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¿Qué le diremos a las nuevas generaciones?

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De Frente al Poder, por Óscar Ábrego //

Mucho se escribirá sobre el desfile del ardor que tuvo como propósito saciar el voraz narcisismo del presidente.

Pero al final nada cambiará para bien; por el contrario, después de la tremenda demostración de la capacidad de acarreo, las críticas de los periodistas o provenientes de la oposición, serán vitamina pura que nutrirá el delirio de un mandatario que nos jala hacia el pasado e impide el acceso a una vida de prosperidad a una buena parte de los mexicanos.

Luego de lo que llamó “la marcha del pueblo” (montaje multitudinario financiado principalmente con dinero público y de la delincuencia organizada) con el pretexto de festejar el cuarto año de la cuatro t (así, con minúscula), la compleja personalidad de Andrés Manuel recobrará fuerza y con ello el daño a la población escalará a niveles impredecibles.

En mi entrega anterior sostuve que la Casa Gris de Houston, la publicación El Rey del Cash, el hackeo de los Guacamaya Leacks y la marcha ciudadana en defensa del INE, echaron más leña a la lumbre que lo consume por dentro.

¿La consecuencia de ello? Pues que López Obrador continuará sin importarle si el país está en llamas o bañado en sangre. Lo suyo es verlo incendiado, pues “hay personas que sólo quieren ver arder el mundo”, como le dijo Alfred a Bruce Wayne en el filme The Batman, el caballero de la noche.

Lo he admitido, yo me declaré lopezobradorista y voté por él en tres ocasiones. Hoy lamento profundamente la defensa pública que hice sobre sus postulados. Mirar la estela de destrucción institucional que deja a su paso y escuchar el modo en que usa el poder, desacreditando e insultando a quien no concuerda con su paranoia, es demasiado frustrante. Peor aún, observar la defensa insulsa de sus aplaudidores oficiosos me provoca una especie de náusea mental. Es, probablemente, el extremo de la decepción.

Tras la escena de ayer, vale la pena rescatar algunas de las asignaturas que deberán atenderse en la agenda una vez que abandone Palacio, si es que lo hace, en menos de dos años:

Arrebatar a los altos mandos del ejército los grandes negocios que les fueron otorgados, así como la administración de obras y empresas que jamás debieron tener bajo su control; devolver a México la esperanza de reencontrar algo de paz en medio de la tragedia de los feminicidios, desapariciones forzadas y homicidios dolosos; procurar la conciliación mediante el respeto a quien piense u opine distinto a los que ostentan el poder público; renunciar a las consideraciones amorosas que se le guarda a la delincuencia organizada; brindar seguridad a las miles de comunidades que fueron abandonadas a su suerte durante el obradorato; reconquistar la dignidad y el respeto de las fuerzas armadas; armonizar los vínculos con nuestros socios y vecinos del norte; combatir -en serio- la corrupción e impunidad institucionalizada en estos cuatro años; impulsar la ciencia y tecnología como columnas centrales del progreso; otorgar amplios presupuestos a la educación y salud, ya que son los ejes básicos del bienestar común; apoyar a las madres trabajadoras con el retorno de estancias infantiles; implementar medidas de contención contra la carestía y el desplome de la economía; suministrar de forma gratuita medicamentos para niños y la población de bajos ingresos; y ante todo, imponer una narrativa de mesura y responsabilidad que impone la investidura presidencial.

Insisto, somos millones los que a la luz de su insultante incongruencia, nos sentimos avergonzados por haberlo sentado en la silla grande. Y es que él la hizo pequeñita.

Lograr la concordia social después de este oscuro periodo de denostación, división y vendettas promovidas desde el epicentro del gobierno, será el mayor desafío de nuestra historia.

Mientras tanto, debemos preguntarnos qué le diremos a las nuevas generaciones cuando nos reclamen que cómo fue que permitimos un desastre nacional de tales dimensiones.

Twitter: @oscarabrego111

Twitter: @DeFrentealPoder

*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, escritor y analista político.

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Primera semana de Claudia Sheinbaum, primer roce: Los caminos, continuidad, ajuste o rompimiento

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Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco //

En una jornada política que ya empieza a mostrar las fisuras internas, Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, enfrentó en su primera semana una prueba crucial en su relación con el presidente saliente, Andrés Manuel López Obrador.

El 3 de junio marcó el inicio de una turbulenta semana para la economía mexicana, con el peso desplomándose un 8% desde las elecciones, una caída no vista en cuatro años.

La causa de este sacudón financiero fue la avasalladora victoria del partido del Gobierno, Morena, que ahora tiene el poder suficiente en las Cámaras legislativas para aprobar las reformas políticas planteadas por López Obrador antes de que termine su mandato el 30 de septiembre. En su característico estilo, el presidente insistió en la urgencia de sus iniciativas constitucionales, enfatizando que «la justicia está por encima de los mercados», un comentario que solo avivó las llamas del nerviosismo económico.

Por otro lado, la doctora Sheinbaum y su equipo buscaban calmar a los mercados con un enfoque de «parlamento abierto» para discutir las reformas, tratando de proyectar una imagen de estabilidad y moderación. Sin embargo, este esfuerzo se vio saboteado por la insistencia del presidente en aprobar sus reformas de inmediato, exacerbando la caída del peso y el nerviosismo de los mercados financieros.

El punto álgido de esta semana de desencuentros se dio cuando el diputado morenista Ignacio Mier, en una declaración irresponsable, amenazó con que la nueva Legislatura del Congreso de la Unión aprobaría en septiembre las 18 reformas constitucionales rechazadas anteriormente, usando la mayoría de Morena. Este anuncio, junto con las declaraciones del presidente, que desestimaban la importancia de la estabilidad económica en favor de sus reformas judiciales, sumieron al peso en una espiral descendente, alcanzando los 18.33 por dólar.

