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OPINIÓN

Tecnología global: China redefine la industria de los semiconductores

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Actualidad, por Alberto Gómez R.

Julio de 2026 quedará registrado en los anales financieros como un punto de inflexión para la industria tecnológica mundial. El 28 de julio, bautizado por los operadores como «martes negro», el índice KOSPI de Corea del Sur se desplomó un 10.84 %, llegando a activar dos veces el mecanismo de suspensión temporal de operaciones, lo que representó su peor jornada desde la crisis financiera de 2008.

Por su parte, el índice PHLX Semiconductor (SOX) acumuló una caída superior al 20 % desde sus máximos de junio, entrando oficialmente en territorio de mercado bajista. El epicentro de esta tormenta financiera apuntó hacia un mismo origen: el conjunto de avances tecnológicos disruptivos logrados por China en semiconductores e inteligencia artificial, los cuales están reconfigurando, desde sus cimientos, los criterios de valuación del sector tecnológico a escala global.

Durante julio de 2026, el ecosistema de semiconductores de China presentó una serie de hitos que, en su conjunto, evidencian un salto cualitativo: puso en marcha una fábrica experimental que fabrica chips con materiales tan delgados como una sola capa de átomos (como el disulfuro de molibdeno). Estos chips ya funcionan perfectamente en pruebas y, en tres años, podrían estar en producción masiva, con un rendimiento comparable al de los mejores chips actuales de 5 nanómetros.

Imagínese que hoy su teléfono se calienta como una plancha cuando juega o graba video en 4K, y que la batería le dura apenas medio día.

Estos «chips bidimensionales» son como cambiar un motor de gasolina enorme por un motor eléctrico ultradelgado que consume menos, no se calienta y cabe en cualquier lugar. En un futuro cercano, su celular podría durar tres días sin cargarse; su computadora portátil tendría el poder de una supercomputadora actual y, además, como son tan pequeños y flexibles, podrían integrarse en la ropa que usa o en lentes de realidad aumentada.

Lo mejor es que, como China los fabricará masivamente, dejarán de ser un producto de lujo y bajarán de precio para todo el mundo.

China ya empezó a fabricar en serie sus propias máquinas (llamadas litográficas) que «dibujan» los circuitos en los chips utilizando luz ultravioleta. Estas máquinas se venderán a las grandes fábricas chinas de chips este mismo año, para que ya no tengan que adquirirlas en Estados Unidos o Europa.

Piense que fabricar un chip es como hacer un grabado ultrafino en una lámina de metal, pero usando luz en vez de un buril. Hasta ahora, solo una empresa holandesa (ASML) tenía las máquinas para realizar esos grabados con luz de alta precisión, y Estados Unidos le prohibía a China comprarlas. Al fabricar sus propias máquinas, China ya no depende de que le vendan ese equipo. Para usted, esto significa que, aunque haya guerra comercial o bloqueos, la producción de chips no se detendrá: su empresa no se quedará sin servidores, su hijo podrá seguir comprando consolas de videojuegos y los precios de las computadoras no se dispararán por escasez, porque China puede producir sus propias herramientas.

La inversión en manufactura también refleja una expansión sin precedentes. Ciudades como Shenzhen y Wuhan están llenas de nuevas fábricas de chips. Empresas chinas están invirtiendo cantidades de dinero con 14 ceros (miles de millones de dólares) para construir plantas que fabrican desde las placas base de los servidores de inteligencia artificial hasta las obleas de silicio (el «pan» sobre el que se fabrican los chips). También están construyendo fábricas de empaquetado (donde se encapsulan y protegen los chips) y de memorias (las que almacenan sus fotos y archivos).

Imagine que, de repente, en su ciudad abren diez centros comerciales gigantes, pero, en lugar de vender ropa, son fábricas que producirán chips las 24 horas del día. China está construyendo toda la cadena en un solo lugar: desde la arena (silicio) hasta el chip final empaquetado. Eso es como si un país entero decidiera tener sus propias minas, sus propias refinerías, sus propias gasolineras y carreteras para no depender de nadie más. Para su bolsillo, esto se traduce en que, en vez de que un chip para su automóvil cueste 500 dólares por la escasez, cueste 100 porque hay muchas fábricas compitiendo. También significa que los productos con inteligencia artificial (como asistentes de voz, electrodomésticos o automóviles autónomos) serán mucho más baratos y llegarán más rápido a los países de América Latina, porque China puede abastecer a todo el mundo.

El cambio de paradigma en la inteligencia artificial

Entre el 17 y el 20 de julio, Shanghái albergó la edición 2026 del Congreso Mundial de Inteligencia Artificial (WAIC). La superficie de exhibición superó, por primera vez, los 100 mil metros cuadrados, con la participación de más de mil 100 empresas y la presentación de más de 3 mil productos, 300 de ellos con lanzamiento global. La feria de inteligencia artificial más grande de China ya no muestra robots bailando ni carteles presumiendo números enormes. Ahora exhibe fábricas reales funcionando con IA, máquinas ensamblando piezas y sistemas controlando procesos industriales. La IA china pasó de «saber platicar» a «saber trabajar».

