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DEPORTE/CULTURA

A Napa Valley…y lanza tus penas al viento

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Crónicas de un Trotamundo, por Fernando Zúñiga //

Brenda me invitó a pasar unas semanas en Napa Valley. Ella escribiría un artículo para la Revista Lado A de circulación en México y que sus editores planeaban introducir en la costa oeste de Estados Unidos. Su reportaje cubriría la zona vitivinícola de la región. Sus viñedos, el turismo, el protocolo de la cata, entrevistas con enólogos y productores, marcas y los reconocimientos y premios obtenidos.

Napa Valley en Sonoma (California) había saltado a la fama a finales de los 70´s sorpendiendo al mundo vinícola con algunas de sus etiquetas.

Me convenció (no batalló mucho) presentándome la oportunidad, para mí, de continuar con la escritura de mi libro en un remanso de valles, viñedos, montaña y playa. Sin descontar el placer de la comida y la cata espirituosa de algunas cepas de la región.

El clima de la región nos permitió extraerle jugo a las 24 horas de cada día; tinto, blanco, rosado, caminata, paisaje; siesta; inspiración…

Brenda es una mujer que proporciona la sensación de libertad en la solitud y en la compañía. No hay nada, en lo absoluto, que ella no deguste gota a gota: música; lectura; café; sobremesa; silencios contemplativos; reflexión; charla; cocinar…su espíritu es un paisaje arrobador.

La primera semana de estancia pasamos de una hostería a otra sin estancia fija por más de un día y noche.

Ella trabajaba, yo escribía. Ella escribía yo dormía. Desayunábamos juntos y nos veíamos para la cena ya por la tarde. Ella tinto, yo blanco. Ella blanco, yo tinto. Ella Cabernet, yo Merlot. Ya por la noche ambos Shiraz.

El primer domingo de estancia conocimos a Pamela durante una caminata que hicimos. Pintaba acuarela al aire libre en una pequeña colina. La habíamos visto por la mañana durante el desayuno.

Pamela tenía unos 35 años. Guapa. Su cabellera tenía algunas canas que ella no cubría y le daban un aire de belleza melancólica.

Brenda trabó amistad con Pamela a partir de nuestro encuentro en la campiña. Pactamos encontrarnos para la cena en la terraza del hostal.

Nos quedaríamos al menos una semana completa en ese sitio.

Por esos días yo preparaba para la imprenta mi primer libro de historias breves.

Por la noche Pamela tocó jazz en el piano que el restaurante de la hostería tenía para los palomazos entre los comensales.

Decidimos los 3 viajar en bici por la región hasta la playa en la costa. Adquirimos una tienda de campaña, sleeping bags y 2 o 3 cosas para el camping donde se nos antojara parar. Por el camino compraríamos fruta y semillas. Para el vino Brenda compró unas copas muy bellas que aún conservo.

Para la noche de luna llena que planeamos arribar a la playa adquirí un Marcassin (2006, Pinot Noir Sonoma Coast Marcassin Vineyard).

Pamela se había casado enamorada. Julián había sido su único novio. Tenía 2 hijos varones aun adolescentes. Ahora estaban con sus abuelos en Puebla. Se comunicaba con ellos a diario. Ella decidió venir a Sonoma por una temporada sin fecha fija de retorno.

vivía para Julián. Desde su juventud destacó como empresario exitoso que acrecentó la riqueza que heredó de su padre…

pertenecía a clubes, aámaras empresariales, asociaciones habidas y por haber. A pesar de su agenda manteníamos la unión familiar fuerte, firme…

yo era la esposa modelo, amorosa, fiel. Me encantaba ser la anfitriona de su grupo de amigos y conocidos. Organizábamos reuniones, cenas, fiestas para halagar a sus amigos con cierta regularidad…

yo me encargaba de organizar hasta el último detalle. En no pocas ocasiones eran cientos de invitados del mundo de los negocios, gobierno y diplomáticos extranjeros…

me gustaba coordinar la cocina, la música, entretenimiento para las esposas…y una que otra amante…yo no juzgaba…mi felicidad me impedía erigirme como juez de los demás…

antes al contrario, el reconocer esas situaciones en algunos de sus amigos o conocidos me reforzaba el sentimiento de ser afortunada con mi matrimonio, mi vida, mi familia…Julián y yo nunca tocábamos el tema. Yo atendía a todos y todas por igual, con el mismo respeto y deferencia…

