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Un nuevo “Arco de crisis” en Asia y Medio Oriente: La Iniciativa Franja y Ruta

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Cortesía de MSIa Informa // 

En la medida en que la Iniciativa Franja y Ruta (BRI, por sus siglas en inglés) se consolida como el mayor proyecto de cooperación e integración económica en todo el mundo, en la perspectiva de un nuevo paradigma multipolar y cooperativo en las relaciones internacionales, los centros de poder anglo-americanos recurren a todo su arsenal desestabilizador para sabotear el impulso encabezado por China y Rusia.

En las últimas semanas, el eje de poder Washington-Nueva York-Londres ha aumentado la apuesta al fomento de operaciones de desestabilización orientadas precisamente, hacia áreas clave del eje euroasiático, en un patrón que recuerda la vieja estrategia del “Arco de crisis” de la década de 1970, concebida por el fallecido consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinski, con el objetivo de desestabilizar una vasta área en la zona de poder e influencia de la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS).

El nuevo “arco” pretende obstaculizar o, por lo menos, crear grandes dificultades para China y Rusia, utilizando una gama de acciones que van desde el fomento de protestas populares en sus propios territorios, como en Moscú y Hong Kong, hasta provocadoras maniobras militares en áreas críticas y potencialmente inflamables sin muchas dificultades, por ejemplo, en la Península Coreana o en el Golfo Pérsico.

En Moscú durante los últimos fines de semana, hubo manifestaciones no autorizadas de minúsculos partidos y grupos de oposición en protesta contra la anulación de candidaturas oposicionistas a elecciones municipales, atribuidas por las autoridades electorales a irregularidades burocráticas.

En todas estas, hubo una participación muy activa de organizaciones no gubernamentales (ONG) estadounidenses Atlantic Council y Free Russia Foundation y de la canadiense Ukrainian World Congress, además de la red de televisión alemana Deutsche Welle y de Google en la promoción y cobertura de las manifestaciones.

En respuesta, la oficina del Procurador General se manifestó por medio del jefe de su departamento legal, Artur Zavalunov, para quien las intervenciones se destinaban a “desestabilizar la situación sociopolítica y escalar ambientes de protesta” reportó el servicio noticioso RT del 8 de agosto pasado.

En paralelo, la Comisión para la Protección de la Soberanía del Estado Ruso del Consejo de la Federación (Cámara Alta del Parlamento) se reunió para discutir las medidas para proteger elecciones de cualquier interferencia extranjera.

Después de la reunión, el senador Andrey Klimov, declaro a RT que “Rusia no busca fomentar una confrontación” con Occidente, pero está determinada a “cerrar cualquier vacío para que estas interferencias ocurran”.

Según él, la legislación existente es suficiente para cohibirlas, basta “utilizarla efectivamente”.

Anteriormente, la oficina del Procurador General ya había considerado al Atlantic Council como una “organización indeseable” en el país. Y, después de las últimas manifestaciones, la embajadora alemana en Moscú, Beate Grzeski, fue llamada al Ministerio de Relaciones Exteriores para esclarecer la más militante que periodística actuación de Deutsche Welle.

En Hong Kong, lo que comenzó en junio como protestas contra una mal redactada ley de extradición para China continental, rápidamente retirada, escaló a una serie de grandes manifestaciones generalizadas contra el gobierno de la ciudad, algunos de los manifestantes llegaron al extremo de pedir la independencia de Pequín. Según un editorial del periódico semioficial Global Times del 13 de agosto, se trata de “una típica revolución colorida”. El texto apunta explícitamente hacia una participación externa en las protestas.

Los motines han evolucionado en términos de organización y planeación, durante los cuales, la oposición política y los manifestantes se han integrado y fuerzas occidentales les han ofrecido varias formas de asistencia y apoyo.

Manifestantes radicales hacen protestas, mientras los EUA y Occidente promueven los motines, distorsionando los hechos, confundiendo lo cierto de lo falso, con el objetivo de desorientar a la sociedad de Hong Kong.

INTERVENCIÓN EXTERNA

Para sustentar las acusaciones, las autoridades chinas divulgaron una foto de la diplomática estadounidense Julie Eadeh reunida con líderes de las manifestaciones (Red Voltaire, 11 de agosto de 2019). El periodista de la agencia Xinhua observa, irónicamente. “Sería difícil imaginar la reacción de los EUA si un diplomático chino se hubiera reunido con los manifestantes de Occupy Wall Street, Black Lives Matter o Never Trump”.

