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LOS PELOTEROS

Mi pasión por el beisbol

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Deporte Rey, por Gabriel Ibarra Bourjac

Como algunos saben, soy un apasionado del beisbol, un deporte que he disfrutado enormemente y alrededor del cual giró buena parte de mi vida durante la niñez y la juventud, alternándolo con mis estudios en Hermosillo, mi ciudad natal.

Jugué beisbol en esa primera etapa de mi vida y, cuando apenas salía de la adolescencia, me introduje al mundo del rey de los deportes a través del periodismo. Era tanta mi pasión que, sin haberlo planeado, terminé inmerso en la escritura especializada sobre beisbol.

Así transcurrió mi último año en Hermosillo antes de trasladarme a Guadalajara con el sueño de forjarme un porvenir en el periodismo, primero en la Universidad Autónoma de Guadalajara y después en el diario Ocho Columnas, un sueño que, afortunadamente, logré convertir en realidad.

Mi chip mental, en mayo de 1978, estaba completamente enfocado en el beisbol. Sin embargo, como en Guadalajara ya no había beisbol profesional, mis jefes en Ocho Columnas, Carlos Chávez Gradilla y Francisco Martín Sauceda —quienes ya se nos adelantaron en el camino—, me asignaron a la fuente política. Muy pronto, los directivos del diario y su director, Tranquilino Contreras, me dieron la oportunidad de escribir una columna política titulada “Aquí entre nos…”, que me permitió adentrarme en un mundo hasta entonces desconocido para mí: el ejercicio del poder.

¿Y qué sucedió con mi pasión por el beisbol? Poco a poco me fui alejando. Ya no podía disfrutar los partidos como lo hacía en Hermosillo, viendo a mis Naranjeros en el Estadio Héctor Espino. Sin embargo, seguía conectado con lo que ocurría en las Grandes Ligas, mientras que la Liga Mexicana del Pacífico fue quedando en el olvido.

Pasaron los años y, un día, mi compadre Enrique Aguilar me presentó en el Club Atlas Colomos a Armando Navarro, quien llevaba años luchando por regresar el beisbol a Guadalajara. Armando había sido gerente de los Charros de Jalisco a principios de la década de los noventa, cuando el presidente del club era Guillermo Cosío Gaona. Fueron ellos quienes trajeron a Fernando Valenzuela, después de que fuera dado de baja por su último equipo en las Grandes Ligas.

El beisbol había regresado a Guadalajara gracias al apoyo del entonces gobernador Guillermo Cosío Vidaurri y al liderazgo de su hijo, Memo Cosío Gaona, quien encabezó un grupo de empresarios que logró traer una franquicia para que los Charros volvieran a la Liga Mexicana de Beisbol.

Lamentablemente, las explosiones del 22 de abril de 1992 dieron al traste con aquel proyecto de consolidar el beisbol profesional en Guadalajara, aunque quedó plenamente registrado el enorme esfuerzo realizado por Memo Cosío.

Invitación a escribir a Armando Navarro

Como referí líneas atrás, cuando conocí a Armando Navarro hubo empatía desde el primer momento. Sabía de él por su insistencia y perseverancia para regresar el beisbol profesional a Guadalajara. Lo invité a escribir en el Semanario Conciencia Pública y aceptó de inmediato.

Pasaron cerca de cuatro años y un día Armando me llamó para comentarme que estaba muy cerca de cerrar la compra de la franquicia de los Algodoneros de Guasave y lograr así que Guadalajara, con los Charros, ingresara a la Liga Mexicana del Pacífico.

También me comentó que al día siguiente tendría una reunión con el gobernador Aristóteles Sandoval para solicitar que el Gobierno del Estado facilitara el uso del Estadio Panamericano, que había sido sede de las competencias de atletismo durante los Juegos Panamericanos.

Lo felicité por el gran logro que estaba por concretar y le dije que, si surgía algún problema en el que pudiera ayudar, contara conmigo para hacer realidad el regreso del beisbol profesional a Guadalajara.

Sin embargo, cerca de las diez de la mañana del día de la reunión, Armando me llamó con evidente preocupación para decirme que la cita había sido cancelada. El gobernador, tras lesionarse un tobillo jugando futbol el día anterior, había suspendido toda su agenda.

Para Armando, aquella reunión era fundamental, pues necesitaba que el gobernador firmara una carta compromiso para prestar el Estadio Panamericano y convertirlo en un diamante de beisbol.

Entonces decidí llamar a mi amigo Netza Ornelas, secretario particular de Aristóteles Sandoval, para explicarle la importancia y trascendencia que tendría el regreso del beisbol profesional a Jalisco, así como el impacto positivo para la niñez y la juventud, además de los beneficios económicos para la hotelería, la gastronomía, la artesanía y el comercio en general.

La respuesta de Netza fue inmediata y contundente:

—Dile a Armando que se venga y yo le saco la carta.

Y así ocurrió. Con sensibilidad y eficacia, Netza logró obtener la firma del gobernador para autorizar el uso del Estadio Panamericano, condición indispensable para que los Charros ingresaran a la Liga Mexicana del Pacífico.

Con esa autorización en la mano, Armando procedió a integrar un grupo de accionistas en el que participó Salvador Quirarte Villaseñor. Además, contó con todo el respaldo del gobernador Aristóteles Sandoval. Si la memoria no me falla, el Gobierno de Jalisco aportó cerca de 50 millones de pesos para remodelar y acondicionar el inmueble, transformándolo en un diamante de beisbol que permitió a los Charros ingresar, por primera vez en su historia, a la Liga Mexicana del Pacífico.

La llegada de los Charros a la LMP fue un éxito rotundo. Armando Navarro y Salvador Quirarte formaron una gran mancuerna durante los primeros años al frente del club, generando lo que más tarde se conocería como la “Charromanía” y culminando con la conquista del primer campeonato de los Charros en la temporada 2018-2019.

Lamentablemente, con el paso del tiempo, Salvador y Armando terminarían separándose. Pero esa ya es otra historia.

El espacio se me ha agotado. Hay mucho más por escribir. En la próxima entrega compartiré mi aventura al crear la revista de beisbol “Los Peloteros”, con la que pude cumplir uno de los grandes sueños de mi vida.


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