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OPINIÓN

No sé y no sabo

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Opinión, por Miguel Anaya:

Quizá sus abuelos llegaron a Estados Unidos con una maleta, algunos ahorros y un español que pocas veces fue bien recibido. Sus padres crecieron entre dos culturas, aprendiendo que integrarse también significaba dejar algunas costumbres en el camino. Hoy, sus nietos o hijos hablan inglés, algunos apenas pueden comunicarse en español y, sin embargo, siguen llevando consigo una historia que comenzó mucho antes de que nacieran.

Los llaman No Sabo Kids, una expresión que nació como burla hacia los jóvenes de origen latinoamericano que, ante el poco manejo del español, dicen «no sabo» en lugar de «no sé». Lo que parecía una simple broma terminó convirtiéndose en una forma de reivindicar sus raíces sin tener que demostrar su identidad a través del idioma.

Detrás de esta tendencia existe una transformación generacional que merece atención, especialmente después de las elecciones de este martes 3 de noviembre. Los hijos y nietos de inmigrantes están construyendo una identidad propia y ocupando un lugar cada vez más importante en la economía, la cultura y la política estadounidense.

Para entenderlo hay que mirar hacia atrás. Durante los años ochenta, el movimiento chicano convirtió el orgullo de ser mexicano-estadounidense en una expresión de resistencia. Los No Sabo heredan parte de esa historia, aunque sus circunstancias sean distintas. Son estadounidenses por nacimiento, educación y experiencia, pero también son herederos de una historia migratoria que permanece en sus apellidos, sus familias y sus recuerdos.

No hablar español no borra una historia familiar, del mismo modo que hablarlo perfectamente tampoco garantiza comprenderla. Hay quienes conocen sus raíces a través de una conversación con sus abuelos, una receta, una canción o las historias de un país que tal vez nunca han visitado.

Esta generación representa una fuerza económica considerable. La población latina genera alrededor de 4.4 billones de dólares de actividad económica en Estados Unidos. Su participación en el empleo, el consumo y la creación de empresas dejó de ser secundaria hace tiempo. Sin embargo, su creciente importancia económica está encontrando ahora una expresión cada vez más visible en las urnas.

Las elecciones intermedias del martes representaron un importante revés para Donald Trump y los republicanos. Los demócratas consiguieron el control de ambas cámaras del Congreso y ganaron terreno en estados donde los republicanos habían mantenido ventajas durante años. No fue solamente una disputa entre partidos: fue también una evaluación ciudadana de la manera en que se está gobernando el país.

La economía tuvo mucho que ver. La inflación, el precio de los alimentos, la gasolina, la vivienda y los servicios médicos forman parte de las preocupaciones cotidianas de millones de familias. También influyeron el desgaste de la figura presidencial, el descontento con la corrupción, la preocupación por los contrapesos democráticos y el rechazo a una política cada vez más polarizada.

Pero hubo otro elemento especialmente significativo para la comunidad latina: las redadas migratorias. El temor a las detenciones, la separación de familias y la estigmatización de quienes tienen apellidos o rasgos latinoamericanos provocaron un profundo malestar. Para muchos votantes, el mensaje de las urnas también fue una respuesta a un discurso que con frecuencia ha presentado a los inmigrantes latinos como una amenaza.

Los primeros datos del AP Voter Poll indican que aproximadamente seis de cada diez votantes hispanos respaldaron a candidatos demócratas a la Cámara de Representantes. Entre los menores de 30 años, el apoyo demócrata rondó siete de cada diez. Son cifras relevantes porque muestran un cambio respecto al avance republicano entre los latinos en 2024.

No podemos afirmar que los llamados No Sabo hayan decidido estas elecciones, pero tampoco ignorar que forman parte de una generación joven que comienza a tener un peso político considerable.

Y hay algo que merece decirse con claridad: muchos latinos votaron por candidatos demócratas sin que eso necesariamente signifique una adhesión incondicional al partido. El voto no es un cheque en blanco para unos ni un rechazo absoluto a los otros.

Estados Unidos les ha ofrecido oportunidades a millones de inmigrantes, y también ha recibido réditos. Los migrantes han levantado casas, cosechado alimentos, construido carreteras, atendido hospitales y sostenido industrias enteras. No llegaron solamente a buscar un lugar en ese país; también contribuyeron a construirlo.

Probablemente, el abuelo nunca imaginó que sus nietos hablarían inglés mejor que español. Tampoco que algún día tendrían que explicar por qué se sienten orgullosos de su cultura, cuando tuvieron que dejar su país en busca de un futuro mejor. Pero seguramente la mayor conquista de quienes alguna vez tuvieron que marcharse es que sus descendientes hoy puedan quedarse, decidir y sobre todo, pertenecer.

 


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