JALISCO
El negocio de existir: Jalisco, la democracia que se cobra por adelantado
Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco:
En Jalisco hay un negocio que nunca quiebra, no paga renta y no depende de que los clientes lleguen. Se llama partido político. Basta con existir, conservar el registro y esperar a fin de mes. El erario hace el resto.
El Consejo General del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) acaba de aprobar el ajuste presupuestal de noviembre y diciembre de 2026. La cifra merece leerse despacio, con todo y centavos, porque los centavos también son nuestros: 85 millones 662 mil 757 pesos con 02 centavos, repartidos entre ocho organismos políticos en sólo dos meses.
No es la campaña. Tampoco es la precampaña. Es el aguinaldo.
EL REPARTO
La aritmética oficial es impecable, como suelen serlo las cuentas que favorecen a quien las hace. Son 83 millones 167 mil 725 pesos para «actividades ordinarias permanentes» y 2 millones 495 mil pesos para «actividades específicas». Valdría la pena que algún día alguien explicara al contribuyente qué actividad ordinaria y permanente desarrolla un partido entre elecciones, además de cobrar.
Movimiento Ciudadano, el partido en el gobierno, encabeza la fila con 26 millones 146 mil pesos. Lo siguen Morena con 22 millones 595 mil y el PAN con 13 millones 487 mil. Más abajo aparecen el PRI, con 10 millones 076 mil, y el Verde Ecologista, con 8 millones 087 mil. Así funciona el esquema: 30 por ciento se reparte igual entre todos y 70 por ciento según los votos obtenidos en la elección local de diputados de 2024.
Hay además una novedad casi bíblica: los resucitados. Partido Paz, SOMOS y Partido Humanista recuperaron su registro, y con él su lugar en la mesa. A cada uno le corresponde 1 millón 756 mil pesos por el bimestre. La ley les garantiza esa porción no por lo que hicieron, sino por haber vuelto. En la política mexicana, regresar de la tumba no sólo es posible. También es rentable.
El único que se quedó afuera fue el Partido del Trabajo, por no alcanzar el tres por ciento de la votación en el proceso anterior. Que nadie se preocupe por él: conserva sus prerrogativas federales para competir en 2027. En este sistema, ni el castigo de las urnas deja a nadie sin comer.
EL PRECIO DEL VOTO
Ahora hagamos la cuenta que el boletín oficial no hace.
En 2024 votó en Jalisco alrededor del 57.6 por ciento del padrón, entre 3.7 y 3.8 millones de sufragios para cargos locales. Si dividimos sólo la partida ordinaria de este bimestre entre esos votos, cada voto emitido hace dos años nos cuesta ahora unos 22 o 23 pesos adicionales. Es un pago diferido por una elección que ya pasó, cobrado a cuenta de otra que todavía no empieza.
Y conviene repetirlo: esos 23 pesos no incluyen la precampaña ni la campaña de 2027. Son apenas el piso, el anticipo, la cuota de mantenimiento de una maquinaria que funciona con o sin pasajeros.
Cuatro de cada diez jaliscienses no acudieron a votar en 2024. Pero pagan igual. Esa es quizá la característica más perversa del modelo: el abstencionista financia a los mismos partidos que lo desencantaron. La democracia jalisciense cobra cuota de entrada a quien no entró.
LOS TOPES, QUE NO TOPAN
La tarifa sube cuando llegamos a la antesala de la contienda.
El IEPC fijó los topes de precampaña. Cada aspirante a una diputación de mayoría relativa podrá gastar hasta 462 mil 343 pesos. En los municipios el techo se vuelve millonario: 1 millón 780 mil pesos en Guadalajara, 1 millón 605 mil en Zapopan y 343 mil en Puerto Vallarta. Y todo eso para convencer a la militancia propia, no al electorado. Es dinero para pelear la candidatura entre compañeros, antes de pedirle un solo voto al ciudadano común.
Las autoridades dirán que son límites, no asignaciones. Tienen razón en lo técnico. Pero un tope, en la práctica mexicana, se parece mucho a una meta.
LA PUERTA TRASERA
A este torrente de dinero público se suma el dinero privado, que entra por la puerta grande con permiso de la ley. Cada partido podrá recibir hasta 10 millones 759 mil pesos de sus militantes y 4 millones 623 mil de simpatizantes. Cada simpatizante, en lo individual, podrá aportar hasta 231 mil 171 pesos.
Detengámonos en esa última cifra. ¿Cuántos jaliscienses pueden regalarle 231 mil pesos a un partido? ¿Y cuántos de los que pueden lo harían sin esperar nada a cambio? El “simpatizante” capaz de firmar ese cheque rara vez es un ciudadano entusiasta. Suele ser alguien con un contrato en mente, una licencia pendiente o un permiso de uso de suelo en trámite.
La ley no prohíbe la simpatía. Sólo le pone precio.
EL INDEPENDIENTE, EN DESVENTAJA
Mientras los partidos nadan en recursos, a las candidaturas independientes se les concede apenas el 10 por ciento del tope previo para reunir firmas: 890 mil pesos en Guadalajara y 802 mil en Zapopan. Con eso deben ganarse, firma por firma, un derecho que los partidos reciben por decreto.
Es como inscribir a un corredor a pie en una carrera de automóviles y luego presumir que la competencia está abierta a todos.
LA FACHADA TÉCNICA
Para que nada falte en la escenografía, el IEPC designó el Comité Técnico Asesor del PREP: Claudia Carolina Olivares Álvarez, Omar de la Cruz Carrillo e Ignacio Alberto Alarcón Alonzo. Es un trámite necesario y seguramente bien intencionado. Pero contar los votos con precisión no resuelve el problema de fondo, que no está en el conteo, sino en el costo.
Se puede tener el conteo más rápido y confiable del país y, al mismo tiempo, el sistema de partidos más caro y menos representativo. Una cosa no corrige la otra.
LA MORALEJA
En Jalisco se ha consolidado un modelo en el que la democracia sube de precio cada año sin importar si la gente vota o no. Los partidos cobran por existir, los resucitados cobran por regresar, los donantes pagan por ser escuchados y el ciudadano paga por todos.
La clase política repite que la democracia es cara, pero que la dictadura sale más cara. Es cierto. Lo que no explica es por qué la factura siempre llega al domicilio del gobernado y nunca al del gobernante.
Ochenta y cinco millones en dos meses. Y la campaña todavía no empieza.


