CRÓNICA
Detención y muerte de El Mencho: Del refugio secreto en Tapalpa al escenario de apocalipsis en Jalisco
Por Belisario Bourjac
El sol apenas despuntaba sobre la sierra de Tapalpa, ese rincón turístico de Jalisco conocido por sus bosques de pino, sus cabañas de madera y su paz aparente a 130 kilómetros al sur de Guadalajara.
Nadie imaginaba que aquel amanecer marcaría el fin de una cacería de más de una década. Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, de 59 años, fundador y líder absoluto del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), el hombre más buscado por México y Estados Unidos, caería abatido en un operativo militar de precisión quirúrgica.
Horas después, el cártel respondería con una furia desatada: 252 narcobloqueos en 20 estados, vehículos en llamas, carreteras convertidas en barricadas y un saldo de decenas de muertos. Jalisco, su feudo histórico, viviría un “código rojo” que nadie olvidará.
Todo comenzó días antes, con un seguimiento silencioso de la Inteligencia Militar Central. El 20 de febrero, un hombre de confianza de una de las parejas sentimentales de “El Mencho” fue visto trasladando a la mujer hasta un complejo de cabañas turísticas en la zona boscosa de Tapalpa.
Ella se marchó al día siguiente, pero los militares confirmaron que el capo permanecía allí, protegido por un círculo cerrado de escoltas. La ubicación no fue casual: inteligencia mexicana, complementada por datos del Comando Norte de Estados Unidos a través de la Fuerza de Acción Conjunta Interagencial Anticarteles, había vigilado el sitio. El Departamento del Tesoro estadounidense ya tenía bajo la lupa esas cabañas por presunto lavado de dinero.
Al amanecer del 22, seis helicópteros de la Fuerza Aérea Mexicana y equipos terrestres de élite de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Guardia Nacional convergieron sobre el objetivo. El plan era claro: detención. Pero el círculo de seguridad del CJNG abrió fuego de inmediato.
En los primeros minutos del enfrentamiento cayeron ocho presuntos integrantes del cártel. “El Mencho”, junto con dos de sus hombres, intentó huir hacia la maleza. Allí, en pleno bosque, las fuerzas especiales lo alcanzaron. El capo y sus escoltas resultaron gravemente heridos por fuego del Ejército. Tres militares mexicanos también fueron lesionados.
Los heridos —Oseguera Cervantes y sus dos guardaespaldas— fueron subidos de urgencia a un helicóptero para ser trasladados a una instalación médica en Jalisco. No llegaron vivos. Murieron en el trayecto aéreo. Sus cuerpos fueron llevados posteriormente a la Ciudad de México para las periciales correspondientes. En el lugar se aseguraron armas largas, municiones, dos lanzacohetes (uno ruso RPG y otro Blindicide) y vehículos blindados. Ese mismo domingo, en otro punto de Jalisco —El Grullo—, cayó también Hugo “El Tuli”, operador clave que coordinaría luego parte de la venganza.
La noticia no tardó en filtrarse. Antes del mediodía, el CJNG ya había activado su protocolo de respuesta. Lo que vino después fue una de las jornadas de violencia más extendidas en la historia reciente del país: 252 bloqueos carreteros y urbanos en 20 estados, desde Jalisco hasta Michoacán, Guanajuato, Guerrero, Puebla, Baja California, Tamaulipas y Nuevo León.
En Jalisco, el epicentro, las imágenes eran dantescas: camiones y autobuses incendiados bloqueando la carretera a Puerto Vallarta, la autopista Guadalajara-Chapala, las avenidas de Lagos de Moreno y hasta calles céntricas de la capital tapatía. Columnas de humo negro se elevaban sobre Guadalajara. En Puerto Vallarta, turistas quedaron varados; aerolíneas cancelaron y desviaron vuelos. Partidos de fútbol se pospusieron. Más de mil personas tuvieron que refugiarse en el zoológico de Guadalajara. El gobernador Pablo Lemus declaró “código rojo” y pidió a la población no salir de casa.
El cártel no se limitó a bloqueos. Atacaron comercios, farmacias y tiendas. En varios puntos se reportaron enfrentamientos directos con fuerzas de seguridad. El saldo fue brutal: al menos 25 elementos de la Guardia Nacional muertos, un custodio y un oficial de la Fiscalía General del Estado, además de alrededor de 30 presuntos delincuentes abatidos.
El total de fallecidos en la ola de violencia del día y sus réplicas inmediatas superó los 62. No se reportaron víctimas civiles directas en los primeros balances, pero el terror se instaló en miles de familias. “El Tuli”, antes de caer, habría ofrecido 20 mil pesos por cada militar asesinado, según inteligencia posterior.
La Sedena, a través del general Ricardo Trevilla Trejo, confirmó los hechos en conferencia: la inteligencia mexicana había sido clave, aunque agradeció el apoyo de información de Estados Unidos.
La presidenta Claudia Sheinbaum resaltó que el operativo fue 100 % mexicano y que la normalidad se recuperaba “poco a poco”. El gobernador Lemus, en Jalisco, fue más directo: “No vengo a decirle a Puerto Vallarta que ya estamos en una situación de normalidad absoluta, sería una gran mentira”. Hacia las 20:00 horas del domingo, el 90 % de los bloqueos ya había sido desactivado. El Ejército reforzó Tapalpa con un cerco militar que se mantuvo los días siguientes.
Para la historia de Jalisco, este 22 de febrero de 2026 quedará como el día en que el cártel que nació en estas tierras y las dominó durante más de una década recibió el golpe más duro desde su fundación. Tapalpa, el pueblo mágico de niebla y turismo, pasó de ser un refugio secreto a escenario del fin de “El Mencho”.
Los narcobloqueos, esa táctica de terror que el CJNG perfeccionó, mostraron una vez más su capacidad de respuesta incluso sin líder visible. Pero también evidenciaron los límites: en pocas horas, el Estado recuperó el control de las vías.
Hoy, a una semana de distancia, Tapalpa sigue custodiada. Guadalajara respira con cautela. Y México se pregunta qué sigue para el cártel más poderoso del continente. La crónica está escrita con sangre, fuego y bloqueos. Queda para la memoria colectiva como testimonio de que ni el capo más intocable es eterno, ni la violencia que genera desaparece con él. Jalisco, una vez más, fue el epicentro. Y su gente, la que más pagó el precio de esa guerra que no eligió.




