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La clase política vs el pueblo de México

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Opinión, por Iván Arrazola //

Si había dudas de cuál es el verdadero compromiso de la clase política con la justicia, a partir de la carta enviada por los 32 gobernadores de México en la que piden a la Suprema Corte que no toque la prisión preventiva oficiosa, queda claro cuál es la visión de justicia del conjunto de la clase política en el país, prefieren mantener una figura que afecta sobre todo a los que no tienen recursos económicos para enfrentarse a un sistema de justicia engorroso y oneroso que hacer un cambio profundo en el sistema de justicia de nuestro país.

Ya la Corte Interamericana ha señalado que mantener esta figura dentro de la legislación mexicana es ilegal, atenta contra los derechos humanos, esto lo determinó la Corte a partir del análisis de los casos de Daniel García y Reyes Alpízar, dos hombres que estuvieron en la cárcel durante 17 años y medio sin recibir sentencia, a partir del fallo de la Corte pidió que México eliminara de su legislación la prisión preventiva oficiosa que se aplica de forma automática.

Los gobernadores señalan en su misiva que la principal razón para hacer esta petición a la Corte es porque generaría un grave impacto en la seguridad pública de las y los mexicanos, de las víctimas y testigos, así como la culminación de procesos penales seguidos en contra de sujetos que han cometido delitos de alto impacto, sin embargo, los gobernadores confunden los conceptos de seguridad y justicia, el que el país tenga más seguridad no depende de que haya más gente en la cárcel, depende de tener cuerpos de seguridad eficaces, sistemas de inteligencia, políticas integrales que puedan cubrir la seguridad de un país tan vasto y complejo como lo es México.

Pero para la clase política lo mejor es recurrir al camino fácil, es más sencillo mantener a una persona en la cárcel y después “averiguar” si es o no culpable, es más sencillo mantener cárceles sobrepobladas en las que prolifera la corrupción, que trabajar en estrategias coordinadas, mejorar las instancias de procuración de justicia, descongestionar un sistema en el que los ministerios públicos investigan poco y lo hacen mal debido a la saturación de trabajo.

En el caso de los gobernadores de Morena no sorprende el apoyo a la prisión preventiva oficiosa, al final es la postura que ha asumido López Obrador quien se ha pronunciado a favor de la prisión preventiva, aunque el presidente se dice progresista su pensamiento es profundamente conservador, finalmente los gobernadores morenistas deben obedecer a su jefe político que es el presidente. En el caso de los gobernadores de oposición sorprende su postura, ya que deberían diferenciarse de una fuerza política que siente un profundo desprecio por los derechos humanos, pero al sumarse queda claro que todas las fuerzas políticas son iguales y que poco les preocupa el tema de la justicia en el país.

Señalan los gobernadores que eliminar la figura colapsaría los tribunales federales porque se verían obligados a analizar todas y cada una de las solicitudes de modificación a la medida cautelar de prisión preventiva oficiosa, lo que sin duda revela que lo que le preocupa a la clase política es el colapso de un sistema de justicia que en realidad atenta contra la población, mantiene a muchas personas en prisión, a las que no se les ha podido demostrar ni su inocencia ni su culpabilidad, son aproximadamente 68 mil personas las que se encuentran presas bajo esta figura, es mas sencillo mantener la prisión preventiva que trabajar en rediseñar el sistema de justicia en México.

Es claro que en esta época de elecciones las fuerzas políticas salen a pedir el voto a la ciudadanía, por lo que deberían de rendir cuentas y explicar las acciones que han emprendido en materia de seguridad, las más de 180 mil muertes durante el sexenio no son solo culpa de López Obrador, todos los gobernadores tienen responsabilidad sobre lo que ocurre en sus respetivos territorios, sin embargo, lo que más sorprende es que ante el clima de inseguridad que priva en el país quieren que todo permanezca igual, son incapaces de plantear otras alternativas, prefieren mantener una figura jurídica que lo mismo puede servir para combatir criminales que para vengarse de enemigos políticos.

