NACIONALES
Renovación de dirigencia del PAN: Jorge Romero llega a la presidencia nacional con estigma de corrupción

Por Francisco Junco //
La dirigencia nacional del Partido Acción Nacional (PAN) acaba de renovarse y al rededor de 100 mil militantes panistas eligieron que fueran lidereados por Jorge Romero Herrera, quien tiene enfrente dos grandes desafíos, por un lado lograr integrar al PAN con la sociedad civil trabajando con liderazgos sociales y juveniles para refrescar los cuadros azules, además de superar la sombra de corrupción que pesa en su contra, según palabras de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, quien lo señaló como “el jefe del cartel inmobiliario”.
Aunado a estos dos grandes desafíos, el nuevo líder blanquiazul tendrá que luchar contra la sombra de ser hechura y cobijo del actual presidente del partido, Marko Cortes, quien desde hace algunos años lo impulso como su delfín.
«Es un PAN que opera desde la Colonia del Valle, en la Ciudad de México, cerrado a la participación de la sociedad. Hoy, lo que vemos es más de lo mismo, una estafeta que pasa de manos entre el mismo grupo», criticó el periodista Guillermo Velasco, quien también hizo énfasis en los retos inmediatos que enfrenta el nuevo dirigente, «Romero tiene que demostrar muchísimo para estar a la altura de un partido que debería ser la alternativa para la sociedad».
Fernando Guzmán, panista de larga trayectoria, reconoció que Romero proviene del mismo grupo que Marko Cortés, lo que genera dudas sobre un cambio real en la dirección del partido. «Es necesario que esta dirigencia sea plural, que incorpore a liderazgos representativos y se abra a la sociedad. El PAN tiene que reencontrarse con su esencia, con la defensa de la vida, la familia y las libertades», declaró.
Y es que la elección interna del PAN que llevó a Jorge Romero, diputado federal con licencia, a la dirigencia nacional ha marcado un momento decisivo en la historia reciente del principal partido de oposición en México.
Sin embargo, tanto propios y extraños, han señalado fuerte críticas por la baja participación, además de cuestionar el modelo de liderazgo interno, más los señalamientos de corrupción que han acompañado a Romero desde su gestión como delegado en la alcaldía Benito Juárez.
Ahora, con la tarea de revitalizar un partido debilitado, el nuevo dirigente enfrenta una de las pruebas más complejas en la historia del PAN.
La elección interna, que concluyó el pasado 10 de noviembre, fue celebrada en medio de tensiones internas y un panorama nacional adverso, reflejó el desinterés y desanimo de los militantes por la vida política partidista. Apenas el 43 por ciento de un padrón de los cerca de 300 mil afiliados participaron en el proceso, otorgándole a Romero Herrera un contundente 80 por ciento de los votos frente al 20 por ciento que logró obtener Adriana Dávila.
El periodista y analista Guillermo Velasco, aseguró para Conciencia Pública, que estos números de participación son preocupantes, por lo que significa la historia del PAN, incluso calificó este proceso de elección, desde su muy particular punto de vista, como una derrota, ya que un partido de la relevancia que tiene como oposición con más fuerza, con más tradición, con más principios fundantes, y que tenga ese nivel de participación no habla de ese partido que históricamente es opositor.
“Es ridículo que un partido con la historia y tradición del PAN tenga un padrón que no llega ni a 300 mil personas en un país del tamaño de México. Además, más de la mitad de ellos ni siquiera votaron, lo que evidencia un grave desinterés de la militancia”, señaló y aseguró que este esto responde a una estructura interna cerrada y controlada.
“Romero ganó utilizando los recursos del aparato partidista, el control del partido, utilizando la lógica de cuates y cuotas en el asunto de colocar gente, de aprovechar, de alguna manera porque hayan tenido el control del padrón, de afiliaciones, en fin. Es más de lo mismo, sin una renovación auténtica que entusiasme a la militancia o a la sociedad”.
