OPINIÓN
La presidenta Sheinbaum se confronta con EEUU
De primera mano, por Francisco Javier Ruiz Quirrín
Estados Unidos, y particularmente el presidente Donald Trump, ha impuesto su agenda a la presidenta Claudia Sheinbaum en materia de seguridad, y ella se ha sujetado a los deseos de su vecino del norte. Sin embargo, la ideología afín a regímenes de izquierda de la mandataria mexicana, a estas alturas inocultable, comienza a generar consecuencias negativas no solo para su gobierno, sino también para el país.
Expertos advierten que el objetivo (“target”) estadounidense podría centrarse en el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), elevando la posibilidad de que el acuerdo deje de ser trilateral.
Tras el discurso de la presidenta en la reunión de jefes de gobierno de izquierda en Barcelona, surge la duda de si su intención era provocar un desencuentro con Estados Unidos. El tono del mensaje, para algunos, evocó posturas ideológicas de décadas pasadas.
No obstante, no cabe la ingenuidad. La presidenta era consciente de sus palabras y de las posibles consecuencias. Estas no tardaron en aparecer, en medio de acontecimientos relacionados con mexicanos bajo la mira de tribunales estadounidenses.
Primero, la muerte de dos agentes de la CIA en un accidente carretero en Chihuahua, tras participar en un operativo en el que se aseguró un importante laboratorio de metanfetaminas.
Sheinbaum respondió envolviéndose en la bandera de la soberanía nacional y señalando a la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, como responsable de permitir la presencia de agentes extranjeros en operativos en territorio mexicano.
La reacción de Estados Unidos no pasó desapercibida. Según la vocera de la Casa Blanca, el presidente Trump esperaba no solo condolencias, sino también acciones concretas para reforzar el combate al narcotráfico.
Resulta difícil creer que la presidenta desconozca la participación de agencias como la CIA, el FBI o la DEA en operativos contra el crimen organizado. Sin embargo, el momento fue utilizado para reforzar su narrativa soberanista y confrontar a la mandataria panista, con miras al escenario electoral de 2027 en Chihuahua.
Días después, se dio a conocer la detención en Argentina del vicealmirante Fernando Farías Laguna, señalado como presunto líder de una red de huachicol fiscal que habría provocado pérdidas al erario por alrededor de 600 mil millones de pesos. Su caso se convirtió en pieza clave tanto para el presidente argentino, Javier Milei, como para autoridades estadounidenses.
Milei no olvidó la imagen de Sheinbaum en Barcelona sosteniendo una pancarta con la leyenda “Cristina Libre”, en respaldo a la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner, condenada por corrupción.
En este contexto, la relación entre Trump y Milei se fortalece. Argentina tendría dos caminos respecto a Farías: otorgarle asilo político o extraditarlo a Estados Unidos como testigo protegido, lo que podría ampliar investigaciones contra políticos mexicanos vinculados a la llamada Cuarta Transformación.
Las tensiones continuaron. El embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson —exjefe de la CIA—, anunció una campaña para exhibir a políticos mexicanos presuntamente ligados a corrupción y narcotráfico, con sanciones como la cancelación de visas, como ya ocurrió, dijo, con el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya.
Estas acciones representan consecuencias relevantes para el actual régimen, en el que incluso figuras del pasado reciente podrían quedar bajo escrutinio.
A ello se suma la próxima renegociación del T-MEC, en la que se anticipa un posible cambio hacia un esquema bilateral, conforme a los intereses de Washington.
Más allá de interpretaciones, si la estrategia de la presidenta Sheinbaum apunta a una confrontación que le permita victimizarse políticamente —atribuyendo a Estados Unidos los problemas internos—, será algo que se confirmará con el tiempo.
Lo cierto es que diversos actores políticos mexicanos, incluidos cercanos al expresidente Andrés Manuel López Obrador, permanecen bajo la mirada de las autoridades estadounidenses.
En cualquier escenario, la presidenta Sheinbaum no es ajena a la dimensión de este conflicto. La interrogante es si ha calibrado el impacto que esta postura podría tener para México en el corto y mediano plazo.


