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NACIONALES

Más allá de la trinchera: Construyendo puentes en una era de polarización política

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A título personal, por Armando Morquecho Camacho //

La polarización política es como una grieta que atraviesa el paisaje de la sociedad, dividiendo a las personas en campos opuestos y dejando poco espacio para el entendimiento mutuo, y en nuestro país no es ajeno a estas problemáticas ya que esta división se ha manifestado de maneras diversas a lo largo del tiempo.

Un ejemplo destacado es la Guerra de Reforma en el siglo XIX, un conflicto que enfrentó a liberales y conservadores en una lucha encarnizada por el futuro del país. En aquella época turbulenta, la polarización política no solo desgarró el tejido social, sino que también dejó una huella indeleble en la conciencia nacional.

Hoy, en un mundo marcado por la rápida difusión de información y la creciente influencia de las redes sociales, la polarización política ha adquirido nuevas dimensiones, desafiando la estabilidad de las democracias en todo el mundo.

La polarización política, en su esencia, refleja una dinámica que va más allá de la mera divergencia de opiniones políticas; es el resultado de la creciente tendencia de las personas a identificarse cada vez más con extremos ideológicos, dejando de lado el espacio para el diálogo y la búsqueda de puntos en común. Esta fragmentación obstaculiza la capacidad de los líderes políticos para alcanzar consensos y avanzar en la implementación de políticas que aborden los desafíos de la sociedad, generando un estancamiento que afecta negativamente a la gobernabilidad y al progreso social.

Por eso no podemos perder de vista que, cuando las personas se aferran firmemente a sus propias ideologías y rechazan cualquier forma de compromiso con aquellos que tienen puntos de vista diferentes, se socava la capacidad de la sociedad para mantener un diálogo abierto y respetuoso. Esto crea barreras que dificultan la construcción de puentes entre diferentes grupos sociales y puede llevar a la fragmentación y la alienación dentro de la comunidad.

En primer lugar, la polarización política afecta la gobernabilidad al hacer que sea difícil alcanzar consensos y avanzar en la agenda legislativa. En un clima político polarizado, los partidos y políticos tienden a privilegiar la confrontación sobre la cooperación, lo que lleva a un estancamiento en el proceso de toma de decisiones y a una falta de acción en la implementación de políticas públicas. Esta parálisis política puede tener consecuencias graves, desde la incapacidad para abordar problemas urgentes hasta el deterioro de la confianza en las instituciones democráticas.

Además, la polarización política también tiene un impacto negativo en el diálogo público al fomentar la división y el partidismo. En lugar de promover un intercambio de ideas constructivo y respetuoso, la polarización alimenta un clima de confrontación y hostilidad en el que las personas tienden a rodearse de aquellos que comparten sus puntos de vista y a rechazar a aquellos que no lo hacen. Esto lleva a la creación de burbujas de filtro en las redes sociales y en los medios de comunicación, donde las personas solo son expuestas a información que refuerza sus propias creencias, lo que dificulta aún más la posibilidad de encontrar puntos en común y alcanzar acuerdos.

Otro aspecto importante para considerar es el impacto de la polarización en la cohesión social. Cuando las personas se identifican fuertemente con una ideología política y ven a aquellos que discrepan como enemigos, se debilita el tejido social que sostiene a la sociedad. Esto puede dar lugar a la polarización en otros aspectos de la vida social, como la religión, la raza o la clase, exacerbando aún más las divisiones y aumentando el riesgo de conflictos civiles.

Entonces, ¿cómo podemos abordar este desafío y construir puentes en una era de polarización política? La respuesta no es sencilla, pero requiere un esfuerzo concertado por parte de todos los actores sociales y políticos. En primer lugar, es necesario fomentar un mayor entendimiento y empatía entre aquellos que tienen opiniones políticas divergentes. Esto implica escuchar activamente las perspectivas de los demás, incluso si no estamos de acuerdo con ellas, y buscar puntos en común en lugar de centrarse en nuestras diferencias.

