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ENTREVISTAS

El adiós a un inmortal del rey de los deportes

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– Aquel homenaje de Charros a Juan Vené.

– “El béisbol me costó dos matrimonios”.

Por Gabriel Ibarra Bourjac.

Aquí publico la entrevista que Juan Vené me concedió cuando recibió el homenaje de Charros de Jalisco, al imponerle su nombre al palco de prensa de los caporales, que está en la parte más alta del Estadio Panamericano, allá por noviembre de 2017.

“Creo que nací más reportero que actor cómico. Y he sido feliz. Esta es una profesión de pocos ingresos y muchas satisfacciones que volvería a vivir”, expresa Juan Vené, a propósito de su vocación como cronista y comentarista beisbolero, que se impuso a la de cómico.

Juan Vené recibió la noche de un jueves de noviembre el reconocimiento a su larga y fructífera trayectoria en el periodismo beisbolero por parte de Charros de Jalisco, y ahora el palco de prensa del Estadio de Béisbol Panamericano lleva por nombre “Juan Vené”.

Juan Vené, en enero próximo, cumplirá 89 años de vida. Admirable su vitalidad y el humor que lo distingue. La noche de este viernes lo vimos pisar el diamante del Estadio Panamericano, en Zapopan, la casa de los Charros, donde recibió de parte de sus directivos, Armando Navarro y Salvador Quirarte, el diploma enmarcado de reconocimiento a su entrega al deporte rey.

Aquella dura crítica de Vené

¿Por qué su nombre al palco de béisbol? Allá por 2017, la directiva de Charros decidió ubicar a los reporteros que cubren los juegos en el Estadio Panamericano en un alejado rincón del jardín derecho, en territorio de foul, lo que se consideró una agresión y ofensa al gremio.

Y Vené salió en defensa de los compañeros, criticando esta decisión que consideró absurda.

“He escrito que los compañeros periodistas no protestan porque no los dejan en sus medios o porque son empleados del equipo”, escribió.

Y respecto a quienes habían aseverado que a Vené lo utilizaría la directiva de Charros, respondió:

“En cuanto a que pensaban utilizarme, eso no lo acepto, no lo he aceptado a más de seis equipos mexicanos que me han ofrecido, desde narrar hasta cargos ejecutivos. Mi libertad como periodista no tiene precio. Ni los Charros ni nadie tienen con qué pagarla”.

Nuestro director Gabriel Ibarra Bourjac y Alma Chávez tuvieron el privilegio de invitar a comer a Juan Vené, acompañado de su esposa Barbarita y sus hijos Camilo y Juan.

La corrección

Pues bien, finalmente, la directiva de Charros entendió que tenía que brindarle un trato digno a la prensa y, en las remodelaciones que hicieron al Estadio Panamericano, crearon un palco para los periodistas que cubren los partidos, a un lado de la parte central que está detrás de home.

Al aceptar tácitamente la equivocación en que habían incurrido, Quirarte rectificó con este homenaje a Vené. Y qué mejor que el palco construido ex profeso lleve su nombre.

El papel de Juan Vené

Pocos saben que el verdadero nombre de Juan Vené es José Machado Yanes y que estuvo a punto de convertirse en actor de teatro antes de definir la profesión de su vida.

Su nombre, que es el más famoso en el mundo del periodismo beisbolero de América Latina, viene de un personaje de comedia que encarnó en su natal Venezuela antes de convertirse en periodista y que se llamaba precisamente Juan Vené. “Juan por Juan Bimba y Vené por Venezuela”, ilustra.

Al periodismo llegó por circunstancias de la vida, porque lo que hizo muy bien durante más de 70 años no estaba precisamente en sus planes. Él quería ser actor de teatro.

Así relata aquella época, en una sabrosa entrevista que le publicó el diario El Nacional, en Venezuela, sobre su paso efímero por el mundo del teatro, al que le ganó el béisbol, para fortuna de los miles de lectores que disfrutamos sus columnas llenas de picardía y humor.