yo admiraba y respetaba profundamente a Julián y por lo tanto a su mundo. Puse mi centro en él. Vivía para él. Respiraba a través de él. Incluso mis hijos estaban en un plano secundario. No es que yo no los amara. Yo no lo notaba. Para mí era como debía ser el mundo, la vida, mi vida…

el gym, la dieta, mi arreglo personal, mi crecimiento personal, mi deseo de mejorar en el piano, en la pintura, era por él, para él…

viajábamos 2 o 3 veces al año por el mundo, solos, los niños se quedaban con sus abuelos. Era una permanente luna de miel….prolongación del noviazgo…

mis padres y hermanos lo adoraban. El era más cariñoso con mis hijos que yo misma. Ellos todavía lo adoran, creo que prefieren estar con él que conmigo….no sé si eso en realidad me importa y esto no quiere decir que yo no los ame…

nunca me hizo falta nada. Mis gastos no tenían un tope. Nuestra casa siempre estuvo impecable en cada rincón y en cada detalle, incluyendo el jardín; las fuentes, las plantas; los arboles son más de 4000 m2 de extensión…

desde el primer momento del noviazgo y durante 10 años de matrimonio viví mi paraíso personal…

Julián se iba involucrando cada vez más en la política. Al principio financiando la campaña de algún conocido, aportando cada vez más dinero y recursos. A cambio obtenía jugosos contratos. Después como prestanombres en cuentas bancarias o inversiones multimillonarias. No sé bien si se ha prestado para lavar dinero y si ha participado en afectar a otro empresario mediante triquiñuelas ilegales…

algunos de sus conocidos que yo identifiqué en las reuniones que ofrecíamos supe que se han largado de México y son señalados por la prensa, por algunos periodistas e incluso en el extranjero…

se fue alejando en su intimidad conmigo y con los niños….constantes viajes, compromisos, reuniones de negocio y con políticos ya no mas en casa. Ya no me compartía nombres ni más información…

en ocasiones me enviaba el dinero son su secretaria personal o hasta con el chofer…de vez en cuando me llegó a comentar la posibilidad de contratar un guardaespaldas para mí y para los niños….yo a esto nunca le puse atención, ni me interesaba…

confirmé que había tenido un hijo con la hija de un Senador muy conocido por su permanencia eterna en un puesto de gobierno y otro y otro desde siempre…

durante 2 años guardé silencio. Me empecé a preparar para afrontar el futuro desde el reverso de la moneda…

me refugié en la compañía de su hermano menor….me fui enamorando….nos fuimos enamorando…

a Julián le pedí el divorcio….estamos en el proceso…

por eso quiero pasar aquí una temporada….aclarar mis sentimientos….no sé si me enamoré de su hermano por soledad por necesidad o por qué…

Mientras Pamela nos contaba su historia yo recordé aquel proverbio inglés: nunca cambies de caballo mientras estés cruzando un rio.

Desde Pamela me llegaba un rumor de tristeza como que bajaba con el viento desde el Monte Santa Helena hasta el valle y con la luz ralentizada desde la luna. Un rumor que con sus palabras olía a tristeza, a lágrimas que la luz de la luna arrancara a los reflejos en las hojas de la vid…

A pesar de una sonrisa, más mueca que sonrisa, en el rostro de Pamela vi a una mujer muy bella con una fantasía melancólica muy mexicana. La misma melancólica belleza que cuando estaba en reposo, que cuando interpretaba al piano Las Hojas Muertas o Blue Moon o cuando hacía un trazo con su pincel sobre el lienzo…

Pensé para mí: yo en mi tiempo di menos, quizá porque sabía menos. Hoy que se más tomaría mucho más, si, hoy, a destiempo. Creo que yo solo he tomado lo que di. No sé si es verdad, quizá siempre he tomado más.

Nota. Al escribir este relato, que me autorizó Pamela a hacerlo dentro de unos años después de nuestro encuentro, traigo a mi mente algunos pincelazos de aquel viaje por Napa Valley al inicio del otoño:

*Los 3, Pamela, Brenda y yo bajo la lluvia en un pequeño valle, rodando en las bicis jugando a “la traes”!

*Un dibujo a lápiz que le hizo a Brenda que conservo.

*En el viento mezclados la brisa de la Bahía y el aroma de los naranjeros.

*Un pequeño poema que nos regaló Pamela. Trato de escribirlo con la memoria del tiempo y el Tinto inspirando mi recuerdo:

Vuelvan a mí, días que fueron mi alegría

Con los colores, no de los que se van, de los que se quedan fuera…

Días que se vuelvan años

Y tiempo sin retorno

*A la vista de la playa, a unos metros del mar, con plenilunio sobre el cielo de cobalto, Pamela y Brenda se desnudaron y lanzaron su ropa al viento.

