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OPINIÓN

Desconfianza institucional cobra facturas: La lógica de la sospecha ante el COVID-19

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Educación, por Isabel Venegas // 

Hay diferentes maneras de entender el mundo, para los sociólogos esas posturas han ido evolucionando desde los posicionamientos más positivistas como los de pensadores Comte o Durkheim, hasta pasar por las propuestas de Bourdieu, Weber, Giddens o Luhmann; las teorías más recientes tratan de verlo desde modos más comprensivos, indagan sobre las razones por las que las personas hacen las cosas y los mecanismos para promoverlas o limitarlas.

Hoy estamos ante uno de los fenómenos más avasalladores de la historia moderna. Ni una guerra mundial hubiese podido llegar a tan remotos rincones del planeta, y justo es en la “era del conocimiento” cuando la información ha jugado un papel determinante, muchas veces en contra de los mismos ciudadanos, planteando posibilidades conspiranóicas y abriendo espacios a rebeldías infundadas con lo cual solo ha habido más muerte y dolor.

¿Cuántos casos conocemos que se nieguen a usar el cubrebocas? ¿Cuáles son las principales razones que hemos escuchado? Que el presidente de la república no lo porta siendo él la máxima representación de los mexicanos; si es porque ven de nuevo los negocios abiertos y sienten que ya estamos fuera del peligro, o porque escucharon que con el uso de las mascarillas te puedes enfermar más al respirar tu “propio dióxido de carbono”; cantidades impresionantes de notas que confunden, que mienten y que van contribuyendo a una formación de ese imaginario colectivo.

La contradicción a las políticas de atención mediante procesos de desinfección, del uso de cubrebocas o de mantener la sana distancia, no solo se determina por la mala información o la carencia de esta, sino por mecanismos estructurales que tienen qué ver con el propio comportamiento de las instituciones y de cómo han ido ensanchando una distancia entre quienes dudan de las intenciones de los gobiernos y sus estrategias. En Argentina, la Doctora en antropología por la Universidad de Buenos Aires, María Epele, presentaba por el año 2007 un estudio en el que analizaba las razones de los consumidores de “paco” (residuo de la producción de cocaína) por las cuales decidían no acercarse a los sistemas de salud del estado. Para ello primero revisa la situación geopolítica de Argentina en esos años, y muestra el panorama que lo lleva a ser un estado con una economía deteriorada, que a la vez acerca el mercado de las drogas residuales, afectando estructural y profundamente a la sociedad.

María se pregunta por qué una joven en situación de embarazo que consume este tipo de drogas, a pesar de tener cobertura de servicios sanitarios prefiere no acercarse a la dependencia de salud porque seguramente la van a cuestionar sobre su adicción; ella prefiere mentirle a los médicos o confiar en que “todo va a estar bien” y que puede mantener todo el periodo de gestación sin la supervisión de un doctor. La criminalización del consumo es una de las razones más fuertes vinculada a una falta de acercamiento a las dependencias públicas, y ante la sospecha de esos peligros, de la poca conveniencia de asistir a un centro de salud, y de los engaños que las instancias de gobierno han evidenciado por mucho tiempo, se prefiere correr riesgos tanto para la víctima directa, como para las indirectas; en el caso del parto traerá a un bebé con un muy probable síndrome de abstinencia, realidades crueles que no necesariamente se ven solo en los sectores pobres de la Argentina.

La lógica de la sospecha tiene que ver con las construcciones mentales, con lo que se pondera como prioridad y con la percepción de quienes tienen pocos referentes para hacer un análisis más profundo y a largo plazo. Traigo a colación esta investigación porque Epele descubre ciertas lógicas que se parecen mucho a las que hoy en medio de una tragedia mundial llamada “coronavirus”, se siguen escuchando.

Hace unos días alguien publicaba en redes sociales una frase que decía: “Mientras los muertos no sean tus muertos, no entenderás la gravedad de los que estamos viviendo» sin embargo hemos visto que esto no necesariamente llega a ser verdad con todo y lo tremendamente cruel que es; hay personas que piensan que sus familiares fueron diagnosticados falsamente por solo cubrir las cuotas que el gobierno quiere reportar para seguir sacando dinero, hay quienes creen que en los hospitales los matan para extraerles los órganos y hasta el líquido de las rodillas.

La desconfianza institucional está cobrando cada vez facturas más caras. Continuando con la analogía al caso de las adicciones y las concepciones que descubre María, identifica también la idea de que son los cuerpos policiacos en las zonas pobres de Buenos Aires los que siembran la droga pretendiendo la manipulación, el control y el mercado negro a manos de las mismas autoridades: La mayoría de los usuarios, sostienen que el “paco”, o pasta base, es parte de un plan de aniquilación de los jóvenes pobres.

Se identifica una relación entre las drogas y las pandemias virales que afectan en su interpretación del mundo a poblaciones más vulnerables. La indagación en zonas de alta marginación, de grupos minoritarios, de etnias o clases oprimidas, sitúa la narrativa de experiencias de deterioro, destrucción y muerte que a su vez se relacionan con el propio proceso de fortaleza y resiliencia del ser humano. Señala que es el caso de las teorías que surgieron en Haití y África, que conciben que el VIH es un virus creado para destruir el Tercer Mundo (Farmer 1992); sin embargo, y como apunta Connors (1995), estas teorías no fueron producto de la epidemia.