“Era un llanerito, con sombrero de cogollo, franela blanca y alpargatas. Recorrimos muchos lugares. Nos presentamos en los cines, durante los intermedios, y en estaciones de radio. Estando en Maracaibo, el grupo se disolvió y me quedé allá sin dinero”.

“Llegaron unos caraqueños a la pensión donde me estaba alojando. Iban a fundar La Noticia Gráfica, terminamos siendo amigos. Era 1947 (…) Y un día me vi como reportero del diario”.

Antes de convertirse en columnista de béisbol, don Juan escribía una columna sobre el mundo de la farándula titulada “El otro canal”.

El personaje de Juan Vené, recuerda, se dio por inercia.

“Como me llamaban así, así seguí firmando. Además, era más comercial que José Machado Yanes”.

Juan Vené me distinguió con su amistad y la última ocasión que tuve el gusto de convivir con él (lo invité a comer en el entonces restaurante Hacienda del Bosque que ya cerró) me regaló y autografió una pelota que se utiliza en Grandes Ligas.

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Su relación con los peloteros

¿Y cómo ha sido la relación que ha tenido Juan Vené con los hombres de pantalón largo que son los grandes protagonistas del deporte rey? —se le pregunta en esa entrevista—.

Su respuesta:

—La mayoría de las veces mi relación con los peloteros ha sido extraordinaria, pero Cecilio Guante casi me mata una vez, si no fue por la intervención de Álvaro Espinoza. Él estaba con los Yanquis. El mánager Lou Piniella lo mandó a calentar y él le dijo al coach que tenía un uñero, que no podía. Piniella me lo contó y lo publiqué, diciendo que Guante probablemente no conocía la historia de Lou Gehrig y Wally Pipp. Le molestó. Quería golpearme. Y medía como medio metro más que yo. Ha habido otros peloteros antipáticos, claro. Por supuesto que Barry Bonds. Y Rod Carew, después de que jugó con Venezuela. No sé por qué cogió odio contra los periodistas de habla hispana.

¿Cuál ha sido el episodio más curioso, más insólito que ha vivido en el periodismo?

—No sé si fue insólito, pero cuando existía Sport Gráfico, yo hacía mis fotos y firmaba con la cámara y el texto de Juan Vené. Un día, entré al clubhouse de los Yanquis y fui a hacerle una foto a Mickey Mantle. Estaba todo vendado porque padecía de osteomielitis. Parecía una momia. Me detuve y me dijo que él prefería no ser retratado así, aunque iba a colaborar conmigo. Me quedé en el clubhouse y se me olvidó Mantle. De pronto, oigo a alguien diciendo: “¿Venezuela, Venezuela?”. Era Mantle, que me llamaba para que le hiciera las fotos. Ese día le hice un rollo entero.

Babe Ruth, su pelotero favorito

¿Puede elegir a un pelotero favorito entre tantos?

—Uno que no vi jugar: Babe Ruth. Él cambió el béisbol. Entre mis contemporáneos, Luis Aparicio. Y últimamente, alguien que va a ser inolvidable: Derek Jeter. Aunque también tendría que mencionar a César Tovar y a otro que, sin grandes condiciones, fue uno de los más grandes: Pete Rose.

¿Y alguna nota favorita?

—Creo que mis mejores trabajos han sido los finales de Series Mundiales: los ambientes de los clubhouse, lo que se vivía después. Una vez, en Filadelfia, vi a dos jovencitos desnudarse frente al estadio. Mis trabajos favoritos eran esos, cuando el béisbol deja de ser béisbol y se convierte en una fiesta, una euforia.

El diploma que Charros de Jalisco entregó a Juan Vené en el homenaje que le rindió el club. Periodista venezolano, uno de los columnistas más leídos de América Latina, falleció el 15 de septiembre.

El béisbol le costó dos matrimonios

—Muchos quisieran una carrera como la suya. ¿Cuánto le costó lograrla?

—Me costó perder dos matrimonios. Dos extraordinarias mujeres y madres, señoras de su hogar, pero que necesitaban un marido que saliera a las 8:00 de la mañana y llegara a las 12 del mediodía, con el aguacate para el almuerzo, que regresara luego a las 5:00 de la tarde y al día siguiente otra vez llegara con el aguacate. Y para mí ningún día ha sido igual.