FZG GUADALAJARA XI/2016

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DEPORTE/CULTURA

El actor Ignacio López Tarso y sus recuerdos de Guadalajara: “Aquí tuve mi primera novia”

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Por Mario Ávila //

Yo soy de aquí, aquí hice mi primaria, llegué muy niño, a los 6 años, entré a estudiar la primaria en el Colegio Jalisco de los maristas, mi padre era administrador de correos en el barrio de Analco… la oficina de la Administración de Correos estaba ahí frente al jardín, del otro lado estaba la Iglesia y al otro, mi casa”.

Así se expresa con orgullo el veterano actor Ignacio López Tarso, en su reciente visita a Guadalajara, la ciudad que lo vio crecer durante su niñez y de la que guarda solo gratos recuerdos que lo enorgullecen, al grado de que al hablar de estas tierras tapatías se le ilumina el rostro, se le ensancha el pecho, se le dibuja una sonrisa franca y la voz le sale con tanta claridad y con tanta intensidad, como si estuviera en el escenario, el sitio que lo hace más feliz.

Ahí viví años, aquí hice toda la primaria y caminaba desde Analco hasta la avenida Hidalgo, todos los días de ida y vuelta, hacía un ejercicio bárbaro”.

Aquí tuve mi primera novia, la hija del panadero del barrio, Margarita. Una muchacha muy guapa a la que le dí un anillo, y solo porque me vio con una de mis compañeras en la escuela, lo aplastó con una piedra y me lo aventó en la cara”.

Me fui yo a quejar con su papá y me dijo que no le hiciera caso a su hija, que así era de berrinchuda y me dio un abrazo al tiempo que me decía que siempre sería bienvenido aquí, y me dio una ‘chilindrina’ y desde entonces llegaba yo todos los días a buscar ese delicioso pan que hacían en esa panadería”, expresa el experimentado actor que ama Guadalajara con la misma intensidad cuando era niño, que ahora que tiene a cuestas 94 años de edad, 71 de los cuales se los ha dedicado a la actuación.

Y casi sin tomar respiro y sin cerrar los ojos para remontarse en el tiempo hasta los años 30’s del siglo pasado, continúa con el relato para los lectores del semanario Conciencia Pública: “De modo que conozco muy bien a Guadalajara. Cuando iba yo a la escuela, en el camino siempre me detenía en el Palacio de Gobierno en mi camino hasta la avenida Hidalgo y me detenía siempre porque me encantaba un mural, que yo no sabía entonces de quién era, y sigo sin saber de quién es, pero me late que es de José Clemente Orozco… un mural maravilloso que hay en la escalera de subida en el Palacio de Gobierno, un ‘Hidalgo’ con una tea ardiendo en la mano y eso me encantaba, yo me ponía allá abajo y me emocionaba ver a Hidalgo y me lo imaginaba gritando ‘Viva la libertad y mueran los gachupines’.

Pasé años muy felices y siempre que he venido a Guadalajara me llevo muy buenos recuerdos del público de Guadalajara, me gustan los arrayanes, me gustan las magdalenas, me gustan las muchachas de Guadalajara, son muy guapas, muy bonitas. He pasado muy buenos momentos en Guadalajara, siempre”.

REABREN DEL DEGOLLADO, AL TEATRO

La obra “Una vida en el Teatro”, del dramaturgo David Mamet, bajo la dirección de Salvador Garcini y con un electo en donde padre e hijo, Ignacio López Tarso y Juan Ignacio Aranda, actúan en los papeles principales, sirvió de marco para lo que bien se puede considerar la reapertura del Degollado al teatro, luego de que por más de 30 años no estuvo a disposición de esta importante arte escénica.

La obra se desarrolla en el escenario que es parte de un camerino, el lugar en donde el actor se reconstruye con su personaje, donde todos los días reconstruye la obra que se repite y se repite en la Ciudad de México, particularmente en el teatro San Jerónimo, pero que en cada una de las funciones, el público es diferente y por lo tanto cada puesta en escena es única.

Otro detalle que hizo especial esta función, es que los organizadores son los integrantes de la Fundación Honoris Causa, que encabeza el empresario tapatío, Enrique Michel Velasco, dueño de la empresa Dulces de la Rosa.