LAS CRÍTICAS DE ADRIANA DÁVILA
La panista Adriana Dávila, contendiente derrotada, expresó una crítica similar y mediante un comunicado de prensa, tras reconocer su derrota, señaló que el modelo actual del PAN, que prevalece desde hace más de una década no funciona.
“Nadie puede sentirse orgulloso cuando alrededor del 70 por ciento de los panistas no fue a votar. El mensaje de abstencionismo de nuestros militantes es claro: las cargadas no entusiasman. La nómina de gobiernos no es suficiente para convocar. Las almas no se mueven con dinero sino con ideas y conductas dignas de ser imitables”, apuntó en su mensaje enviado a los medios de comunicación y remató “no sé si tengan la voluntad y el compromiso ético para hacer del PAN una institución que merezca ser heredera del legado demócrata y liberal de Gómez Morín”.
UN PARTIDO DEMOCRÁTICO
Sin embargo, a pesar de esta visión, hay panista que observa la esencia del PAN como un instituto político democrático, para Fernando Guzmán, lo principal a rescatar, del pasado proceso electoral, es que el PAN es el único partido que eligió a su dirigencia a través de una elección interna en donde votaron todos los panistas que quisieron hacerlo en el país.
“Esto es de destacar en estos tiempos en donde los partidos son realmente propiedad de una sola familia o dicen que son movimientos, pero no hay elecciones internas. Bueno, así, dígase lo que se diga, pues hubo una elección interna”, subrayó el panista a Conciencia Pública y reconoció que “ciertamente falta ver todavía cómo se integra la nueva dirigencia porque el Comité Ejecutivo Nacional tendrá que integrarse con la participación de un número que elige el presidente electo, otra parte que es incorporada por la parrilla que quedó en segundo lugar y una más que será electa por el propio Consejo Nacional”.
INICIA JORGE ROMERO CON EL PIE IZQUIERDO
Pero esto no es lo único que estará enfrentando el nuevo dirigente de los panistas a nivel nacional, Jorge Romero no es ajeno a los señalamientos de corrupción, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, marco la agenda de lo que podría ser la gestión de Romero Herrera como primer panista a nivel nacional.
Su relación con el gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum, parece haber iniciado con el pie izquierdo. Desde el primer día, las acusaciones sobre su pasado político dominaron la agenda. No obstante, Romero intentó darle la vuelta a la narrativa, posicionándose como una voz de oposición firme.
Y es que desde su gestión como delegado en Benito Juárez, entre 2012 y 2015, su nombre ha sido vinculado al llamado “cártel inmobiliario”. Claudia Sheinbaum, utilizó su conferencia matutina para reiterar estas acusaciones y afirmó que “es el jefe del ‘cártel inmobiliario’, lo conocimos muy bien en la Ciudad de México. Empresarios y testigos revelaron el ‘modus operandi’ de un grupo muy corrupto en la alcaldía Benito Juárez».
Romero respondió de inmediato, cuestionando la postura de Sheinbaum y dirigiéndose a esta le dijo “presidenta, ¿es así como se conducirá con la oposición? ¿Con quienes simplemente no pensamos como usted? Usted debería convocar a la unidad nacional, no a la división ni a la pugna”, expresó Jorge Romero.
A pesar de su defensa, las acusaciones sobre corrupción no han cesado, ni dentro ni fuera del PAN. Incluso Felipe Calderón, expresidente de México y antiguo líder del partido, señaló en su libro ‘Decisiones difíciles’ que Jorge Romero manejaba sumas millonarias derivadas de prácticas irregulares.
Sin embargo, para otros panistas, como el ex gobernador de Jalisco, Emilio González Márquez, quien también habló con Conciencia Pública, la reacción de Jorge Romero ante las declaraciones de la mandataria mexicana, pone en claro las posiciones de la oposición.
