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Cómo evitar una elección de Estado

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De primera mano, por Francisco Javier Ruiz Quirrín //

EL PRÓXIMO día 2 de junio, día de los comicios electorales en este 2024, habrá una “elección de Estado”.

¿Qué significa esto?

Que el gobierno de la llamada “cuarta transformación” utilizará todo el aparato público, todos los recursos a su alcance, la influencia de 23 gobernadoras y gobernadores, las fuerzas armadas y hasta el aparato electoral, para sacar adelante a su candidata presidencial, Claudia Sheinbaum.

Se antoja entonces poner sobre la mesa una pregunta a la coalición “Fuerza y Corazón por México”, opositora a MORENA: ¿Cuentan con la suficiente estructura (recursos humanos y económicos) para movilizar a su gente el “Día D” y conducirla a las casillas, pero más allá de eso, están listos con todo un aparato necesario para defender el voto?

Este cuestionamiento lo hice a la secretaria de organización del comité ejecutivo nacional del PRI –Graciela Ortiz-, durante su más reciente visita a Hermosillo y la respuesta fue la exposición de un gran deseo: “Estamos preparándonos”.

A estas alturas de la campaña, todos sabemos que la fórmula para que MORENA no arrase en los comicios y, más aún, que sus opositores puedan aspirar al triunfo, es que acuda a las urnas cuando menos el 60 por ciento del total del padrón electoral, que se acerca a los cien millones de ciudadanas y ciudadanos.

Porque el gobierno de López Obrador, movilizará a 20 millones de personas, -entre adultos mayores, jóvenes becados y grupos indígenas- y siendo generosos pudiera obtener cinco millones de votos más, pero una oposición participativa igualaría ese número de votos e incluso, podría superarlo hasta llegar a 30 millones.

Claro, repetimos, la fórmula es que salgan a votar.

Y es que el aparato de Estado del Presidente no se conformará con la movilización. Hay “jugadas de una perversidad mayor” en aras de derrotar a los adversarios.

Por ejemplo, algo inédito: El ejército se encargará de vigilar, supervisar y hasta controlar todos los movimientos que se produzcan en las casillas electorales a lo largo y ancho de la república. Es parte de la “militarización” que nos han impuesto.

Como sabemos, AMLO le ha entregado un poder extraordinario a los mandos del ejército mexicano: el control de los aeropuertos, las aduanas, la distribución de medicinas y más allá de eso, los puso como encargados de la obra pública. Las grandes obras emblemáticas como el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y hasta las nuevas vías del tren de Nogales a Ímuris, en Sonora, están a cargo de las fuerzas armadas.

Y como también es de nuestro conocimiento, la Secretaría de la Defensa Nacional tiene como parte de su estructura al Banco del Ejército. Bueno, pues ha trascendido que la forma de pago a las empresas contratadas para realizar dichas obras, no es vía transferencia o con cheque, sino que es en efectivo.

Desde luego, todo se justifica ante el Sistema de Administración Tributaria (SAT), basados en el cumplimiento de un contrato que si bien no pasó por la licitación, sí fue asignado de manera legal. Pero el pago se efectúa por el ejército, en efectivo, y en la entrega-recepción de esos movimientos no hay mayor prueba contable.

Evidentemente, el manejo de efectivo con propósitos electorales por el gobierno federal podrá justificarse de muchas maneras y hasta “lavarlo” dentro de la Ley.

Hace unos cuantos días, se informó que existen entre 4.5 y 5 millones de credenciales de elector que, o bien no han sido reclamadas por sus titulares o algunos de estos últimos ya han desaparecido. ¿Alguien podría utilizar gran parte de ese número de credenciales para ayudar a una elección de Estado? La respuesta sería, sin duda, afirmativa.

El gobierno tiene el suficiente dinero para cubrir todo el territorio nacional de representantes y vigilantes de las casillas en las 32 entidades. La pregunta es si la oposición cuenta con el dinero y las y los ciudadanos que estén al pendiente de las casillas, pero sobre todo, que al final de la jornada de este 2 de junio, supervisen el buen movimiento de las urnas en el traslado a los organismos electorales.