Imagine que usted va a una exposición de automóviles y, en lugar de ver vehículos bonitos y brillantes que nadie puede manejar, encuentra taxis, camiones de carga y ambulancias funcionando en la calle, transportando gente y salvando vidas. Eso es lo que pasó con la inteligencia artificial en China. Hasta hace poco, la IA era como un espectáculo de circo: le pedías que escribiera un poema, contara un chiste o dibujara una imagen bonita, y todos aplaudían. Pero ahora esa misma IA está manejando grúas en puertos, revisando si una pieza de una fábrica está dañada o administrando inventarios en enormes bodegas.

Para usted, esto significa que, en unos años, cuando vaya al supermercado, la IA habrá calculado exactamente cuánta leche o cuántos huevos deben llegar para que nunca falten; y cuando pida un paquete por internet, la IA habrá organizado toda la ruta del repartidor para que le llegue en horas y no en días. La IA ya no es un juguete para entretener: es un obrero que trabaja las 24 horas del día.

En el ámbito de la infraestructura de cómputo, la competencia dejó de centrarse en el chip individual para trasladarse al sistema integral. Las empresas chinas ya no compiten por fabricar el chip individual más poderoso, sino por conectar miles de chips para que trabajen como si fueran una sola computadora gigante. Huawei conectó más de mil tarjetas, Moore Threads conectó diez mil y SenseTime logró que los chips chinos rindieran mucho más y fueran más baratos de operar que los de la empresa estadounidense NVIDIA.

Piense en esto como si, en vez de buscar al hombre más fuerte del mundo para cargar una caja de 100 kilos, usted reuniera a 100 personas comunes y les enseñara a cargarla entre todas al mismo tiempo, coordinándose perfectamente. Así es más fácil y barato. Lo que logró China fue inventar un sistema para que miles de chips comunes (como los que trae su computadora) se «pongan de acuerdo» y trabajen en equipo tan bien que terminan siendo más poderosos que un solo chip extremadamente caro.

¿Y para qué sirve esto en su vida? Para que los servicios que usa a diario (como el traductor de Google, el asistente de voz de su celular o el sistema que recomienda películas en Netflix) sean muchísimo más rápidos y baratos de operar. Como a las empresas chinas les cuesta menos dinero hacer funcionar estas «computadoras gigantes», pueden ofrecerle herramientas de inteligencia artificial gratuitas o a muy bajo costo, sin tener que cobrarle una mensualidad elevada como ocurre hoy con algunos programas.

Empresas chinas lanzaron modelos de inteligencia artificial (como Kimi K3 y Qwen) que son tan buenos como los mejores del mundo (los de OpenAI y Anthropic), pero la gran diferencia es que son de «código abierto»; es decir, cualquiera los puede usar y modificar gratuitamente. En solo una hora, el modelo chino se convirtió en el más descargado del mundo y ya suman más de 10 mil millones de descargas de IA china a nivel global.

¿Recuerda cuando para ver una película de estreno solo podía ir al cine y pagar un boleto, pero luego llegó Netflix y todos pudieron verla en casa pagando muy poco? Pues esto es similar, pero mucho más grande. Hasta hace unos meses, los mejores asistentes de inteligencia artificial (como ChatGPT avanzado) eran como un cine privado: solo unos cuantos podían usarlos y había que pagar una suscripción cara en dólares. Lo que hicieron las empresas chinas fue poner ese mismo «cine de estreno» al aire libre y de forma gratuita para todo el mundo. Cualquier persona, en cualquier país (incluido el suyo, en América Latina), puede descargar ese cerebro electrónico, instalarlo en su computadora y utilizarlo para lo que quiera: un médico en un pueblo remoto podría apoyarse en él para ayudar a diagnosticar enfermedades; un profesor, para crear exámenes personalizados para sus alumnos; o un emprendedor, para redactar contratos y propuestas.

Al ser gratuitos y de código abierto, estos desarrollos tecnológicos de punta ya no son un lujo para unos cuantos, sino una herramienta al alcance de todos. Eso explica por qué se han descargado más de 10 mil millones de veces: el mundo entero se está abasteciendo de esta inteligencia artificial china porque es tan buena como la de Estados Unidos, pero sin restricciones ni cobros.

La reacción en los mercados internacionales

Los anuncios de China provocaron un caos en las bolsas de valores de todo el mundo. Un índice muy importante de empresas de chips (el SOX) había subido considerablemente en pocos meses, pero solo en julio se desplomó un 17 %. Los expertos de Goldman Sachs dijeron que fue una de las mayores «ventas por pánico» de la historia. Empresas gigantes como Samsung, SK Hynix y la japonesa Kioxia registraron sus peores caídas en décadas (de hasta el 18 % en un solo día). En Estados Unidos, empresas como Intel, Marvell y Applied Materials perdieron entre el 40 % y el 45 % de su valor. Hasta las bolsas chinas se resintieron. El sector de las memorias (las que almacenan sus fotos y archivos) fue el más golpeado: Micron Technology perdió casi el 36 % de su valor en julio, borrando miles de millones de dólares de la noche a la mañana.

