OPINIÓN
Juego de soberanía
Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac
México gira en torno al caso “Rocha Moya”. Las opiniones se dividen en dos: Los que consideran que México debe juzgar a Rocha Moya y los que consideran que debe ser entregado a la justicia norteamericana para ser enjuiciado.
Las redes sociales se han convertido en un hervidero. La polarización se ha tornado de color rojo vivo. Posiciones extremas. Insultos, descalificaciones de uno y otro bando se hacen presente.
Las filtraciones desde Estados Unidos llegan a México y las redes sociales las multiplican. El gobierno de la 4T y Morena son centro de estos ataques y descalificaciones. La periodista Anabel Hernández, que recibe información de los órganos de inteligencia norteamericanos, asegura que “SEDENA ha cortado pacto de impunidad con la 4T y coopera con el gobierno de EEUU en el caso de Rocha Moya”.
Anabel Hernández afirma que “SEDENA (bajo el mando del general Ricardo Trevilla) habría decidido romper un supuesto pacto de silencio o impunidad con el gobierno de Claudia Sheinbaum y fue quien ordenó la entrega voluntaria de Gerardo Mérida Sánchez a las autoridades norteamericanas (exsecretario de seguridad de Rocha Moya, acusado del mismo caso), presentándose ante las autoridades norteamericanas.
La interpretación es que el Ejército no está dispuesto a proteger a Rocha Moya ni a involucrarse en el blindaje, distanciándose de la postura oficial del gobierno federal.
EL CASO MARU CAMPOS
El caso de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, es otro gran tema que forma parte del juego de ajedrez político y que empieza a crecer su impacto en la opinión pública y ha venido a resucitar al PAN. El partido que lucía fragmentado y huérfano de liderazgo nacional tras 2024 encontró en la gobernadora de Chihuahua, arropada por Jorge Romero y figuras como Anaya, una bandera de “persecución política” que lo sacó de la defensiva.
El citatorio de la FGR, las acusaciones de violación a la soberanía y el mitin frente a la Fiscalía convirtieron una posible debilidad en ofensiva. Morena buscaba desgastar a una incómoda opositora; el efecto búmeran reactivó al blanquiazul.
¿Qué efectos tendrá el que se pretenda llevar a juicio a la gobernadora Maru Campos? Maru emerge como figura en ascenso, pero los riesgos legales persisten. Ella niega haber estado enterada de la participación de agentes de la CIA en operaciones de cuerpos de seguridad de Chihuahua y denuncia que es víctima de una persecución. Y pega el golpe cuando afirma que “es un citatorio simulado de la Fiscalía General de la República para intentar fabricarle un caso y convertirla en inculpada”.
La presidenta Sheinbaum afirma que no está imputada y que se le citó como testigo.
EL DESGASTE DE LA PRESIDENTA
Pero más allá del debate jurídico y diplomático, el caso ya tiene un costo político tangible para la presidenta Claudia Sheinbaum. Según la más reciente encuesta de Enkoll para EL PAÍS y W Radio (mayo 2026), la aprobación de la presidenta Claudia Sheinbaum cayó siete puntos en apenas dos meses: de 75% en marzo a 68% en mayo.
Es el descenso más pronunciado de su gestión hasta ahora. No es un derrumbe. 68% sigue siendo una cifra alta, envidiable para cualquier mandatario latinoamericano en su segundo año, y refleja que la base dura de Morena y un segmento importante de la ciudadanía aún le otorgan crédito a su gobierno.
La narrativa de “soberanía” y “justicia mexicana” resuena en buena parte del electorado. Sin embargo, el golpe es innegable: el caso Rocha Moya —junto con la crisis en Chihuahua— está erosionando la imagen de control y firmeza que Sheinbaum había construido con tanto cuidado.
La caída es especialmente marcada entre los jóvenes (18-34 años), donde el desgaste supera los 13-25 puntos en algunos grupos. Ahí donde la expectativa de transparencia y resultados contra la impunidad es mayor, la percepción de dilación o protección política duele más.
Cuando el 62% de los encuestados considera creíbles las acusaciones estadounidenses contra Rocha, la defensa institucional del “procesarlo en México” empieza a verse menos como un acto de soberanía y más como un escudo corporativo.
Para Sheinbaum, este no es solo un bache numérico. Es un recordatorio de que la herencia de lealtades de la 4T puede convertirse en lastre. Mantener el cerco cerrado alrededor de Rocha preserva la unidad interna a corto plazo, pero abre grietas en la confianza ciudadana.
La presidenta aún tiene un margen amplio —68% es territorio de alta popularidad—, pero el reloj político avanza más rápido que el de los expedientes judiciales.
En el ajedrez del poder, una caída de siete puntos no tumba al rey. Pero sí obliga a mover las piezas con mayor precisión. Porque si el limbo se prolonga y la aprobación sigue sangrando, el dilema Rocha Moya dejará de ser un caso aislado para convertirse en la primera gran herida de imagen del sexenio.
¿Qué podemos esperar en estos días?
Hay tres pistas en juego: La del gobierno mexicano y su argumentación de defensa de la soberanía; la ofensiva del gobierno norteamericano contra el gobierno de la 4T y el impacto de este juego de lucha de poder, como la entrega de estos dos exfuncionarios al gobierno norteamericano y el involucramiento a actores políticos, como la gobernadora de Chihuahua, que la han llevado a juicio.
No hay claridad sobre lo que pudiera suceder con el “Caso Rocha Moya” y los tres escenarios que referimos en columnas anteriores, siguen vigentes: 1) extradición y absolución en EEUU; 2) extradición, culpabilidad y colaboración; 3) juicio en México y absolución.