El año 2021, en Sonora, se dejó constancia por varios testimoniales, que la oposición se retiró (o fue retirada con “incentivos”) de las casillas y los representantes de MORENA dispusieron de las actas. Hubo resultados oficiales en los que los candidatos del gobierno le aplicaron “zapato” a los opositores. Es decir, llegaron actas a los comités municipales electorales con resultados de 850-0.

Si en todo el país la oposición “se está preparando” para defender el voto como dice Graciela Ortiz, 40 días no serán suficientes para armar ese ejército de defensa.

Y en el específico caso de Sonora, el dirigente priista en el Estado, Rogelio Díaz Brown, informó que se requieren alrededor de 36 mil ciudadanas y ciudadanos (entre titulares y suplentes) para la representación y vigilancia de las casillas el “día D”.

Ante esto, “Roger” aseguró que se trabaja para ese efecto y esperaba tener éxito.

¿Estará preparada la oposición para vigilar y defender el voto el 2 de junio, ante una evidente elección de Estado?

Los hechos hablarán.

Y lo determinante será la participación ciudadana. Si acude a las urnas mínimo el 60 por ciento del total del padrón electoral, será muy difícil para el Presidente y MORENA manipular algún resultado en contra.

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Primera semana de Claudia Sheinbaum, primer roce: Los caminos, continuidad, ajuste o rompimiento

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco //

En una jornada política que ya empieza a mostrar las fisuras internas, Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, enfrentó en su primera semana una prueba crucial en su relación con el presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador.

El 3 de junio marcó el inicio de una turbulenta semana para la economía mexicana, con el peso desplomándose un 8% desde las elecciones, una caída no vista en cuatro años.

La causa de este sacudón financiero fue la avasalladora victoria del partido del Gobierno, Morena, que ahora tiene el poder suficiente en las Cámaras legislativas para aprobar las reformas políticas planteadas por López Obrador antes de que termine su mandato el 30 de septiembre. En su característico estilo, el presidente insistió en la urgencia de sus iniciativas constitucionales, enfatizando que «la justicia está por encima de los mercados», un comentario que solo avivó las llamas del nerviosismo económico.

Por otro lado, la doctora Sheinbaum y su equipo buscaban calmar a los mercados con un enfoque de «parlamento abierto» para discutir las reformas, tratando de proyectar una imagen de estabilidad y moderación. Sin embargo, este esfuerzo se vio saboteado por la insistencia del presidente en aprobar sus reformas de inmediato, exacerbando la caída del peso y el nerviosismo de los mercados financieros.

El punto álgido de esta semana de desencuentros se dio cuando el diputado morenista Ignacio Mier, en una declaración irresponsable, amenazó con que la nueva Legislatura del Congreso de la Unión aprobaría en septiembre las 18 reformas constitucionales rechazadas anteriormente, usando la mayoría de Morena. Este anuncio, junto con las declaraciones del presidente, que desestimaban la importancia de la estabilidad económica en favor de sus reformas judiciales, sumieron al peso en una espiral descendente, alcanzando los 18.33 por dólar.

El presidente López Obrador no solo contradijo públicamente a su sucesora, sino que además lanzó advertencias a las clases medias y a quienes calificó como «promotores del nerviosismo», insinuando posibles investigaciones de corrupción para aquellos que agiten los mercados financieros. Estas declaraciones incendiarias fueron vistas como un intento de intimidación, agravando aún más la incertidumbre económica.

Mientras la doctora Sheinbaum intentaba desesperadamente enviar señales de calma y continuidad institucional, el presidente saliente insistía en sus posturas confrontacionales, amenazando con un clima de inestabilidad que podría complicar la transición de poderes. Esta dinámica de tensión y desencuentros presagia una relación complicada entre el presidente saliente y la presidenta entrante, con la posibilidad de que estas fricciones se intensifiquen en los próximos meses.

Así pues, la primera semana posterior a las elecciones ha revelado no solo las diferencias estratégicas entre López Obrador y Sheinbaum, sino también el potencial para que estas diferencias se conviertan en un obstáculo significativo para la estabilidad económica y política del país. La transición de poder, que podría haber sido una oportunidad para consolidar un frente unificado de cara al futuro, corre el riesgo de convertirse en un escenario de confrontación y ruptura, algo que la historia del presidencialismo mexicano ha visto con frecuencia en el pasado.

