JALISCO
Toma el gobernador Lemus por fin el toro por los cuernos en el tema del agua: Pide apoyo al gobierno federal
Por Francisco Junco
Ante la severa crisis del agua que sufren cuando menos 170 colonias de la Zona Metropolitana de Guadalajara, el gobernador Pablo Lemus por fin decidió tomar el toro por los cuernos y llegar a las soluciones de fondo de esta crisis, después de postergar las soluciones necesarias que los técnicos ya habían advertido.
A pocos días de iniciar la Semana Santa y las vacaciones escolares y burocráticas, el gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, anunció el pasado 23 de marzo un cambio importante en el Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA) de la ZMG .
El mandatario cesó al director general del organismo, Antonio Juárez Trueba, y nombró en su lugar a Ismael Jáuregui Castañeda (ingeniero civil por la UdeG, exdirector de Obras Públicas de Zapopan y persona de confianza de Lemus desde hace más de 10 años).
Su perfil es más ejecutivo y orientado a obra pública que técnico-hidráulico. Ya visitó la planta de Miravalle para supervisar operaciones y definir soluciones inmediatas. Lemus lo eligió precisamente para “ejecutar las obras que sean necesarias con carácter urgente”.
El relevo responde directamente a la grave crisis de agua turbia, con mal olor y problemas de desabasto que afecta a decenas de colonias en la zona metropolitana. Lemus justificó la decisión por omisiones y falta de decisiones oportunas durante la gestión anterior.
El nuevo titular tiene el encargo inmediato de implementar una reingeniería del SIAPA, recorrer las colonias afectadas, escuchar a los vecinos y ejecutar acciones urgentes para mejorar la calidad del servicio. Sin embargo, el propio gobernador advirtió que la solución será gradual y no inmediata.
Al mismo tiempo, Lemus dio a conocer una serie de medidas para enfrentar el problema de fondo.
El anuncio de la inversión urgente (1,100 mdp, corregido de un primer comunicado de 1,200 mdp) se dio en el marco de la crisis y se reforzó con el cese. No se trata de una remodelación completa de la Planta Potabilizadora 1 (PP1) de Miravalle —una obra de largo plazo que cuesta entre 4,800 y 6,500 mdp, según documentos del SIAPA—, sino de acciones inmediatas para frenar la contaminación que llega a ella.
Entre las obras específicas financiadas destacan la intervención inmediata de colectores en Tlajomulco, El Salto y Tlaquepaque (para eliminar o controlar descargas irregulares de aguas residuales), así como la construcción de una planta de bombeo que lleve agua de la presa La Calera directamente al tanque de cambio de régimen (junto a la planta potabilizadora número 5), evitando el paso por el canal Las Pintas (continuación del canal de Atequiza).
Pide apoyo al gobierno federal: se requiere inversión de 15 mmdp
El gobernador Lemus anunció que solicitó el apoyo del gobierno federal para proyectos prioritarios de infraestructura hídrica, con una inversión estimada cercana a los 15 mil millones de pesos. Entre las obras clave destacan la ampliación de la planta potabilizadora y la construcción de un nuevo acueducto de Chapala a Guadalajara.
El cambio en la dirección del SIAPA y el anuncio de recursos se producen en un momento de alta presión social, cuando miles de familias han reportado agua de color oscuro, con olor desagradable y que, en algunos casos, ni siquiera sirve para lavar trastes o cepillarse los dientes.
En medio de la crisis por el agua turbia y las fallas en el abasto en la Zona Metropolitana de Guadalajara, el gobernador Pablo Lemus Navarro colocó sobre la mesa lo que hasta ahora aparece como el núcleo de la solución de fondo: renovar la infraestructura principal que hoy sostiene, con desgaste y rezago, el sistema hidráulico de la ciudad.
Más allá de las medidas emergentes, el planteamiento del mandatario apunta a lo esencial: modernizar casi por completo la planta potabilizadora de Miravalle, intervenir el sistema de conducción en Atequiza y construir un segundo acueducto Chapala-Guadalajara. Es decir, atender la raíz técnica del problema y no solo sus efectos visibles.
La relevancia del planteamiento está en que la crisis actual ya dejó ver que el problema no se limita a fallas operativas o a un episodio aislado de mala calidad del agua, sino a una infraestructura envejecida que ya no responde a las exigencias de una metrópoli que sigue creciendo.
Entre las obras planteadas está la ampliación de la planta potabilizadora número 1 de Miravalle, con una inversión estimada de 4 mil 800 millones de pesos, así como la construcción del acueducto sustituto Chapala-Guadalajara, que requeriría otros 10 mil millones de pesos.
“El acueducto Chapala-Guadalajara —ustedes saben— tiene más de 40 años trabajando y parte del problema de la mala calidad del agua tiene que ver con la antigüedad y el deterioro que presenta”, afirmó Lemus.

Ese diagnóstico es clave porque Chapala sigue siendo una de las principales fuentes de abastecimiento de Guadalajara. Actualmente, aporta alrededor de siete metros cúbicos por segundo, mientras que la ciudad consume cerca de 13 metros cúbicos por segundo, lo que muestra la fuerte presión bajo la que opera el sistema metropolitano.