Justo en el seno de esta fundación, se tomó la determinación de conceder el rango de Doctor Honoris Causa en Artes Escénicas al actor Ignacio López Tarso, una distinción que el histrión ya había recibido de la Universidad de Guadalajara, un lustro atrás y de la Universidad de Monterrey, hace ya casi una década.

Otra particularidad de la presentación única de la obra que tuvo lugar en Guadalajara, fue el público, los asistentes fueron exclusivamente adultos mayores invitados por el sistema DIF Jalisco y DIF Guadalajara, para festejar por adelantado el Día del Adulto Mayor que en México se celebra el próximo 28 de agosto, y la entrada fue gratuita. 

MI PADRE PRIMERO SE HIZO SABIO Y LUEGO VIEJO”: JUAN IGNACIO LÓPEZ ARANDA

Juan Ignacio López Aranda, conocido en el mundo de las artes escénicas como Juan Ignacio Aranda, es un actor mexicano de teatro, cine y televisión y es hijo del reconocido actor Ignacio López Tarso. De ahí que como hijo y compañero de trabajo de López Tarso, habló con mucha sinceridad sobre su padre, su edad, su vejez, su sabiduría ya la deuda que en México se tiene con los adultos mayores.

Por desgracia en nuestro país -dijo-, se desaprovecha la sabiduría del adulto mayor, pienso que en comparación con otros países, nos falta un poquito más. Hay mucho que agradecerles, mucho que atenderles, mucho que apoyarles y mucho que admirarles.

Yo tengo un adulto mayor en casa -abundó-, que mañana dará una función de teatro que está un poco basada en la vida teatral de mi papá a sus 94 años de edad y 71 de actor, de modo que López Tarso es un fiel ejemplo de la capacidad, la fuerza, la entereza y el entusiasmo de un adulto mayor, ya muy mayor y todavía está lúcido, fuerte, inteligente, más sabio que nunca y con muchos deseos de seguir. De modo que es un ejemplo no solo para los adultos mayores, sino para cualquier ser humano”.

Y precisó: “A mi padre lo cuidamos, lo queremos, lo apoyamos; estamos todo el día tras de él para que esté bien, para que esté a gusto y así debería ser con todos los adultos mayores, desgraciadamente no todos los adultos mayores tienen la suerte de que sus familiares los atiendan y los cuiden”.

Hay mucho adulto mayor que desgraciadamente está solo en la vida, pero hay muchas instituciones, asociaciones, fundaciones que se interesan por ellos para darles apoyo y cariño y ojalá cada vez haya más de estas organizaciones que les brinden amor y atención”.

Ojalá lleguemos a casos como el de Inglaterra, por ejemplo. Yo viví un año en Inglaterra y recuerdo como el anciano, el adulto mayor es muy querido, muy bien tratado, tienen descuentos enormes por todos lados, en trenes, barcos, camiones, en el cine, en los museos no pagan, en fin, ese tipo de cosas”.

Pero además tienen una serie de apoyos importantes porque el adulto mayor finalmente como es el caso de mi padre, puede estar muy bien, puede ser muy productivo y ser muy proactivo y creativo, todavía a la edad de 94 años y como yo veo a mi padre, todavía le quedan varios años más de vida, así de fuerte y de lúcido como está”.

Por ello creo que los adultos mayores deben recibir oportunidades, distractivos, trabajos, opciones, el adulto mayor trabaja muy bien todavía, muchos quieren trabajar, pueden trabajar, deben trabajar, de modo que hay que apoyarlos, pese a que se trata de un país de jóvenes, es decir vienen miles, millones de jóvenes año tras año a querer ocupar un lugar y también hay que pensar en ellos, pero debe haber siempre un justo equilibrio”.

Ya en la parte final de la entrevista se le pregunto a Juan Ignacio Aranda: ¿Con el caso de tu padre se confirma que es cierto el refrán de que ‘Tiempos pasados fueron mejores’, a lo que sin dudarlo, contestó: “Pero no es que mi padre haya sido mejor en el pasado, mi padre en mucho mejor en el presente, porque además de cargar toda la sabiduría que ha ido ganado a través de miles de personajes, todos ellos muy complejos, muy cultos, muy enriquecedores, personajes maravillosos como todos los que ha hecho mi papá, tiene un bagaje, un carácter que se ha formado gracias a sus personajes teatrales. De modo que yo creo que es mejor López Tarso, que antes. Tal vez ya no sea el fuertísimo Ignacio López Tarso que teníamos en aquellos años 50, 60 o 70’s, es obvio que no, pero tenemos un Ignacio López Tarso sabio. Y justo en la obra de teatro que hacemos, yo interpreto al bufón y él hace al Rey y el digo: ‘Te volviste viejo, antes de volverte sabio’. Y en el caso de mi papá no es así, él se volvió sabio y luego se volvió viejo.