“Me ha parecido bien la forma en que ha plantado cara a la presidente Sheinbaum, quien de una manera a mi juicio equivocada, está buscando confrontaciones en lugar de unificar a los mexicanos. La posición de Jorge Romero me parece inteligente y me parece valiente. Creo que esto abriga la esperanza de que vengan tiempos nuevos para el PAN, positivos. Todavía no toma posesión y ya está marcando su espacio ante el poder. Me gusta cómo está empezando. Que al final es lo que le hace falta a la oposición”, señaló el ex mandatario jalisciense.
Pero a pesar de la respuesta de Jorge Romero, algunos analistas consideran que el PAN necesita más que retórica para consolidarse como oposición. Guillermo Velasco lo resumió así: “la respuesta de Romero a Sheinbaum es pura estridencia mediática. Pero de eso a construir una narrativa consistente y atractiva para la sociedad, hay un trecho enorme”.
El ex gobernador, González Marque analizó al PAN, en su dirigencia nacional y señaló que Marko Cortés ha sido criticado por su falta de renovación y apertura, por lo que espera que el partido pueda recomponerse, “el PAN no puede ser un partido sin rostro ni principios claros. Tiene que regresar a su esencia y abrirse a la participación ciudadana. Si Jorge Romero mantiene las estructuras actuales de control, lo único que logrará será administrar derrotas”, advirtió González Márquez.
El problema no es nuevo. Durante la presidencia de Marko Cortés, el PAN sufrió su peor debacle electoral desde 1994, acompañado de divisiones internas y cuestionamientos por prácticas antidemocráticas. El panista Fernando Guzmán comentó que la elección de Jorge Romero representa una oportunidad para corregir estos errores.
“El PAN debe abrirse a la sociedad, recuperar la confianza de sus bases y abanderar las causas que realmente importan a los mexicanos. Si no lo hace, seguirá siendo un partido cerrado y sin futuro”, señaló.
Para Emilio González se abre una nueva oportunidad, donde se cierra un ciclo y comienza otro nuevo y la posibilidad de recomenzar es la importancia que se debe rescatar y aseguró que está convencido que el PAN es el partido que habrá de dar la batalla nuevamente en contra de las dictaduras perfectas que se han querido instalar en México.
“Ahora la dictadura totalitaria de Morena, así como lo hizo en su momento con la parte negativa del PRI, que ahora está en Morena también. Entonces, para que esto se dé, el PAN se tiene que ratificar en sus principios. No puede ser un partido sin rostro, no puede ser un partido veletta. Tiene que ser un partido bien cimentado en sus principios históricos”, resaltó.
Para el analista Guillermo Velazco, la condición de abrirse a la sociedad, es lo que va a determinar la fortaleza del PAN, ya que la coyuntura actual que se vive en el país de un autoritarismo cada vez más fuerte, el PAN, tiene como una alternativa posible y viable, es la de volver a sus orígenes y abrirse a la sociedad.
“El PAN surgió bajo la lógica de hacer una realidad del humanismo político, es decir, el bien común, si te pones a ver, ha sido el único partido que en sus estatutos ha hablado del bien común, que es mucho. Creo que más que alguna coyuntura, claro, si presupone derrotar al PRI, y hoy presupone derrotar a Morena, por el riesgo que significa, entonces tiene que hacer un planteamiento que vaya en ese foro, la construcción del bien común en México”, aclaró el analista.
El desafío de Romero no es menor. Por un lado, debe revitalizar un partido que, según sus críticos, está cerrado a la participación ciudadana y alejado de sus principios fundantes. Por otro, necesita lidiar con los constantes señalamientos de corrupción que empañan su liderazgo. A ello se suma la necesidad de decidir el futuro de la alianza con el PRI y el PRD, que ha generado divisiones internas y críticas entre los militantes.
Emilio González ofreció una perspectiva esperanzadora y aseguró que “si el PAN logra abrirse, abanderar causas populares y regresar a sus principios, tiene futuro. Pero si se queda atrapado en sus viejas prácticas, no sólo estará en riesgo como partido, sino que México perderá a su principal fuerza opositora”.