Por lo demás, una visita al sitio de la Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy –NED), entidad cuasi gubernamental vinculada a los partidos Demócrata y Republicano, (de cuyas actividades se dice que hacen de forma abierta lo que la CIA hace de forma oculta), revela donaciones de 445 mil dólares en 2018 a tres organizaciones operando en Hong Kong.

-Solidarity Center: 155 mil dólares, para “expandir derechos de los trabajadores y la democracia”.

-National Democratic Institute for International Affairs (NDI): 200 mil dólares, para “facilitar un compromiso ante las crecientes amenazas de Hong Kong hacia los derechos garantizados”.

-Hong Kong Justice Center: 90 mil dólares, para “trabajar con redes de la sociedad civil y líderes políticos, para mejorar la observación de los patrones internacionales de derechos humanos” y “aumentar la percepción de la comunidad internacional sobre los abusos de los derechos humanos en Hong Kong”.

De forma significativa, Rusia y China pretenden coordinar sus acciones contra tales interferencias, como lo informó la portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Maria Zakharova. Según ella, Moscú está tomando en serio las acusaciones chinas de que “agencias de inteligencia de los EUA y otros países occidentales “participan directamente y organizan protestas” en Hong Kong. Por ello, dijo “se planearon consultas con nuestros colegas chinos” (The Moscow Times, 13 de agosto de 2019).

SE EXTIENDE EL ARCO

En el Golfo Pérsico, el canciller de Irán Mohammad Zarif acusó a Estados Unidos e transformar la región en una “caja de cerillos”. Después de varios incidentes con barcos petroleros en el Estrecho de Ormuz, Washington convocó a una fuerza naval internacional para patrullar la ruta marítima.

En entrevista, Zarif afirmó que el paso es “estrecho y se volverá menos seguro, en la medida en que naves extranjeras aumenten su presencia militar ahí. Para él, “la región se volvió una caja de cerillos lista para prenderse, porque los EUA y sus aliados la están encendiendo con armas” (Reuters, 12 de agosto de 2019).

La advertencia fue endosada por su colega iraquí Mohammed al-Hakim: “Los Estados del Golfo pueden garantizar juntos el tránsito de navíos…Una presencia de fuerzas occidentales en la región aumentará las tensiones”.

En la “batalla de los petroleros”, el Reino Unido tomó la delantera con la captura y detención del barco iraní Grace 1, a lo largo de Gibraltar a inicios de julio. Irán respondió dos semanas después, con la detención del británico Stena Impero. Las dos naves siguen detenidas, en Gibraltar y Bandar Abbas, en espera de una solución diplomática al impasse.

En la Península Coreana, los EUA llevan a cabo otra provocativa serie de ejercicios militares con Corea del Sur, irritando sobremanera al gobierno de Corea del Norte, quien respondió con las pruebas de dos misiles balísticos de corto alcance. Aunque las maniobras ya estaban programadas y hayan sido reducidas por determinación del presidente Donald Trump, Pyongyang dejó clara su contrariedad con una dura nota divulgada por la representación norcoreana en las Naciones Unidas.

Curiosamente, Trump manifestó públicamente su desagrado con las maniobras, pero quedó evidenciado que no tiene control suficiente sobre el Pentágono o su política exterior, de modo de alterar la hegemonía de los pirómanos que sueñan en revivir la Guerra Fría y agendas delirantes como el del “nuevo arco de crisis”.

La actual confrontación, la enésima entre los dos países, es cuestionable tributo a la capacidad británica a de crear zonas de tensiones permanentes capaces de llevar en cualquier momento hacia una crisis más seria.

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Las revelaciones del hombre que abrió el Muro de Berlín a 30 años de su caída: “No había otra alternativa”

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(Cortesía de Sputnik Mundo)

Hace exactamente 30 años, los ciudadanos berlineses derribaron un muro de hormigón que había dividido a Alemania en dos zonas durante casi tres décadas. Sputnik conversó con Harald Jaeger, el guardia fronterizo de la República Democrática Alemana (RDA) que abrió primero la frontera entre las dos Alemanias aquella noche histórica.

Una vez que abrió la puerta, la muchedumbre de alemanes del Este se abalanzó hacia la República Federal de Alemania.

Por su parte, los guardias de los demás puntos de control del Muro de Berlín siguieron el ejemplo de Jaeger, algo que dio inicio a la caída del muro.

