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JALISCO

“37 años de promesas rotas”; el agua exhibe el fracaso de la política en Jalisco: Periodista Agustín del Castillo

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Por Mario Ávila Campos

En la clausura de las Jornadas de Gestión Hídrica Metropolitana 2026, el periodista Agustín Bernardo del Castillo Sandoval lanzó una dura sentencia contra las élites políticas de Jalisco: el agua ha exhibido, de forma descarnada, el rotundo fracaso de la política y de los políticos en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Con 37 años de experiencia cubriendo la crisis hídrica del estado, el conductor de Territorio Reportaje en Canal 44 afirmó sin rodeos que las promesas incumplidas, la inversión raquítica y las obras limitadas han condenado a la ciudad a crecer de forma desordenada y cada vez más vulnerable.

“Me parece que hemos perdido mucho tiempo y muchos recursos tratando de resolver, de modos muy esquemáticos, problemas que son complejos”, afirmó. El resultado, según su análisis, es una ciudad que ha crecido mucho y ha crecido mal.

Durante su ponencia, el comunicador enumeró siete grandes problemas que ilustran el deficiente manejo público del agua en la metrópoli, problemas que se repiten desde el gobierno de Guillermo Cosío Vidaurri (1989) hasta la actual administración de Pablo Lemus Navarro.

1. Obsesión por las obras de infraestructura

La primera crítica se centra en la idea de que todos los problemas del agua se resuelven con “tubos y máquinas”. Del Castillo reconoció que las obras son necesarias, pero señaló que se ha privilegiado la infraestructura dura en detrimento de soluciones integrales.

A pesar de décadas de discusión, persisten redes obsoletas de miles de kilómetros, tanto de agua potable como de drenaje. Se han pospuesto el mantenimiento y la modernización de plantas potabilizadoras y acueductos. “Pagamos caro no haber invertido a tiempo”, dijo.

Además, se sigue pensando en soluciones aisladas sin entender la complejidad del sistema hídrico, olvidando que la naturaleza muchas veces maneja mejor las cuencas que la ingeniería cuando se le da la oportunidad.

2. La obsesión por traer agua de fuera

Uno de los clichés más repetidos es la búsqueda constante de nuevas fuentes lejanas. Del Castillo comparó la ciudad con “un gran tinaco lleno de fugas”: en lugar de reparar las pérdidas (que oscilan entre 30% y 40%, muy por encima de lo aceptable), se insiste en traer más agua.

Esta visión ignora la necesidad de mejorar el uso interno del recurso. Se produce agua potable de alta calidad para cualquier uso, se desperdicia agua tratada y se avanza muy poco en la captación de agua de lluvia.

Los “nidos de lluvia”, impulsados de forma tímida, representan un ejemplo de buenas ideas aplicadas a medias.

3. El imperdonable descuido de las fuentes actuales de abastecimiento

El periodista criticó duramente la falta de inversión en las fuentes existentes. En el caso del lago de Chapala, a 15 años de plantearse la segunda línea del acueducto, la obra sigue pendiente por temor político a los grupos ecologistas. Mientras tanto, se sigue usando el sistema antiguo a cielo abierto, que transporta agua contaminada y genera pérdidas brutales.

En los sistemas de pozos, la urbanización desordenada ha destruido zonas de recarga, especialmente en el Valle de Tesistán y La Primavera. Lo que antes eran áreas naturales de recarga ahora son zonas urbanas que generan escurrimientos peligrosos en temporada de lluvias.

Respecto a Los Altos de Jalisco y la presa El Zapotillo, Del Castillo recordó la promesa fallida de los exgobernadores Emilio González Márquez y Enrique Alfaro: se anunció agua garantizada por 50 años, pero la realidad es otra. La presa se redujo significativamente por negociaciones políticas, el acueducto es insuficiente y la potabilizadora también.

“Tenemos una megapresa que no sirve porque no tenemos cómo traer el agua”, resumió.

4. La cerrazón o timidez para la innovación

Agustín del Castillo lamentó la resistencia histórica a soluciones innovadoras. El Programa Integral de Manejo de Aguas Pluviales, planteado en la administración de Emilio González, quedó en gran parte en el papel.