En ese orden de ideas, es crucial promover el compromiso cívico y la participación ciudadana. Cuando las personas se involucran activamente en el proceso político, tienen más probabilidades de adoptar un enfoque más informado y reflexivo hacia las cuestiones políticas, en lugar de simplemente aceptar las narrativas polarizadas que se les presentan. Esto puede incluir participar en debates públicos, votar en elecciones y apoyar a organizaciones que promueven el diálogo y el consenso.

De esta manera, cuando los ciudadanos se comprometen activamente en la vida política y comunitaria, tienen la oportunidad de influir en el rumbo de su sociedad y defender los valores de la democracia. Esto puede incluir la participación en elecciones, el activismo en causas sociales y políticas, y el servicio comunitario, entre otras formas de participación ciudadana. Al involucrarse de manera constructiva en el proceso político, los ciudadanos pueden contribuir a la construcción de una sociedad más justa y equitativa para todos.

No obstante lo anterior, es importante que los líderes políticos den el ejemplo y trabajen para reducir la polarización en lugar de alimentarla. Esto significa adoptar un tono más moderado y constructivo en el discurso público, buscar áreas de acuerdo con la oposición y comprometerse genuinamente en la búsqueda de soluciones a los problemas que enfrenta la sociedad.

La polarización política es un fenómeno complejo y arraigado que no se resolverá de la noche a la mañana. Requiere un esfuerzo continuo y concertado por parte de todos los miembros de la sociedad para superar nuestras diferencias y construir un futuro más unido y equitativo.

Al seguir fomentando el diálogo, la empatía y el compromiso cívico, podemos comenzar a construir los puentes necesarios para superar la polarización política y avanzar hacia un futuro más prometedor para todos. La historia de la Guerra de Reforma en México nos recuerda que, incluso en los momentos más oscuros, siempre existe la posibilidad de encontrar la luz en la unidad y la reconciliación.

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ENTREVISTAS

Emilio González Márquez: «Jalisco es antisistema y Xóchitl aquí ganará

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Por Diego Morales Heredia //

El foco de estas elecciones presidenciales no es contrastar propuestas, es hacer un contraste del modelo de país que quieren los mexicanos, así lo precisa Emilio González Márquez, coordinador de la campaña de Xóchitl Gálvez en Jalisco, quien asevera que la oposición ha ido de menos a más, quitando la narrativa que la elección está resuelta e invitando a los ciudadanos a que vayan a votar por el proyecto que más les convenza para el futuro del país.

Consciente de la importancia que tiene un estado como Jalisco en la elección presidencial, como se ha visto en las anteriores contiendas, González Márquez manifestó que se ha ido consolidando la campaña de Xóchitl Gálvez, en donde considera han podido contrastar las diferencias que tiene su candidata con la de Morena, Claudia Sheinbaum.

Entrevistado en los micrófonos del programa de radio “Tela de Juicio”, el ex gobernador de Jalisco resaltó que la importancia de esta elección no solo es contrastar propuestas, sino poner en la agenda pública el modelo de país que propone cada uno de los candidatos.

“La fuerza del gobierno es mucha, los miles de millones de pesos que están en los sueldos de los siervos de la nación que amenazan a la gente con quitarle las becas por supuesto que es una labor titánica».

“Quedó claro para muchos que la candidata del gobierno está basada en un esquema de corrupción, que sus resultados son malos, que hay incompetencia, que la mentira es uno de sus principales argumentos, quedó claro en el debate que el gobierno de Morena tiene muchas deudas con la población, la más grande es la seguridad, hay miedo en todos lados es el tema central de esta elección.”

«No es algo sencillo, sostenemos que esta no es una elección ordinaria, es una elección contra lo peor de lo peor que ha habido en la política en México, donde hay un personaje y un partido que busca un sistema para que todo se le someta».

«En Jalisco, la alternancia que hemos tenido es para bien, si un partido ya te cansó y no te cumple lo quitas, qué pasará cuando eso no sea posible con una competencia democrática. El foco de la elección no es contrastar solo propuestas, sino modelo de país”.