La carta enviada por los 32 gobernadores refleja de manera clara el divorcio entre la clase política con independencia del color que sea y la ciudadanía, esta época de campañas políticas ha servido para mostrar la superficialidad, las ocurrencias, las propuestas huecas de candidaturas que no van a resolver los problemas del país, pero que una vez que lleguen al poder se dedicarán a dar excusas y a culpar al pasado, al neoliberalismo o la descomposición social de los problemas de seguridad en el país, o al propio pueblo de sus ineptitudes, tal vez es momento de que el pueblo firme una carta para que la prisión preventiva si aplique pero únicamente a la clase política por hacer mal su trabajo.

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Primera semana de Claudia Sheinbaum, primer roce: Los caminos, continuidad, ajuste o rompimiento

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco //

En una jornada política que ya empieza a mostrar las fisuras internas, Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, enfrentó en su primera semana una prueba crucial en su relación con el presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador.

El 3 de junio marcó el inicio de una turbulenta semana para la economía mexicana, con el peso desplomándose un 8% desde las elecciones, una caída no vista en cuatro años.

La causa de este sacudón financiero fue la avasalladora victoria del partido del Gobierno, Morena, que ahora tiene el poder suficiente en las Cámaras legislativas para aprobar las reformas políticas planteadas por López Obrador antes de que termine su mandato el 30 de septiembre. En su característico estilo, el presidente insistió en la urgencia de sus iniciativas constitucionales, enfatizando que «la justicia está por encima de los mercados», un comentario que solo avivó las llamas del nerviosismo económico.

Por otro lado, la doctora Sheinbaum y su equipo buscaban calmar a los mercados con un enfoque de «parlamento abierto» para discutir las reformas, tratando de proyectar una imagen de estabilidad y moderación. Sin embargo, este esfuerzo se vio saboteado por la insistencia del presidente en aprobar sus reformas de inmediato, exacerbando la caída del peso y el nerviosismo de los mercados financieros.

El punto álgido de esta semana de desencuentros se dio cuando el diputado morenista Ignacio Mier, en una declaración irresponsable, amenazó con que la nueva Legislatura del Congreso de la Unión aprobaría en septiembre las 18 reformas constitucionales rechazadas anteriormente, usando la mayoría de Morena. Este anuncio, junto con las declaraciones del presidente, que desestimaban la importancia de la estabilidad económica en favor de sus reformas judiciales, sumieron al peso en una espiral descendente, alcanzando los 18.33 por dólar.

El presidente López Obrador no solo contradijo públicamente a su sucesora, sino que además lanzó advertencias a las clases medias y a quienes calificó como «promotores del nerviosismo», insinuando posibles investigaciones de corrupción para aquellos que agiten los mercados financieros. Estas declaraciones incendiarias fueron vistas como un intento de intimidación, agravando aún más la incertidumbre económica.

Mientras la doctora Sheinbaum intentaba desesperadamente enviar señales de calma y continuidad institucional, el presidente saliente insistía en sus posturas confrontacionales, amenazando con un clima de inestabilidad que podría complicar la transición de poderes. Esta dinámica de tensión y desencuentros presagia una relación complicada entre el presidente saliente y la presidenta entrante, con la posibilidad de que estas fricciones se intensifiquen en los próximos meses.

Así pues, la primera semana posterior a las elecciones ha revelado no solo las diferencias estratégicas entre López Obrador y Sheinbaum, sino también el potencial para que estas diferencias se conviertan en un obstáculo significativo para la estabilidad económica y política del país. La transición de poder, que podría haber sido una oportunidad para consolidar un frente unificado de cara al futuro, corre el riesgo de convertirse en un escenario de confrontación y ruptura, algo que la historia del presidencialismo mexicano ha visto con frecuencia en el pasado.