Adriana Dávila, aunque derrotada, dejó un mensaje contundente y apuntó que “el PAN necesita reinventarse como un partido ciudadano. México necesita una oposición congruente, con credibilidad y voces fuertes. Sin eso, estaremos condenados a repetir los mismos errores”.
La elección de Jorge Romero marca el inicio de una etapa crucial para el PAN. Con un partido fragmentado, una militancia desmotivada y una dirigencia nacional rodeada de polémicas, el futuro de Acción Nacional dependerá de su capacidad para superar sus divisiones internas y conectarse con la sociedad. Como lo señaló Fernando Guzmán, “el PAN tiene que decidir si quiere ser un partido relevante o una caricatura de oposición”.
Para Jorge Romero, el reto será demostrar que puede liderar un cambio auténtico en el PAN, alejándose de las sombras de la corrupción y construyendo un proyecto político capaz de enfrentar los desafíos del México actual.
NACIONALES
Llave al cuello

– Opinión, por Miguel Anaya
El Senado de la República nació para ser la cámara de la reflexión, el contrapeso, el espacio donde las decisiones se piensan dos veces antes de convertirse en ley. Desde su inicio en el siglo XIX, su existencia buscaba equilibrar al país: la Cámara de Diputados representaría la voz inmediata del pueblo y el Senado, con sus 128 integrantes, encarnaría la visión de más alto nivel de cada estado. En teoría, es la tribuna donde la política alcanza su forma más elevada.
La semana pasada, en lugar de argumentos, lo que retumbó fueron los gritos, acompañados de empujones y amenazas de riña dignas de vecindario enardecido. Lo que debía ser la cúspide del debate nacional se convirtió en un espectáculo más cercano a la arena de lucha libre que al foro legislativo más importante del país.
Conviene recordarlo: la tribuna del Senado no es un micrófono más. Es el escenario que, en teoría, proyecta al mundo la madurez política de México. Allí se han discutido tratados internacionales y reformas constitucionales que marcan generaciones. Y, sin embargo, lo que se ofreció al país no fue altura de miras, sino un espectáculo de pasiones mal encauzadas, una demostración de que, cuando falta el argumento, la violencia sale a flote.
Algunos dirán que la violencia parlamentaria es casi folclórica. En Italia se han lanzado sillas, en Corea martillos, en Taiwán agua y puños. La diferencia es que allá los incidentes son excepción; aquí amenazan con convertirse en método alterno de debate. Al paso que vamos, quizá convenga incluir guantes de box en el reglamento interno.
Lo ocurrido no es simple anécdota, sino síntoma. La violencia desde la tribuna envía un mensaje devastador: si en la Cámara alta se puede insultar y agredir, ¿qué freno queda para la sociedad? El Senado debería marcar la pauta de la civilidad, no reflejar lo peor del enojo social. La tribuna debería ser espejo de lo que aspiramos a ser, no caricatura de lo que tememos convertirnos.
Una máxima, atribuida a distintos autores, menciona que “la violencia comienza cuando la palabra se agota.” En México, la palabra parece agotarse antes incluso de ser pronunciada. Otra frase importante, acuñada por Carlos Castillo Peraza dice: “La política no es una lucha de ángeles contra demonios, sino que debe partir del fundamento de que nuestro adversario político es un ser humano.” Ambas enseñanzas se han olvidado en el legislativo.
Lo más preocupante no es la escena del zafarrancho, sino lo que significa: que en el recinto diseñado para contener pasiones se desbordan las más bajas. Que en la cámara que debía representar la inteligencia del Estado se normaliza la torpeza del insulto. Y que, en la tribuna donde deberían hablar las mejores voces de la nación, se escuchan ecos de cantina.
