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Conversatorio en el Colegio de Jalisco: Atlas, identidad, memoria y resistencia

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Por Diego Morales Heredia

El Atlas no se explica únicamente desde la cancha. Su historia, su identidad y su permanencia como fenómeno social fueron el eje del conversatorio “El Atlas, una afición modelo”, donde académicos, diseñadores y especialistas coincidieron en una idea central: el club rojinegro trasciende el futbol para convertirse en una forma de entender la vida en Guadalajara.

Desde distintas miradas, el análisis partió de un punto común: el origen. Para Eugenio Ruiz Orozco, expresidente del club rojinegro, el Atlas no puede comprenderse sin regresar a su contexto fundacional.

“El origen del Atlas, en términos estrictamente deportivos, fueron los jóvenes que acudieron a las escuelas inglesas, en una época donde terminaba formalmente la revolución mexicana, pero los balazos seguían; es el escenario local; en el escenario internacional estaba en ciernes la Primera Guerra Mundial. Cuando los muchachos regresan por el conflicto bélico, trasladan una serie de prácticas que comenzaban a realizarse en el mundo. Dentro del conflicto hay una capacidad de entender una realidad distinta”.

Más allá de su fundación, la discusión se centró en lo que significa ser atlista. No como una etiqueta, sino como una construcción social sostenida en valores.

“¿Qué es el Atlas? Un equipo de futbol, un club, una asociación civil, un grupo de amigos y aficionados que tienen como común denominador la práctica de un deporte; entonces surgen complicaciones para cuadrar todo esto. ¿En qué creen los atlistas? ¿Cuáles son sus valores? La fidelidad, es una característica sustantiva; la Fiel sí existe, no es un eslogan, hay un compromiso explícito de un grupo social con una serie de valores, en el caso puntual del futbol”.

Esa identidad, insistió Ruiz Orozco, no es trasladable ni replicable fuera de su contexto. “El Atlas no puede existir en otra ciudad, el Atlas es de Guadalajara; quien piense que puede trasladar a cualquier escenario geográfico al equipo está equivocado, el Atlas es un sentimiento, una pasión, un sentido de frustración, esperanza, ilusión, paciencia, tenacidad. Entonces, ¿qué es el Atlas? Es una filosofía de la vida; no cualquiera puede ser atlista”.

Agregó: “El Atlas se elige, no es un fenómeno mecánico emotivo que responde a un sentido nacionalista que genera solidaridad; el Atlas tiene la capacidad de decidir, porque tiene características. Somos gente que proviene de un fenómeno social que se da en el siglo pasado y permite una gran movilidad en la sociedad”.

Incluso en la derrota, el Atlas encuentra una forma de afirmarse, argumentó Eugenio Ruiz Orozco, quien puso en el análisis con los presentes qué pasará con el Atlas, haciendo una remembranza de los cambios estructurales que ha tenido el club, desde su fundación hasta la venta reciente a José Miguel Bejos.

“El Atlas no es un grito sin sentido, es de quien no se rinde y gana a lo Atlas, es esa capacidad de sufrimiento. El Atlas cree en el milagro. ¿Qué pasará con el Atlas? Ya se vendió, se pueden identificar momentos con precisión: la primera etapa en el Paradero, después entra en un proceso de transformación, se llega a la conclusión de que se puede vender el club; con esa lanita se compraron los terrenos de Colomos. Hubo expansión en el Country, en Chapalita. Entendiendo que una cosa es el futbol, otra son los clubes, el futbol que por muchos años fue muy mal manejado, nos obligó a venderlo”.

La conversación también abordó las decisiones que marcaron el rumbo institucional del club, en un contexto donde el futbol dejó de ser únicamente deporte para convertirse en negocio.

“Llegamos hasta la etapa donde pudimos participar, se decide la venta, sucedieron muchos incidentes; la Federación Mexicana de Futbol es un club de ricos, entendido en razón de intereses de un grupo de ricos, de los de verdad. Frente a esos no se puede competir. Esos ricos tienen derecho de veto; el Atlas estaba sin retorno, fue fácil venderlo, la decisión estaba tomada por la realidad, se acercan postores, uno a uno lo va eliminando la Federación, hasta que se lo queda Grupo Salinas. Ahí termina una época donde el club y el futbol se separan; no hay la fatalidad de que la lana del club se transfiera al equipo”.

En esa misma línea, el presente y futuro del Atlas también fueron puestos bajo análisis, particularmente ante los cambios de propiedad.

“La segunda etapa es cuando Grupo Salinas; pensamos que las cosas podrían ser interesantes, porque la esposa de Ricardo Salinas es tapatía y atlista; el hecho es que para él era un negocio más. En esas condiciones compra Grupo Orlegi al equipo; el hecho es afortunado porque representó dos campeonatos, pero ellos no son de aquí ni tienen sus intereses económicos aquí. Sucede que con la multipropiedad se obliga a deshacerse de equipos; le venden a Grupo PRODI”.

Subrayó: “A partir de aquí, ¿qué pasará con el Atlas? En el contrato original de venta, se establecieron condiciones: que no saliera de Guadalajara, que el equipo no cambiara de colores y escudo; han pasado dos administraciones y el tema es el futuro del equipo, porque el Atlas no puede ser más que de Guadalajara”.