Jaeger reveló que los empleados de las unidades de control de pasaportes trabajaron para el Ministerio para la Seguridad Nacional de la República Democrática Alemana (Stasi). Sin embargo, usaban el uniforme de la Guardia Fronteriza para no levantar sospechas.

Pese a los acontecimientos de noviembre de 1989, Jaeger creía que la RDA seguiría existiendo. El día posterior a la caída del Muro de Berlín, su compañero de trabajo, Edwin Görlitz, le dijo: “Harald, creo que este es el fin. El fin de la República Democrática Alemana”. “En ese momento, no había otra alternativa”, confesó Jaeger.

Harald Jaeger

Harald Jaeger

CONTRABANDO Y MIGRACIÓN

El interlocutor de Sputnik reveló que al principio apoyó el cierre de la frontera entre las dos Alemanias en agosto de 1961 debido a problemas como la migración circular o el contrabando del Este al Oeste.

No obstante, admitió que el control fronterizo se endurecía cada vez más y que, cuando se enteró de que las autoridades habían instalado ametralladoras y minas antipersonas en la frontera, ni siquiera quería pensar en eso.

“Transferimos la responsabilidad de una persona a un mecanismo”, declaró a Görlitz.

Jaeger subrayó que para los guardias fronterizos que se encontraban en las torres de vigilancia ubicadas a una distancia de 300 metros era casi imposible apuntar a las piernas de los desertores.

Por su parte, las autoridades de la República Democrática Alemana restringían cada vez más la libertad de sus residentes.

“Y nosotros seguíamos hablando de la victoria del socialismo, de la difusión de la democracia”, reveló el exguardia fronterizo, quien admitió que ese fue el momento en el que pensó que “algo tenía que cambiar”.

En la primavera de 1989, los ciudadanos de la RDA que querían abandonar el país ocuparon las embajadas de la República Federal de Alemania en los países del bloque del Este, como Polonia o Hungría. 

En ese momento, Jaeger preguntó a Görlitz quiénes eran esos invasores, a lo que este respondió que, en su mayoría, eran jóvenes. 

“Eran jóvenes en los que confiábamos, y ellos nos abandonaban. Si la juventud abandona el país, el Estado ya no tiene derecho de existir. Deberíamos haber lamentado su partida”, admitió.

EL INICIO DEL FIN

El 9 de noviembre, el funcionario del Partido Socialista Unificado de Alemania Günter Schabowski anunció erróneamente en una rueda de prensa en directo que todas las leyes para cruzar la frontera habían sido derogadas. 

“¿Qué mierda está diciendo?”, se preguntó Jaeger, quien estaba de guardia en ese momento. Luego, llamó a sus jefes del Ministerio para la Seguridad del Estado, aunque no tomaron en serio sus palabras. 

Mientras tanto, cada vez más personas se congregaban frente al punto de control.

Jaeger reveló que el teniente Ziegerhorn, del Ministerio para la Seguridad, afirmó que no podía ayudarle y que hasta había avisado al jefe de seguridad Wolfgang Herger, pero confesó que no les creían.

Sin embargo, más tarde, el jefe le llamó y le ordenó que dividiera a los ciudadanos de la RDA en dos grupos y permitiera cruzar la frontera a quienes “se comportaban de manera provocativa”. Al mismo tiempo, tenía que  poner el sello en sus fotos y, de este modo, anular sus pasaportes. Además, tenía que guardar sus datos para que nunca pudieran volver a Alemania del Este.

Alrededor de 500 personas tuvieron la oportunidad de cruzar el muro, 200 de las cuales ya tenían pasaportes inválidos. 

Jaeger cuenta el caso de una pareja que quiso volver a Berlín del Este. Sin embargo, el hombre tenía su foto sellada y solo su esposa pudo volver a casa.

“Y ese fue el momento en el que entendí lo que habíamos hecho”, confesó Jaeger, quien optó por desobedecer la orden y permitió que ambos volvieran a Berlín Oeste.

Jaeger también aprendió que la decisión de la Stasi contradecía las leyes de la RDA, ya que, desde el punto de vista jurídico, solo un tribunal, y no un policía fronterizo, podía privar de nacionalidad a los residentes del país.

“Técnicamente, violé la ley. No tuve que seguir esa orden, pude negarme a  hacerlo desde el principio”, reveló.