Y será el teatro, será la obra, será su hijo, será el clima o será su amor por Guadalajara, pero cuando el actor Ignacio López Tarso llegó al salón del hotel para encabezar la rueda de prensa, lo hizo sentado en una silla de ruedas y después de la charla y la entrevista, el actor de 94 años que ama y añora estas tierras tapatías, salió caminando, empujando la silla de ruedas e invitando caballerosamente a las damas a sentarse para que él las llevara

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DEPORTE/CULTURA

A la playa más bella del mundo…en un día claro se ve hasta siempre

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Por Fernando Zúñiga //

Me senté en la terraza desde donde dominaba la extensión de la que yo considero la playa más bella del mundo.

Era una mañana intensamente clara de un cielo azul sin mancha que parecía reflejar el color del mar un par de tonos abajo. Una arena tan leve que solo era barrida por el aleteo de un Martín Pescador o de las gaviotas en busca de algún bocadillo en la playa. Una arena tan leve que el Martín Pescador plasmaba la huella de sus pasos para la eternidad. El oleaje era tan calmo que el vuelo rasante de los pelicanos podía provocar un mini maremoto. El solo canto de un ave podía opacar el sonido del mar. Una sola caracola taparía, con su estructura ancestral, el pleno horizonte marino. Te Déum.

“…una playa tan silenciosa de sol y brisa que podría escuchar cuando alguna de esas avecillas mudara su plumaje”.

Fernando se sentó en una de las sillas bajo la sombrilla cercana a pesar de que era una extensa terraza y solo estábamos ambos a esa hora.

Pasaron quizá un par de horas antes de que nos saludáramos levantando nuestras copas respectivas. Ambos bebíamos whisky en las rocas.

La verdad que el mar es mágico y hace sanar las heridas que el tiempo deja en las personas…siempre regreso a este mar…

Fernando tenía 74 años de edad. Su voz sonaba en un tono que no rompía el silencio armónico de los equilibrados volúmenes del momento. No profanaba el santuario marítimo de la contemplación. Voz a la que le sobraban los recuerdos.

Me presenté con él: Esteban, yo tenía por esos días 29 años. Meditaba sobre el amor, mi futuro, la posible vida de pareja, ¿formaría una familia? Cómo saber quién sería la mujer para pasar mi tiempo; mis sueños, mis amaneceres, mis caminatas en alguna playa al atardecer, mi vejez…

Fernando me preguntó después de brindar por el tiempo presente: “¿Tu a que vienes a esta playa?”

La brisa y el sol contestaron desde mi piel y el whisky desde mis entrañas, entorné los párpados, y, como si la resaca de la orilla marina jalara mis palabras, dije espontáneamente: “para pensar el futuro que siempre ha existido en mi vida”.

Fernando guardó silencio, un silencio que pareció detener el tiempo, como el reloj de arena vacío y que a una mano universal le diera miedo rellenar.

hace 10 años vine por primera vez a este puerto. Vine a dar una conferencia. El tema era La Fisiología del Miedo y el Arte de Mentirnos para Crear Nuestra Felicidad…

Samantha, así se llama, estaba sentada en una de las butacas del auditorio cercana al foro. Yo la observé por primera vez mientras firmaba algunos autógrafos y atendía a las personas de la audiencia; preguntas, invitaciones; fotografía; tarjetas de presentación…

en ese instante, en el que ella estaba inmersa en sus propios pensamientos, sentí la atracción de abordarla, una sensación suave, como esas pequeñitas olas cuando regresan al mar allí en la orilla, que regresan sin remedio atraídas por su origen inapelable, irrevocable…

fue un deseo quizá movido mas por la curiosidad, mi curiosidad de conocer a una persona joven, quizá intuyendo una historia para mis relatos. Yo había empezado a escribir pequeños fragmentos de mi vida en relatos breves con la intención de editar un libro de memorias, pensaba titularlo Historias Sin Memoria. Mi pretensión única era escribir para pasar algunos momentos de solaz…

me había auto impuesto 3 reglas para escribir:

1.- Escribirlos primeramente a mano y ya después pasarlos en la compu…

2.- No durar más de 30 minutos desde el inicio hasta concluirlo, ya posteriormente le afinaría los detalles; metáforas; sintaxis; cambiar quizá el nombre o las edades de los protagonistas; alguna fecha…

3.- Mezcla de realidad vivida personalmente y algo de fantasía para proteger a la imaginación y a la fantasía misma…

Fernando bebió de su copa, de una copa que parecía haber escanciado alguien muchos años atrás. Su mirada atravesaba el tiempo que como el oleaje prometía regresar a la misma playa.