El Senado no merece ser burla internacional. Mucho menos lo merece el país que lo sostiene. La dignidad de esa Cámara no depende de los mármoles que la adornan, sino de la altura de quienes la ocupan. Y si los legisladores no alcanzan el nivel que la historia les exige, quizá haya que recordarles que la tribuna no les pertenece: pertenece a los ciudadanos que todavía, ingenuos, tercos o soñadores, confían en que la democracia se discutirá con ideas, no con empujones.
En conclusión, lo que vimos en el Senado no es un accidente aislado, sino el retrato incómodo de una clase política que confunde el poder con la prepotencia (¡qué raro!) y la representación con la bravuconería. La patria necesita llaves que abran el diálogo, no llaves al cuello.
NACIONALES
El ocaso del rebelde

– Opinión, por Iván Arrazola
El poder, ese viejo escenario donde se forjan héroes y se consumen rebeldes, suele desnudar la verdadera esencia de quienes lo alcanzan. A lo largo de la historia, ha sido capaz de transformar ideales en privilegios y convicciones, en concesiones.
En México, pocos casos ilustran mejor esta metamorfosis que el de Gerardo Fernández Noroña: el opositor combativo que enarbolaba la rebeldía como bandera y que, con el tiempo, terminó convertido en el mismo tipo de político al que solía denunciar.
En este sentido, desde sus tiempos como opositor, lo que dio a conocer al senador Fernández Noroña fue su actitud combativa y su rebeldía. Era el tipo de político capaz de hacer una huelga de hambre ante una decisión injusta del gobierno, el personaje que abiertamente criticaba los excesos de la vieja clase política: sus privilegios, sus viajes y el lujo en el que vivían.
Esa faceta crítica y contestataria la expresó también en episodios como su negativa a pagar el IVA en los supermercados, acciones que ponían en aprietos a trabajadores que, en realidad, poco podían hacer para cambiar los precios.
Sin embargo, todo cambió cuando López Obrador lo incluyó entre las llamadas corcholatas presidenciales. A partir de ese momento, el activismo callejero que había caracterizado a Fernández Noroña se transformó. De la noche a la mañana, subió varios peldaños y se convirtió en parte de la nueva élite política.
Así, cuando fue nombrado presidente de la Mesa Directiva del Senado, su estilo ya no fue el de un perfil austero. Los viajes en primera clase, las salas premier en aeropuertos y los vehículos de lujo pasaron a ser parte de su nueva realidad. Paradójicamente, el mismo político que antes presumía su cercanía con el pueblo y despreciaba a los elitistas, pronto cayó en excesos inconcebibles para alguien que se asumía contestatario. Incluso utilizó al Senado como espacio para exigir que un ciudadano se disculpara públicamente por haberlo insultado en un aeropuerto.
El contraste es aún más evidente si se recuerda que durante años criticó la corrupción de panistas y priistas, y denunció las injusticias contra el pueblo. Ahora, en cambio, mostró una sorprendente falta de sensibilidad.
Respecto al rancho de Teuchitlán, Jalisco, por ejemplo, minimizó la gravedad de lo ocurrido al afirmar que solo se trataba de cientos de pares de zapatos, negando que hubiera indicios de reclutamiento o atrocidades. En otros tiempos, probablemente habría exigido justicia y acompañado a las víctimas.
De igual modo, cuando surgieron señalamientos contra el coordinador de su bancada por vínculos de su secretario de seguridad con el crimen organizado, Noroña llegó incluso a cuestionar la existencia del grupo criminal involucrado. En otra época habría pedido el desafuero del implicado; hoy, en su nueva faceta, resulta difícil imaginarlo asumiendo una postura crítica.
No obstante, sus últimos días como presidente del Senado estuvieron marcados por un cúmulo de escándalos. Investigaciones periodísticas revelaron que era dueño de una casa de 12 millones de pesos.
Aunque intentó justificar la compra con un crédito, sus ingresos como senador y las supuestas ganancias de su canal de YouTube, rápidamente especialistas desmintieron que pudiera generar los 188 mil pesos que asegura el senador. Con soberbia, declaró: “Yo no tengo ninguna obligación personal de ser austero”. Incluso se ventiló que recibe donaciones ilegales a través de sus transmisiones en redes sociales.
