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MUNDO

El ascenso de China al poder mundial: La Trampa de Tucídides, la transición del poder

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Economía Global, por Alberto Gómez-R. //

La llamada “política monetaria” es la disciplina de la política económica que controla los factores monetarios para garantizar la estabilidad de precios y el crecimiento económico.

Aglutina todas las acciones que disponen las autoridades monetarias (los bancos centrales) para ajustar el mercado de dinero. Mediante la política monetaria los bancos centrales dirigen la economía para alcanzar unos objetivos macroeconómicos concretos. Para ello utilizan una serie de factores, como la masa monetaria o el coste del dinero (tipos de interés). Los bancos centrales utilizan la cantidad de dinero como variable para regular la economía.

Mediante el uso de la política monetaria, los países tratan de tener influencia en sus economías controlando la oferta de dinero y así cumplir con sus objetivos macroeconómicos, manteniendo la inflación, el desempleo y el crecimiento económico en valores estables. Sus principales objetivos son:

  • Controlar la inflación
  • Reducir el desempleo
  • Conseguir crecimiento económico
  • Mejorar el saldo de la balanza de pagos

Algunas de estas acciones llevadas a cabo por los economistas de la corriente del neoliberalismo económico se basan en dar mayor énfasis al libre mercado, arguyendo que tanto los ciclos económicos como el comportamiento de los factores macroeconómicos que los integran, tienden a auto-regularse y llegar a un punto de homeostasis.

Sin embargo, la realidad es que las políticas económicas neoliberales sólo han hecho más marcada la diferencia de las clases socio-económicas. Los críticos del neoliberalismo afirman que poner al mercado en el centro de prioridades, desregular la economía y desmantelar el Estado de bienestar contribuyó al aumento de la brecha entre los más ricos y pobres en varios países.

La desigualdad social, agregan, trajo crecientes problemas para la democracia y los individuos.

Las más influyentes corrientes del pensamiento económico en Occidente fueron los de la famosa Escuela de Chicago desde los años setenta, y que se arraigaron primero en Estados Unidos y el Reino Unido en los ochentas, para de ahí exportarse al resto de los países en los que la dupla anglosajona tenía fuerte influencia por distintos intereses, desde los geopolíticos hasta los de recursos estratégicos –como el petróleo, minerales, el agua, y ahora el litio- logrando con ello, sembrar ideas de bienestar futuro a través de las nuevas generaciones gobernantes, muchos de ellos formados en escuelas de la Ivy League de Estados Unidos, que serían punta de lanza para implantar estas políticas económicas dictadas desde el exterior.

La Escuela de Chicago aboga por la propiedad privada, la desregulación económica, el libre comercio, la globalización, la austeridad y recortes en los gastos por parte del Estado sobre todo en rubros destinados al beneficio social. Precisamente, el uso del término «neoliberal» logró gran difusión en los años ochenta del siglo XX, principalmente gracias a la nueva aplicación de dichas políticas económicas en la década de los años setenta y ochenta, siendo Reagan y Thatcher dos importantes defensores (junto con los presidentes estadounidenses Nixon y Ford).

El hecho de que dos importantes economías como la estadounidense y la británica adoptasen tales preceptos hizo que otras economías menos potentes siguiesen su misma línea de acción, además de influir decisivamente el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. (ethic.es)

La financiarización de la economía lograda por el neoliberalismo, se alejó de la economía real, lo que trajo como consecuencia una serie de entramados internacionales que mostraron su verdadero rostro en 2007, y provocaron la más grave crisis financiera mundial en 2008, transfiriendo con ello gran parte de la riqueza de las clases medias a las élites económicas dominantes.

Las economías emergentes que venían pujando fuerte desde abajo, alineadas a políticas económicas fuera del neoliberalismo, pudieron dar un gran salto hacia adelante al no tener sus economías dolarizadas, y con la visión de sus líderes políticos que daban vuelta en dirección contraria al neoliberalismo anglosajón, cuya globalización económico-financiera comenzó a caer a finales de la década de los 2000.