Eso lo sabe bien Barbarita, mi esposa. En Cuba, yo salía de una discoteca, porque era Año Nuevo, prendí el radio, escuché la noticia y, en vez de seguir a casa, me fui a Maiquetía. Llegué a La Habana en el primer avión que aterrizó tras la caída de Batista. Llegué antes que Fidel, sin dinero, sin nada. En Cubana de Aviación dejé mi reloj como garantía y me dieron 100 dólares. Con eso, pagué el taxi y llamé a Miguel Ángel Capriles. A las 24 horas, tenía dinero suficiente para todo.

—¿Cómo terminó siendo periodista de béisbol?

—Mi sueño era escribir de béisbol. No de deportes, sino de béisbol. Me gustan los toros, veo el boxeo, pero quería escribir de béisbol. Después de cubrir la Serie Mundial de 1960, fui reduciendo todo para dedicarme al béisbol en exclusiva.

—¿Fue entonces cuando se mudó a Nueva York?

—Pasé 41 años en Nueva York y llevo tres en Florida, pero no agarré una maleta y me vine. Fue un proceso. Al principio, transmitía 15 juegos y regresaba a Venezuela. Ya al tercero o cuarto año, transmitía todos los juegos, más de 200, incluyendo 20 de los entrenamientos, el Juego de Estrellas y la Serie Mundial.

El Negro Prieto, mi amigo, me dijo que regresaría con las tablas en la cabeza. Pablo Morales y yo lo intentamos y fracasamos. Pero yo reduje muchísimo los costos. Tuve que hacer yo mismo de operador, cargar los aparatos. Mi maestro y amigo Buck Canel nunca me cobró mucho. Todo eso me ayudó. Y después, se impuso el trabajo.

Don Juan, a los 89, ¿el béisbol todavía le quita el sueño?

—Ningún día ha sido igual. Si el radio anuncia una noticia, yo dejo el aguacate y me voy al aeropuerto. El diamante no se jubila; uno se queda corto de innings.

Charros le puso su nombre al palco. ¿Eso lava la ofensa de haber mandado a la prensa al jardín derecho?

—No se lava con un letrero. Se lava tratando con dignidad a quien cubre el juego. El diploma está bien; mejor está el palco detrás de home. Mi libertad no tiene precio. Ni Charros ni nadie tienen con qué pagarla.

¿Por qué tanto periodista se calla cuando un club lo corre al foul?

—Porque no los dejan en sus medios o porque son empleados del equipo. Yo no acepto que me utilicen. Me lo ofrecieron más de seis clubes mexicanos, de narrar a ocupar un cargo.

Si tuviera que firmar otra vez, ¿José Machado Yanes o Juan Vené?

—Juan Vené. Juan por Juan Bimba y Vené por Venezuela. Era más comercial. Y ya el público no me devolvería el otro nombre.

Babe Ruth, Aparicio, Jeter, Tovar, Rose. ¿A quién le pediría un autógrafo en el cielo?

—A Ruth, que no vi jugar y cambió el juego. En la tierra, a Luis Aparicio. Y que Pete Rose entre al Salón de la Fama, aunque le duela a quien le duela: sin grandes condiciones fue de los más grandes.

“Venezuela”. ¿Eso resume su carrera?

—Que un inmortal te busque para la foto cuando tú ya te habías olvidado de él. El periodismo no es perseguir; a veces es quedarse en el clubhouse hasta que el juego te nombra.

A un joven que quiere ser cronista, ¿le recomienda esta vida?

—Pocos ingresos, muchas satisfacciones. Volvería a vivirla. Pero que sepa: el diamante cobra en casa. Y que no venda la libertad por un cargo en un club.

Última: cuando el corazón se detenga, ¿qué quiere que digan en el palco que lleva su nombre?

—Que nací más reportero que cómico. Que fui feliz. Y que el palco no es mío: es de los que siguen preguntando sin pedir permiso.

 


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