El gran problema de México es la inseguridad, ¿por qué no pensar en un gobierno de coalición?

“Eso es lo que está planteando Xóchitl, un gobierno de todos, sin importar partidos, que trascienda a los partidos, para poder sumar a la gente capaz de toda la sociedad, si no tiene partido hasta mejor. En un momento habrá que ver si hay gente rescatable de Morena si la podemos agregar. Los partidos están mal, no estoy para defender a ningún partido, tiene que haber una nueva generación de políticos para que hagan más de lo que nosotros pudimos hacer, tiene que venir otra gente a que haga más”.

Pero los partidos políticos están impulsando a Xóchitl Gálvez, que son sus negativos por ser impulsada por el PRI, PAN y PRD, ¿cómo quitar esa pesada losa?

“Me da gusto que Sheinbaum ataque a Xóchitl con eso, quiere decir que no tiene argumentos, contra ella está la incompetencia por delante como ha quedado probado, como no hay argumentos contra Xóchitl le dicen que es candidata del PRIAN, bueno, tenía que ser candidata de algún partido, la ley está así, eso no quiere decir que ella adquiera los vicios y las virtudes de gente buena y mala que ha pasado por esos partidos, Xóchitl trasciende los partidos, es la candidata de los ciudadanos que le decimos no a Morena, queremos vivir en un México sin miedo, poder salir a la calle, digan lo que digan, cuando gobernaba el PAN y el PRI los narcos no estaban tan fuertes como están ahorita”.

¿Cómo quitarle el poder a la delincuencia organizada? En gobiernos anteriores, como el de Felipe Calderón, el encargado de seguridad ahora está en la cárcel…

“Hay gente buena y mala en todos lados, no se desacredita el gobierno de Felipe Calderón por este personaje. Lo que nos queda claro es que si gana Sheinbaum no nos sorprendamos que la delincuencia organizada se fortalezca, dicen que le pondrán el segundo piso a la Cuarta Transformación, van a seguir haciendo lo mismo, fortalecer la delincuencia con el miedo de la gente, con el patrimonio de la gente.

«No hay varita mágica y una persona que lo puede todo, nos implica a todos, pero primero tiene que haber un reconocimiento del problema, un deseo de cambiarlo y un líder, me parece que ese líder que reconoce el problema y tiene la inteligencia para dirigir a los mexicanos es Xóchitl, Claudia Sheinbaum continuará con lo mismo, con las giras que hace el presidente a abrazar a los malos”.

XÓCHITL GANARÁ JALISCO”

¿Cómo ves el escenario de Jalisco para Xóchitl? Hace 6 años, López Obrador ganó con un millón 450 mil votos…

“No tengo una encuesta diferente a las que se han publicado, lo que puedo decir es que cada vez hay más gente que está consciente que Máynez está ahí para dividir a la oposición, por lo tanto, ni los de Movimiento Ciudadano quieren votar por él, porque solo le hace el juego a Morena. Entonces, me parece que Xóchitl, con este voto que no es de Morena, será mayoritario y va a ganar Jalisco, eso me entusiasma, porque quien ha ganado Jalisco en la contienda ha ganado la presidencia de la república, Jalisco es el que define”.

¿No debería estar el debate centrado en que haya contrapesos en las cámaras?

“Preocupa el congreso, sí, pero la presidencia de la república preocupa más. Queremos un congreso equilibrado, me parece que con la conformación de las coaliciones se dará de manera natural, hay tres partidos en un lado, tres partidos en el otro, y uno solo que así lo quiso, tendrás diputados y senadores de siete fuerzas, eso estará equilibrado, el asunto está en la presidencia de la república, tenemos que hacer que se dé le cambio”.

¿Movimiento Ciudadano se va a arrepentir de no haberse aliado?