En ese torbellino de acusaciones ocurrió un episodio que pudo haberle devuelto algo de legitimidad, pero que terminó mostrando que se trata de un político que vive el privilegio: el enfrentamiento con el líder nacional del PRI. Aunque al principio la conversación mediática giró hacia la agresión que sufrió junto a uno de sus colaboradores, el caso pronto escaló.
El Ministerio Público acudió de inmediato al Senado a tomarle declaración, mientras miles de personas comunes siguen sin obtener justicia pronta y expedita. Esa diferencia de trato encendió aún más las críticas.
La polémica creció cuando la jefa del Estado intervino, acusando a Alejandro Moreno y a la oposición de actuar como porros. En lugar de llamar a la prudencia y a la concordia, reforzó la confrontación y desvió la atención al señalar que la prensa se fijaba más en la casa de Noroña que en las acusaciones de la DEA contra García Luna.
El caso de Fernández Noroña ilustra crudamente lo que sucede cuando los principios se subordinan al poder, ya sea porque este transforma a las personas o porque desde el inicio solo fue una estrategia para alcanzarlo. Hoy, las condenas a la violencia en el Senado son unánimes.
Lo que no parece merecer la misma indignación es la incongruencia. El régimen insiste en convencerse a sí mismo de que “no son iguales”, pero en los hechos muestran que sí lo son o, lo más inquietante, que pueden incluso superar a aquello que juraron combatir.
NACIONALES
La presidenta, Omar y Marcelo

– De Frente al Poder, por Óscar Ábrego
A un año la Presidenta está haciendo lo que puede con quien tiene.
Resolver la herencia que le dejó López Obrador no es sencillo.
Una gran parte del país controlado por la delincuencia, finanzas públicas deshidratadas, obras inviables y tremendamente costosas, una nación endeudada brutalmente, un sistema de salud devastado y muchas otras asignaturas como la de lidiar con personajes impresentables por sus vínculos criminales o comportamientos inmorales y corruptos, son parte del pesado costal que carga todos los días Claudia Sheinbaum.
Sin embargo, en este primer aniversario, estoy convencido de que la primera mujer que encabeza el ejecutivo federal está destinada a trascender en la historia.
Podrán muchos no estar de acuerdo en sus postulados, pero ¿qué mandatario en el mundo se escapa de la polémica y la crítica? Ninguno, sea mujer o varón.
La democracia, al margen de sus bases teóricas, siempre corre riesgos colectivos. Así lo demuestra la historia universal.
De cualquier modo, soy de los que opina que Sheinbaum tiene la convicción de lograr mejorar el estado de las cosas que recibió.
Dicho de otra forma, creo en ella.
Y si bien hay temas que pueden ser materia de cuestionamientos duros y legítimos, lo cierto es que en este primer aniversario de su sexenio sobresalen dos personajes que han dado la nota positiva (por no decir sobresaliente) de su gestión: Omar García Harfuch, secretario de Seguridad y Protección Ciudadana y Marcelo Ebrard Casaubón, secretario de Economía.
De ambos lo único que podría decirse en este momento es que están dando buenas cuentas a la sociedad y a la presidenta.
Los dos tienen algo en común: los escenarios que enfrentan son adversos y en extremo desafiantes.
Omar, pacificar al país en medio de una violencia nunca antes vista.
Marcelo, darle viabilidad productiva a México frente a la inestabilidad emocional de Donald Trump.
Si Claudia Sheinbaum ha tenido un acierto, es haber colocado en esas delicadas responsabilidades a Omar García Harfuch y a Marcelo Ebrard, quienes, llegado el momento, de seguro serán los únicos finalistas de Morena en el aún lejano 2030.
En X: @DeFrentealPoder
*Óscar Ábrego es empresario, consultor en los sectores público y privado, escritor, activista social y analista político.