El ascenso de dos de estas potencias emergentes se destacó sobre las demás: China y Rusia, seguidas muy de cerca por la India.

La conformación del grupo BRICS (Brasil, Rusia, India, China, y al que luego se sumó Sudáfrica) buscaron hacer un contrapeso económico y político a la hegemonía anglosajona, para comenzar el multilateralismo, en que ahora el mundo se encuentra y no habrá nada que lo detenga, aunque el hegemón –en este caso los Estados Unidos- haga hasta lo imposible para conservar su poder de dominación, como se observó en el caso particular de Brasil, que apoyaron desde el exterior el derrocamiento de los gobiernos de izquierda (primero el de Lula Da Silva, y luego al de Dilma Roussef) –quienes al frente de la presidencia, sucesivamente, levantaron al país económicamente colocándolo como potencia emergente- instigando la desestabilidad a través de las instituciones que sirven a ese objetivo y que tienen presencia en todos los continentes, como la USAID, y muchos otros organismos que disfrazan sus intenciones con banderas pro democráticas, liberales, LGTB, y de derechos humanos, con financiamientos de orígenes poco claros.

La “Trampa de Tucídides” se refiere precisamente a la elevada posibilidad de conflictividad que se desarrolla entre dos potencias desde del ascenso de una, a partir del cual se produce un incremento de la tensión con otra potencia ya establecida -un hegemón-. El nombre del término en cuestión emana de una célebre frase del historiador ateniense del siglo V a.C: “fue el ascenso de Atenas y el temor que esto infundió en Esparta lo que hizo inevitable la guerra”.

Algo similar había visto Henry Kissinger, y prácticamente, al mismo tiempo. En el año 2011, por medio de su conocido libro “China”, el ex secretario de Estado de Estados Unidos, llamaba a evitar repetir la escalada de conflictividad que llevó a Reino Unido y a Alemania a generar la primera guerra mundial -o la gran guerra como la conocieron sus contemporáneos-.

Luego de diez años, pareciera que el llamado de atención de Kissinger ha surtido poco efecto. Esto no es sorpresivo. Desde hace años, las relaciones entre EE.UU. y la República Popular de China (RPCh) han tenido, a pesar de oscilaciones de distención y vínculos cordiales entre ambos Estados, un claro incremento en su componente conflictivo. Desde las tensiones del mar del sur de China -o mar meridional-, hasta las cruces por Taiwán. La política estadounidense, lejos de seguir una estrategia de desescalada, pareciera apegarse a la lógica de, por un lado, muestra de músculo y, por el otro, la construcción de redes con países aliados de Washington en el Pacífico, con la finalidad de cercar, en términos geopolíticos, a Beijing. (www.iri.edu.ar)

A diferencia del pasado, la todavía hegemónica potencia Estados Unidos enfrenta ahora el ascenso de dos grandes rivales: Rusia y China.

El llevar la guerra contra Rusia, tercerizada en territorio ucraniano, así como las provocaciones a China sobre el territorio de Taiwán y el Mar del Sur de China, no hacen otra cosa más que confirmar la trampa de Tucídides del siglo XXI, en la transición de lo que ahora es un mundo multipolar y en el que, tarde o temprano, surgirá la nueva o nuevas potencias dominantes de una nueva era; sólo es cuestión de tiempo.

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Keir Starmer, nuevo primer ministro: La derrota del Partido Conservador en el Reino Unido

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Actualidad, por Alberto Gómez R. //

Las recientes elecciones en el Reino Unido marcaron un hito significativo en la política británica con el triunfo del Partido Laborista y la llegada de Keir Starmer como primer ministro. Este cambio de poder pone fin a una era de dominio conservador que se había mantenido desde 2010.

La estrepitosa derrota del Partido Conservador puede atribuirse a una serie de factores que van desde los errores de los últimos primeros ministros hasta la creciente insatisfacción pública con sus políticas.