Frente a ese escenario, para Eugenio Ruiz Orozco la afición aparece como un actor determinante en el futuro inmediato del Atlas y la llegada de nuevos inversionistas que provienen de fuera de la sociedad jalisciense.

“Si la sociedad se organiza, la gente que viene a hacer negocios tiene que encontrar un ambiente propicio para hacer negocios; si encuentran un espacio hostil, comienzan a pensar que no es un buen negocio. La opinión pública tiene un papel preponderante en el negocio. Al señor Bejos ni lo conocemos ni nos conoce, no sabemos cuánta lana trae, pero si hay una respuesta organizada de la Fiel, el Atlas tiene futuro; si eso no sucede, vamos pensando en otra cosa”.

EL ATLAS COMO SÍMBOLO

En su intervención, Felipe Covarrubias movió la conversación hacia un plano igual de relevante: el de los símbolos. Creador del rediseño original del escudo de Carlos Stahl, explicó las razones por las cuales el Atlas no solo se explica desde sus decisiones institucionales o su desempeño deportivo, sino también desde los elementos que lo representan y le dan forma frente a su afición.

“Unos jóvenes estudiantes tapatíos se inspiraron; habían vivido en Inglaterra, en el Colegio Ampleforth, cerca de Londres. Desde entonces, ya estaba el escudo de Carlos Stahl, un hijo de inmigrantes austriacos que habían venido al país. Lico Cortina le dijo: “Haremos un equipo de futbol, nos ayudas con el escudo; él era dibujante, hay bastante obra de él en el Museo Regional de Jalisco. Atlas sostiene al mundo, por eso el nombre del equipo. Hasta ahorita, sostiene cuando menos al mundo de mi familia, que somos todos atlistas, nos inculcaron la religión atlista”.

Añadió: “Después del campeonato de liga, tres de copa y cuatro campeón de campeones, llegamos a tener algunas épocas exóticas. En algún momento de la vida terminamos el torneo en penúltimo lugar, porque tres veces terminamos en el último”.

Felipe Covarrubias, emocionado, incluso al borde de las lágrimas por el recuerdo, detalló el proceso detrás del rediseño del escudo, una pieza clave en la identidad del club.

“Después de un tiempo, nos pidieron un favor, nos dieron la chamba, en tres meses hicimos un patrón de diseño, lo presentamos ante catorce atlistas, investigamos cómo se había deformado el escudo de Stahl, que no existía, estaba en una servilleta. No había una constante en el dibujo; hicimos el patrón que vendimos al club, basado en siete centros de giro, a mano. Ahora me dicen: Esto se hace en la computadora en treinta minutos, pero hace cuarenta años no había computadoras, había manos, transportador, compás y trabajo”.

LA FIEL Y LA IDENTIDAD ATLISTA

Si el Atlas puede entenderse desde su historia y sus símbolos, también es necesario explicarlo desde quienes le dan sentido todos los días: su afición. En ese terreno, la mirada del psicólogo y autor Pepe Lira llevó la conversación hacia un plano más íntimo, donde el vínculo con el equipo deja de ser solo una preferencia para convertirse en parte de la identidad personal.

“El Atlas cubre varias de las necesidades de identidad; solo faltan dos o tres cómplices, una playera, un balón, y ahí están diciendo los niños: yo soy el Astroboy Chavarín, Pepe Delgado, juego en la media como la Pájara Chávez, voy a meter un gol estilo Tote Castañeda; otros dicen: a mí díganme Robert Dante Siboldi, denme la 5 de Lavallén, y tú, Rafita Márquez, me parezco a Osorno, Guardado, a Diego Cocca, soy de Pinho, Fabricio Fuentes; por supuesto, todos los del bicampeonato, niñas y niños por más de cien años aprendiendo a querer la camiseta, el escudo y los colores por lo que significan en la ciudad”.

En el mismo orden de ideas, argumentó que la afición por un equipo de futbol está presente en la biografía de muchas personas, se instala en la identidad, ocupando un espacio significativo en el día a día de una persona.

“La mejor afición de México es la del Atlas, con rasgos en común. Para muchos niños y niñas, irle al Atlas es entrenamiento diario en la escuela de futbol, es la tarde de retas en el parque del barrio, es el ejercicio de creatividad en la porra, la decoración de una barda o en la habitación, es tema de conversación familiar, a veces hasta de discusión, es detonante de comunidad, poder contar con un desahogo casi terapéutico ante una gambeta, una atajada o un gol; a veces, hasta perdiendo, si se jugó bien, queda la sensación de alivio. Irle al Atlas es una esperanza en el porvenir”.

Más allá de los resultados, lo que define al atlista es la permanencia en lo cotidiano: en los rituales, en las historias familiares y en la forma en que el club se integra a la vida misma. Es una pertenencia que no depende de victorias, sino de una conexión emocional que se transmite, se hereda y se reafirma con los años.

“Esta afición por 70 años no levantó un título de liga, no dejó de crecer en número de aficionados e intensidad. Irle al Atlas es ir al estadio antes de la boda, es seguir fomentando el amor por la camiseta en honor al familiar atlista que ya no está, es ver a nuestros hijos y conocidos debutar en el primer equipo, son los domingos de medio maratón, Ramón Figueroa gritando mil veces arriba el Atlas, las tiras cómicas de Trino con Pipo, el pisar el Monumental Estadio Jalisco”, puntualizó.


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