En ese momento decidió solo hacer lo que creía que era correcto. A las 23:30 del 9 de noviembre, Jaeger ordenó a los guardias del punto fronterizo en la calle Bornholmer que levantaran la barrera y suspendieran el control fronterizo. Y este fue el momento en el que abrió el Muro de Berlín.

“NO HUBO ALEGRÍA”

“Todo mi mundo se cayó a pedazos”, reveló Jaeger, quien señaló que, al ver a los residentes de la RDA abandonando el país, pensó que, en realidad, le abandonaban a él.

El expolicía confesó que lo único que quería era llorar y que “no hubo alegría cuando los vio desfilando” al otro lado de la frontera. Luego, se topó con un compañero que estaba llorando por lo ocurrido.

Harald Jaeger admitió que nadie tenía derecho a abrir la frontera —ni siquiera el mismísimo Gorbachov ni el ministro de Defensa, Heinz Kessler—, ya que los países del Pacto de Varsovia estaban obligados a coordinar sus actividades en la frontera.

“Si abren la frontera con la RFA, abren la frontera oeste del Pacto de Varsovia, lo que equivale a una capitulación”, explicó. Jaeger subrayó que nadie pudo dar una orden así y que solo una persona como él pudo abrir la frontera “sin intención”.

El 14 de noviembre, la Fiscalía Militar de la RDA inició una investigación para hacer comparecer ante la Justicia a un “grupo de personas no identificadas” que habían abierto la frontera en la calle Bornholmer. En ese momento, no se sabía oficialmente que era Jaeger el que dio la orden. 

TESTIGO ESPAÑOL DE LA CAÍDA DEL MURO DE BERLÍN

El entonces embajador de España en la República Democrática Alemana, Alonso Álvarez de Toledo, fue testigo del histórico momento. 

El 9 de noviembre de 1989, escribió en su diario —publicado más tarde bajo el título Notas a pie de página: memorias de un hombre con suerte—: “Gracias a una coincidencia increíble, he sido testigo de la apertura del muro, que se convirtió en un acontecimiento histórico hoy a las 9:12. No pudo ser más trivial. Sin bombos ni platillos, sin avisos previos ni anuncios públicos, un empleado desconocido de la policía fronteriza abrió la puerta en la valla y dijo a las personas que esperaban al otro lado que podían pasar”.

Más tarde, reveló en una entrevista con el diario XLSemanal que fue él quien le dio el “primer empujón” al Muro de Berlín.

“Eso, al menos, me confesó el oficial al mando del punto de control de la calle Bornholmer, el primero que se abrió la noche del 9 de noviembre de 1989”, recordó.

“Si me abría la puerta solo a mí, por ser embajador, delante de toda aquella muchedumbre, lo matan. Así que pidió instrucciones y, como ningún superior le respondía, mandó todo a hacer puñetas y dejó cruzar a la gente. Fue el primer paso fronterizo que se abrió”, agregó Toledo.

“EL 9 DE NOVIEMBRE NUNCA PASÓ”

El exguardia fronterizo declaró a Sputnik que después de los acontecimientos de aquel día, no tuvo que dar explicaciones ni redactar informe alguno.

“El 9 de noviembre nunca pasó en la RDA”, confesó. Jager agregó que el reporte diario de los 9 y 10 de noviembre simplemente desapareció.

En noviembre de 2014, Mijaíl Gorbachov rindió homenaje a Jager en la gala de la fundación internacional Cinema for Peace y le otorgó el título de Héroe de Paz. Sin embargo, el hombre no cuenta con ningunos títulos o galardones por parte de las autoridades alemanas.

“No abrí el camino a través del muro. Simplemente me aseguré de que todo pasara con tranquilidad y sin derramamiento de sangre. El mérito era mío y de mis entonces colegas. No voy a permitir que me quiten este mérito. Estoy orgulloso de eso”, concluyó.

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MUNDO

América Latina, en pie de lucha contra el neoliberalismo

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(Cortesía Sputnik Mundo)

La verdad raramente es pura y nunca es simple 
(Oscar Wilde, 1854-1900)

El neoliberalismo impuesto en escala global desde el gobierno de Ronald Reagan en Estados Unidos como único camino hacia el crecimiento económico, ha sufrido una tremenda caída en América Latina.