EL ASCENSO DE KEIR STARMER

Keir Starmer asumió el liderazgo del Partido Laborista en abril de 2020, tras la renuncia de Jeremy Corbyn. Desde entonces, Starmer se ha enfocado en renovar la imagen del partido, distanciándose de la controversia que rodeó a su predecesor y presentándose como una opción viable y moderada para el electorado británico.

PERO, ¿QUIÉN ES KEIR STARMER?

En teoría, Starmer, de 61 años, parece una figura clásica del establishment. Alguna vez fue un destacado abogado de derechos humanos, pero en 2008 se convirtió en director del Ministerio Público (DPP), dirigiendo el Servicio de Fiscalía de la Corona de Inglaterra y Gales, un trabajo de alto perfil por el que fue nombrado caballero, lo que lo convirtió en el primer líder laborista en ingresar al poder con el prefijo Sir a su nombre.

Starmer, sin embargo, -según los estándares de los líderes políticos modernos- tiene orígenes relativamente humildes. Nacido en 1962, Starmer creció en un pequeño pueblo al sur de Londres. Su padre era un fabricante de herramientas que trabajaba en una fábrica, su madre era una enfermera que padecía graves discapacidades físicas, lo que finalmente provocó que le amputaran una pierna.

Si bien Starmer nunca afirmó haber sufrido pobreza, sí habló de las luchas financieras que afectaron a su familia, así como de las dificultades de aprendizaje que frenaron a su hermano menor. Claramente, estas primeras experiencias dieron forma a la política de Starmer. Ha hablado de haber notado que la gente menospreciaba a su padre por trabajar en una fábrica o intimidar a su hermano. Sus padres eran políticos y nombraron a su hijo mayor en honor al primer líder laborista en el Parlamento, Keir Hardie.

«Es el primer líder laborista en una generación que habla de clase y esnobismo», dijo a CNN Tom Baldwin, autor de «Keir Starmer: The Biography». “Esto no lo convierte en un guerrero de clase, sino en alguien que comprende las diferentes capas de orgullo, aspiración y culpa… Siente el dolor de la falta de respeto que experimentó su padre… Habla mucho de su hermana, que ha llevado una vida precaria como cuidadora, no haber ido a la universidad”, añadió Baldwin.

Starmer eligió estudiar derecho en la Universidad de Leeds, antes de completar un posgrado en la Universidad de Oxford. Al principio pensó que tendría una carrera jurídica trabajando para sindicatos, pero a medida que su política evolucionó en consonancia con sus estudios, se interesó cada vez más por los derechos humanos.

Imagen de liderazgo

Starmer, ex director de la Fiscalía del Reino Unido, ha proyectado una imagen de competencia y seriedad. Su enfoque metódico y su habilidad para articular una visión clara para el país resonaron con muchos votantes que buscaban estabilidad tras años de turbulencia política. Según The Guardian, su capacidad para conectar con las preocupaciones cotidianas de los ciudadanos y su promesa de centrarse en la justicia social y económica han sido factores cruciales en su éxito.

Enfoque en políticas progresistas

El Partido Laborista bajo el liderazgo de Starmer ha promovido políticas progresistas que buscan abordar las desigualdades sociales y económicas. Sus promesas incluyen un aumento del gasto en servicios públicos, inversiones en infraestructuras verdes y una reforma del sistema de salud pública. Estas propuestas, sumadas a su enfoque en la transparencia y la rendición de cuentas, han atraído a un electorado cansado de la austeridad y los escándalos políticos.

La derrota del Partido Conservador

El Partido Conservador, que ha mantenido el poder desde 2010, sufrió una derrota aplastante en estas elecciones. Los errores y fallos de sus últimos primeros ministros, incluidos David Cameron, Theresa May, Boris Johnson y Rishi Sunak, contribuyeron significativamente a este resultado.

David Cameron y el referéndum del Brexit

David Cameron convocó el referéndum del Brexit en 2016, una decisión que tuvo consecuencias políticas y económicas profundas. La campaña del referéndum fue divisiva y, tras la inesperada victoria del «Leave» (“Dejar” a la UE), Cameron renunció, dejando al país sumido en la incertidumbre. Este evento marcó el inicio de una serie de crisis políticas que afectaron gravemente la cohesión interna del Partido Conservador y la estabilidad del país.

