JALISCO
Triejal: sentencia histórica… ¿o disparatada?
Crónicas de Pacheco, por Daniel Emilio Pacheco
Hay decisiones judiciales que marcan época. También las hay que simplemente marcan el ridículo.
El problema es que, en la política mexicana, ambas categorías suelen confundirse con asombrosa frecuencia. Y la reciente sentencia del Tribunal Electoral del Estado de Jalisco —el Triejal, como lo llaman con ese cariñoso diminutivo que tanto gusta a los jaliscienses— pertenece a esa zona gris donde lo histórico y lo absurdo conviven con perturbadora comodidad.
Vayamos a los hechos, que siempre resultan más reveladores que las interpretaciones.
Tres magistrados —Brenda Serafín Morfín, Marcela Zárate Llamas, presidenta del tribunal, y Manuel Rodríguez Murillo— resolvieron por unanimidad que, en ocho de los veinte municipios más poblados de Jalisco, los partidos políticos solo podrán postular mujeres para las presidencias municipales en 2027.
Hasta aquí, uno podría aplaudir. La paridad de género es un mandato constitucional y, en un país donde el machismo político ha sido la regla y no la excepción durante dos siglos, las medidas afirmativas tienen su razón de ser.
Pero el Triejal no se conformó con eso.
Para Zapopan —la segunda ciudad más poblada de Jalisco, gobernada desde hace más de diez años por Movimiento Ciudadano— añadió un requisito adicional que transforma la equidad de género en una ruleta de identidades: la candidata no solo deberá ser mujer, sino que además tendrá que pertenecer a algún grupo “históricamente discriminado”: personas indígenas, con discapacidad o integrantes de la comunidad de la diversidad sexual.
Aquí es donde el asunto se complica.
¿Qué significa, en términos prácticos, esta disposición que los magistrados jaliscienses llaman con pomposo tecnicismo “interseccionalidad”? Significa que Gabriela Cárdenas e Isaura Amador —las dos principales aspirantes emecistas a sustituir a Juan José Frangie en la presidencia municipal de Zapopan— quedan automáticamente excluidas de la contienda. Y no por sus capacidades, no por sus propuestas, no por su trayectoria, sino por la tragedia de no pertenecer a ningún grupo vulnerable, lo que las condena a ser candidatas de segunda categoría en su propio partido.
El absurdo tiene nombre y apellido en esta historia. Se llama Naraly González, regidora emecista que, según los corrillos políticos, era hasta hace unos días la coordinadora operativa del partido para preparar la campaña rumbo a 2027.
El destino, con su habitual ironía, la convierte ahora en la candidata natural. No por méritos acumulados en una competencia abierta, sino porque su perfil encaja en la tipología de vulnerabilidad que el tribunal ha diseñado.
“Cuando no te toca, aunque te pongas; y cuando te toca, aunque te quites”, reza la sabiduría popular.
Hay que decirlo con claridad, porque la claridad es la primera víctima de la demagogia: las cuotas han demostrado históricamente un rotundo fracaso como mecanismo de inclusión real. Producen representación simbólica, no transformación estructural. Llevan a los cargos públicos a personas que no siempre tienen las competencias para ejercerlos y excluyen a otras que sí las tienen.
La imposición de la agenda indigenista en la Suprema Corte de Justicia de la Nación es el ejemplo más reciente y doloroso: tenemos un presidente de la Corte cuya principal virtud parece ser agudizar la polarización bajo la bandera de los derechos de los pueblos originarios, mientras la institución que preside atraviesa su peor crisis de legitimidad en décadas.
Mirza Flores Gómez, coordinadora estatal de Movimiento Ciudadano, salió a decir —con toda la dignidad que le permite su cargo— que su partido “tiene los mejores perfiles de mujeres”. Tiene razón.
Pero eso ya no importa.
El Triejal ha decidido que la capacidad es secundaria frente a la identidad y que la democracia debe administrarse en cuotas, como si los ciudadanos de Zapopan no merecieran elegir entre las mejores opciones disponibles, sino entre aquellas que el tribunal considera políticamente correctas.
Por su parte, Morena —que fue quien presentó el recurso de apelación 7/2025 que desencadenó todo esto— ahora se rasga las vestiduras y, por voz de su presidenta estatal, Érika Pérez, considera la medida “una improvisación”.
Extraordinaria pirueta: impugna los lineamientos del IEPC, obtiene una sentencia que va más allá de lo que pedía y luego se queja del resultado. En México, la audacia política no tiene límites, ni siquiera los lógicos.
El PRI, fiel a su vocación de aplaudir lo que sea con tal de aparecer en los diarios, celebró la resolución. Laura Haro, presidenta del Comité Directivo Estatal del tricolor, proclamó “¡Victoria para las mujeres!” con el entusiasmo de quien nunca ha gobernado un municipio de relevancia, pero sabe perfectamente cómo aprovechar el momento mediático.
Gabriela Cárdenas, diputada de Movimiento Ciudadano y una de las excluidas por la sentencia, tuvo la elegancia de no derrumbarse públicamente. Dijo que la resolución debía verse “como parte del avance en la participación política de las mujeres” y que analizaría sus alcances.
Diplomatic response, como dicen los anglosajones.
Pero entre líneas se adivina la amargura de quien sabe que sus derechos políticos acaban de ser pisoteados por un tribunal que pretende defenderlos.
Lo más preocupante de todo esto no es la sentencia en sí —que probablemente será modificada por la Sala Regional de Guadalajara o, llegado el caso, por la Sala Superior en la Ciudad de México—, sino lo que revela sobre el estado de nuestras instituciones electorales.
Cuando un tribunal local puede determinar no solo el género, sino también la identidad específica de quién puede o no competir por un cargo público, estamos ante una concentración de poder jurisdiccional que debería inquietarnos profundamente.
La democracia no se construye restringiendo opciones. Se construye abriéndolas.
El Triejal, con la mejor de las intenciones declaradas, ha terminado produciendo una sentencia que atenta contra la libertad de los electores, los derechos políticos de las candidatas excluidas y la autonomía de los partidos para elegir a sus mejores perfiles.
La telenovela jalisciense apenas comienza.
Y, como toda buena telenovela mexicana, promete más capítulos llenos de sorpresas, traiciones y giros inesperados.
Qué buena se puso.
En X: @DEPACHECOS



