OPINIÓN
La silla de Tonalá: La batalla por el bastión guinda
Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
¿Qué se hereda en Tonalá? ¿Quién hereda? ¿Y quién reparte la herencia? Estas tres preguntas, que parecen de notaría, son, en realidad, las tres preguntas políticas más interesantes del oriente metropolitano en este verano de 2026. Porque ha empezado —usted ya lo habrá notado en los espectaculares, en los informes que parecen mítines y en los balances que parecen destapes— la temporada de los suspirantes.
Permítame ponerlo en antecedentes.
Sergio Chávez Dávalos gobierna Tonalá por tercera ocasión. Fue el primer alcalde reelecto en la historia del municipio y se marcha —él mismo lo ha dicho, con una franqueza que en política siempre debe leerse dos veces— dentro de catorce meses, sin pedir un voto más a los tonaltecas. Se va porque le «llama mucho la atención» Guadalajara. Así, con esa modestia de quien mira un aparador.
Antes de irse, eso sí, deja construido un relato. Y hay que reconocerle al alcalde que el relato tiene cimientos, varilla y losa.
Primer acto: la basura. Tonalá concluyó la concesión de Caabsa Eagle, esa empresa que durante décadas manejó los residuos de media metrópoli con un desparpajo que ya quisieran algunos tesoreros.
El municipio recuperó el control directo del servicio, compró unos cuarenta camiones recolectores, levantó la Estación de Transferencia Tonalá Oriente —la segunda del estado, con una inversión de unos 150 millones de pesos— y presume hoy una cobertura de recolección superior al noventa por ciento. La ruptura con Caabsa se vende como una batalla ganada contra la corrupción y el abandono. Y, en política, estimado lector, las batallas ganadas contra villanos con nombre propio valen oro molido.
Segundo acto: la salud. El «hospitalito» del centro, con cuatro mil metros cuadrados, cuarenta camas y una inversión de entre 220 y 250 millones de pesos, en buena parte con recursos propios; los avances del Hospital Civil de Oriente; una clínica de hemodiálisis para unos cinco mil enfermos renales; y las Cruz Verde de Colonia Jalisco y El Rosario. El eslogan implícito es redondo: transformar basura en salud. Reconozcamos el oficio: no cualquier publicista municipal hila un silogismo así.
Tercer acto: los números. Reducción de la percepción de inseguridad, según la ENSU, de entre siete y diez puntos; caídas en la incidencia delictiva que la Fiscalía y el Secretariado sitúan entre el 32 y el 52 por ciento; homicidios dolosos a la baja en torno al 41 por ciento; más de 180 policías depurados; inversión privada de entre 720 y 776 millones de dólares —más de trece mil millones de pesos—, con la promesa de generar entre 22 y 29 mil empleos; la recaudación, cien millones de pesos arriba; el mayor presupuesto de la historia municipal, por encima de los 2 mil 400 millones de pesos; más de cien obras; un malecón, un lago urbano y miles de luminarias. «Sacar a Tonalá de la oscuridad», dice la propaganda y, por una vez, la metáfora y el recibo de luz coinciden.
¿Todo es lumbre y ninguna sombra? No exageremos. Las colonias siguen reportando el pendiente cotidiano —el agua que no llega, la patrulla que tarda, la calle que se inunda—, pero los años electorales, usted lo sabe, tienen la mala costumbre de despertar a los durmientes.
El caso es que ese municipio —el mejor posicionado que tiene Morena en todo Jalisco, con un alcalde que ronda el 63 por ciento de aprobación— se queda sin dueño. Y aquí comienza lo bueno.
Hasta hace unas semanas, la sucesión tenía un guion escrito por ley: Tonalá era uno de los ocho municipios que el instituto electoral local reservó para candidaturas exclusivamente femeninas. El propio Chávez lo había asumido como legado histórico: sería el primer alcalde tonalteca en entregar el bastón a una mujer. Pero el 23 de junio, la Sala Superior del Tribunal Electoral federal, por cuatro votos contra dos, rompió el guion y devolvió a los partidos la libertad de postular a quien quieran. La paridad forzada murió en los tribunales y la fila de la sucesión, que era exclusiva de damas, se llenó de caballeros con la velocidad con que se llena un camión en hora pico.
El primero en subirse no se hizo esperar. El 5 de julio, Juan Carlos Villarreal —diputado de Hagamos, excandidato a la alcaldía, exlíder transportista, exemecista y expriista; currículum que es, en sí mismo, un tratado de geografía política— presentó un «balance de los cinco años de gobierno de Sergio Chávez», rematado con una frase que no requiere criptógrafo: «Defendamos la transformación y vamos por lo que sigue en Tonalá».
Tomó nota, supongo, el comité de elecciones de Morena, que el 21 de septiembre designará a su coordinador político municipal, esa figura con la que los partidos disfrazan a sus punteros mientras el calendario les prohíbe la palabra precandidato.
Pero no se distraiga usted con los caballeros, que las aspirantes serias siguen siendo ellas. Dos, sobre todo, merecen ficha.
Liliana Olea Frías, regidora de la planilla de Chávez, preside la Comisión de Servicios Médicos y llegó al Ayuntamiento con un expediente que impone respeto burocrático: contadora pública, maestra en Gestión Directiva, especialista en Estudios de Género, catedrática del CUTonalá, con pasos por el DIF y la Contraloría municipales.
Es, digámoslo así, la candidata del organigrama: la continuidad hecha currículum, con vínculos en la universidad y en el gremio artesanal de la cerámica, que en Tonalá no es folclor, sino identidad y padrón. Su registro como aspirante habla de «consenso» y «relevo generacional», con el posible acompañamiento de Morena, lo que fue Futuro, lo que fue Hagamos, PVEM y PT. Cuando una aspirante enlista cinco siglas antes que tres propuestas, uno entiende que la operación va en serio.
Valeria Ávila Gutiérrez, en cambio, viene de la trinchera legislativa. Diputada local por el Distrito 20, integrante de la bancada de Hagamos, médica de formación e «hija de la educación pública», preside la Comisión de Competitividad y ha hecho suyas las banderas de los cuidados: licencias de paternidad, lactancia, fiscalía especializada en delitos contra las mujeres, violencia digital, ordenamiento territorial contra los abusos inmobiliarios, el río Santiago y el SIAPA. Su informe legislativo reunió liderazgos de media docena de municipios y colectivos ciudadanos: articula más allá de su distrito, que no es poco. Es la aspirante del voto joven y urbano, ese que en Tonalá —conviene decirlo— se entusiasma en redes y luego vota, cuando vota, pensando en la patrulla y en el camión de la basura.
De modo que el tablero queda así: un alcalde fuerte que se marcha a pelear plaza ajena contra media docena de aspirantes tapatíos; un relato de gobierno con cifras presumibles y necesidades todavía por resolver; un fallo judicial que reabrió la puerta a los hombres justo cuando las mujeres tenían la cancha reservada; una regidora del aparato y una diputada de las causas midiéndose en silencio; y un tránsfuga serial que ya se destapó envuelto en papel de informe.
El resumen es este: el municipio donde Morena tiene más que presumir en Jalisco es también donde más tiene que perder. Si el grupo de Chávez procesa la sucesión con orden, Tonalá seguirá siendo la joya guinda del oriente. Si se fractura, será la demostración de que, en Jalisco, Morena no pierde por sus adversarios: pierde por sí mismo.
La temporada apenas empieza. Y en Tonalá, ya se juega con fuego.
En X: @DEPACHECOS



