EDUCACIÓN
La escuela sin celulares: Secretario Juan Carlos Miramontes alerta que el mayor peligro está en casa
– Juan Carlos Flores: “Sí a la tecnología, pero regulada”.
– El mayor riesgo del celular está en casa; limitarlo es decisión familiar.
Por Gabriel Ibarra Bourjac:
La escuela puede retirar el celular del aula, pero no puede decidir a qué edad entra a la recámara. Ese es el punto incómodo que deja la conversación con el secretario de Educación de Jalisco, Juan Carlos Flores: el mayor riesgo está en casa.
El aparato llega como regalo, se vuelve extensión del joven y, cuando ya forma parte de sí, quitarlo es muy difícil. Horarios, controles parentales y una regla simple —no llevarlo a la zona de descanso— no son capricho pedagógico: son el borde que la familia todavía puede poner antes de que el algoritmo mande.
Por eso, el debate del teléfono en clase no se agota en el Congreso ni en el reglamento escolar. Si el país quiere concentrarse en su sistema educativo, tiene que mirar también a los padres. Educar a los alumnos es la tarea central; sostenerla es responsabilidad de toda la sociedad. El maestro acompaña unas horas. El resto del día, la pantalla compite con quien debería poner el límite.
Tres dilemas enfrenta la educación en Jalisco
La educación en Jalisco enfrenta, al mismo tiempo, tres dilemas que ya no admiten postergación: qué hacer con el celular en el aula, cómo habitar la inteligencia artificial sin abdicar del pensamiento y qué dicen —con crudeza— las evaluaciones sobre lo que realmente aprenden los estudiantes.
Conciencia Pública entrevistó al secretario de Educación de Jalisco, Juan Carlos Flores Miramontes, quien explica que no se trata de tres expedientes separados, sino de una sola pregunta: si la escuela sigue formando personas o solo administra estímulos.
La decisión de restringir el teléfono en el salón de clases dejó de ser un reclamo aislado de padres y maestros para convertirse en política. Jalisco se adelantó al acuerdo federal del secretario Mario Delgado: el pasado 14 de mayo, el Congreso local promulgó una ley, a partir de la iniciativa de la diputada Adriana Medina, que distingue entre prohibir y regular.
La ley no prohíbe de forma tajante los teléfonos celulares en las aulas, sino que plantea acuerdos formativos y de corresponsabilidad entre autoridades educativas, profesores y padres de familia. Incluye restricciones para el uso de redes sociales en entornos escolares y espacios públicos, utilizando herramientas tecnológicas de bloqueo para fines que no sean estrictamente educativos.
El argumento de Flores Miramontes es claro: el problema no es tanto la pantalla como los algoritmos de redes sociales, diseñados para el scrolling adictivo y para saltarse el juicio.
Ese mismo debate escala con la inteligencia artificial. Tareas impecables que el alumno no sabe explicar; un presidente que pide acelerar la carrera con China; un papa, León XIV, que exige subordinar la técnica a la dignidad humana.

Juan Carlos Flores no niega el potencial —curas, síntesis, acceso a lo que antes era una sola copia en la biblioteca del Parque Agua Azul—, pero insiste en el principio: la IA es un medio, no un sustituto de las potencias que hacen persona.
Por eso pidió a investigadores de normales, universidades pedagógicas y centros del sistema estatal profundizar con urgencia. Si la escuela no enseña a usarla, alguien más la usará con otros fines.
La apuesta por formar el carácter
Frente a esa oleada, Jalisco apostó por lo más antiguo: formar el carácter. El programa, cuyo prototipado inició en seis secundarias, recuerda a 80 mil figuras educativas que educar es hábito, no vicio; prudencia, justicia, templanza y fortaleza, no solo cálculo que ya resuelve una máquina.
Precisamente, el próximo 28 y 29 de octubre, el Congreso de Jalisco Academy volverá sobre tecnología y carácter; el 30 se convocará a líderes de comités de padres de las 14 mil escuelas.
La apuesta es política y antropológica: sin límites en casa y sin virtudes en el aula, ni la ley del celular ni la IA servirán de mucho.

El telón de fondo son los resultados de PISA 2025. El mundo retrocedió; México sigue en los últimos sitios: 30% de los alumnos no alcanza el mínimo en matemáticas y 50% falla en expresión verbal.
