OPINIÓN
La CNTE y el chantaje permanente
Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
Una vez más, la Ciudad de México es rehén de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación. Durante varios días ha mantenido bloqueos a casetas de peaje y afectaciones a la movilidad en distintos puntos del país.
Hay que tener presente que este no es un conflicto nuevo. Es el mismo guion de siempre: radicalismo, afectación a terceros inocentes y negociación bajo presión. La CNTE ha convertido las protestas con violencia y bloqueos en su principal herramienta de presión política.
No se trata de una legítima defensa de derechos laborales, sino de la defensa descarada de privilegios corporativos a costa del erario público y de la educación de millones de niños mexicanos.
Las presiones que incluyen el uso de violencia supuestamente enarbolan una bandera que exige al gobierno federal que abrogue la Ley del ISSSTE de 2007 y el regreso a un sistema de pensiones que ya demostró ser insostenible.
¿Pero qué o qué puede haber realmente detrás de estas protestas? La agenda pública es conocida: mejores pensiones, aumento salarial desproporcionado, eliminación de evaluaciones y reinstalación de docentes cesados.
Pero la agenda oculta es más profunda. La CNTE busca mantener un poder de veto dentro del sector educativo y, por extensión, dentro de Morena. Representa el ala más radical de la izquierda mexicana, aquella que nunca aceptó la reforma educativa de 2013 y que ve en cada gobierno de izquierda la oportunidad de recuperar terreno perdido.
¿Quién podría mover los hilos de la CNTE en este momento tan crucial para el país? ¿Qué poderes ocultos hay en estas movilizaciones?
Lo más preocupante es el timing de estas movilizaciones. Aparecen de manera sospechosamente oportuna cuando el gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta momentos de alta sensibilidad política e internacional: la recta final antes del Mundial de Futbol 2026, tensiones comerciales con Estados Unidos y la necesidad de proyectar estabilidad.
No es casualidad. Es cálculo político puro. La CNTE sabe que un gobierno que desea evitar imágenes de caos en las calles está dispuesto a pagar un precio más alto para comprar tranquilidad.
EL PAPEL DEL GOBIERNO DE SHEINBAUM
La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta aquí una prueba de carácter. Hasta ahora, su administración ha intentado mantener un discurso de austeridad republicana y responsabilidad fiscal. Ceder ante las demandas desmedidas de la CNTE sería contradecir ese discurso y enviar un mensaje peligroso: que la extorsión funciona.
El gobierno federal debe tener claridad en tres puntos fundamentales:
- No se negocia bajo bloqueos. Las carreteras y casetas no son propiedad de ningún sindicato. La afectación a ciudadanos, transportistas y turistas es inaceptable.
- Las pensiones no pueden ser un cheque en blanco. El sistema actual ya genera un agujero fiscal monumental. Regresar a esquemas anteriores sería irresponsable con las generaciones futuras.
- La educación es un derecho de los niños, no un botín sindical. Cada día de paro o de conflicto es un día perdido para millones de estudiantes, especialmente en los estados más pobres.
Sheinbaum tiene la obligación de defender el interés general por encima de los compromisos políticos que Morena pueda tener con sus aliados históricos.
Si el ala radical del movimiento la presiona, debe responder con firmeza institucional, no con concesiones disfrazadas de “diálogo”.
UN PAÍS CANSADO DE CORPORATIVISMO
Los mexicanos estamos hartos de este tipo de sindicalismo de extorsión. La CNTE no representa a la totalidad de los maestros de México, sino a una minoría radicalizada y altamente organizada.
La mayoría de los docentes quieren trabajar, capacitarse y dar clases en paz. Sin embargo, es esta minoría la que secuestra la imagen del magisterio nacional.
Mientras la CNTE bloquea carreteras y exige privilegios, persisten problemas reales en la educación mexicana: bajos resultados en pruebas estandarizadas, deserción escolar, infraestructura deficiente y una brecha digital que sigue dejando atrás a los más pobres.
Por supuesto que la agenda de mejorar la educación y el nivel de los escolares, no forma parte de la agenda de la CNTE, que son los verdaderos problemas que deberían ocupar la agenda educativa, no el mantenimiento de pensiones millonarias para una élite sindical.
La CNTE no está defendiendo la educación; está defendiendo sus intereses particulares. Sus protestas no son un ejercicio legítimo de libertad de expresión, sino un mecanismo de presión ilegítimo que daña la economía, la imagen del país y, sobre todo, el derecho a la educación.
El gobierno de Claudia Sheinbaum está ante una encrucijada: puede seguir el camino fácil de ceder para comprar paz temporal, como lo han hecho otros gobiernos, o puede marcar un precedente de Estado de derecho.
La historia premiará a quienes elijan lo segundo. México necesita maestros comprometidos con la enseñanza, no activistas políticos que utilizan las aulas y las carreteras como trincheras. Es hora de que el gobierno ponga orden. La paciencia ciudadana tiene un límite, y ese límite ya está cerca.