Me imaginé, fantasié (yo también había empezado a escribir pequeñas historias sobre etapas de mi vida, bajo la misma técnica de Fernando y en el mismo plan de mero relax, sin mayor pretensión literaria), que su copa era escanciada por Hebe, la diosa de la juventud, una deidad hija de Zeus y Hera, encargada de escanciar el néctar a los dioses del Olimpo a quien, en función de su oficio llamaban, la Divina Escanciadora.

Fernando me preguntó al regresar de su lontananza interna: “¿Esteban crees tú que el Dios Tiempo beba Néctar y Ambrosía para seguir siendo inmortal a través de momentos que vivimos los mortales?”

me acerqué a Samantha y la charla fluyó, la vi bonita, su pelo recogido le daba un aire formal algo serio, bonitos ojos y bonita boca, una belleza sobria…

29 años; estudiaba Homeopatía; originaria de una población de Jalisco…

la invité a salir del auditorio. Le tendí mi mano mientras caminábamos hacia el exterior y ella me la tomó con la misma naturalidad. Sentí un flujo de sensación humana tierna y agradable. Yo tenía siglos de no caminar tomado de la mano de una mujer. Y más siglos aún de no caminar cogido de la mano de una chica joven…

bromeamos (casi siempre me pasa con la gente joven) sobre el “sofisticado” tema de la conferencia…que si en verdad me lo creía…que tenía que demostrárselo en concreto, en la práctica, en la vida diaria…que ese era un campo de la Homeopatía…que a poco yo iba a desplazar a su profesión…

me peleaba dulcemente, me retaba con cierta admiración en su mirada…sin darme cuenta yo percibía una pequeña marea de emociones todavía, hasta ese momento, sin nombre…

tomamos un taxi hasta el hotel en donde me hospedaba en esta playa, empecé a desear prolongar su compañía…me confesó que le agradaba, de manera muy especial, mi compañía, que estaba viviendo un tiempo muy especial, agradable…

me puse ropa ligera para caminar por la playa, eran días de finales de septiembre y el clima era esplendido. Me pidió que la esperara en la terraza. En su pequeña mochila de piel cargaba “su arsenal femenino”. Viajaba ligera, ese día partiría en el vuelo nocturno rumbo a Guadalajara…

me preguntó: “¿qué color prefiere; blanco, amarillo o rosa mexicano?”…bajó con un vestido suelto de gasa amarillo claro sin mangas, hasta su tobillo, escotado, descalza, un collar que marcaba el inicio de su busto, su piel durazno rosado, su cabello ondulado ahora suelto…

yo no percibía una coquetería simulada. Samantha era natural, sencilla, clara…

>>…comimos una ensalada, pedimos un Chablis, desde el interior del hotel Althea Rene/Deja Vu …Samantha preguntando…me reclamaba mis historias…me ponía etiquetas que yo le rebatía y trataba de justificar…que yo no era así, que eran experiencias que se habían dado y ya…que no soy ningún aventurero y mucho menos frío en mis relaciones…y soltábamos la risa…

>>…a la distancia las pequeñas embarcaciones que se dirigían a alta mar, y el brillo del sol sobre el lomo espumoso de las olas, el vuelo como sin rumbo de los pelicanos, alguna gaviota atrevida rondando nuestra mesa en espera de la golosina fácil…

Samantha me reclamaba de vez en vez el que la mirara con cierta fijeza, yo justificando que el sonido de las olas hipnotiza…a ella no le gustaba hablar mucho de sí misma…

decidimos caminar a lo largo de la playa junto al mar, quedaban pocas horas de ese día, antes de su vuelo…

pedimos otra de Chablis y dos copas para llevarlas durante la caminata…

caminó unos pasos delante de mí y fue en ese instante que por primera vez aprecié su figura en la magnitud de una mujer adulta y no la jovencita que yo había querido ver al principio…

el sol declinaba por detrás de la dunas…era un día entre semana y la playa estaba solitaria…recuerdo la sensación de la arena en mis pies, el agua tibia de la orilla cuando regresa al mar…las huellas del Martín Pescador…un grupo de gaviotas que la rodeó cuando les lanzó al aire un pedazo de aceituna que ella traía en su boca…