Theresa May y las negociaciones del Brexit

Theresa May asumió el cargo de primera ministra con la tarea de implementar el Brexit. Sin embargo, su gestión de las negociaciones con la Unión Europea fue ampliamente criticada. Su incapacidad para unificar a su partido y asegurar un acuerdo de Brexit aceptable resultó en repetidos fracasos en el parlamento y su eventual renuncia en 2019. May dejó un legado de división interna y frustración pública.

Boris Johnson y la gestión de la pandemia

Boris Johnson llegó al poder prometiendo «terminar con el Brexit», lo cual logró al asegurar un acuerdo de salida con la Unión Europea. No obstante, su mandato estuvo marcado por la gestión de la pandemia de COVID-19, que fue ampliamente criticada. Las acusaciones de corrupción, la percepción de incompetencia y los escándalos personales erosionaron su popularidad. The Economist destacó que la falta de una respuesta coherente y efectiva a la pandemia minó la confianza pública en su liderazgo.

Rishi Sunak y la crisis económica

Rishi Sunak, quien se convirtió en primer ministro tras la renuncia de Johnson, heredó un país en crisis económica. Aunque fue inicialmente elogiado por su gestión del paquete de estímulos económicos durante la pandemia como Canciller de Hacienda, su periodo como primer ministro estuvo plagado de desafíos. La inflación, el aumento del costo de vida y la inestabilidad económica generalizada afectaron su capacidad para ganar el apoyo público. Las medidas de austeridad y los recortes en el gasto público fueron vistas como insuficientes para abordar los problemas económicos profundos del país.

Escándalos y corrupción

Los escándalos de corrupción y mala conducta personal que involucraron a varios miembros del Partido Conservador, incluyendo a Boris Johnson, dañaron significativamente la reputación del partido. La percepción de que los conservadores estaban más interesados en sus propios intereses que en los del público erosionó su base de apoyo. Informes de The Guardian y otros medios internacionales resaltaron estos problemas, aumentando la desconfianza hacia el partido.

Fractura interna

El Partido Conservador ha estado marcado por profundas divisiones internas, especialmente en torno al Brexit y la dirección futura del partido. Estas divisiones impidieron una gobernanza efectiva y presentaron una imagen de caos e inestabilidad. La falta de una visión unificada y coherente contribuyó a la percepción de un partido en desorden.

Descontento social y económico

El creciente descontento social y económico jugó un papel crucial en la derrota del Partido Conservador. La austeridad prolongada, los recortes en servicios públicos y el aumento del costo de vida dejaron a muchos votantes frustrados y buscando un cambio. Las políticas conservadoras fueron vistas como insensibles a las necesidades de la población, especialmente en áreas de bajos ingresos y entre las comunidades marginadas.

El futuro bajo Keir Starmer: Recuperación económica

Una de las principales prioridades de Keir Starmer será la recuperación económica. Su administración planea invertir en infraestructuras, educación y salud para estimular el crecimiento económico y crear empleos. La promesa de una transición hacia una economía verde también busca posicionar al Reino Unido como líder en sostenibilidad y energías renovables.

Reforma social

Starmer ha prometido abordar las desigualdades sociales y mejorar los servicios públicos. Esto incluye aumentar el gasto en el Sistema Nacional de Salud (NHS), mejorar el acceso a la educación y proporcionar apoyo a las comunidades más desfavorecidas. Estas reformas buscan reconstruir la confianza en las instituciones públicas y promover una mayor cohesión social.

Relación con la Unión Europea

En el ámbito internacional, Starmer tendrá que gestionar la relación post-Brexit con la Unión Europea. Aunque no se espera que busque una reintegración completa, su administración podría adoptar un enfoque más colaborativo y pragmático, buscando acuerdos que beneficien tanto al Reino Unido como a la UE.

