OPINIÓN
¿Por qué Guadalajara tiene tanta basura en las calles?
Opinión, por Violeta Moreno Haro
Durante años hemos escuchado la misma pregunta cuando vemos una calle llena de basura: ¿dónde está el gobierno? Sin duda, las autoridades tienen una enorme responsabilidad en mantener limpia la ciudad, prestar buenos servicios y responder con eficiencia. Pero, después de platicar con varios amigos que viven esta realidad todos los días, llegué a una conclusión que también nos involucra como ciudadanos.
Antes existía una costumbre sencilla: sacar la basura el día y a la hora en que pasaba el camión recolector. Hoy, en muchas colonias, las bolsas aparecen cualquier día de la semana y a cualquier hora.
Permanecen durante horas, e incluso días, sobre las banquetas, expuestas a las tormentas, a los perros que buscan alimento o a personas que revisan los residuos para recuperar algún objeto. El resultado lo vemos todos: bolsas rotas, basura dispersa y una ciudad que, poco a poco, pierde el orden.
Es fácil culpar únicamente al gobierno, pero la limpieza de una ciudad también comienza en la puerta de cada casa. Ningún sistema de recolección, por eficiente que sea, puede compensar la falta de corresponsabilidad ciudadana.
Hay una frase que resume perfectamente esta idea: la ciudad más limpia no es la que más se barre, sino la que menos se ensucia.
Hace poco tuve la oportunidad de visitar Tlaxcala y algo llamó poderosamente mi atención. Más allá del trabajo de las autoridades, se percibe una cultura donde las personas cuidan su entorno, recogen lo que les corresponde y entienden que el espacio público también es suyo.
Guadalajara siempre ha sido una ciudad de la que nos sentimos orgullosos. Su historia, su arquitectura, sus parques, su cultura y su gente la convierten en una de las capitales más importantes del país. Precisamente por eso debemos cuidarla entre todos.
La corresponsabilidad no exime a las autoridades de hacer su parte. Es indispensable mejorar la recolección, dar mantenimiento permanente a los espacios públicos y fortalecer las campañas de educación ambiental. Pero también es momento de recuperar hábitos que antes parecían normales: respetar los horarios para sacar la basura, no abandonar residuos en la vía pública y enseñar a las nuevas generaciones que el espacio común merece el mismo cuidado que nuestro hogar.
Guadalajara merece seguir siendo un referente nacional. Lograrlo no depende únicamente del presupuesto municipal ni del trabajo de los servicios públicos. Depende también de nosotros. Porque las ciudades más limpias no son las que tienen más trabajadores barriendo sus calles, sino aquellas donde la ciudadanía entiende que cuidar lo que es de todos también es una forma de amar la ciudad.