“El efecto Xóchitl puede quitarle votos a Movimiento Ciudadano, aunque también reconozco que en Jalisco estamos muy hechos a votar por distintos partidos. A nivel nacional sí, va a quedar con tres puntos, estará peleando el registro que va a conservar por algunos estados, pero dejará de ser una opción nacional para convertirse en un partido que está al servicio del poderoso, que es el presidente, me parece que desperdician un esfuerzo. Un error es pensar que en Jalisco los votos son de algún partido, los votos son anti sistema, nos gusta mucho cuestionar, decidir al final, en el último mes decide el 20 por ciento de la gente, el día de la elección decide el 10 por ciento”.

Algo sabe Emilio González de cómo ganar una elección…

“Le hemos hecho la lucha; cuando el PRI creyó que Jalisco era de ellos, la gente votó por el PAN, cuando el PAN creía que los votos eran de ellos, votó por el PRI, cuando el PRI creía que eran de ellos, votaron por MC, veremos si Movimiento Ciudadano en su soberbia no cree que la voluntad de la gente es de ellos. En Jalisco somos opositores al sistema, por eso aquí va a ganar Xóchitl si la gente sale a votar”.

Se señala que, en una votación baja, se dividiría la oposición favoreciendo a Morena, ¿qué opinas al respecto?

“Totalmente de acuerdo, por eso hemos insistido que un voto por Máynez es un voto por Morena, si quieren votar por Morena que lo hagan, pero que no se engañen los jóvenes pensando que votando por Máynez van a cambiar a México, es hacerle el juego a Morena. Lo otro está en el ánimo que podamos construir, qué le interesa a Morena, decir que esto ya está resuelto, no es cierto, aún no vamos ni a la mitad de campaña, falta mucho, si generamos un ánimo para que la gente salga a votar, si la gente sale más del 60 por ciento a votar, no hay manera que Morena gane”, puntualizó.

 

 

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JALISCO

La ética en política

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Conciencia con texto, por José Carlos Legaspi Iñiguez //

Si la política es la ciencia social y práctica que tiene como fin principal el bien común de todos los integrantes de la sociedad, ¿por qué entonces este bien común sólo se asoma en palabrería durante los tiempos electorales? ¿Cuándo, cómo, por qué y quién tergiversó este noble propósito?

Según esta ciencia social, el bien común de todos es la razón de ser de la autoridad política y, por lo tanto, debiera ser la tarea principal de todos los gobernantes. Por ello en teoría-por supuesto-el bien común es la razón principal, el principio y fin ético de la política.

Todo lo que beneficie al pueblo será el “bien”; lo “malo” será, entonces, todo lo que perjudique a la sociedad.

El bien general debe ser promovido siempre por todo Estado que se considere democrático. Si no se puede para todos, entonces para la gran mayoría de ciudadanos. Así funciona la democracia, nos guste o no.

La seguridad, de las personas y los bienes; la justicia, las leyes; el derecho; la equidad; el orden; las obras públicas; la libertad; el trabajo; la democracia; la economía; la salud; la educación; la ciencia; la transparencia; la honradez y la honestidad; así como la conciliación de los variados intereses y el respeto a los gobernados, son algunos de los importantes factores del bien común.

Algunos son valores éticos, porque la política sin ética se transforma en impunidad; caos; abuso; iniquidad; desorden; negocios turbios; represión; desempleo; tiranía; pobreza; enfermedades; analfabetismo; dogmatismo y adoctrinamiento; opacidad, corrupción, mentiras y la imposición de la fuerza.

Si el fin principal del Estado es procurar el bien común mediante el equilibrio de las fuerzas sociales, una conducta ética a toda prueba y la aplicación y la estricta vigilancia de los valores humanos son, sin duda la brújula que guíe para encontrar, luego aprobar y apoyar a quien o quienes pretenden ser nuestros gobernantes.

Los discursos de campaña, generalmente tediosos, repetitivos, cansones y falsos, nos darán la pauta para conocer, a priori, cómo anda de ética cada uno de los aspirantes a los puestos públicos.

Las proposiciones fantasiosas, las mentiras, las diatribas, los insultos, las denostaciones y acusaciones falsas, nos darán una idea de qué clase de político es quien las utiliza como medio para llamar la atención. La falta de escrúpulos para dañar, injuriar y levantar falsos para calumniar y ver “qué queda” es la prueba fehaciente de la falta de ética de esa persona.