Unidad y liderazgo

Para mantener su mandato, Starmer deberá demostrar un liderazgo fuerte y unificador. Esto implica no solo implementar sus promesas de campaña, sino también mantener la cohesión dentro del Partido Laborista y construir alianzas efectivas en el parlamento.

El triunfo de Keir Starmer y el Partido Laborista en las recientes elecciones del Reino Unido marca el fin de una era de dominio conservador que se extendió desde 2010. La derrota del Partido Conservador se puede atribuir a una serie de factores, incluyendo los errores de sus últimos primeros ministros, los escándalos de corrupción, la división interna y el descontento social y económico.

Starmer enfrenta ahora el desafío de cumplir con sus promesas de recuperación económica, reforma social y reconstrucción de la confianza pública. Su éxito dependerá de su capacidad para implementar políticas efectivas y mantener la unidad tanto dentro de su partido como en el país en general.

Estas elecciones representan un cambio significativo en la política británica y podrían tener implicaciones duraderas tanto para el Reino Unido como para el panorama político global.

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MUNDO

Cambios en la geopolítica mundial: Elecciones en Europa y Estados Unidos podrían reconfigurar la OTAN y la UE

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Política Global, por Jorge López Portillo Basave //

La OTAN es la Organización del Tratado para el Atlántico Norte. Como usted sabe hace 15 días hubo elecciones para el parlamento de la Unión Europea que básicamente es el 90 por ciento de los integrantes de la OTAN, salvo Estados Unidos, Canadá y Gran Bretaña. Como también sabe la llamada centro derecha que está más identificada con la nueva izquierda perdió la mayoría en todo Europa dando entrada a una nueva derecha.

Eso detonó elecciones internas emergentes en algunos países de dicha unión como Francia en donde de inmediato en la primera vuelta el partido en el poder perdió muchos lugares dejando en una posición apretada al presidente de Francia, Emmanuel Macron.  

Lamentablemente por la fecha de la elección final en Francia, no alcanzaré a saber los resultados finales de la segunda vuelta antes de tener que enviar esta nota a la redacción. Pero las bases y las tendencias están claras. En Francia la derecha avanza, la izquierda avanza y el centro pierde, lo que para cuando usted lea esta nota ya se habrá reflejado en votos y curules del parlamento francés. Si esto sucede Macron ha dicho que no renunciará como otros lo han hecho, para dar paso a un nuevo presidente del mismo partido que el primer ministro, sino que culminará su periodo hasta el 2027 cohabitando con un primer ministro y congreso de oposición evitando la llegada de Marie La Pen quien sería la Primer Mujer presidenta en la historia de Francia. 

Como usted también sabe Inglaterra tuvo elecciones parlamentarias el pasado jueves. Ese país dejó la Unión Europea hace casi una década, pero los resultados de los gobiernos en ese caso de derecha no han sido los esperados. De hecho, los más fieles militantes de la derecha y una gran parte de la población independiente se sintieron traicionados por el partido conservador quien sufrió el jueves la derrota más grande de toda su historia. Las razones fueron principalmente la inflación, la falta de crecimiento en los servicios públicos y una serie de escándalos por la doble moral de algunos de sus líderes.

Tal vez lo más interesante en las elecciones de Reino Unido es que la izquierda ganó una super mayoría de casi dos terceras partes del parlamento y con esto es muy posible que el país regrese a la Unión Europea, en especial porque el Rey Carlos es pro UE y ahora su parlamento también. Las reglas de gobierno en ese país permiten que el nuevo gabinete y su primer ministro entren en funciones de inmediato por lo que ya desde el viernes a menos de 24 horas de la elección entraron en funciones y se preparan para asistir a Washington a la cumbre de la OTAN. 

