OPINIÓN
El nuevo espectro político de Estados Unidos
Opinión, por Gerardo Rico:
Sin duda alguna, las elecciones intermedias del pasado 3 de noviembre en Estados Unidos nos dejaron una lección: cuando los ciudadanos se hartan de un estilo de gobierno, hacen efectiva la democracia. ¡Y vaya que salieron a votar!
Una administración que, en tan solo dos años, llevó al Partido Republicano a la debacle electoral y que ha sido señalada por sus detractores por su discurso racista y sus expresiones asociadas al supremacismo blanco. Aún se recuerda el elogio a la “buena genética” durante un mitin encabezado por Donald Trump, al que asistió una multitud mayoritariamente blanca durante su campaña de 2024, con el respaldo de su base partidaria, identificada con el movimiento Make America Great Again (MAGA), es decir, “Hagamos que Estados Unidos vuelva a ser grande”.
Controversias
La política migratoria y las deportaciones ejecutadas por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han provocado la separación de numerosas familias. De acuerdo con estimaciones de la Institución Brookings, alrededor de 205 mil menores se han visto afectados por la detención de alguno de sus padres. En materia económica, la imposición de aranceles a decenas de países, incluidos sus socios comerciales México y Canadá, así como las presiones sobre instituciones como la Reserva Federal, han generado incertidumbre en los mercados, preocupaciones por la inflación y desaceleración en determinados sectores manufactureros.
En cuanto a los recortes en asistencia y cooperación, se produjo el desmantelamiento de programas y la suspensión de fondos de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), además de recortes significativos en el Departamento de Educación. Estas medidas son consideradas por críticos y organizaciones como perjudiciales para la ayuda humanitaria global y la educación pública. A ello se suma el debilitamiento institucional y las tensiones judiciales, con enfrentamientos verbales, cuestionamientos a resoluciones de jueces federales y tribunales, así como procesos de depuración en la burocracia federal y el aparato militar.
Y, por si todo esto no fuera suficiente, el presidente Donald Trump arrastra antecedentes judiciales y controversias personales. Entre ellos destaca el caso por falsificación de registros comerciales en Nueva York, por el cual fue declarado culpable de 34 cargos. También enfrentó procesos federales por el manejo de documentos clasificados en Mar-a-Lago, Florida, y por sus intentos de revertir los resultados electorales de 2020, relacionados con los acontecimientos del 6 de enero de 2021 y el asalto al Capitolio, aunque esas causas fueron posteriormente desestimadas. Sin dejar de mencionar su antigua relación con Jeffrey Epstein, que continúa generando cuestionamientos públicos, aunque esa cercanía no constituye, por sí misma, una prueba de participación en los delitos del financiero.
Todo esto le cobró factura al Partido Republicano el martes 3 de noviembre y dio origen a un nuevo mapa político en la Unión Americana. Los republicanos perdieron la mayoría en la Cámara de Representantes, equivalente a nuestra Cámara de Diputados, y en el Senado, cuyos controles pasarán a manos demócratas con la instalación del nuevo Congreso. Además, las dos principales economías estatales del vecino país quedaron bajo gobiernos demócratas: California, donde ese partido conservó la gubernatura, y Texas, donde consiguió una victoria histórica.
Sorpresas te da la vida…
Ni en sus peores sueños el mandatario de Estados Unidos imaginó que durante la segunda mitad de su segundo mandato tendría que lidiar con una oposición fortalecida en Washington, además de observar cómo llegan al poder figuras como Aber Kawas, la primera mujer palestinoestadounidense y musulmana elegida para el Senado estatal de Nueva York. Ni qué decir de Abdul El-Sayed, el primer musulmán elegido para el Senado de Estados Unidos, por Michigan.
Podemos hablar también de Deb Haaland, quien se convirtió en la primera mujer indígena elegida gobernadora de un estado de la Unión Americana y gobernará Nuevo México; de Keisha Lance Bottoms, primera mujer negra elegida gobernadora en la historia de Estados Unidos, quien encabezará Georgia; o de Chris Pappas, abiertamente homosexual, quien ganó un escaño en el Senado por Nuevo Hampshire. Asimismo, podemos mencionar a David Crowley, primer gobernador negro de Wisconsin, y a Bentley Hudgins, primera persona abiertamente transgénero y no binaria elegida para la Legislatura de Georgia.
El nuevo rostro político de Estados Unidos contempla también a Ilhan Omar, la primera mujer de origen somalí elegida para la Cámara de Representantes, quien consiguió su reelección por Minnesota. Rashida Tlaib, la primera mujer de origen palestino elegida para esa misma cámara, también fue reelegida por Michigan. No debemos dejar de mencionar a la nueva gobernadora de Texas, un bastión republicano durante más de tres décadas que fue conquistado por la demócrata de origen mexicano Gina Hinojosa. A esta lista se suma Xavier Becerra, hijo de madre tapatía y nuevo gobernador electo de California.
Con un estilo político que sus críticos califican de narcisista y confrontativo, el mandatario estadounidense afirmó que él no estuvo en las boletas electorales y que esa fue una de las razones por las que perdió su partido. Posteriormente, también atribuyó la derrota a la guerra con Irán, un conflicto que ha provocado daños considerables en instalaciones militares estadounidenses en Oriente Medio y bajas entre sus efectivos. El costo humano y material de esta confrontación continúa generando cuestionamientos sobre las decisiones de la Casa Blanca.
Para México, las elecciones intermedias de Estados Unidos significan un replanteamiento de su relación con la Unión Americana, pues tendrá que identificar nuevos espacios de negociación con el ala demócrata del Congreso estadounidense. En este escenario, deberá reconsiderarse la estrategia diplomática mexicana frente al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ya que el Congreso desempeña un papel muy importante en la política comercial y podría influir en la revisión del acuerdo y en la relación económica con México y Canadá.
En este nuevo espectro político de la Unión Americana, México deberá evaluar cómo la nueva correlación de fuerzas en el Congreso podría limitar la flexibilidad de la Casa Blanca en materia comercial. También será necesario prestar atención a los posibles avances en las reformas migratorias y laborales, así como a sus efectos sobre las remesas y el empleo, tanto en nuestro país como en Estados Unidos.
El escenario político cambió y México tendrá que actuar con inteligencia diplomática para defender sus intereses frente a una administración debilitada electoralmente, pero que todavía conserva importantes facultades de decisión.
Resumen editorial
- Derrota republicana: Las elecciones intermedias del 3 de noviembre de 2026 dieron a los demócratas el control de ambas cámaras del Congreso estadounidense.
- Nuevo rostro político: Las victorias de candidatos de origen latino, indígena, afroamericano y musulmán reflejan una transformación en la representación política de Estados Unidos.
- Implicaciones para México: La nueva mayoría legislativa podría modificar las condiciones de negociación sobre el T-MEC, la migración, el empleo y las remesas.