La explosión popular en Chile —país considerado como modelo durante más de 40 años—, la derrota del seguidor incondicional del Fondo Monetario Internacional —Mauricio Macri en Argentina—, el estallido social en Ecuador, el triunfo indiscutible de Evo Morales en Bolivia, la casi victoria del candidato del Frente Amplio —Daniel Martínez en Uruguay— y la existencia del gobierno populista de Andrés Manuel López Obrador en México indican que este sistema económico está agotado.

Lo interesante es que ningún analista y partidario del neoliberalismo global estaba preparado para la repentina rebelión latinoamericana que hizo desmitificar este modelo económico y presentarlo en toda su desnudez. Carlos Heller, un político argentino, comentó que “el neoliberalismo opera en la escala global como una especie de bomba de succión que traslada recursos de las mayorías hacia las minorías”.

En otras palabras, este sistema económico concentra los recursos pero nunca los derrama. El think tank Credit Suisse Research Institute en su informe Global Wealth Report 2019 reveló que la riqueza global de los “millonarios creció hasta 360 millones de dólares entre mediados de 2018 y mediados de 2019”. También siguió aumentando la desigualdad a escala global cuando el “45% de la riqueza está en manos del 1% más rico, mientras que la mitad de la población más pobre posee menos del 1% de este patrimonio mundial”.

Para los promotores de este modelo, la desigualdad económica no es negativa mientras esté acompañada por la disminución de la pobreza sin querer darse cuenta que el crecimiento de la desigualdad social y económica está pauperizando a la clase media y cierra el camino de los pobres hacia su bienestar.

Chile después del golpe de Estado de Pinochet en 1973 se convirtió en el laboratorio del neoliberalismo inaugurado con la represión, secuestros, exilio, relegaciones, allanamientos, tortura, ejecución de opositores, desapariciones forzadas que facilitaron la aplicación de las reformas económicas elaboradas por el grupo Chicago Boys de Milton Friedman y Arnold Harberger.

La privatización de corporaciones estatales, las medidas de austeridad, la represión de toda la oposición y el control estatal de sindicatos fueron aplicados con facilidad debido al miedo que impuso la dictadura, y produciendo en Chile un trauma psicosocial que, de acuerdo a los estudios del Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ILAS), generalmente dura no menos de 30 años. Es decir, persiste durante unas tres generaciones. Y así sucedió en Chile, donde Pinochet supo atar todos los aspectos de la vida de sus ciudadanos y aplastar a sangre y fuego la sociedad chilena en nombre de la estabilidad, el desarrollo, el orden, la sensatez y el éxito.

El modelo económico y social impuesto por la dictadura fue avalado por la Constitución de 1980 que los gobiernos de Concertación Política de Patricio Aylwin (1990-1994), Eduardo Frei (1994-2000), Ricardo Lagos (2000-2006) y Michelle Bachelet (2006-2010) no se atrevieron ni siquiera a modificar. Tampoco cambiaron el orden impuesto por el régimen de Augusto Pinochet. Seguían pasando los años y el modelo impuesto por la dictadura se convertía por los medios de comunicación globalizada cada vez más en un ejemplo del éxito mientras la desigualdad crecía, los sueldos de la mayoría de los chilenos estaban por debajo de los sueños, la educación privada era cada vez más inaccesible y la pública, escasa, y las AFP estaban ganando cada vez más mientras los jubilados tenían pensiones de hambre.

Tuvieron que pasar 46 años para que se agote la paciencia del pueblo y se produzca un estallido de indignación saliendo solamente en la capital más de un millón de chilenos a protestar. Ni la abolición del incremento de la tarifa del metro ni la represión y la militarización de las calles y el toque de queda han llegado a acallar las marchas y protestas. Pero este estallido fue precedido por la llamada Revolución de los pingüinos en 2006, cuando 600.000 estudiantes secundarios salieron a exigir el derecho a la educación. Cinco años después, en 2011, los estudiantes universitarios organizaron la Primavera de Chile cuando se sublevaron contra la privatización de la enseñanza. El mismo año el pueblo mapuche empezó su lucha de resistencia.

Los psicólogos han tenido razón cuando afirmaron que se necesitaba no menos de 30 años para que los seres humanos sean capaces de superar el trauma psicosocial producido por la represión de la dictadura. Al declarar el presidente Sebastián Piñera que desde el 18 de octubre “estamos en guerra contra un enemigo poderoso, que está dispuesto a usar la violencia sin ningún límite”, la indignación del pueblo chileno creció aún más porque este “enemigo poderoso” estaba representado por los hombres y mujeres chilenos que ya perdieron miedo a la represión y a la violencia del Estado. Según los documentos del Instituto Nacional de los Derechos Humanos (0INDH) de Chile, durante 11 días de protestas que siguen adelante hasta el envío de este artículo, 20 personas murieron, 3.162 fueron detenidas y 1.092 fueron heridas: de ellas 237 por perdigones y 272 por armas de fuego.

