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PERSONALIDADES

Fernando Palacio Landa, el visionario de la maquila: La piedra lunar que abrió Jalisco al mundo

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Por Diego Morales 

Fernando Palacio Landa representa esa rara combinación de visión, tenacidad y oportunidad capaz de cambiar el rumbo de regiones enteras.

Su huella no se limita a decretos firmados o actas constitutivas: está impresa en las plantas industriales que se instalaron, en los ingenieros que se formaron, en las familias que encontraron empleo digno y en el ecosistema tecnológico que hoy posiciona a Jalisco como referente nacional e internacional en semiconductores y manufactura avanzada de exportación.

Cuando en 1971 entregó una piedra lunar al presidente Luis Echeverría Álvarez en Los Pinos, no solo abrió una puerta en la residencia oficial: abrió también un camino para miles de oportunidades en fábricas, aulas universitarias y hogares jaliscienses.

Ese gesto, hoy casi legendario, simboliza cómo la audacia personal, aliada con la inteligencia estratégica, puede mover estructuras que parecían inamovibles. De la franja fronteriza de 26 kilómetros —el límite geográfico impuesto al Programa de la Industria Maquiladora de Exportación desde 1965— se pasó a un país entero abierto a la inversión extranjera y a la transferencia tecnológica.

De unas cuantas maquiladoras concentradas en Tijuana, Ciudad Juárez y Nogales se llegó a más de 400 empresas afiliadas a INDEX de Occidente, con un impacto económico que contribuye con cerca del 80% de las exportaciones del estado.

Fernando Palacio es un pionero de la industria maquiladora en Jalisco, por ello recibió en días pasados un doble reconocimiento de INDEX de Occidente e INDEX México, organismos de los que fue fundador. Desde Motorola, en 1968, impulsó el decreto de 1972 que abrió el interior del país a la inversión extranjera. Entregó una piedra lunar al presidente Luis Echeverría, gesto que resultó clave para ese cambio. Hoy, Jalisco produce el 70% de los semiconductores del país y genera más de 250 mil empleos y 450 mil indirectos gracias a aquella visión.

El premio que recibió esta semana, en el marco del 50 aniversario de INDEX de Occidente, no es un premio nostálgico al pasado: es un recordatorio vivo de que las grandes transformaciones comienzan con personas que se atreven a imaginar lo que aún no existe y trabajan incansablemente para que ocurra.

El Consejo Ejecutivo, encabezado por el ingeniero Guillermo Rocha del Río, lo expresó con claridad al nombrarlo invitado de honor:

“Usted ha sido pilar de los logros alcanzados y de los retos que han marcado nuestra historia como organismo. Con su liderazgo a través de los años hemos sido pioneros en el desarrollo de esquemas y modelos de comercio exterior que han fortalecido la competitividad de la industria nacional en su entorno global, entre los que destacan el Pedimento Consolidado, Empresa Certificada, Handcarry, SECIIT y la marca de calidad IMMEX”.

Estos logros no son meras siglas técnicas; son herramientas concretas que han permitido a las empresas mexicanas competir en cadenas de valor globales, reducir tiempos de despacho, certificar procesos de seguridad y calidad y operar con mayor eficiencia aduanal.

Detrás de cada una está el trabajo pionero de Palacio Landa, quien entendió desde temprano que la maquila no podía ser solo un sistema de ensamble barato, sino un vehículo de desarrollo tecnológico y capacitación masiva.

Motorola, la empresa que lo contrató en 1968 como uno de los primeros empleados de su planta de semiconductores en Guadalajara, fue el punto de partida. Allí procesaban silicio, fabricaban transistores de germanio y silicio y producían los primeros chips y microprocesadores —tecnologías de punta en esa época—, todo ello con talento mexicano y sin costo industrial directo para el país.

Fernando Palacio no se conformó con operar dentro de las limitaciones existentes. Propuso a Motorola impulsar un lobby intensivo ante el gobierno federal para extender el régimen maquilador al interior del país.

Viajó a Corea del Sur, Taiwán y Brasil para estudiar modelos similares. Regresó con propuestas claras —inversión extranjera al 100 %, aduanas internas en las fábricas y procedimientos simplificados— y, consciente de que una sola empresa no movería al gobierno, creó en 1972 el Consejo Nacional de Industrias Maquiladoras, precursor de INDEX Nacional.

Su red de aliados fue clave: el secretario de Hacienda Hugo B. Margáin, José López Portillo (entonces subsecretario de Hacienda), el director de Aduanas Óscar Reyes Retana, el gobernador Alberto Orozco Romero, Adolfo Horns de la Cámara Americana y Adalberto Ortega Solís en el ámbito laboral.

LA PIEDRA QUE ABRIÓ LA PUERTA DE LOS PINOS

La piedra lunar fue el catalizador definitivo. Motorola, proveedor de la NASA en el programa Apolo, le entregó cuatro fragmentos recolectados en la Luna.

Fernando Palacio envió uno a Hugo B. Margáin, quien lo colocó en una vitrina personal en su casa de Barranca del Muerto, y otro al presidente Luis Echeverría.

La entrega en Los Pinos impactó al mandatario. Semanas de indiferencia se transformaron en apoyo directo. Invitaciones a giras presidenciales, conversaciones en un barco de guerra en La Paz, Baja California Sur, y el trabajo conjunto en un borrador de decreto culminaron en la firma de 1972: el régimen maquilador se extendió al interior del país, se autorizó la inversión extranjera total y se creó un esquema aduanal ágil con control efectivo.

Desde Guadalajara, Palacio impulsó visitas periódicas de Motorola a universidades como el ITESO, la Universidad de Guadalajara y la UAG, para motivar a los jóvenes a estudiar ingeniería. Las instituciones adaptaron sus planes de estudio, convirtiendo a Jalisco en una verdadera mina de talento en electrónica y semiconductores.

JALISCO, LÍDER EN SEMICONDUCTORES

Hoy el estado produce cerca del 70 % de los semiconductores de México.

En 1976 firmó el acta constitutiva de INDEX de Occidente, y años después impulsó campañas de integración nacional de componentes junto con Héctor Hernández —quien posteriormente sería secretario de Comercio—, sentando bases para que proveedores locales se insertaran en cadenas globales.

En una época en la que el presente parece acelerado y el futuro incierto, la historia de Fernando Palacio Landa invita a mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad.

Jalisco no sería lo que es sin quienes, hace medio siglo, creyeron que el talento local podía competir en el mundo y lucharon para que así fuera.

Su legado no se mide solo en empleos o exportaciones: se mide en la certeza de que una sola persona, con visión y acción, puede sembrar el terreno para que generaciones enteras cosechen oportunidades.

Por eso, mientras las líneas de producción siguen funcionando en El Salto, Tlajomulco o Zapopan, y mientras jóvenes ingenieros egresados de nuestras universidades diseñan chips que viajan por el mundo, el nombre de Fernando Palacio Landa seguirá resonando como sinónimo de audacia fundacional.

HUELLAS QUE NO SE BORRAN

Las obras quedan, la gente se va… pero algunas personas dejan huellas que no se borran: se multiplican en cada empleo creado, en cada tecnología transferida y en cada empresa que exporta desde Jalisco al mundo.

Su reconocimiento en este 50 aniversario no cierra un capítulo; abre una reflexión sobre cómo honrar el pasado construyendo un futuro aún más competitivo y equitativo para el estado y para México.


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