LO QUE VIENE ESTA SEMANA

Este lunes, en las oficinas de Pemex, el ambiente será tenso. Todos saben que algo se cocina desde la Secretaría de Hacienda. Un equipo de esa dependencia se ha anunciado para hacer una revisión exhaustiva de la situación financiera de la petrolera, esa misma que ha sido el talón de Aquiles de los últimos gobiernos y que ahora preocupa profundamente a la próxima presidenta, Claudia Sheinbaum, y al todavía secretario Rogelio Ramírez de la O. Este último, desconfiado por naturaleza y con una relación más que tirante con el agrónomo Octavio Romero Oropeza, no deja espacio para dudas: algo huele mal en Pemex.

Dentro de la empresa, las apuestas están a la orden del día. La reciente victoria de Sheinbaum ha desatado las especulaciones sobre quién ocupará la dirección de Pemex. Los nombres que se manejan son de peso: Luz Elena González, Raquel Buenrostro, Lázaro Cárdenas Batel y Gerardo Esquivel. Este último es el favorito de los que desean un rescate real de la petrolera, pero también el menos querido por quienes prefieren seguir desangrándola para su beneficio personal.

Pero la atención no solo está en el cambio de dirección. La constructora ICA ha lanzado un reclamo monumental: mil millones de dólares por desacuerdos en la obra de la planta coquizadora de Salina Cruz. Pemex, en un principio, se negó rotundamente a pagar, alegando que las demandas están sustentadas en conceptos fantasmas, como la fluctuación del tipo de cambio. Sin embargo, el rechazo inicial ha sido seguido por un inesperado regaño desde Palacio Nacional. Extrañamente, el presidente López Obrador parece ser el más interesado en que se pague la suma antes de que deje el cargo, y la decisión recaiga en su sucesora.

Las sombras del poder y la corrupción no dejan de acechar a Pemex. El nombre de Javier Emiliano González del Villar resuena en los pasillos como el nuevo “rey del huachicol”, una figura tan temida como su predecesor, el general Trawitz. González del Villar, ahora director de Logística, se pasea en al menos tres Suburban blindadas, justificando una amenaza del crimen organizado que pocos creen. La cifra no miente: un aumento del 117 por ciento en el robo de combustibles durante este sexenio. Su cercanía con Juan Pablo Martínez Iglesias y Stephano Fonseca Andrade, ambos señalados por corrupción, completa el oscuro cuadro.

No menos importante es el caso de Alberto Velázquez, quien, según se dice, sobrevivió políticamente gracias a la creación de un puesto a medida por parte de Romero Oropeza, tras ser casi borrado del mapa por Ramírez de la O. Velázquez, ahora en la dirección de comercialización, maneja las ventas de todos los productos de Pemex, un poder que, como se sabe, implica mucho más de lo que se ve a simple vista.

Claudia Sheinbaum y Rogelio Ramírez de la O tienen razones de sobra para estar preocupados. El diagnóstico es claro: Pemex es un barco que hace aguas por todos lados. La revisión que se avecina promete ser minuciosa, y no es para menos. El futuro de la empresa, y quizás del país, depende de ello.

Este lunes también, Claudia Sheinbaum y López Obrador tendrán su primera reunión donde Claudia ya no será subordinada, sino la mujer que tomará el lugar de su mentor político, ante quien la Sheinbaum, tiene tres caminos posibles a tomar: La primera ruta, la más fiel al legado de su mentor, es la de la continuidad total con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador. La segunda, un ajuste estratégico de las reformas obradoristas para ganar legitimidad institucional. Y la tercera, una ruptura con el obradorismo para forjar un liderazgo propio.

Cada uno de estos caminos tiene sus propias trampas y recompensas. La decisión que tome Claudia Sheinbaum no solo definirá su presidencia, sino también el rumbo de una nación en búsqueda de certidumbre y progreso. La política mexicana, siempre enredada en su propio drama, se encuentra una vez más en un punto de inflexión, y todos los ojos están puestos en la mujer que tiene en sus manos la posibilidad de moldear el futuro del país.

En X @DEPACHECOS

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