Las obras realizadas en tiempos de Aristóteles Sandoval y Enrique Alfaro fueron mínimas y, en muchos casos, reducidas por presiones políticas.

Ejemplos claros son los vasos reguladores de El Deán y San Rafael: las protestas vecinales llevaron a disminuir su tamaño, por lo que no resuelven las inundaciones. “Se generó desgaste político y se gastó dinero, pero las inundaciones continúan”, señaló.

También criticó la lentitud en la captación de agua de lluvia a gran escala y la falta de conservación de cuencas naturales. Propuestas de hace más de 20 años para aprovechar arroyos como el Arroyo Seco, creando áreas verdes y controlando urbanizaciones, han sido ignoradas mientras se pavimenta y construye sobre zonas inundables.

5. El desprecio y la frivolidad del sector gubernamental

El gobierno, según Del Castillo, suele reaccionar solo cuando la crisis estalla. Ejemplos recientes incluyen las medidas temporales ante el agua de color (problemas de potabilización y mala calidad del agua del acueducto antiguo), la crisis de la presa Elías González Chávez durante la pandemia y las recurrentes alertas por el nivel de Chapala.

“Se dan soluciones de aspirina cuando se necesita cirugía”, afirmó. Se prioriza la narrativa política por encima de la inversión real y la planificación seria.

El periodista recordó que la negociación de hace 20 años, que garantizó agua para Chapala desde la cuenca del Lerma, está en riesgo, y que falta transparencia sobre proyectos como la presa de Solís.

6. El poder inmobiliario y el dogma del crecimiento ilimitado

Este es, para Del Castillo, “el elefante en la sala”. Se ha impuesto la idea de que la ciudad debe seguir creciendo indefinidamente, sin importar las consecuencias. Sin embargo, datos demográficos indican que la población de la ZMG se estabilizará alrededor de los 6.5 millones de habitantes en las próximas dos décadas.

Existen más de 250 mil viviendas deshabitadas solo en los municipios metropolitanos. El modelo actual beneficia a un sector reducido de desarrolladores inmobiliarios, mientras la ciudad asume los costos: más infraestructura, más servicios, más seguridad y más agua. “Se privatizan las ganancias y se socializan las pérdidas”, resumió.

La dispersión urbana ha hecho más cara y menos sostenible la vida en la metrópoli. Se urbanizan zonas de riesgo y se destruyen áreas de recarga sin una planificación adecuada.

7. La mentira en el discurso político sobre el agua

Como síntesis de todo, Del Castillo denunció la falsedad recurrente en el discurso oficial. Desde promesas incumplidas como la de El Zapotillo hasta culpar a la ciudadanía por tirar basura mientras se permiten urbanizaciones en zonas inundables.

“No nos quieren explicar por qué las inmobiliarias inciden tanto en la agenda, por qué se invierte tan poco o por qué se apuesta tan poco a la innovación”, dijo.

Urgió a un cambio de paradigma: usar agua potable solo para usos que lo requieran, impulsar la reutilización masiva del agua tratada (ya hay plantas que producen agua de buena calidad) y replantear el consumo a nivel doméstico, comercial e industrial. Según estimaciones, con estas medidas se podría ahorrar entre 30% y 35% del agua actual.

Conclusión del periodista

Agustín del Castillo cerró su intervención recordando que Guadalajara tiene suficiente agua, pero la usa mal. La ciudad debe dejar de saquear cuencas lejanas y aprender a manejar de forma inteligente el recurso que ya posee. “El primer responsable de estos fracasos es el gobierno, porque para eso lo elegimos y para eso le pagamos”, sentenció.

Su mensaje en las Jornadas de Gestión Hídrica 2026 fue claro: sin voluntad política real, sin enfrentar intereses poderosos (inmobiliarios y otros), sin transparencia y sin un enfoque integral que combine ingeniería, manejo de cuencas, innovación y participación ciudadana, la crisis del agua en Guadalajara seguirá profundizándose, independientemente de las obras que se anuncien.

Las mesas técnicas de las jornadas y el acuerdo de seguimiento firmado entre el CICEJ y el SIAPA representan una oportunidad, pero solo si se traduce en acciones concretas y sostenidas más allá de los ciclos políticos.


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