Hay señales de que sólo se busca un “hueso” en el gobierno, importando un carajo el bien común, cuando las “propuestas” de campaña se han utilizado sin recato año tras año; cuando se “glorifica” lo hecho por los “compaleros de partido” en el poder; cuando la política quiere obligar a “la gente” a percibir la realidad oficialista; cuando los candidatos tienen sus discursos huecos, vacíos de Bienestar Común. Cuando se utiliza a los electores para obtener el puesto público y luego, instalado en el poder desdeña a quienes lo han puesto ahí.

Las campañas no sólo son un requisito legal. Son la radiografía de quienes mendigan el voto con una humildad que ruborizaría al mismo San Francisco.

¿Cómo detectar a los faltos de ética? No es tan difícil como nos lo han hecho creer los mismos que usufructúan los diferentes gobiernos. Si estamos atentos a palabras, discursos y debates tendremos una parte de la información que necesitamos para observar si miente, si nos quiere ver la cara, si obedece a consignas alejadas del bien común.

El historial como funcionarios sí lo han sido; su “ridículium vitae” sin falsificaciones; su carta de no antecedentes penales (ahora, creo, vetada por los derechos humanos) sus declaraciones patrimoniales y de impuestos, verídicas, comprobables, transparentes y del dominio público, ciertamente son indicios de honestidad y honradez, de ética personal.

Por ello, aunque la sal y pimienta de las campañas electorales son hoy día las confrontaciones agrias; “memes”, tik toks y videos -con inteligencia artificial descalificadores del adversario-, se han tornado en un concurso de insultos, de sacar trapos sucios al sol y de calumnias, lo que no abona a la seriedad de los debates.

Lo que nos debiera alertar cómo será esa persona si llega al poder es: su discurso, sus palabras, su transparencia personal sus y compromisos firmados ante notario (a eso hemos llegado). Su trato hacia los congéneres. Sería muy bueno también un dictamen oficial sobre uso de drogas; uno sobre estudios realizados y otro de polígrafo, para determinar si es o no digno de confianza.

La ética en política, por cierto, es una herramienta para dictaminar a los aspirantes a cargos públicos. Conocer la información oficial, especialmente la que ocultan los políticos, nos dará el panorama que necesitamos para elegir a quienes nos representarán o gobernarán tres o seis años.

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NACIONALES

Campañas y organización territorial: Una batalla por votos

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A título personal, por Armando Morquecho Camacho //

En la vasta historia de las guerras y batallas, tanto épicas como estratégicas, encontramos lecciones que trascienden los campos de batalla y se aplican a diversas áreas de la vida. En el complejo mundo de la política, especialmente en el contexto de un proceso electoral, las similitudes con las tácticas militares son evidentes.

De esta manera, resulta fundamental hablar de un personaje histórico de la talla de Napoleón Bonaparte que durante muchos años lideró sus tropas hacia la victoria en las Guerras Napoleónicas.

Y es que al igual que Napoleón durante estas guerras, los partidos políticos y sus candidatos enfrentan una ardua batalla territorial en busca de votos en la que la organización territorial se convierte en un campo de batalla donde se libra una contienda por la mente y el corazón del electorado mexicano.

Al igual que Napoleón, los líderes políticos de hoy comprenden la importancia de la estrategia territorial. La capacidad de movilizar recursos, organizar tropas y mantener líneas de comunicación eficientes fue crucial para el éxito de Napoleón en el campo de batalla.

De manera similar, en el escenario político, la organización territorial se convierte en la columna vertebral de cualquier campaña electoral y que va desde los municipios más remotos, hasta las ciudades más grandes ya que cada territorio es una pieza crucial en el rompecabezas electoral.

En las batallas de Marengo o Hohenlinden, Napoleón demostró una habilidad magistral para desplegar sus fuerzas de manera estratégica, aprovechando el terreno y coordinando movimientos precisos. Del mismo modo, en las elecciones, los partidos políticos deben desplegar sus recursos de manera estratégica, identificando los puntos clave donde pueden maximizar su influencia y movilizar su base de apoyo. Esto implica no solo la presencia física en términos de mítines y eventos de campaña, sino también una presencia digital efectiva en las redes sociales y otros medios de comunicación.