ahora ella me miraba con fijeza mientras yo hablaba…me reiteró que se sentía muy bien, que yo era una grata compañía, que no había sentido antes una experiencia linda como esa…que le gustaría prolongar ese día…

deseaba vivir frente al mar, al término de sus estudios buscaría poner su consultorio en algún puerto…le gustaba Puerto Vallarta…

me pidió que la viera a los ojos, que no evadiera mi mirada de la suya, ella estaba seria, aunque no más que desde que la abordé…su voz era suave, su mirada clara como si un dulce oasis/manantial fuese para refugio de ternura y pasión cálida segura…

recuerdo perfectamente sus palabras: “si ahorita me dijera que me ama y me pidiera vivir con Ud. desde este momento lo haría”…

un calor que no se volvió fuego y se hizo hielo en la soledad…la marea apenas besa la playa y ya está pensando en volver…los recuerdos son para siempre y como el tiempo son de ida y vuelta…

alguna ocasión creí haberla visto en alguna butaca de los auditorios donde doy charlas. La imagino leyendo mi libro a sus hijos y diciéndoles que la chica de la historia es ella, un libro que quizá adquirió en una librería de viejo en París. Otras veces la he visto pasar caminado de la mano con su pareja en el malecón de Puerto Vallarta, aunque no creas Esteban, mi vista no es muy buena…será por tanto escribir historias.

En este punto del relato de Fernando, el reloj de arena se había volteado pero aun vacío. Faltaba la mano sin miedo que lo llenara con arena de la playa más bella del mundo, arena de un día del final de septiembre de hace 10 años. Arena con la huella de un pequeño Martín Pescador. Ninguna otra arena, de ninguna otra playa, de ningún otro día a la hora exacta. Te Déum.

Al igual que en la historia de Fernando me despedí de él sin pedirle su número de tel o cel o dato alguno para localizarlo en otra ocasión. Él había hecho lo mismo con Samantha. Espero algún día identificar su nombre completo y asistir a una de sus conferencias y adquirir su libro Historias Sin Memoria aunque sea en una librería de viejo en Guadalajara.

FZG GUADALAJARA IX/2016

*Nota: Samantha le había exigido (con la dulzura, ternura y sencillez de ella, Aries) a Fernando que si escribía la historia de aquel día, que ni se le ocurriera mencionar que se bañaba desnuda al empezar la noche sobre Miramar y ni siquiera la menor insinuación de hacer el amor.

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DEPORTE/CULTURA

A Villa del Carbón…un futuro lleno de pasado

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Crónicas de un Trotamundo, por Fernando Zúñiga //

Amelia era mi vecina, lo fue durante los 2 años que renté una pequeña casa para mi oficina en ese fraccionamiento en donde ella residía en Zapopan. Una tarde lluviosa de agosto me invitó a su casa. Me preparó una taza de Nescafé.

Le pregunté por su esposo, al cual yo había visto ocasionalmente, cuando coincidíamos por la mañana temprano que el salía rumbo a su trabajo y yo abría el despacho.

Amelia también tenía un hijo al que yo había visto quizá una par de ocasiones en el pasado.

Amelia tenía 30 años de edad pero aparentaba más. No tenía un solo rasgo que yo pudiera calificar como atractivo. Sin embargo no era propiamente una mujer fea.

el hombre con el que vivo no es mi esposo. Llevamos una vida de pareja desde hace 4 años. Trabaja para una empresa de Traslado de Valores, algunas noches no llega a casa…

lo conocí en el burdel donde yo trabajaba…él recién había enviudado y asistía algunos fines de semana y contrataba mis servicios…a veces solo me pedía que platicáramos mientras bebíamos unas copas…

un día me pidió que viviera con él…tiene 2 hijos que viven con sus abuelos…se llama Raúl…me brindó la oportunidad de tener esta casa, la primera vez en mi vida desde que tuve a mi hijo…

es cariñoso y amable conmigo, no me falta nada en lo material…lo llena mi atención para él y mi manera de satisfacerlo sexualmente…

nací y crecí en Villa del Carbón, vivía con mi mamá y mi abuela…

en mi camino diario a la Secundaria un día me contactó un hombre mayor, era un Dr. mas o menos conocido en el pueblo, era casado y tenía hijos…

me convenció con su trato amable, amistoso…me hacía de vez en cuando un pequeño regalo…un día me llevó en su auto al campo…caminamos hasta un pequeño lugar…me violó…quedé embarazada…

mi mamá y mi abuela me corrieron de la casa…sin ninguna opción para mí ya que no tenía ningún otro familiar conocido en el pueblo…