Entre los heridos hay 60 niños y adolescentes. También el INDH registró 50 querellas por tortura, actos crueles, inhumanos y degradantes durante la detención y 17 casos de violencia sexual. La Coordinadora Ni Una Menos y Feministas Autónomas denunció la desaparición de 13 mujeres desde el viernes 18 de octubre. A pesar de todo esto el pueblo chileno sigue la lucha contra la injusticia y la desigualdad impuesta por el neoliberalismo.

Mientras en Chile su pueblo salió a las calles para protestar contra el sistema económico y político impuesto por el Fondo Monetario Internacional, en Argentina hubo estallido popular en las urnas poniendo el fin durante las elecciones presidenciales al régimen derechista de Mauricio Macri, considerado por los globalizadores y entre ellos el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa como el ejemplo de aplicación exitosa del modelo neoliberal. Se olvidaron los que pretenden ser amos del mundo que Mauricio Macri —quien prometió en el 2015 luchar contra la corrupción— en 2017 apareció envuelto en los Papeles de Panamá. Durante su presidencia hizo todo lo posible para beneficiar las empresas de su familia con contratos en autopistas, pero a la vez bajó significativamente el poder adquisitivo de los argentinos.

En total, la gestión de Macri fue desastrosa en todo: desempleo, aumento de pobreza al 34%, crecimiento de inflación al 47%, devaluación del peso, endeudamiento con el FMI de hasta 278.000 millones de dólares —es decir, un 72% más— y la desarticulación del 40% de la planta productiva que provocó un colapso fabril.

Precisamente por estas cosas, el pueblo, como dijo el periodista argentino Luis Bruschtein, “esa multitud que fue calificada como vagos, fanáticos, choriplaneros, violentos, chorros que aguantó a pie firme la discriminación, la destrucción de sus trabajos y de sus bolsillos, del futuro de sus hijos, esa multitud hizo derrocar al macrismo”.

Los argentinos dieron el 48,10% de su voto al Frente de Todos, encabezado por Alberto Fernández, quien será el próximo presidente del país, y a Cristina Fernández de Kirchner, quien asumirá la vicepresidencia. Fue precisamente la expresidenta del país, Cristina Fernández, quien logró formar la convocatoria de la unidad de peronistas y otras fuerzas para derrotar a Macri con la consigna Nunca más el neoliberalismo. Lo hizo a pesar de ser sometida al circo judicial durante los últimos cuatro años, allanamientos de su vivienda y ataques contra sus hijos.

Alberto Fernández prometió a sus votantes “una Argentina solidaria y más igualitaria con el nuevo orden y nueva lógica”. Uno de sus primeros gestos fue encontrarse con la presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y saludar a Madres de Plaza de Mayo y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Ya se sabe que una de las primeras acciones del nuevo Gobierno, que asumirá sus funciones el próximo 10 de diciembre, va a ser la implementación de la Ley de Emergencia Alimentaria. En un reciente artículo la periodista argentina Victoria Ginzberg afirmó que por fin vamos a tener “un presidente con el que podremos enojarnos y amargarnos, pedirle más, exigirle más, como él mismo dijo, si no cumple con lo que prometió”.

No cabe duda que al nuevo Gobierno del Frente de Todos le espera un trabajo titánico para recomponer la economía y que será muy difícil dar primeros pasos en la dirección contraria al neoliberalismo. No hay que olvidar que América Latina está bajo una mirada permanente de Washington, cuyos líderes siguen implementando la consigna elaborada por la exsecretaria de Estado Condoleezza Rice, que consiste en “crear nuevos mecanismos para reprender a aquellos países que se apartan del camino democrático”. En otras palabras, a los que empiezan a renegar del neoliberalismo. Venezuela es la víctima del ojo que todo lo ve del Big Brother.

Ya uno de los más incondicionales de Estados Unidos, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, se mostró descontento con los resultados de las elecciones en Argentina al declarar que “Argentina eligió mal. No pienso a felicitar a Fernández. Argentina puede ser apartada del Mercosur”. Bolsonaro expresó su mayor molestia por el retorno al poder de Cristina Fernández debido a su cercanía con Nicolás Maduro, Lula da Silva, Dilma Rousseff y Evo Morales.