El presidente López Obrador no solo contradijo públicamente a su sucesora, sino que además lanzó advertencias a las clases medias y a quienes calificó como «promotores del nerviosismo», insinuando posibles investigaciones de corrupción para aquellos que agiten los mercados financieros. Estas declaraciones incendiarias fueron vistas como un intento de intimidación, agravando aún más la incertidumbre económica.

Mientras la doctora Sheinbaum intentaba desesperadamente enviar señales de calma y continuidad institucional, el presidente saliente insistía en sus posturas confrontacionales, amenazando con un clima de inestabilidad que podría complicar la transición de poderes. Esta dinámica de tensión y desencuentros presagia una relación complicada entre el presidente saliente y la presidenta entrante, con la posibilidad de que estas fricciones se intensifiquen en los próximos meses.

Así pues, la primera semana posterior a las elecciones ha revelado no solo las diferencias estratégicas entre López Obrador y Sheinbaum, sino también el potencial para que estas diferencias se conviertan en un obstáculo significativo para la estabilidad económica y política del país. La transición de poder, que podría haber sido una oportunidad para consolidar un frente unificado de cara al futuro, corre el riesgo de convertirse en un escenario de confrontación y ruptura, algo que la historia del presidencialismo mexicano ha visto con frecuencia en el pasado.

LO QUE VIENE ESTA SEMANA

Este lunes, en las oficinas de Pemex, el ambiente será tenso. Todos saben que algo se cocina desde la Secretaría de Hacienda. Un equipo de esa dependencia se ha anunciado para hacer una revisión exhaustiva de la situación financiera de la petrolera, esa misma que ha sido el talón de Aquiles de los últimos gobiernos y que ahora preocupa profundamente a la próxima presidenta, Claudia Sheinbaum, y al todavía secretario Rogelio Ramírez de la O. Este último, desconfiado por naturaleza y con una relación más que tirante con el agrónomo Octavio Romero Oropeza, no deja espacio para dudas: algo huele mal en Pemex.

Dentro de la empresa, las apuestas están a la orden del día. La reciente victoria de Sheinbaum ha desatado las especulaciones sobre quién ocupará la dirección de Pemex. Los nombres que se manejan son de peso: Luz Elena González, Raquel Buenrostro, Lázaro Cárdenas Batel y Gerardo Esquivel. Este último es el favorito de los que desean un rescate real de la petrolera, pero también el menos querido por quienes prefieren seguir desangrándola para su beneficio personal.

Pero la atención no solo está en el cambio de dirección. La constructora ICA ha lanzado un reclamo monumental: mil millones de dólares por desacuerdos en la obra de la planta coquizadora de Salina Cruz. Pemex, en un principio, se negó rotundamente a pagar, alegando que las demandas están sustentadas en conceptos fantasmas, como la fluctuación del tipo de cambio. Sin embargo, el rechazo inicial ha sido seguido por un inesperado regaño desde Palacio Nacional. Extrañamente, el presidente López Obrador parece ser el más interesado en que se pague la suma antes de que deje el cargo, y la decisión recaiga en su sucesora.

Las sombras del poder y la corrupción no dejan de acechar a Pemex. El nombre de Javier Emiliano González del Villar resuena en los pasillos como el nuevo “rey del huachicol”, una figura tan temida como su predecesor, el general Trawitz. González del Villar, ahora director de Logística, se pasea en al menos tres Suburban blindadas, justificando una amenaza del crimen organizado que pocos creen. La cifra no miente: un aumento del 117 por ciento en el robo de combustibles durante este sexenio. Su cercanía con Juan Pablo Martínez Iglesias y Stephano Fonseca Andrade, ambos señalados por corrupción, completa el oscuro cuadro.

No menos importante es el caso de Alberto Velázquez, quien, según se dice, sobrevivió políticamente gracias a la creación de un puesto a medida por parte de Romero Oropeza, tras ser casi borrado del mapa por Ramírez de la O. Velázquez, ahora en la dirección de comercialización, maneja las ventas de todos los productos de Pemex, un poder que, como se sabe, implica mucho más de lo que se ve a simple vista.

Claudia Sheinbaum y Rogelio Ramírez de la O tienen razones de sobra para estar preocupados. El diagnóstico es claro: Pemex es un barco que hace aguas por todos lados. La revisión que se avecina promete ser minuciosa, y no es para menos. El futuro de la empresa, y quizás del país, depende de ello.

Este lunes también, Claudia Sheinbaum y López Obrador tendrán su primera reunión donde Claudia ya no será subordinada, sino la mujer que tomará el lugar de su mentor político, ante quien la Sheinbaum, tiene tres caminos posibles a tomar: La primera ruta, la más fiel al legado de su mentor, es la de la continuidad total con el proyecto de Andrés Manuel López Obrador. La segunda, un ajuste estratégico de las reformas obradoristas para ganar legitimidad institucional. Y la tercera, una ruptura con el obradorismo para forjar un liderazgo propio.

Cada uno de estos caminos tiene sus propias trampas y recompensas. La decisión que tome Claudia Sheinbaum no solo definirá su presidencia, sino también el rumbo de una nación en búsqueda de certidumbre y progreso. La política mexicana, siempre enredada en su propio drama, se encuentra una vez más en un punto de inflexión, y todos los ojos están puestos en la mujer que tiene en sus manos la posibilidad de moldear el futuro del país.

En X @DEPACHECOS

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