OPINIÓN
La exposición crítica de Pedro Aspe
De primera mano, por Francisco Javier Ruiz Quirrín
Este periodo vacacional invita a la reflexión respecto a uno de los problemas torales que se presentan en este México de la tercera década del siglo XXI.
El actual régimen populista de la Cuarta Transformación critica severamente el periodo neoliberal, pero los números son fríos y, si se relacionan con los resultados de un gobierno, sus habitantes son beneficiados o perjudicados.
Dígase ahora lo que se diga, el crecimiento del Producto Interno Bruto de nuestro país sostenía un promedio del 3 por ciento anual durante ese periodo neoliberal, no comparable con los años del Desarrollo Estabilizador (1952-1970), caracterizados por un crecimiento de entre 5 y 6 por ciento anual, pero nunca antes se había registrado una caída tan estrepitosa como la ocurrida a partir del año 2018, cuando ni siquiera crecemos al 1 por ciento anual.
Como secretario de Hacienda durante el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, Pedro Aspe Armella no solo fue exitoso en su manejo de la economía nacional, sino que, además, su aportación para hacer del Banco de México una institución autónoma fue esencial. También fue capaz de crear una escuela con talentos altamente capacitados en su ramo, como José Ángel Gurría, Guillermo Ortiz y Agustín Carstens.
Ellos fueron los encargados de desaparecer la acostumbrada inestabilidad económica en las transiciones sexenales.
Desde luego, el régimen impuesto por López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum se opone a ese pensamiento, pero, como señalamos anteriormente, existían registros de progreso y desarrollo, a pesar de la enorme corrupción de la época.
Aspe Armella se ha convertido en consultor y hace poco tiempo participó en una cumbre en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), de extraordinario prestigio en el mundo. Abordó el escenario que vive nuestro país y las consecuencias que nos esperan si el gobierno continúa desarrollando su política populista.
Por ser comentarios muy valiosos y con gran visión, me permito reproducir algunas de sus principales conclusiones, por lo demás fáciles de comprender, al sostener que México enfrenta un deterioro macroeconómico impulsado por un aumento sostenido del gasto corriente improductivo, un crecimiento acelerado de la deuda pública y una caída de la inversión productiva:
Hoy México tiene un déficit presupuestal alto. El gobierno ha expandido fuertemente el gasto corriente, especialmente en programas sociales de transferencias directas («segunda nómina»). Los beneficiarios aumentaron a casi 30 millones de personas y el gasto social pasó de 0.5 % del PIB en 2018 a alrededor de 3 % del PIB.
Este gasto no genera retornos productivos suficientes y desplaza recursos que antes se destinaban a infraestructura e inversión.
Señala que el gobierno destina alrededor de 400 mil millones de pesos anuales en subsidios y apoyos a Pemex, pese a que la producción petrolera continúa cayendo.
La producción ha bajado de 2.5 millones de barriles diarios en 2013 a menos de 1.4 millones proyectados para 2025-2026.
Pemex absorbe recursos públicos sin mejorar su eficiencia ni su producción.
Por otra parte, la inversión física federal muestra una fuerte contracción, con una caída cercana al 28 % entre 2024 y 2025, descrita como la mayor en décadas.
Paralelamente, el gasto en educación, salud y seguridad permanece estancado en términos reales.
El argumento es que el gasto social y los rescates financieros han desplazado inversiones necesarias para elevar la productividad y el crecimiento de largo plazo.
La deuda pública pasó de 38 % del PIB en 2011 a casi 59 % en 2025, acercándose al umbral crítico de 60 % del PIB.
Se advierte que varios países emergentes perdieron el grado de inversión al cruzar ese nivel. Además, se señala que un déficit fiscal cercano a 5.7 % del PIB podría llevar a México a superar dicho umbral en 2026, generando mayores tasas de interés, presión cambiaria y desaceleración económica.
La conclusión es que México está entrando en una «cascada estructural hacia el estancamiento»: más gasto corriente y deuda, menos inversión productiva y menor crecimiento del PIB per cápita y de la productividad.
Finalmente, sostiene Aspe que, sin una corrección fiscal y una reorientación hacia la inversión productiva, el país enfrentará un menor crecimiento potencial y mayores riesgos financieros.
La incapacidad que hoy muestran quienes manejan la situación económica de México desde el gobierno debería tener una excepción: algún talento que advirtiera sobre este peligroso futuro para la población mexicana.
Y como ahora la política está por encima de la ley y de la eficiencia y la eficacia del gobierno, los operadores políticos del régimen deben haber encontrado ya a quienes calificarán como culpables del desastre.