LO QUE VIENE ESTA SEMANA

Este lunes, en las oficinas de Pemex, el ambiente será tenso. Todos saben que algo se cocina desde la Secretaría de Hacienda. Un equipo de esa dependencia se ha anunciado para hacer una revisión exhaustiva de la situación financiera de la petrolera, esa misma que ha sido el talón de Aquiles de los últimos gobiernos y que ahora preocupa profundamente a la próxima presidenta, Claudia Sheinbaum, y al todavía secretario Rogelio Ramírez de la O. Este último, desconfiado por naturaleza y con una relación más que tirante con el agrónomo Octavio Romero Oropeza, no deja espacio para dudas: algo huele mal en Pemex.

Dentro de la empresa, las apuestas están a la orden del día. La reciente victoria de Sheinbaum ha desatado las especulaciones sobre quién ocupará la dirección de Pemex. Los nombres que se manejan son de peso: Luz Elena González, Raquel Buenrostro, Lázaro Cárdenas Batel y Gerardo Esquivel. Este último es el favorito de los que desean un rescate real de la petrolera, pero también el menos querido por quienes prefieren seguir desangrándola para su beneficio personal.

Pero la atención no solo está en el cambio de dirección. La constructora ICA ha lanzado un reclamo monumental: mil millones de dólares por desacuerdos en la obra de la planta coquizadora de Salina Cruz. Pemex, en un principio, se negó rotundamente a pagar, alegando que las demandas están sustentadas en conceptos fantasmas, como la fluctuación del tipo de cambio. Sin embargo, el rechazo inicial ha sido seguido por un inesperado regaño desde Palacio Nacional. Extrañamente, el presidente López Obrador parece ser el más interesado en que se pague la suma antes de que deje el cargo, y la decisión recaiga en su sucesora.

Las sombras del poder y la corrupción no dejan de acechar a Pemex. El nombre de Javier Emiliano González del Villar resuena en los pasillos como el nuevo “rey del huachicol”, una figura tan temida como su predecesor, el general Trawitz. González del Villar, ahora director de Logística, se pasea en al menos tres Suburban blindadas, justificando una amenaza del crimen organizado que pocos creen. La cifra no miente: un aumento del 117 por ciento en el robo de combustibles durante este sexenio. Su cercanía con Juan Pablo Martínez Iglesias y Stephano Fonseca Andrade, ambos señalados por corrupción, completa el oscuro cuadro.

No menos importante es el caso de Alberto Velázquez, quien, según se dice, sobrevivió políticamente gracias a la creación de un puesto a medida por parte de Romero Oropeza, tras ser casi borrado del mapa por Ramírez de la O. Velázquez, ahora en la dirección de comercialización, maneja las ventas de todos los productos de Pemex, un poder que, como se sabe, implica mucho más de lo que se ve a simple vista.

Claudia Sheinbaum y Rogelio Ramírez de la O tienen razones de sobra para estar preocupados. El diagnóstico es claro: Pemex es un barco que hace aguas por todos lados. La revisión que se avecina promete ser minuciosa, y no es para menos. El futuro de la empresa, y quizás del país, depende de ello.

Este lunes también, Claudia Sheinbaum y López Obrador tendrán su primera reunión donde Claudia ya no será subordinada, sino la mujer que tomará el lugar de su mentor político, ante quien la Sheinbaum, tiene tres caminos posibles a tomar: La primera ruta, la más fiel al legado de su mentor, es la de la continuidad total con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador. La segunda, un ajuste estratégico de las reformas obradoristas para ganar legitimidad institucional. Y la tercera, una ruptura con el obradorismo para forjar un liderazgo propio.

Cada uno de estos caminos tiene sus propias trampas y recompensas. La decisión que tome Claudia Sheinbaum no solo definirá su presidencia, sino también el rumbo de una nación en búsqueda de certidumbre y progreso. La política mexicana, siempre enredada en su propio drama, se encuentra una vez más en un punto de inflexión, y todos los ojos están puestos en la mujer que tiene en sus manos la posibilidad de moldear el futuro del país.

En X @DEPACHECOS

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