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OPINIÓN

Ariadna Montiel vino a apretar tuercas en Jalisco

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

La visita de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel, a Jalisco no fue, bajo ninguna circunstancia, una gira de cortesía. Fue, más bien, un ejercicio quirúrgico de disciplina y control destinado a poner orden en una estructura local que, durante años, ha navegado entre la fragmentación, el individualismo rampante y una ambición desmedida que amenaza con desperdiciar la potencia electoral de su marca.

Para quienes hemos seguido la evolución política de nuestra entidad, quedó claro que la dirigencia nacional ha decidido tomar las riendas. El mensaje fue contundente: en el Morena de la era de la consolidación, ya no bastará con la popularidad, con el carisma o con el «ser conocidos». La época del dedazo basado en el aplauso mediático ha llegado a su fin. Ante una audiencia de más de 60 alcaldes, senadores y diputados, Montiel dejó claro que, de cara a 2027, el filtro será técnico, patrimonial y curricular. La nueva consigna es la profesionalización del perfil.

El escenario no es menor. Morena tiene ante sí la oportunidad histórica de romper la hegemonía de Movimiento Ciudadano en la zona metropolitana, particularmente en una Guadalajara que ha visto pasar cuatro administraciones emecistas de manera ininterrumpida.

Sin embargo, el principal enemigo de Morena no está fuera de sus filas; está en su interior. La evidente incomodidad entre ciertos liderazgos durante la sesión de fotos, los empujones por la cercanía con la dirigente y la lucha intestina por las candidaturas son síntomas de un organismo que, si no se disciplina, corre el riesgo de autodestruirse.

Para marcar la pauta, Ariadna Montiel no pidió; ordenó. La reunión a puerta cerrada, con la prohibición expresa de usar celulares, no fue un capricho, sino un mensaje de mando: aquí se viene a trabajar, no a lucirse en redes sociales. La orden fue clara: asambleas territoriales, trabajo de campo en los seccionales, y dejar de lado los shows mediáticos. Se trata de blindar a la dirigencia nacional y preparar el terreno electoral con una unidad que, hasta hoy, ha sido la gran ausente.

El método es ambicioso: depurar una lista de más de 300 aspirantes a las 17 gubernaturas que se disputarán en el 2027, reduciéndola a un máximo de seis por entidad. En Jalisco, el proceso para los cargos intermedios comenzará hacia finales de este año, y los criterios de evaluación incluirán antecedentes, trayectoria política y, crucialmente, una revisión de conflictos de interés y situación patrimonial. Este es un golpe directo a aquellos que pensaban que el poder económico o la popularidad heredada bastarían para asegurar una boleta.

Pero si hay un eje rector en esta nueva narrativa de Morena, ese es el agua. Montiel ha identificado correctamente el «Talón de Aquiles» de Movimiento Ciudadano: el SIAPA. La crisis de calidad y abasto del agua no es un accidente, es el resultado de una larga cadena de corrupción, irresponsabilidad e incapacidad que atraviesa administraciones del PRI, del PAN y de MC. Al politizar el agua y convertir el descontento social en su principal herramienta de erosión contra el gobierno de Pablo Lemus, Morena no solo está haciendo política, está capitalizando una herida social abierta.

Es un tema mezquino, dicen algunos, porque «las obras del subsuelo no dan votos». Esa ha sido la lógica tradicional de la clase política jalisciense: preferir la patrulla entregada, el edificio inaugurado y la obra vistosa, antes que invertir en tuberías que nadie ve pero que todo el mundo padece. Esa apuesta ha llegado a su límite. Hoy, el agua no solo quita votos; es la principal preocupación de las familias de la metrópoli que reciben líquido insalubre en sus hogares. Morena ha cerrado la puerta a la privatización y a nuevas deudas bajo esquemas de asociaciones público-privadas, exigiendo auditorías forenses y una solución que, admitámoslo, no llegará en el corto plazo.

La postura nacional es firme: no habrá luz verde desde el Congreso estatal para endeudamientos que disfracen la privatización del servicio. La exigencia de Morena es clara: transparencia, auditorías y justicia tarifaria. Es una apuesta de alto riesgo, pero de alto impacto.

En conclusión, lo que vimos esta semana fue el inicio de un proceso de «apriete de tuercas». Ariadna Montiel llegó a Jalisco para demostrar que, por encima de los individualismos y las fracturas locales, existe una dirección nacional que no permitirá que el entusiasmo electoral se pierda en el caos. Morena tiene la marca y tiene los programas sociales como motor de crecimiento, pero necesita perfiles evaluados y una estructura disciplinada para convertir esa fuerza en resultados concretos en las urnas del 2027.

La gran pregunta es si la clase política morenista en Jalisco será capaz de dejar de lado sus agendas personales por el proyecto nacional. El tiempo corre, la crisis del agua sigue creciendo, y la dirigencia nacional ha dejado claro que, quien no esté a la altura de las exigencias técnicas y de disciplina, simplemente no estará en la boleta.

¿Logrará Ariadna Montiel poner orden y superar el individualismo entre los diversos liderazgos de Morena en Jalisco? ¿Entenderán el mensaje los morenistas que se sienten único, como si fueran hechos a manos? El tiempo nos dará la respuesta.


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