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EDUCACIÓN

Salud mental en universitarios, un problema estructural: Bienestar social y mercados laborales

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– 6.5% de adolescentes ha intentado suicidarse alguna vez: ENSANUT

Temas de actualidad, por el maestro Alejandro Verduzco Mendoza

Mercadólogo y analista político | En X: @averduzcom

En México, el creciente malestar emocional y los problemas de salud mental entre jóvenes universitarios no pueden atribuirse únicamente a factores individuales o a una supuesta “fragilidad generacional”. Tres especialistas coinciden en que se trata de un fenómeno multifactorial con profundas raíces estructurales.

La doctora Laura Cristina Cortés Ornelas, doctora en Ciencias Sociales, enfatiza que el deterioro de la salud mental juvenil está estrechamente ligado a la precarización del mercado laboral, la inestabilidad económica familiar y la erosión de los tiempos de cuidado.

Para la licenciada Eustolia Martínez Rodríguez, psicóloga especializada en terapia familiar y juvenil, el problema se agrava por el estigma persistente, la invalidación familiar y la alta exigencia de los entornos académicos y laborales.

Mientras que la doctora Irma Gabriela Navarro Machuca, médica psiquiatra con amplia experiencia en adolescentes y jóvenes, alerta sobre las graves consecuencias de retrasar el tratamiento y la necesidad de reconocer la salud mental con la misma seriedad que cualquier enfermedad física.

A continuación, las tres especialistas abordan el tema en profundidad:

Dra. Laura Cristina Cortés Ornelas

Bienestar social y mercados laborales

P. ¿Por qué el aumento de problemas de salud mental en universitarios no puede explicarse solo desde lo individual?

R. No puede verse únicamente como un asunto clínico o de fragilidades personales. Desde finales de los años ochenta, México experimentó una profunda ruptura en el modelo de empleo. El trabajo estable con seguridad social fue reemplazado por empleos precarios, flexibles e inestables. Como señaló Enrique de la Garza, hemos vivido una expansión del trabajo atípico. Esto ha desorganizado la vida familiar, tal como advirtió Karl Polanyi.

P. ¿Qué muestran los datos actuales sobre precariedad laboral?

R. Según la ENOE 2025, la informalidad laboral nacional fue de 54.6% y en Jalisco de 53.7%. A esto se suma la pobreza laboral. Hoy muchas familias requieren dos ingresos precarios para sobrevivir. Esto impacta directamente en el acompañamiento de los hijos. La ENASIC 2022 demuestra que el cuidado sigue recayendo de forma desigual y que el tiempo de supervisión y escucha familiar ha disminuido.

P. ¿Cuál es la relación entre precariedad laboral y salud mental juvenil?

R. La precariedad erosiona los soportes familiares y genera inseguridad subjetiva. Cuando ambos padres tienen jornadas extenuantes e inciertas, los jóvenes quedan más expuestos a frustraciones, violencias e incertidumbres sin suficientes recursos emocionales.

La ENSANUT 2022 reporta altas prevalencias de sintomatología depresiva y que 6.5% de adolescentes han intentado suicidarse alguna vez. La salud mental juvenil se configura en el cruce entre precariedad laboral, fragilidad de cuidados e incertidumbre sobre el futuro.

Lic. Eustolia Martínez Rodríguez:

Procesos terapéuticos y detección temprana

P. ¿Por qué los universitarios tienden a ocultar su malestar emocional?

R. Aunque las nuevas generaciones de niños y adolescentes han normalizado pedir ayuda psicológica, en la etapa universitaria el estigma se intensifica. Temen ser vistos como débiles, incapaces de enfrentar los retos de su edad o que eso afecte su vida profesional. A esto se suma la invalidación familiar con frases como “ustedes son generación de cristal” o “esto es para gente débil”.

P. ¿Qué técnicas son más efectivas para tratar ansiedad y depresión en jóvenes?

R. El modelo cognitivo-conductual es muy útil: activación conductual, resignificación cognitiva y mindfulness. Sin embargo, no es suficiente. Es fundamental trabajar con el sistema familiar, sus reglas, límites y patrones de validación emocional.

P. ¿Cómo influyen los entornos académico, familiar y laboral en la salud mental?

R. El entorno familiar es el más determinante. De él se derivan las herramientas para resolver conflictos y gestionar emociones. En lo académico, la sobrecarga, el acoso entre pares y la falta de apoyo de profesores y directivos agravan el problema. En el ámbito laboral, la dificultad para insertarse genera frustración y sensación de fracaso.

P. ¿Qué señales indican que un joven necesita terapia de inmediato?

R. Agotamiento constante, desesperanza, ideación suicida o cuando el malestar permea varios contextos de su vida y no puede resolverlo por sí mismo. No es necesario esperar a una crisis grave.

Dra. Irma Gabriela Navarro Machuca

Diagnóstico, tratamiento y riesgos

P. ¿Cuáles son los primeros signos de ansiedad y depresión en universitarios?

R. En ansiedad: preocupación incontrolable, tensión física, insomnio e irritabilidad. En depresión: pérdida de interés (anhedonia), fatiga, cambios en apetito o sueño, desmotivación y pensamientos negativos. Muchas veces se normalizan como “estrés por la escuela”.