La organización territorial va más allá de la mera logística para movilizar votantes el día de las elecciones. Es el vehículo mediante el cual los partidos políticos y sus candidatos pueden llevar sus mensajes a cada rincón del país. Al igual que Napoleón necesitaba comunicar claramente su estrategia a sus generales y soldados para garantizar la cohesión y eficacia de sus fuerzas, los líderes políticos deben transmitir sus ideas y propuestas de manera clara y convincente a los ciudadanos.

Esta comunicación efectiva no se trata solo de transmitir información, sino de construir una conexión emocional con el electorado. Los líderes políticos deben ser capaces de inspirar confianza y generar empatía entre los votantes, mostrando no solo su competencia y liderazgo, sino también su compromiso genuino con el bienestar y los intereses de la población.

En un país tan diverso y vasto como México, esto implica adaptar el mensaje a las necesidades y preocupaciones específicas de cada región y comunidad, demostrando un conocimiento profundo de su realidad y un compromiso auténtico con su desarrollo.

Además, la comunicación efectiva es esencial para persuadir a los ciudadanos de la validez de la visión política de cada candidato. En un escenario político cada vez más polarizado y competitivo, los líderes deben ser capaces de destacar sus diferencias y presentar sus propuestas como la mejor opción para el futuro del país. Esto requiere no solo habilidades retóricas y persuasivas, sino también una narrativa coherente y convincente que articule de manera clara y concisa los valores y principios que guían su acción política.

En ese orden de ideas, la organización territorial refleja la disciplina y la preparación de cada partido político. Al igual que un ejército bien entrenado y disciplinado es crucial para la victoria en el campo de batalla, un partido político bien organizado y disciplinado es fundamental para el éxito en las elecciones. La capacidad de movilizar voluntarios, coordinar eventos de campaña y administrar recursos financieros de manera eficiente son aspectos clave de una organización territorial sólida.

Pero más allá de la disciplina y la preparación, la organización territorial también refleja la consolidación de un proyecto político serio. Así como Napoleón construyó un imperio a partir de las trincheras de la Revolución Francesa, los partidos políticos construyen su base de apoyo desde el nivel local, por ello la capacidad de establecer una presencia sólida en cada municipio y estado es crucial para la legitimidad y la viabilidad de cualquier proyecto político, ya que de esta manera, la presencia territorial no solo implica la colocación estratégica de carteles de campaña y la realización de mítines, sino que también requiere un compromiso profundo con las necesidades y aspiraciones de cada comunidad.

En consecuencia, de ello, la organización territorial permite a los partidos políticos identificar y cultivar nuevos liderazgos a nivel local. Es así que al igual que Napoleón reclutaba y promovía a talentosos generales y oficiales que demostraban habilidad y lealtad en el campo de batalla, los partidos políticos buscan identificar y respaldar a candidatos locales que puedan representar de manera efectiva sus intereses y valores. Estos líderes locales no solo actúan como portavoces de sus partidos en sus comunidades, sino que también desempeñan un papel crucial en la movilización y organización de la base electoral durante las elecciones.

En última instancia, la batalla por los votos en México se libra en los territorios donde los partidos políticos y sus candidatos compiten por la lealtad y el apoyo de los ciudadanos. La organización territorial se convierte en el campo de batalla donde se define el destino de una nación.

Al igual que Napoleón guió a sus tropas hacia la victoria en las Guerras Napoleónicas, los líderes políticos de hoy deben liderar sus partidos hacia el éxito electoral, aprovechando al máximo sus recursos y desplegando estrategias efectivas en cada rincón del país. En esta batalla por los votos, la organización territorial emerge como un factor determinante que puede inclinar la balanza a favor de aquellos que están mejor preparados y disciplinados para enfrentar los desafíos del proceso electoral.

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