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JALISCO

El reto de revertir la mala gestión del agua

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac

Guadalajara, la segunda metrópoli del país, se encuentra en medio de una crisis hídrica que ya no puede disimularse con discursos ni parches temporales. Mientras las colonias reportan agua turbia, maloliente y con sedimentos, y los tandeos se vuelven rutina, el gobernador Pablo Lemus ha reconocido —tarde, pero lo ha hecho— que el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) atraviesa una “crisis institucional” profunda.

La destitución reciente de su director es solo el síntoma visible de un mal mucho más antiguo y estructural. La próxima semana, del 27 al 29 de abril de 2026, el Colegio de Ingenieros Civiles del Estado de Jalisco (CICEJ) y el propio SIAPA realizarán las Jornadas de Gestión Hídrica Metropolitana.

Serán tres días de debate técnico y plural donde se espera que participen especialistas, empresarios, comunicadores y líderes sociales. No es un evento protocolar; es, quizá, la última oportunidad seria de sentar las bases de un diagnóstico real y un plan de largo plazo antes de que la emergencia se vuelva irreversible.

Para entender la magnitud del problema, hay que mirar hacia atrás. A mediados de los años ochenta, el gobernador Guillermo Cosío Vidaurri impulsó un proyecto visionario: la construcción de tres presas para aprovechar el caudal del Río Verde y garantizar el abasto de la Zona Metropolitana por tres décadas.

El proyecto contaba con el respaldo de Carlos Salinas de Gortari, pero las explosiones del 22 de abril de 1992 en el sector Reforma cambiaron el destino. La reconstrucción se impuso y el gran plan hídrico quedó archivado.

Los sexenios siguientes intentaron distintas rutas. La más polémica fue la presa El Zapotillo. Tras años de protestas, manifestaciones y un ajuste presidencial que limitó su cortina a 80 metros de altura para proteger los pueblos de Acasico, Palmarejo y Temacapulín, el caudal disponible para Guadalajara se redujo drásticamente.

La presa ya está terminada, pero el agua adicional que prometía aún no llega de forma plena a la metrópoli.

Hoy, la administración del gobernador Pablo Lemus propone tres acciones prioritarias: un nuevo acueducto que sustituya al obsoleto sistema Chapala-Guadalajara, la modernización de la planta potabilizadora de Miravalle (con más de 50 años de servicio) y obras para mejorar la calidad del agua que llega a través del canal de Atequiza.

El costo estimado —de acuerdo a estimaciones del SIAPA— ronda los 15 mil millones de pesos. Una cifra elevada, pero necesaria si se quiere resolver no solo la emergencia actual, sino el deterioro acumulado durante décadas.

LA MALA GESTIÓN DEL AGUA

El diagnóstico técnico es contundente y lo repiten especialistas desde hace años: no falta agua en Jalisco; lo que falta es gestión. El SIAPA fue convertido durante lustros en una agencia de colocación política. Se privilegiaron cuadros partidistas sobre perfiles técnicos, se descuidó el mantenimiento preventivo y la infraestructura envejeció peligrosamente.

Gran parte de las tuberías de distribución tienen entre 40 y 60 años. Las pérdidas por fugas se estiman en hasta un 40% del agua que entra al sistema.

A esto se suma otro drama recurrente: las inundaciones. Cada temporada de lluvias la metrópoli se paraliza. Calles convertidas en ríos, vehículos arrastrados y vidas perdidas innecesariamente.

Hay más de 300 puntos críticos identificados. La solución estructural —un drenaje profundo— sigue siendo una deuda histórica que ningún gobierno ha querido asumir con la seriedad que merece.

Renovar tuberías, modernizar plantas, construir acueductos y prevenir inundaciones exige decenas de miles de millones de pesos en un horizonte de 12 a 18 años. Obras invisibles para el votante, que no cortan listones ni generan titulares fáciles, pero que definen la viabilidad misma de la ciudad.

Los políticos suelen preferir lo visible y postergar lo subterráneo. Ese cálculo cortoplacista es, precisamente, lo que nos ha traído hasta aquí.

Las Jornadas Hídricas que inician este lunes pueden marcar un punto de inflexión si logran trascender el mero diagnóstico y proponen un Plan Estratégico Integral de Gestión del Agua, con etapas claras, prioridades técnicas y compromisos que trasciendan sexenios y colores partidistas.

El gobernador Pablo Lemus tiene ante sí un reto histórico: asumir un verdadero liderazgo de estadista en el tema del agua. No solo para resolver la crisis inmediata de calidad, sino para sentar las bases de una solución duradera que hereden los próximos gobiernos. El reto número uno de su administración —y de Jalisco en los próximos años— es precisamente este: pasar de la improvisación y la partidización a una gestión técnica, eficiente y despolitizada del recurso más vital.

Ojalá estas jornadas no terminen en buenas intenciones ni en diagnósticos repetidos. Ojalá sean el inicio de un acuerdo metropolitano serio, responsable y de largo aliento. Porque cuando falla el agua, falla todo lo demás. Guadalajara no puede permitirse seguir pateando el bote. El tiempo del agua se agota.

 


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