Connect with us

OPINIÓN

Baudelio Lara: Una vocación que llegó por accidente

Publicado

el

Comparte esta noticia:

– ESCRITURA SIN ESTRIDENCIAS.

Conciencia en la cultura, por Luis Ignacio Arias:

Cuando Baudelio Lara llegó por primera vez al taller de Raúl Bañuelos, a finales de los años ochenta, no buscaba convertirse en escritor ni imaginaba una carrera literaria. Intentaba encontrar una forma de encauzar una necesidad nacida tras la muerte prematura de un compañero de preparatoria y descubrir si aquello que estaba escribiendo tenía algún sentido más allá de la experiencia personal.

Décadas después, con una obra reconocida, una extensa labor como ensayista de arte y más de cuarenta años de trayectoria en la UdeG, conserva una postura poco habitual en el medio cultural. Aunque los libros publicados y el reconocimiento de sus pares respaldan su trayectoria, admite que todavía le cuesta asumirse plenamente como escritor. En su semblanza personal suele definirse como una “víctima profesional del síndrome del impostor”, una sensación que describe de manera sencilla: “si evaluaras tu obra dirías, pues sí, pero de pronto dices, pues no, me falta mucho”.

Su relación con la escritura comenzó tras la muerte de un amigo. Durante la preparatoria comenzó a escribir con mayor seriedad y a buscar orientación. Fue entonces cuando escuchó hablar de un poeta que impartía un taller en el DIF Zapopan. El poeta era Raúl Bañuelos, figura central para varias generaciones de escritores jaliscienses. Aquella decisión marcaría el inicio de una formación literaria que, aunque nunca estuvo pensada como una profesión, terminaría acompañándolo durante toda su vida.

Lara recuerda aquel espacio como un taller poco convencional. Más que corregir textos o establecer reglas rígidas, Raúl Bañuelos fomentaba la observación, la lectura y el intercambio entre los participantes. El aprendizaje ocurría de manera indirecta, mediante conversaciones, comentarios y la convivencia cotidiana con otros escritores. Con el tiempo, el taller se convirtió en un punto de encuentro para autores que más adelante tendrían una presencia importante dentro de la literatura jalisciense.

La influencia de Raúl Bañuelos no se limitó a la formación de nuevos autores. También fue quien impulsó la publicación de los primeros trabajos de varios integrantes del grupo. En el caso de Baudelio Lara, la aparición de su primer libro, La luz a tientas, no respondió a una búsqueda personal de reconocimiento, sino a la iniciativa de su maestro. El propio poeta reconoce que en aquellos años la preocupación principal no era publicar, acumular currículum o participar en convocatorias, sino escribir. La literatura era entendida como un ejercicio de exploración y diálogo, más que como una carrera profesional.

Esa forma de entender la escritura convivió con otra faceta igualmente importante de su vida: la psicología. A diferencia de muchos escritores que llegan a la literatura desde estudios humanísticos, Lara se formó como psicólogo en la Universidad de Guadalajara. La elección, según relata, surgió casi por accidente después de perder el interés por las áreas administrativas que había considerado inicialmente. Sin embargo, encontró en la psicología un espacio particularmente fértil por la diversidad intelectual que caracterizaba a la carrera en aquellos años.

La Facultad de Psicología reunía entonces preocupaciones científicas, debates políticos, inquietudes artísticas y reflexiones sociales. Ese ambiente interdisciplinario dejó una huella profunda en su manera de entender la cultura. Con el paso de los años, aquella formación le permitió desarrollar una mirada propia, capaz de establecer puentes entre la literatura, el arte y las ciencias sociales. Incluso sus posteriores trabajos como ensayista y crítico de artes visuales estarían marcados por esa combinación de perspectivas.

La universidad no sólo definió su formación académica. También determinó gran parte de su vida laboral. Mientras aún cursaba la carrera, una convocatoria para capacitar orientadores vocacionales terminó convirtiéndose en la puerta de entrada a una trayectoria profesional que se extendería por más de cuatro décadas dentro de la Universidad de Guadalajara. Desde entonces desempeñó distintas funciones relacionadas con la orientación educativa, la docencia y la administración universitaria.

Lejos de representar una actividad ajena a su vocación artística, la universidad se convirtió en el espacio desde el cual sostuvo gran parte de su trabajo intelectual. A diferencia de otros autores que buscan vivir exclusivamente de la escritura, Lara nunca experimentó esa necesidad. Su actividad literaria coexistió durante años con sus responsabilidades académicas y profesionales, permitiéndole desarrollar su obra con independencia de las exigencias del mercado editorial o de las presiones propias de una carrera literaria convencional.

Quizá por esa misma razón resulta llamativo que, pese a los ocho libros publicados, los premios obtenidos y el reconocimiento alcanzado, continúe hablando de sí mismo con cierta reserva. En más de una ocasión ha definido esa sensación como una forma de síndrome del impostor. No se trata de una negación de los logros acumulados, sino de la impresión constante de que siempre hay algo más por aprender, una obra por perfeccionar o una lectura pendiente. Esa actitud crítica hacia su propio trabajo parece haber sido también una de las fuerzas que han sostenido su trayectoria.

Cuando reflexiona sobre la escritura, evita las definiciones grandilocuentes. Prefiere pensar la poesía como una herramienta capaz de transformar la manera en que percibimos el mundo. Para él, las palabras no sólo describen la realidad, también intervienen en ella al modificar la experiencia de quienes las leen. Desde esa convicción entiende el acto poético como una forma de conocimiento y de sensibilidad.

Al mirar en retrospectiva, Baudelio Lara encuentra un mismo patrón en buena parte de su trayectoria. El taller de Raúl Bañuelos, su ingreso a la UdeG, su incursión en la escritura sobre artes visuales e incluso algunas de sus publicaciones surgieron de circunstancias que no había planeado. “Normalmente lo que me ha pasado de bien en la vida ha sido por accidente, nunca lo he buscado”. Sin embargo, más allá de la suerte que él mismo reconoce en esos momentos decisivos, existe una constante que ha dado sentido a ese recorrido: la lectura, la reflexión y la escritura.

Una vocación ejercida sin estridencias, pero con la persistencia suficiente para construir una obra que hoy ocupa un lugar propio dentro de la literatura jalisciense.

 


Comparte esta noticia:
Continuar Leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Copyright © 2020 Conciencia Pública // Este sitio web utiliza cookies para personalizar el contenido y los anuncios, para proporcionar funciones de redes sociales y para analizar nuestro tráfico. También compartimos información sobre el uso que usted hace de nuestro sitio con nuestros socios de redes sociales, publicidad y análisis, que pueden combinarla con otra información que usted les haya proporcionado o que hayan recopilado de su uso de sus servicios. Usted acepta nuestras cookies si continúa utilizando nuestro sitio web.

Privacy Policy