana. Pero también un recorrido que Morena tendrá que considerar: antes de la 4T pasó por el PRI y después por Movimiento Ciudadano. Eso puede leerse como experiencia y adaptación o como una historia partidista que merece explicaciones.

Y luego está Mariana Fernández. Su nombre quizá no hace tanto ruido, pero tiene una ventaja: está dentro del Ayuntamiento. Es regidora y ha mantenido agenda de seguridad, servicios públicos y, en particular, el agua. Presentó una iniciativa para que el municipio trabajara con el Gobierno de Jalisco y los ayuntamientos del SIAPA ante la contaminación. Representa una ruta distinta, menos estridente, con la posibilidad de construir candidatura desde el Cabildo. Su reto es convertir el trabajo institucional en conocimiento político más allá del Ayuntamiento.

Finalmente aparece José de Jesús Salazar Zazueta. No viene de un cargo de elección popular, sino de la sociedad civil. Al frente de Somos Manos Tapatías, ha construido presencia con asesoría jurídica gratuita y con distribución de agua en colonias de Guadalajara. La organización informó más de 830 asesorías legales y más de un millón de litros de agua potable, además de agua purificada. En agosto anunció 200 pipas mensuales en más de 80 colonias. Hay un episodio que no puede omitirse: el Festival por la Cultura de la Paz que organizó su fundación fue cancelado por autoridades municipales. Salazar denunció una actuación política en su contra; esa interpretación es suya y no debe confundirse con un hecho probado de persecución. Su fortaleza es no cargar, por ahora, con una larga carrera partidista. Su debilidad es la contraria: todavía debe demostrar que el trabajo social puede convertirse en estructura política capaz de competir por una alcaldía.

Morena tiene, hasta ahora, seis personajes con seis rutas distintas: una diputada federal con presencia nacional; un senador con años de recorrido; un ex candidato que ya conoce la elección tapatía; un alcalde metropolitano que quiere brincar de Tonalá a Guadalajara; una regidora que trabaja desde el Cabildo; y un abogado que viene de la sociedad civil y ha encontrado en el agua una forma de visibilidad. No todos tienen lo mismo ni la misma estructura.

Pero algo los iguala: todos necesitan convencer a Morena de que pueden ganar Guadalajara y, después, convencer a los tapatíos de que pueden gobernarla. Una cosa es ganar una encuesta interna y otra muy distinta es ganar una elección. Si en 2027 el personaje pesa más que la marca, la decisión no podrá resolverse solo preguntando quién tiene más nombre dentro del partido. Tendrán que preguntarse quién conecta con una ciudad que ya conoce a Morena, que conoce a Movimiento Ciudadano y que, después de tres años de gobierno municipal, tendrá su propia evaluación de la administración.

Por eso, más que mirar quién grita más fuerte que quiere ser candidato, habrá que observar quién construye algo más difícil: una historia que el ciudadano quiera hacer suya. Porque en política, como en la vida, una cosa es querer. Y otra, muy distinta, es que te quieran.

Y si platicamos… de Guadalajara, apenas estamos empezando.


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