un hombre joven del pueblo me invitó a acompañarlo, manejaba un tráiler e iba a llevar una mercancía hasta Tijuana y regresaríamos en unos 7 días y entonces me ayudaría a buscar donde vivir y en qué trabajar…

viajamos día y noche…yo le hacía el favor sexual y él me compraba algo de comida…me dijo que le gustaría que viviéramos juntos…

estuvimos varios días en Tijuana mientras cargaba su tráiler…

yo me sentí muy mal y a veces devolvía el estómago, comía muy poco, empecé enflacar…

me dejó, sin avisarme, sin dejarme ni siquiera un peso…regresó a Villa del Carbón o quien sabe a dónde, sin mi…

uno de los encargados de la bodega en Tijuana me dejaba dormir en su pequeño cuartito a cambio de sexo cada noche, por la mañanas me compartía algo del lonche que traía de su casa, solo me pedía que durante el día no estuviera allí…

yo caminaba por la ciudad buscando algún trabajo para ganarme algo de dinero, pero no traía ninguna identificación y mi ropa cada día estaba más desastrosa y yo cada vez más deteriorada…de seguro me veían enferma…regresaba por la noche a la bodega…

un trailero me ofreció viajar con él a Guadalajara…igual le daba sexo cada vez que él quería…

en Guadalajara empecé a vagar, haciendo trabajos en la calle o en alguna cantina… lo que era difícil porque me veían mal ya que comía muy poco, menor de edad y sin ningún documento que me identificara…

dormía donde podía…mi panza empezó a crecer…algunas veces me sentía muy mal…

cierto día me caí en plena calle…un Sr. me llevó al hospital civil…allí nació Luis Ángel…

el Sr. que me había ayudado pagó los gastos de mi atención, me llevó a una vecindad muy pobre y le pagó a la dueña la renta de un mes, además de que me compró algo de comida, la receta para mi bebé y me dejó dinero…nunca más lo volví a ver…

a los pocos días empecé a salir a buscar trabajo…me daban algo de dinero y comida en los burdeles por la Central Camionera a cambio de limpiar los baños…

un hombre que vivía en la vecindad me empezó a buscar y terminé viviendo con él…al principio todo iba bien…pero me empezó a pedir que regalara o dejara en algún lugar a mi pequeño hijo…a pesar de que él nunca daba lata de ningún tipo…

después me pidió que fichara en un burdel muy barato…después trajo a una mujer a vivir con nosotros y me empezó a hacer a un lado y a exigir dinero. A veces me golpeaba si no traía la cantidad que me exigía…una ocasión me acusó de robo con la policía, que eran sus amigos, me llevaron a la cárcel y estuve 3 días sin saber de mi hijo… Nunca quise levantar una acusación contra él…

me empecé a enfermar, una chica del burdel me invitó a irme a vivir a su casita y ella me atendía los días que no iba a trabajar…

pasé unas semanas en el Hospital Civil, muy grave, me salvaron la vida…

cuando salí del Hospital mi amiga me avisó que se iría a vivir con su familia a Villa Hermosa…

me arriesgaba a dejar solo a mi hijo…y seguía trabajando de prostituta…empecé a ganar mejor dinero…me enseñaron los trucos para que mi vagina pareciera más cerrada como le gusta a los hombres…ya podía vivir mejor…

empecé a sufrir mucho, lloraba, me maldecía, no era lo que yo había pensado para mi vida y ahora con mi hijo…

Raúl empezó a frecuentar el burdel y me buscaba para ir a comer o al cine…yo no me enamoré, pero me ofreció una vida más tranquila…

todavía de vez en cuando voy al burdel a saludar a la dueña…siento cierta tentación de ganar mi propio dinero, pero pienso lo que tengo con Raúl y cancelo el pensamiento…

quiero trabajar en algo, independizarme y tener conmigo todo el tiempo a Luis Ángel, pero no tengo papeles de ningún tipo y si acaso me ofrecen por unos días en la limpieza de baños….voy en horarios que no está Raúl…

Amelia me confesó que Luis Ángel se ausentaba muchos días de casa ya que Raúl no lo quería en casa…el trato era solo con ella…ambos no hacían algo por ganarse el cariño mutuo.

Amelia vivía la encrucijada; su vida de cierta seguridad o la presencia permanente de su hijo.

Ella no amaba a Raúl aunque reconocía su apoyo…vivía con miedo a un futuro lleno de pasado.

FZG Guadalajara VII/2016

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