Por otra parte, en EUA gobierna la izquierda, pero podría estar por perder las elecciones en noviembre por las mismas razones que la derecha perdió en Inglaterra a lo que se suman los crecientes cuestionamientos sobre la salud mental de Joe Biden, presidente de ese país. Las críticas a Biden vienen no solo de la oposición ni de los independientes sino de muchos de los medios antes aliados quienes le piden por el bien del partido y del país dejar la candidatura para evitar una derrota ante Trump. Biden responde a esos críticos de forma clara con la misma expresión tres veces seguidas “…si Dios todopoderoso baja del cielo, tal vez renuncie a la candidatura…” 

En EUA lo más interesante es ver que Biden además de tratar de salvar su candidatura, tratará de dejar -por si las dudas- compromisos de EUA firmados con la OTAN, con Ucrania y con la UE por sí Trump gana las elecciones de noviembre. En Inglaterra y en Francia las encuestas daban una ventaja clara a la oposición, lo que se materializó en las urnas, así en EUA Trump va 6 puntos arriba de Biden, lo que no es mucho, pero marca un cambio de 7 puntos a favor de Trump en menos de una semana y a partir del debate del que hablamos la semana pasada. 

Así las cosas, Italia que ya es gobernada desde hace un par de años por la derecha y Francia que iría en ese camino estarían en lados opuestos de muchas de las políticas impulsadas por la izquierda de EUA y de Inglaterra.

En la OTAN ya ha habido varias voces de crítica, pero esta división ideológica entre 4 de los 5 integrantes más poderosos podría ser signo de algo más delicado por venir. Como ya lo hemos dicho, en la actualidad la derecha y la izquierda no representan los modelos tradicionales.

Pero ellos mismos y los medios así los han identificado lo que complica la comprensión de sus políticas que en muchas ocasiones son contrarias a la ideología tradicional de esos grupos.

En Europa crece un bloque de presunta derecha anti nuevo orden mundial en respuesta al bloque regional en pro del llamado Nuevo Orden encabezado por el Foro Económico Mundial y los partidos de la llamada izquierda del G7.  

En esta semana se realizará una reunión semestral de la OTAN. Se reunirán por tres días en Washington y habrá que ver la forma en la que los asistentes expresan sus ideas en un ambiente de incertidumbre sobre las políticas que se aplicarán en caso de que las dos ideologías y modelos de nuevo orden no se pongan de acuerdo. Para esta reunión además de los temas políticos en Europa estará el asunto de Ucrania. De hecho, el presidente de ese país está invitado y algunos quieren que en esa reunión se le otorgue membresía para que la OTAN pueda enviar soldados a pelear en contra de Rusia o cuando menos se acuerden recursos militares y económicos a largo plazo.

Los críticos a dicha propuesta recuerdan que la OTAN fue creada para mantener la paz en Europa en contra de la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS), que ya no existe, y que aceptar en la organización a un país que está en guerra es garantizar que la organización como bloque entre en dicho conflicto porque una de las cláusulas de su acuerdo dice claramente que si un miembro es atacado todos deben enviar tropas a su defensa. 

Por su lado China y Rusia en una cumbre regional de países en Asia, realizada en Kazajstán, anunciaron la intención de crear su propia alianza para competir con OTAN. Naturalmente en esa alianza estarían Irán, Rusia, China, Corea del Norte, Venezuela, Cuba y veremos qué otros, pero lo interesante es ver cuántos países de Europa y de África coquetean. En especial habrá que seguir de cerca a los que ya son parte del llamado BRICs y su potencial moneda colectiva. 

Para mí este asunto es de estabilidad mundial y si el nuevo orden convence a NATO de sumar esta semana a Ucrania estaríamos en una guerra global oficial en menos de 15 días. Por otro lado, ese mismo orden ha dado pasos importantes para convencer a millones de jóvenes en Europa y América, especialmente en los países llamados democráticos que la democracia y las libertades están sobrevaloradas porque en los autoritarios la economía y la seguridad pública ayudan al crecimiento y toman como modelo a China. Ante estas aseveraciones yo respondería que la democracia no es garantía de seguridad o de desarrollo económico sino de igualdad de derechos y obligaciones ante la toma de decisiones, aunque a veces estas sean malas. 