Lo extraño que está pasando en Bolivia, el país de Evo Morales, es que mientras en Argentina, Chile y Ecuador su pueblo repudia al neoliberalismo, un gran sector de la población boliviana, la nación con mayor crecimiento económico en la región, quiere variar el proceso y retornar al neoliberalismo.

Durante las recientes elecciones presidenciales Evo Morales obtuvo el 47,07% de los votos, quedándose Carlos Mesa en el segundo lugar con el 36,51%. Inmediatamente desde Washington el servidor incondicional de EEUU, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, declaró no reconocer la victoria de Evo Morales, como si la OEA estuviera por encima de la Constitución de Bolivia.

La Coordinadora Nacional de la Democracia que incluye opositores de la derecha, centroizquierda, comités procívicos, comités militares y comités de policías retirados declaró desde el anuncio del Tribunal Supremo Electoral (TSE) al ganador Evo Morales, el inicio del paro nacional, marchas de protesta para crear estado de crisis total acompañado por la violencia.

El vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, ya señaló a Carlos Sánchez Berzain y al millonario boliviano Branko Marinkovic como los promotores y financistas de la violencia en el país. Carlos Sánchez Berzain, exministro de Gobierno y de Defensa en el Gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, reside en EEUU y recientemente publicó el libro Castrochavismo: crimen organizado en las Américas. Branko Marinkovic, de origen montenegrino, es prófugo de la justicia boliviana por organizar y financiar entre 2006 y 2008 una banda armada terrorista para lucha por la secesión de la Media Luna de Bolivia, una zona ubicada en el oriente del país con abundantes yacimientos de hidrocarburos integrada por los Departamentos de Tarija, Santa Cruz, Beni y Pando.

Los 30 auditores de la OEA que ya están en Bolivia difícilmente van a apoyar los resultados de la votación. Evo Morales, por su acercamiento a Rusia y su política independiente, está irritando a Washington desde hace mucho tiempo. Entonces, el futuro de Bolivia está en manos de su pueblo. Mientras, miles de indígenas campesinos, mineros y el grueso de la Confederación Obrera de Bolivia (COB) llegaron a la capital y salieron a las calles para defender los resultados de la elección y amenazan a los opositores al servicio de EEUU con el “uso de dinamita que es histórico y democrático”.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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Bastión del neoliberalismo: Brasil es la cuña de Estados Unidos en Sudamérica

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Por Raúl Zibechi (Sputnik Mundo)

Brasil está sólidamente alineado con EEUU, pero además se está convirtiendo en la espada de Washington: se permite juzgar a los gobiernos de la región, violentando las elementales normas diplomáticas y está tejiendo alianzas con los mismos países alineados con el imperio.

Tres datos centrales permiten llegar a esa conclusión. El primero es la reacción del presidente Jair Bolsonaro al triunfo electoral del peronismo en Argentina. El segundo es que aprovecha la coyuntura para poner en duda el futuro del Mercosur. Finalmente, en su gira por Asia y Medio Oriente consiguió tejer acuerdos con Arabia Saudí, el principal aliado de Washington en el mundo.

Bolsonaro dejó de lado las mínimas normas de cortesía diplomática para criticar frontalmente la elección de Alberto Fernández, al punto que se negó a felicitarlo por su victoria en primera vuelta. El canciller Ernesto Araújo fue más lejos aún, al decir que “las fuerzas del mal están celebrando” el resultado argentino, agregando que se trata de “una de las peores señales posibles”.

Es cierto que Fernández tampoco fue diplomático al pedir en su primer discurso luego del triunfo del domingo 27, la libertad de Lula de Silva, el expresidente de Brasil preso en el marco de la investigación Lava Jato. Este choque de presidentes no augura nada positivo para las relaciones bilaterales y para el Mercosur.

El Gobierno brasileño adoptó una actitud anormal en la región, incluso para los más conservadores. “Desde que asumió el gobierno, Jair Bolsonaro puso a Nicolás Maduro y La Habana como sus mayores enemigos en el hemisferio”, escribe el periodista Jaime Chade. Según el diario El País, el canciller envió instrucciones a sus diplomáticos para promover una reunión de las Naciones Unidas para atacar a Cuba, aún en contra de la opinión de sus diplomáticos.