Imagine que usted colecciona figuras de acción y, de repente, se entera de que una fábrica va a lanzar al mercado un millón de figuras idénticas a las suyas, pero a la mitad de precio. En ese momento, todos los coleccionistas entran en pánico y corren a vender las suyas antes de que bajen aún más de precio. Como todos quieren vender al mismo tiempo y nadie quiere comprar, el valor de la colección se desploma en cuestión de horas. Eso es exactamente lo que pasó en la bolsa. Los inversionistas de todo el mundo tenían acciones de empresas como Samsung o Intel porque creían que eran irremplazables y que siempre subirían de precio. Pero, cuando vieron que China ya puede fabricar chips igual de buenos y más baratos, el miedo los invadió. Todos quisieron vender sus acciones al mismo tiempo y el valor de esas empresas se derrumbó.

Si usted tiene un fondo de ahorro para el retiro (una Afore), es posible que en los estados de cuenta de esos días haya visto números rojos, porque esas inversiones suelen incluir acciones de estas empresas tecnológicas. Pero no se asuste: esto es temporal; es el «sube y baja» natural de los mercados cuando ocurren noticias de esta magnitud.

Los analistas creen que esta venta masiva se debe a dos factores. Primero, NVIDIA anunció que gastará más de 750 mil millones de dólares en construir infraestructura para inteligencia artificial, y muchos consideran que ese plan es insostenible, como un castillo de naipes que se financia solo. Segundo, el avance imparable de la industria china está cambiando las reglas del juego a nivel mundial. Reuters señala que los fondos de inversión están preocupados por el gasto en IA, por el progreso de China y por la competencia que eso genera. Bloomberg agregó que el modelo chino Kimi K3 obliga a los inversionistas a preguntarse si las acciones tecnológicas realmente valían lo que estaban pagando por ellas.

Para entender el primer temor, piense en un vecino que pide un préstamo enorme para construir una pizzería gigante, pero planea pagar la deuda con las ganancias que obtendrá cuando la pizzería ya esté construida y funcionando. Si, de repente, otro vecino (China) abre otra pizzería igual de buena, pero con ingredientes más baratos, el primero no podrá vender suficientes pizzas para pagar su deuda y su negocio quebrará. Eso es lo que temen los inversionistas de NVIDIA: que hayan invertido demasiado dinero en un proyecto que, con la llegada de la competencia china, ya no resulte tan rentable.

El segundo temor es más sencillo. Hasta ahora, el mundo estaba acostumbrado a que solo unas cuantas empresas estadounidenses, taiwanesas o surcoreanas pudieran fabricar los chips más avanzados. Por eso sus acciones valían oro: eran únicas. Pero China demostró que también puede producirlos y, además, ofrecer modelos como Kimi K3 de manera gratuita o a menor costo. Los inversionistas se dieron cuenta de que pagaron precios de «artículo de lujo exclusivo» por algo que ya no es exclusivo. Entonces entraron en pánico y vendieron todo.

¿Corrección temporal o reestructuración?

Las grandes empresas de inversión no se ponen de acuerdo. BlackRock (la más grande del mundo) sostiene que la caída de las acciones es una exageración y que una inteligencia artificial más barata no arruina el negocio a largo plazo. Goldman Sachs cree que el descenso no se debe a que las empresas estén mal, sino a que los fondos de inversión están vendiendo en masa para cubrir pérdidas. Morgan Stanley, en cambio, advierte que, si las empresas de chips no obtienen las ganancias prometidas en los próximos meses, la caída podría prolongarse.

Los avances de China no son hechos aislados. Todo está conectado: los chips bidimensionales, las máquinas para fabricarlos, los centros de cómputo con miles de chips y los modelos de inteligencia artificial gratuitos. Todo funciona como un engranaje que avanza al mismo tiempo. China ya no es solo la fábrica barata del mundo; ahora está creando la próxima generación de tecnología. Un periodista de Nikkei Asia lo resumió así: «En dos semanas, China perforó las tres fortalezas que EE. UU. había construido en torno a la IA: el hardware avanzado, el software de punta y la capacidad de producir a gran escala».

Durante los últimos diez años, las empresas tecnológicas de Estados Unidos, Taiwán y Corea del Sur valían mucho dinero porque eran las únicas que podían fabricar chips de alto rendimiento. Pero ahora China también puede hacerlo, y eso cambia todo. El mundo pasa de tener un solo proveedor (o muy pocos) a contar con varios competidores.

La caída de las acciones en julio podría no ser un simple ajuste temporal, sino el primer aviso de que los precios de toda la tecnología van a cambiar para siempre. La carrera por dominar la inteligencia artificial entró en una nueva fase, y los mercados apenas están empezando a darse cuenta.

Y 2026 aún no termina…


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