En Jalisco, la muestra nacional fue de apenas 11 planteles, pero el instrumento propio, Jalisco Avanza —aplicado en todo el sistema—, muestra otro mapa: cerca del 80% logra el mínimo y un 10% aparece con capacidades sobresalientes, frente al 1 o 2% que PISA atribuye al país. No es triunfo; es piso.
La buena noticia, dice Flores, es que se evalúa y se puede mejorar. La mala es que, si la sociedad deja a los niños encargados a la pantalla, ni la prueba ni el carácter alcanzarán.

La entrevista
GIB. Juan Carlos, se decidió restringir el celular en el aula, después de reclamos que el Congreso federal evitaba. ¿Qué tan trascendente es esa medida y qué daño ha hecho el teléfono en clase?
Juan Carlos Flores. Coincido, Gabriel. Es un asunto inédito. Durante siglos, el aprendizaje se sostuvo en el maestro y en el libro. Luego llegaron internet, el cómputo y las telecomunicaciones.
En los últimos ciclos, a nivel mundial, hay tecnologías disruptivas: internet, inteligencia artificial y redes sociales. Dependen del uso que se les dé.
La discusión global no es solo el celular, sino las pantallas. El daño mayor, dicen los especialistas, está en las redes y en algoritmos hechos para volver adictivo el scrolling: contenidos breves que estimulan de golpe el placer cerebral. Cualquiera puede caer; en un niño, el efecto es mayor.
Esos sistemas comparan, imponen belleza, desempeño y tendencias globales. Antes, la influencia era la familia y la comunidad. Hoy, los jóvenes quedan expuestos, sin filtro, a megatendencias de todo el mundo. Por eso, regular el aula no es un capricho local: responde a un fenómeno que ya está documentado.
La promulgación de la ley del Congreso local
GIB. Y sin filtros, ¿no?
Juan Carlos Flores. Exacto. Hoy es más fácil diseñar un algoritmo comercial que cuidar el efecto formativo en los niños. Por eso deben incidir las regulaciones. Hace unos meses, el Congreso de Jalisco promulgó una ley, a iniciativa de Adriana Medina. Prohibir no es lo mismo que restringir: lo primero niega la tecnología; lo segundo la usa con criterio, porque los alumnos se enfrentarán a ella. Jalisco apostó por un acompañamiento gradual: protocolos, capacitación y el Comité de Protección en Entornos Digitales. El mismo día de una sesión salió el acuerdo federal de Mario Delgado. El Estado ya había hecho la tarea: hay ley y órganos para regular y acompañar.
Sí a la tecnología, pero regulada
GIB. Si se restringe el celular, ¿cómo se integra la tecnología para que el alumno no se sienta desconectado?
Juan Carlos Flores. No es sí o no a las pantallas: es adecuarlas a la enseñanza. Con el fideicomiso —con el fondo del impuesto del 1% de la nómina— se han invertido unos 4,400 millones en las escuelas. Hay cerca de 110 mil equipos y 18 mil pantallas inteligentes en una red propia, sin redes sociales ni sitios impropios: tecnología educativa con el maestro. Sí a la tecnología, pero regulada.
El mayor riesgo está en casa. La escuela no decide a qué edad llega el aparato. Esa es decisión familiar. Ya comprado, hacen falta reglas y controles: horarios y no llevarlo a la recámara. Cuando el joven lo vuelve parte de sí, quitarlo es muy difícil.
La tarea de poner límites
GIB. Qué difícil para los padres. Decisiones firmes y necesarias que, a veces, no se toman por no chocar con los hijos.
Juan Carlos Flores. Tal cual. Ser padre es complejo. Poner límites es enseñar que lo deleitable, a veces, cede ante lo arduo: terminar la escuela, una carrera, el deporte o el arte. Un joven no llega lejos si vive en algoritmos hechos para no esforzarse: un dedo, y el estímulo siguiente borra el anterior. No fuimos diseñados para eso.
El sistema debe acompañar a padres, maestros y alumnos para moderar el uso, sin satanizarlo. La tecnología no debe suplir el esfuerzo, sino potenciarlo: comparar, sintetizar, discutir lo que antes no alcanzábamos a leer.
GIB. La tecnología nos facilita la vida y es una ventana al conocimiento, sabiendo cómo aprovecharla.