El articulista considera una profunda hipocresía que “se llame a Maduro como dictador y a Cuba como amenaza, mientras cierra los ojos para decir, con orgullo, que tiene afinidad con un príncipe saudí acusado de las peores atrocidades”, en referencia a sus excelentes relaciones con el príncipe saudí Mohamed Bin Salmam. Quizá porque el gobierno de Riad anunció inversiones por 10 mil millones de dólares en Brasil.

La segunda cuestión la trajo el hijo del presidente, Carlos Bolsonaro, una especie de comunicador informal del gobierno. Con una argentina peronista, dijo en un tuit, Brasil debe rever el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, apuntando a su deseo de separar a Buenos Aires de la alianza regional.

En este punto es necesario recordar que EEUU siempre se opuso a la integración regional sudamericana, y sólo admitió un Mercosur volcado a las relaciones comerciales, desconfiando de cualquier alianza política entre Argentina y Brasil, los únicos países que por su peso económico, político y diplomático pueden arrastrar a toda la región en una dirección determinada.

EEUU ya consiguió, desde los gobiernos de Macri y Bolsonaro, que la UNASUR fuera desactivada, pero ahora puede congratularse de que el Mercosur también atraviese dificultades. Hasta ahora las relaciones comerciales entre ambas naciones sudamericanas eran importantes. El principal mercado de las exportaciones argentinas es Brasil, relevante para la industria por la venta de autopartes, ya que el resto de sus exportaciones son commodities agrícolas sin valor agregado.

La tercera cuestión es que Brasil está promoviendo un viraje hacia Asia y Oriente Medio, en busca de mercados y de inversiones. De hecho se convirtió en uno de los países más atractivos para los inversores, en la medida que derriba las barreras de protección al ambiente y los trabajadores, así como las restricciones al capital extranjero en áreas sensibles como los hidrocarburos.

El Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudí desembolsará 10 mil millones dólares, un dato que fue hecho público luego del encuentro entre Bolsonaro y el príncipe heredero Bin Salman. Por otro lado, el jefe de gabinete de Bolsonaro, Onyx Lorenzoni, aseguró que ambos gobiernos formarán un consejo que definirá los sectores apropiados para efectivizar las inversiones.

Entre los intereses de los sauditas figura la construcción de un ferrocarril de casi 1000 kilómetros, desde el corazón agrícola de Mato Grosso hasta Pará, en el extremo norte del país, cuyo costo oscila en los tres mil millones de dólares. En paralelo, el fondo soberano de Abu Dhabi se mostró entusiasmado por las inminentes privatizaciones en Brasil.

En efecto, Brasilia espera recaudar 325.000 millones de dólares en los próximos años, en las subastas previstas en pozos petroleros, puertos y aeropuertos, pero también con las privatizaciones de empresas estatales como el correo.

Si este plan funciona, además de un profunda desnacionalización del país, Brasil puede conseguir los fondos necesarios para superar una crisis económica que ya se arrastra cinco años, desde el comienzo del segundo Gobierno de Dilma Rousseff, en 2014. Lo hace, además, apelando a los socios estratégicos de EEUU, ya que en su visita a China se habló de mejorar las relaciones comerciales pero no se mencionaron inversiones.

Por último, el Gobierno de Brasil está haciendo gestiones para un segundo encuentro con el presidente Donald Trump, en noviembre. Según relataron diplomáticos a Folha de Sao Paulo, este encuentro “sería una oportunidad especial para consolidar al jefe del Palacio del Planalto como líder regional, frente a procesos complicados en el vecindario sudamericano: Chile, Bolivia y Venezuela”.

Este punto es relevante y puede tener consecuencias a largo plazo. Al parecer, la nueva visita de Bolsonaro a EEUU fue iniciativa de los senadores republicanos Marco Rubio y Rick Scott. Luego de la década progresista, entre 2003 y 2015, en la que Washington sufrió cierto aislamiento en la región sudamericana, ahora está recuperando posiciones, para lo que necesita de aliados fuertes con llegada a todos los países.

Brasil se ofrece como la espada de EEUU en una región inestable y cada vez más volcada contra el neoliberalismo. Las masivas protestas en Chile, que durante décadas fue el aliado más estable de Washington en la región, son una llamada de alerta para la diplomacia de la Casa Blanca. En esta nueva coyuntura, Brasilia aparece como un aliado más confiable y sumiso a los intereses del capital financiero y del imperio.

LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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