P. ¿Qué consecuencias tiene retrasar el tratamiento?

R. Los trastornos se vuelven más intensos y resistentes. A nivel académico provocan bajo rendimiento o abandono. Personalmente deterioran relaciones, autoestima y proyecto de vida. Aumenta el riesgo de autolesiones, consumo de sustancias e ideación suicida.

P. ¿Cómo distinguir entre estrés normal y un trastorno mental?

R. Se evalúa por duración, intensidad y afectación de la funcionalidad. Cuando el malestar deja de ser proporcional, persiste pese al descanso o interfiere gravemente en la vida del joven, se requiere evaluación clínica.

P. ¿Cuándo es indispensable la medicación?

R. Cuando los síntomas son moderados a graves, hay deterioro funcional importante o riesgo suicida. La medicación no “anestesia” emociones; regula los sistemas neurobiológicos para que la persona pueda beneficiarse de la psicoterapia.

P. ¿Qué riesgos implica la automedicación o evitar ayuda profesional?

R. La automedicación puede empeorar el cuadro o generar dependencia. Evitar atención profesional cronifica el problema. Muchos recurren al alcohol u otras sustancias como automedicación, complicando aún más el panorama.

P. ¿Qué reflexión final hace sobre la salud mental universitaria?

R. Vivimos una cultura que normaliza el agotamiento emocional como parte del éxito académico. No se trata de “generaciones frágiles”, sino de jóvenes que enfrentan mayor presión, exigencia y menor margen de error. El sufrimiento real debe ser atendido con seriedad, sin estigmas ni juicios.

Marco legal, derechos del estudiante y la responsabilidad institucional

Lizzette Yaneth Fuentes Ruiz, abogada con más de 19 años de experiencia, exencargada de la Secretaría del Consejo Tutelar para Menores Infractores de Jalisco y excoordinadora jurídica del Instituto de Transparencia de Jalisco (ITEI), ofrece un panorama jurídico claro sobre la protección legal de los universitarios frente a la violencia y sus consecuencias en la salud mental.

Fuentes Ruiz coincide con la perspectiva médica al afirmar que la salud mental forma parte del derecho constitucional a la protección de la salud. Ignorar un trastorno mental con el mismo peso que una enfermedad física puede generar omisiones graves que aumentan la vulnerabilidad del estudiante, tanto clínica como legalmente.

La abogada explica que la violencia contra los jóvenes no siempre es visible. Muchas veces inicia en el hogar, donde debería estar el principal refugio. “No siempre se trata de golpes. Frases como ‘no sirves’, ‘eres un problema’ o la indiferencia constante pueden constituir violencia psicológica legalmente sancionable”, advierte.

Desde su experiencia en el sistema de justicia para menores, Fuentes Ruiz ha visto que los problemas emocionales y sociales afectan por igual a jóvenes de todos los estratos socioeconómicos: desde aquellos en condiciones de calle hasta hijos de familias profesionales con recursos económicos, pero con ausencia afectiva.

En el caso de los universitarios mayores de edad, la problemática se complica porque se asume que gozan de plena autonomía. Sin embargo, muchas conductas que ocurren en relaciones de pareja, entornos académicos o familiares constituyen delitos tipificados en el Código Penal del Estado de Jalisco, aunque la normalización, el miedo y la falta de información impiden que las víctimas denuncien.

Tipos de violencia y delitos tipificados

La abogada detalla los principales tipos de violencia reconocidos:

• Violencia psicológica: insultos, humillaciones, amenazas, indiferencia o abandono afectivo.
• Violencia física: golpes y lesiones.
• Violencia sexual: abuso, hostigamiento y violación.
• Violencia económica y negligencia: omisión de cuidados básicos.
• Violencia digital: regulada por la Ley Olimpia (difusión de contenido íntimo, ciberacoso y extorsión digital).

En el Código Penal de Jalisco están claramente tipificados delitos como:

• Violencia intrafamiliar (Art. 176).
• Hostigamiento y acoso sexual (Art. 176 Bis).
• Amenazas (Art. 188).
• Lesiones (Art. 206).
• Instigación o ayuda al suicidio (Art. 224).
• Atentados al pudor y violación.

Además, existen leyes específicas como la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, la Ley Ingrid, la Ley Valeria (acecho) y la Ley Olimpia. A pesar de este robusto marco jurídico, persiste una brecha importante entre la ley y la realidad. Los principales obstáculos para denunciar son la normalización de la violencia, la dependencia emocional, el miedo a represalias y la falta de conocimiento legal.

¿Qué deben hacer los universitarios?

Ante cualquier situación de violencia, la abogada recomienda:

  1. Presentar denuncia penal ante el Ministerio Público o la Fiscalía del Estado de Jalisco. Se puede hacer de forma presencial o en línea a través del portal oficial: www.jalisco.gob.mx.
  2. Activar los protocolos internos de la universidad. Las instituciones educativas tienen la obligación de investigar, sancionar administrativamente y proteger a la víctima.

“La violencia en jóvenes universitarios no está fuera del derecho. Está claramente tipificada”, enfatiza Fuentes Ruiz. El problema no es la ausencia de normas, sino la falta de identificación, denuncia y actuación oportuna por parte de las víctimas y las autoridades.

La abogada cierra con una reflexión contundente:

“Hay violencias que no dejan moretones, no se denuncian, no hacen ruido, no escandalizan a la sociedad, pero sí destruyen”.


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