EDUCACIÓN
La crisis invisible de salud mental en la educación superior: Modo silencioso, la ansiedad y depresión que carcomen a los universitarios
Temas de actualidad, por el maestro Alejandro Verduzco Mendoza
Mercadólogo y analista político | En X: @averduzcom
A unas cuantas semanas de cumplir 22 años como académico de forma continua en distintas universidades de mi estado natal, Jalisco, y en otras entidades del país, realizo un alto en el camino para reflexionar sobre las miles de historias que han pasado frente a mí en las aulas. Durante este largo recorrido he acompañado a más de cinco generaciones completas de jóvenes: desde su ingreso lleno de ilusiones, metas, aspiraciones, energía y entusiasmo, hasta su egreso como profesionistas formados.
Sin embargo, detrás de esa imagen vibrante que suelen proyectar los universitarios, he identificado un fenómeno cada vez más frecuente y preocupante: el “modo silencioso”. Jóvenes que cumplen con sus obligaciones académicas, entregan trabajos a tiempo, mantienen una asistencia regular y hasta participan en clase, pero que internamente cargan con una profunda ansiedad, depresión, agotamiento emocional y una sensación de vacío que rara vez expresan en voz alta.
Este silencio no es voluntario ni caprichoso; es el resultado de múltiples presiones que se acumulan en una etapa crítica de su vida.
Después de más de dos décadas impartiendo clases, siendo consultor, columnista y mercadólogo, decidí que era momento de escribir sobre un tema que he postergado por mucho tiempo: la importancia de la atención oportuna en la salud mental de los universitarios.
Lo focalizo en esta comunidad porque es el espacio donde he desarrollado gran parte de mi vida profesional y donde diariamente convivo con esta realidad.
Amigos lectores, la ansiedad y la depresión no son temas menores. Son condiciones reales que deben ser tratadas por profesionales de la salud mental de forma oportuna y eficiente, a cualquier edad y en cualquier etapa de la vida.
Como bien dice mi comadre “Oly”, la salud mental es “canasta básica”. No podemos ser omisos: ni como padres con nuestros hijos, ni como familia, ni como amigos, y mucho menos como maestros con nuestros alumnos. Observar, detectar señales, acercarnos con respeto y, con su consentimiento, orientarlos hacia las áreas especializadas de las universidades es una responsabilidad compartida.
La mayoría de las instituciones educativas donde he impartido clases cuentan con departamentos de psicología y atención integral a estudiantes —un gran reconocimiento para ellas—, pero todavía enfrentan retos importantes en cuanto a cobertura, promoción activa y eliminación de estigmas. Es momento de dejar la indiferencia y actuar.
Con el propósito de aportar valor real a esta columna, realicé una investigación multidisciplinaria. Entrevisté a especialistas de diferentes áreas y a una estudiante universitaria para analizar el “modo silencioso” desde cinco perspectivas: vivencial, social, terapéutica, clínica y legal.
El objetivo es generar una profunda reflexión sobre qué estamos haciendo como núcleo familiar, como docentes, como autoridades educativas y como sociedad.
Las raíces sociales del problema
La Dra. Laura Cristina Cortés Ornelas, doctora en Ciencias Sociales y especialista en bienestar social, ofrece un análisis estructural: “No podemos explicar el aumento de problemas de salud mental solo desde el ámbito individual. Hay que mirar la transformación del mercado laboral y sus efectos en la vida familiar. Desde finales de los años ochenta, México pasó de empleos estables a formas precarias y flexibles de trabajo”.
Según la ENOE de diciembre de 2025, la informalidad laboral nacional se ubica en 54.6% y en Jalisco en 53.7%. Esta precariedad genera familias donde ambos padres trabajan en condiciones de alta exigencia, bajos ingresos y poca estabilidad.
La ENASIC 2022 muestra que el tiempo dedicado al cuidado y acompañamiento emocional de los hijos ha disminuido notablemente. “La precariedad laboral erosiona los soportes familiares y produce inseguridad subjetiva en los jóvenes”, afirma la doctora. Esto ocurre justo cuando los universitarios enfrentan la incertidumbre sobre su futuro profesional, generando un cruce peligroso entre precariedad económica, fragilidad de los cuidados y alta presión académica.
El enfoque terapéutico y la detección temprana
La Lic. Eustolia Martínez Rodríguez, psicóloga especializada en terapia familiar y conductual, creadora del proyecto DECIDE, explica: “En niños y adolescentes ha avanzado la normalización de acudir a terapia, pero en la universidad el estigma regresa con fuerza. Los jóvenes temen ser vistos como incapaces de enfrentar los retos de la vida adulta o que esto afecte su futuro laboral”.
Entre los factores más dañinos menciona la sobrecarga académica indiscriminada, el acoso entre pares, la invalidación familiar y la dificultad para comunicarse con autoridades universitarias.
Recomienda técnicas como activación conductual, resignificación cognitiva y mindfulness, siempre combinadas con trabajo familiar.
Las señales de alerta que no deben ignorarse incluyen agotamiento constante, desesperanza, ideación suicida y cuando el malestar permea todos los contextos de la vida del estudiante.