Juan Carlos Flores. Esa es la clave y el desafío: que la tecnología sea un medio que perfeccione a la persona y no uno que la degrade.
El debate sobre la IA
GIB. La IA encendió el debate: programadores advierten que puede desbordarse; Trump pide no frenar frente a China; León XIV alerta si no sirve al bien común. En la universidad, las tareas salen impecables, pero el alumno no sabe explicarlas. ¿Cómo les ha impactado en educación?
Juan Carlos Flores. Eso que dices es, creo, lo más profundo que enfrenta no Jalisco ni México, sino el mundo. En los años 50 y 60, en la Guerra Fría, el hombre generó una tecnología capaz de autodestruirlo: la nuclear. Algo similar puede pasar ahora con la IA, que puede desbordarse. Al mismo tiempo, si un frente geopolítico no la desarrolla, no equilibra esa relación. Es un medio extraordinario: puede hallar curas que no hemos encontrado, porque el ser humano tiene límites de razonamiento, análisis y síntesis.
El Papa lo dice: nada vale más que la persona; hay que controlarla, no prescindir de ella. Al alumno hay que dejarle claro que potencia, no sustituye. Pedí a investigadores de normales y centros de Jalisco profundizar ya: si no formamos en el uso correcto, otro la usará con otros fines.
Volver a lo básico: formar el carácter
GIB. En este contexto impulsaste en Jalisco un programa de educación con carácter. Lo iniciaste el año pasado. ¿Cómo va, qué avances hay y qué adecuaciones han hecho ante estos fenómenos tecnológicos?
Juan Carlos Flores. Volvimos a lo básico: formar el carácter. El hábito rinde más que el vicio; educar es sembrar virtudes. La IA puede hacer el cálculo; no sustituye las potencias humanas: inteligencia, voluntad, templanza y fortaleza para preferir lo arduo a lo fácil. Filosofía, psicología y neurociencias coinciden: esas capacidades no cambian. Trabajamos prudencia, justicia, templanza, fortaleza y lo que de ellas nace: orden, amabilidad, amistad.
GIB. ¿Qué ha pasado en este último año?
Juan Carlos Flores. El prototipo en seis secundarias está dando buenos resultados: centrarse en el carácter importa más en esta ola tecnológica. En diciembre capacitamos durante tres días a unas 80 mil figuras educativas, públicas y privadas. Hubo un congreso sobre tecnología y carácter. El 28 y 29 de octubre será el octavo de Jalisco Academy, con ese mismo foco. Educar es moldear inteligencia, voluntad, sentidos y pasiones con hábitos buenos. Hemos avanzado.
GIB. ¿Qué sigue en este ciclo, que apenas comenzó?
Juan Carlos Flores. Siguen los papás. El 30 de octubre convocaremos en Guadalajara a líderes de comités de las 14 mil escuelas, para que multipliquen la formación. Muchos trabajan doble turno y dejan al niño con la pantalla.
El peligro es que nadie les explique que el scroll no es magia: el algoritmo va al estímulo y puede manipular. El sistema debe dar herramientas para ver el riesgo y usar bien la tecnología, sin satanizarla.
PISA sacudió al mundo
GIB. PISA reprueba a México y hay retroceso. En Jalisco hablan de mejores noticias. ¿Qué hay detrás?
Juan Carlos Flores. PISA sacudió al mundo: en unos 80 de 90 países bajó el logro. Influyen pantallas y distracción. México, con una muestra 2025 de unos 300 planteles —11 en Jalisco—, sigue en los últimos sitios: 30% no alcanza el mínimo en matemáticas y 50% en expresión verbal.
El gobernador pidió ver Jalisco Avanza, que cubre las 14 mil escuelas. Sin ser extraordinario, el Estado va arriba del país: cerca del 80% logra el mínimo y un 10% muestra capacidades sobresalientes, frente al 1 o 2% nacional en PISA. Hay que subir el estándar. Evaluar es el primer paso; lo que sigue es mejorar, usando bien herramientas que antes no teníamos.
GIB. ¿Cómo cerramos la entrevista?
Juan Carlos Flores. Poniendo el centro de atención en la educación de nuestros alumnos. No hay nada más relevante ahora para un país que concentrarse en su sistema educativo. Cerraría diciendo que toda la sociedad debe involucrarse en este reto. No es solo un tema de maestros: es de la sociedad en su conjunto.