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Detener la locura

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Opinión, por Miguel Anaya //

Pedro I (1320-1367) era hijo del rey de Portugal Alfonso IV, por consecuencia su destino era convertirse en el nuevo rey. Estaba casado con la infanta Constanza de Villena, pero se enamoró de Inés de Castro, dama de compañía de su esposa.

La relación era cada vez más notoria y esto suponía un escándalo para la corona portuguesa, pues Pedro no solo faltaba a su matrimonio, además, Inés de Castro estaba emparentada con los reyes de Castilla y esto era alarmante pues los consejeros del rey temían la intromisión de aquel reino.

A la muerte de su esposa Constanza en 1349, Pedro decidió casarse con Inés y se fueron a vivir al palacio de Albuquerque, tuvieron 4 hijos. En las cortes portuguesas, los comentarios, quejas y teorías del complot contra Inés se hacían cada vez más fuertes y en 1355 fue asesinada, esto provocó que Pedro se levantara en armas contra su padre, rodeando la ciudad de Oporto y destruyendo todo a su alrededor.

La reconciliación familiar llegó dos años después, cuando Alfonso IV en su lecho de muerte delegó el trono a Pedro I. Cuando el nuevo rey subió al poder, Inés fue coronada postmortem y su cadáver engalanado con vestimentas reales. A modo de homenaje, todos los nobles eran obligados a besar la mano tiesa de Inés, como señal de admiración. Al final, el rey perseguido por la locura perdió el respeto de sus seguidores, tuvo un mandato corto y con malos resultados para su nación. En el mundo actual se viven locuras de igual o incluso mayor grado.

En Estados Unidos, hasta hace poco la nación más poderosa del mundo (en muchos ámbitos el crecimiento de China pone en duda ese liderazgo) se dio un debate presidencial con dos contrincantes que muestran la nueva realidad de aquel país.

Un candidato declarado culpable de cargos de falsificación, con un estilo fuerte y polémico gusta a muchos y desagrada a otros, se enfrentó a un presidente que aspira a la reelección y que cada día muestra más signos de una salud deteriorada, los tropiezos del presidente en las presentaciones públicas son cada vez más evidentes y el debate no fue la excepción.

¿Qué acaso EEUU no cuenta con mejores perfiles políticos? ¿La presentación de estos candidatos es síntoma del debilitamiento de la política o de todo un país? ¿Qué papel juegan los ciudadanos estadounidenses?

En Bolivia se dio un intento de golpe de estado muy enrarecido, el asunto duró menos de cuatro horas y en ese lapso parte del ejército se sublevó y tiró las puertas del recinto presidencial, luego de pasar momentos de crisis, el general que comandó el levantamiento armando se echó para atrás, fue detenido y finalmente declaró que fue el mismo presidente boliviano quien le pidió que realizara esas acciones para aumentar su popularidad. Increíble.

En México, una legislatura que está a punto de acabar y una que aún no comienza, tienen la indicación de pasar una serie de reformas constitucionales que cambiarán al país. La más importante es la reforma al Poder Judicial que contempla varias cosas, la que más llama la atención es la elección de jueces por voto popular, esto bajo el argumento de que el pueblo pone y el pueblo quita, el único candado propuesto es que las personas electas tengan la licenciatura en Derecho.

¿Esto es una locura? Sí. El sistema judicial actual no es perfecto, tiene vicios que hay que mejorar y evidentemente hay casos de corrupción, pero esto no se acabará con el voto popular, de ser así no tendríamos ex gobernadores en la cárcel o altos funcionarios enfrentando juicios por corrupción, tráfico de influencias o lavado de dinero.

Las y los impartidores de justicia deben ser imparciales, con un alto grado de conocimiento y, además, deben contar con un servicio profesional de carrera que dé certeza a su persona y a los ciudadanos. Los jueces no son representantes populares, al igual que una doctora, un ingeniero o una arquitecta, deben ser expertos en su área, esto se consigue con preparación y experiencia, no con votos.

Las locuras siempre han existido y la historia demuestra que, si no se detienen a tiempo, comienza la decadencia. Aún podemos evitar una locura que, de llevarse a cabo, tendrá un costo inimaginable.

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