La perspectiva psiquiátrica y clínica
La doctora Irma Gabriela Navarro Machuca, médica psiquiatra con más de 20 años de experiencia en psiquiatría infantil, adolescente y juvenil, detalla: “Los primeros signos de ansiedad y depresión suelen confundirse con estrés normal universitario. En ansiedad destacan preocupación incontrolable, tensión física, alteraciones del sueño e irritabilidad. En depresión: pérdida de placer, fatiga persistente, cambios en apetito y sueño, y pensamientos negativos recurrentes”.
Retrasar el tratamiento, advierte, complica el cuadro clínico, aumenta el riesgo de abandono escolar, abuso de sustancias y conductas suicidas. La medicación, cuando es necesaria, no anestesia emociones, sino que ayuda a regular los sistemas neurobiológicos para que la psicoterapia sea efectiva.
La psiquiatra critica duramente la automedicación y el uso de alcohol como forma de “autorregulación”, prácticas que pueden empeorar significativamente el panorama.
Reflexiones finales
Para finalizar esta publicación e investigación, me permito plasmar mis consideraciones. En mi entorno familiar y en el de un servidor, ha sido una normalización la atención de la salud emocional, ya que siempre hay riesgos de afectaciones en cualquier círculo social y, como dice Gandhi, “se predica con el ejemplo”.
La presión por conservar una beca o una calificación es otro factor emocional que, de no saber manejarse, puede jugar en contra. El deporte o la actividad física pueden contribuir a mejorar nuestros niveles de ansiedad, depresión y estrés.
Esta investigación se originó debido a lo percibido en experiencia propia durante todos estos años en las aulas universitarias, ya que la depresión y la ansiedad pueden marcar el rumbo de muchos jóvenes. Por ello, agradezco la intervención de los especialistas que nos proporcionaron su interés, tiempo e información relevante sobre los síntomas y señales de advertencia, pero también sobre el camino, los procesos y las herramientas para poder estar mejor.
Agradezco a todas las voces aquí plasmadas que participaron y hago un llamado a la reflexión: dejar de ser omisos e indiferentes, romper paradigmas y tabúes sobre el tema de la atención de la salud mental y motivar a los jóvenes a asesorarse profesionalmente, ya que es tan normal como atender cualquier otro padecimiento porque, ya lo mencioné, es “canasta básica”.
“El inconsciente es el verdadero motor de nuestras acciones”. —Sigmund Freud.

La mirada desde dentro: testimonio de una estudiante
Testimonio vivencial y percepción real en las comunidades universitarias
• Estudiante universitaria de la carrera de Psicología
“Muchas gracias por la invitación para participar en esta investigación y por abrir espacios para hablar sobre un tema tan necesario dentro de la comunidad universitaria. Soy Ana Camila, estudiante universitaria de Psicología. Actualmente llevo tres años en formación académica y estoy próxima a egresar. Desde mi experiencia como estudiante, así como desde mi preparación profesional, he podido observar cómo la salud mental impacta la vida de muchos jóvenes”.
¿Cómo se vive la ansiedad y depresión dentro de la universidad?
En el entorno universitario, la ansiedad, la depresión y otros problemas mentales suelen vivirse en silencio. Muchas veces se esconden detrás de un aparente cumplimiento académico, mientras internamente el estudiante enfrenta agotamiento, desesperanza, presión constante y una sensación de no poder detenerse debido a la presión académica y personal. Se ha normalizado demasiado vivir cansados, emocionalmente saturados o incluso vacíos, como si fuera parte obligatoria de la etapa universitaria, cuando en realidad puede tratarse de señales importantes de deterioro emocional.
¿Por qué muchos estudiantes prefieren callar en lugar de pedir ayuda?
El miedo al juicio sigue siendo una de las principales razones. Muchos jóvenes temen ser vistos como débiles, exagerados o incapaces, debido a las comparaciones.
También influye la falta de apoyo familiar, la invalidación emocional y la creencia de que pedir ayuda significa haber fracasado. Me parece también que, en algunos casos, el aislamiento emocional puede llegar a niveles peligrosos, donde el estudiante siente que no tiene salida o que su sufrimiento no merece atención, aumentando el riesgo de ideación suicida.
¿Qué tan accesibles son los servicios de salud mental en tu entorno?
Aunque algunas universidades cuentan con apoyo psicológico, muchas veces los recursos son limitados, insuficientes o poco promovidos. No todos los estudiantes saben cómo acceder a ellos, sienten vergüenza o, en ocasiones, las barreras económicas o sociales dificultan aún más la atención oportuna. Me parece que la prevención sigue siendo una deuda importante, especialmente cuando se trata de identificar factores de riesgo antes de que una crisis escale.
¿Qué cambios propondrías en las universidades para mejorar esta situación?
Es fundamental fortalecer los servicios de salud mental, hacerlos más accesibles y también más visibles, así como implementar programas preventivos reales. También considero importante capacitar a docentes y personal para detectar señales de riesgo emocional o de intentos contra la vida, no solamente en la licenciatura de Psicología, además de promover campañas de sensibilización. Hablar de salud mental y prevención del suicidio de forma abierta puede salvar vidas.
¿Qué mensaje le darías a otros estudiantes que están pasando por lo mismo?
Buscar ayuda no es una debilidad. Hablar puede ser el primer paso para salir de un momento oscuro. Ningún problema emocional debe minimizarse y nadie debería sentir que tiene que enfrentar su dolor completamente solo. Siempre existe apoyo, incluso cuando la mente hace creer lo contrario. La vida de cada estudiante importa mucho más que cualquier otro tipo de presión.


