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Liceo de Lideratos Honoris Causa: Enrique Michel, distinguido como «Embajador para la Paz»

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Por Francisco Junco

Jaime Enrique Michel Velasco fue distinguido como “Embajador para la Paz” por el Liceo de Lideratos Doctor Honoris Causa A.C., en reconocimiento a una trayectoria que articula la actividad empresarial con iniciativas filantrópicas orientadas a derechos humanos, educación, salud y medio ambiente.

La investidura, realizada en sesión solemne del claustro doctoral, subrayó el impacto sostenido de sus proyectos y su enfoque en la construcción de paz desde acciones concretas.

Jaime Enrique Michel profundizó en el contexto internacional y advirtió que “presenciamos uno de los momentos más ambiciosos para la humanidad desde la década de los sesenta y de la misma Guerra Fría”, al tiempo que señaló que “por fortuna, hay voces poderosas que frenan a los que ambicionan el poder mundial, como la del Papa León XIV, misma que convoca con firmeza a que cada acción beligerante en el mundo”, aludiendo a liderazgos que llaman a la contención de los conflictos.

Asimismo, enfatizó el origen social de la paz y la necesidad de reconstruirla desde lo cotidiano y apuntó que “mucho ayudaría que la paz naciera desde el seno del hogar, en los planteles escolares, en el trabajo productivo y también en los distintos niveles de gobierno”, y añadió que este nombramiento “me enriquece como persona y, a la vez, me compromete” a impulsar acciones que fortalezcan una conciencia colectiva en torno a la paz.

La solemnidad no anuló la emoción. En el patio central de la Cámara de Comercio, donde las medallas tintineaban apenas al rozar las estolas, el Liceo de Lideratos convirtió el protocolo en narrativa viva. Trayectorias que se cruzan, nombres que pesan, historias que se dicen en voz alta. Al centro, el presidente institucional, César Octavio Sarabia Baldoinos, marcó el tono de una ceremonia que no sólo distinguió méritos, sino que delineó una idea de liderazgo con vocación pública.

El momento de mayor densidad simbólica llegó con la investidura de Jaime Enrique Michel Velasco como “Embajador para la Paz”. No fue un reconocimiento aislado, sino la síntesis de una trayectoria que, desde la empresa y la filantropía, ha buscado incidir en lo estructural.

La medalla, colocada con precisión ceremonial, cerró un círculo que el propio Sarabia Baldoinos quien definió sin rodeos que “hoy es un título diferente, es un título de paz”.

Enrique Michel tomó la palabra con un tono sereno, casi pedagógico. “No hay mayor satisfacción que recibir un reconocimiento de tanto valor y significado”, dijo, antes de situar el alcance de la distinción, porque “me compromete a poner todo mi empeño en programas y acciones en los que se despierte una auténtica conciencia social”.

Su discurso no evadió el contexto y subrayó que “la paz social no ha sido alcanzada… y es claro que no se alcanzarán las metas sin el concurso de todos”. Hubo una insistencia en el origen de esa construcción: la familia, la escuela, el trabajo y una advertencia sobre los desvíos que enfrentan los jóvenes.

En breve intercambio posterior, sintetizó el peso del reconocimiento asegurando que “es como un examen que hace la sociedad… y lo pasó con 10”. La frase, sencilla, condensó la lógica del acto. Evaluación pública, validación colectiva y, sobre todo, responsabilidad hacia delante.

La ceremonia avanzó con otro eje, la investidura de José Alejandro Garza Preciado como embajador de la excelencia académica. Más de cuatro décadas en la formación educativa respaldaron un reconocimiento que, en palabras del propio Sarabia, lo integra como “parte esencial de este claustro”. Su figura operó como contrapeso. Si Enrique Michel encarna la acción social, Garza Preciado representa la persistencia del conocimiento como herramienta de cambio.

EL MENSAJE DE MERY POZOS

En paralelo, el acto se abrió a las voces que llegan desde la política. La diputada federal Merylin Gómez Pozos, mejor conocida como Mery Pozos, tomó el micrófono y desplazó el centro hacia la responsabilidad pública compartida.

“Aquí no solo se entrega un reconocimiento, también se expresa una idea de país”, afirmó, colocando la distinción en un plano colectivo más que individual.

Su intervención se extendió como una reflexión sobre el ejercicio del servicio y puntualizó que “deseamos recibir este doctorado honoris causa… como una señal que nos compromete”. Enfatizó el vínculo con la realidad como condición de legitimidad. “Toda obra verdadera… surge del contacto con la realidad, con la escucha, con el trabajo constante”.

Mery Pozos dedicó espacio a reconocer a quienes compartieron la investidura, en un gesto que subrayó la pluralidad del claustro, porque “en cada una y cada uno de ellos se expresa un poderoso espíritu de entrega”. Enumeró, con tono cercano, a Verónica Ucaranza, Marina García, Patricia Chávez, Eunice Alejandrina Acuña y Roberto de Alba, trazando un mapa de perfiles que, desde distintos frentes, convergen en la vida pública.

Cerró con una idea que atravesó toda la ceremonia, al señalar que “el porvenir no se construye desde una sola voz… se construye con la suma de esfuerzos”. Y remató, sin estridencias, que “de verdad, estoy sumamente agradecida”.

La lista de galardonados completó el cuadro. La magistrada Verónica Elizabeth Ucaranza Sánchez, distinguida por su trayectoria judicial y su impulso a la perspectiva de género; Marina García García, empresaria que ha llevado el liderazgo femenino a espacios internacionales; Patricia Roxana Chávez Graciano, vinculada al ámbito jurídico y social; Roberto de Alba Macías, referente del sector agroalimentario; y Alejandrina Acuña Cárdenas, con trabajo en procuración de justicia y combate a la corrupción.

En cada investidura, los símbolos, estola, medalla, guantes y birrete, funcionaron como recordatorio de un pacto, donde no se trata de grados académicos, sino de trayectorias verificables y compromisos públicos. El propio Sarabia Baldoinos lo dejó claro y aseguró que son distinciones de carácter social, sostenidas en méritos y en la expectativa de incidencia.

La ceremonia cerró con una idea persistente, el reconocimiento como punto de partida. Entre la formalidad del rito y la densidad de los discursos, quedó la sensación de que las medallas pesan menos por lo que representan hoy y más por lo que obligan mañana.


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