Aunque en el futuro el sistema de El Zapotillo podría aportar cerca de tres metros cúbicos por segundo, esa entrada adicional no resolvería por sí sola el problema si no se modernizan las plantas, los canales y las líneas de conducción que hoy ya muestran señales claras de agotamiento.
Mientras se concretan las obras de largo plazo, el gobernador anunció una intervención inmediata en Atequiza, con la construcción de un nuevo acueducto que permitiría modificar la trayectoria del agua y reducir riesgos de contaminación antes de su llegada a la ciudad.
“Es una obra de corto plazo, con una inversión de alrededor de 850 millones de pesos. Yo espero que la podamos realizar en aproximadamente cuatro meses”, explicó.
La propuesta —para la cual Lemus ya pidió al Gobierno federal 15 mil millones de pesos— representa por primera vez en esta crisis un planteamiento que pone el foco donde realmente está el problema: en la infraestructura vieja, rebasada y deteriorada.
La discusión, a partir de ahora, ya no debería ser solo cómo contener la emergencia, sino cómo reconstruir el sistema que la provocó.

Hablan los técnicos:
José Plascencia: “Se postergó durante años la modernización del SIAPA”
La crisis del agua en Guadalajara ya no puede explicarse como una falla aislada ni como una contingencia temporal. Detrás del agua turbia, de mal olor y, en algunos casos, prácticamente negra que ha llegado a viviendas de distintos puntos de la ciudad, hay un sistema hidráulico rebasado, fuentes de abastecimiento contaminadas, plantas potabilizadoras rezagadas y una estructura operativa que, según especialistas, arrastra años de abandono, desorden administrativo y falta de decisiones de fondo.
Ese es el diagnóstico que trazó José Plascencia Casillas, expresidente de la Sociedad Mexicana de Ingenieros, quien advirtió que la ciudad enfrenta una crisis estructural en materia hídrica y sanitaria.
A su juicio, Guadalajara está pagando hoy el costo de haber postergado durante años la modernización del SIAPA, el saneamiento de cuencas y la construcción de nuevas obras hidráulicas, mientras la mancha urbana siguió creciendo y la infraestructura se fue quedando atrás.
“Se ve un panorama negro. Se tienen que hacer acciones inmediatas, como la modernización de las plantas, pero, sobre todo, tomar en cuenta que no se viertan residuos a los canales, como la presa Las Pintas, el canal de Atequiza y el arroyo El Seco. Es el principal problema que tenemos”, afirmó en entrevista con Conciencia Pública.
Plascencia Casillas sostuvo que una parte central del problema está en la calidad del agua que llega a los procesos de potabilización. Explicó que no se trata únicamente de mejorar la operación de las plantas, sino de reconocer que el agua que entra al sistema proviene de cuerpos y cauces severamente impactados por descargas contaminantes, lo que vuelve mucho más compleja su limpieza y tratamiento antes de llegar a las tomas domiciliarias.
A esa situación se suma, señaló, la falta de mantenimiento y actualización de las plantas potabilizadoras, que hoy operan con procesos que ya no responden a las exigencias de una metrópoli del tamaño de Guadalajara.
“Tenemos un agua irregular y potabilizarla es el problema, independientemente de que las plantas potabilizadoras no estén actualizadas, les haga falta mantenimiento y, sinceramente, no tengan la capacidad para potabilizar el agua que necesitamos en la zona metropolitana”, señaló.
El exdirigente de ingenieros fue más allá y apuntó directamente a la descomposición interna del SIAPA como uno de los factores que hoy tienen al organismo en una condición crítica. Consideró que el sistema se fue deformando con el paso de los años hasta convertirse en una estructura pesada, burocratizada y financieramente asfixiada, con una nómina sobredimensionada que, en su opinión, consume recursos que deberían destinarse a mantenimiento, operación e inversión.
Según su lectura, el deterioro no fue accidental ni repentino. Recordó que desde hace varios años distintas voces técnicas habían advertido que el organismo requería una reestructuración profunda, pero esas alertas no fueron atendidas con la seriedad necesaria. El resultado, dijo, es un SIAPA que perdió capacidad de respuesta mientras acumulaba problemas operativos, financieros y técnicos.
“Al SIAPA lo han tomado como una agencia de colocación y han ido engordando la nómina. Hoy en día, el SIAPA es un sistema inoperante, principalmente por el peso que tiene de nómina”, sostuvo.
A ese debilitamiento administrativo se añadió, además, la salida progresiva de personal técnico con experiencia; es decir, trabajadores que conocían a detalle la red, sus ciclos de operación, sus puntos de vulnerabilidad y la lógica interna del sistema.
Plascencia consideró que esa pérdida de memoria técnica no fue sustituida adecuadamente y que hoy el organismo también resiente esa falta de conocimiento operativo acumulado. En ese contexto, cuestionó que todavía se intente presentar la crisis actual como un problema menor o pasajero. Por el contrario, insistió en que la situación es compleja, prolongada y estructural, al grado de que varios de los síntomas actuales, agua sucia,