Indagar sobre las concepciones y percepciones de la población ayuda a entender el mundo desde la óptica del que carece (no solo económicamente), del que está en una situación mucho más complicada o que por las mismas carencias de un sistema educativo obsoleto, no ha conseguido fortalecer un sistema de creencias mucho más consolidado en la crítica, en la oposición de posturas y en la lógica del largo plazo. Por el contrario, la inmediatez con la que tratan de resolver los problemas se va instaurando de modo que se convierte en una nueva estructura social, apuntalada en los esquemas mentales que en ella predominan. Casos como el del SIDA ya mostraban una gran fractura en los vínculos con las instituciones, procesos de discriminación, penalización e intervenciones denigrantes tienen una relación entre la negación a usar medios de protección; se observaba desde entonces cómo las políticas que criminalizaban a quienes a pesar de saber que eran portadores seguían manteniendo relaciones sexuales sin preservativos y sin informar a sus parejas, eran de muy bajo impacto.

La lógica de la sospecha no circunscribe a sectores vulnerables con exclusividad, su radio se extiende y ante el temor de no poder dar respuesta desde otras razones, busca salidas que responsabilizan a instituciones que ya desde antes tenían una credibilidad muy debilitada. A estas fechas México tiene zonas en donde la pandemia se está volviendo caótica, ya tiene estados como el de Tabasco, la tierra natal del presidente de la República, con una tasa de ocupación hospitalaria que ronda por el 90% de camas, sin el personal suficiente (médicos, enfermeras, camilleros, intendentes, etc.) y sin los tratamientos óptimos para salvar la vida.

Cuando María Epele regresó a las zonas de indagación en el 2010, ya había cambiado la forma de mercadeo de drogas, el consumo estaba evolucionando, pero los constructos no tanto. Para ella este tipo de investigaciones orientadas más a la comprensión, intentan reconocer: los niveles de daño que las experiencias reiteradas de malestar, enfermedad y muerte han tenido de generación en generación en conjuntos sociales oprimidos. Los paradigmas que se construyen a partir de la sospecha que subyace en una relación deteriorada entre las dependencias en general, particularmente en el sistema de salud, reflejan periódicamente ideas de complot para la aniquilación, genocidio y corrupción. Confiar en la eficacia de una vacuna no resuelve nuestros problemas de comunicación y organización, esos requieren de un compromiso como sociedad, para el cual cada vez nos queda menos tiempo.

Mat. y M. en C. Isabel Alejandra María Venegas Salazar

E-mail: isa venegas@hotmail.com

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MUNDO

¿Quién quiere asesinar a Trump?

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Los Juegos del Poder, por Gabriel Ibarra Bourjac //

Siempre detrás de los atentados contra figuras poderosas quedará la duda de quién es el que mece la cuna, normalmente los autores materiales son fanáticos o tienen un perfil psicológico con trastornos de personalidad o algún sujeto extremista, simpatizante o miembro de una secta.

Hay magnicidios que vienen a cambiar la historia y el de mayor impacto sin duda en los últimos 70 años es el asesinato en Dallas, Texas del presidente de EEUU, John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963. ¿Quién asesinó a Kennedy?, se preguntó el mundo. Las autoridades señalaron a Lee Harvey Oswald, un ex infante de marina estadounidense como su asesino, detenido 80 minutos después de perpetrado el suceso.

Pero Oswald nunca fue juzgado ya que dos días más tarde, mientras lo trasladaban y lo custodiaba la policía, Jack Ruby, un gángster de Dallas, le disparó y lo mató. Oswald negó haber realizado el crimen. Se concluyó que utilizó para hacer el disparo un rifle de francotirador.

En México se han registrado dos magnicidios en distintas épocas que han sacudido al país. Sucedió en Lomas Taurinas, Tijuana con el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, quien postulado por el PRI se perfilaba para convertirse en presidente de México y oficialmente se trató de un asesinado solitario, como es el caso del asesino confeso Mario Aburto, que está por recuperar su libertad tras purgar 30 años en una cárcel federal.

El 17 de julio de 1928 fue asesinado Álvaro Obregón, después de ganar la elección presidencial para el ejercicio de gobierno en el periodo 1928-1934. El político sonorense se había reelegido. El general Obregón al momento de su asesinato representaba a una importante fuerza política y una notable influencia sobre el bando vencedor emanado de la Revolución. Su asesino fue José León Toral, considerado un fanático católico, sin embargo, siempre quedó la duda si el autor intelectual fue Plutarco Elías Calles, el principal beneficiario de la muerte de su paisano Obregón al quedarse como el heredero del poder.

FALLIDO INTENTO DE ASESINATO DE TRUMP

La noticia que recibimos la tarde del pasado sábado que se había registrado intento de asesinato del candidato presidencial republicano, Donald Trump en un mitin en Pennsylvania, del cual por fortuna salió con una herida en la oreja, estremeció al mundo, por tratarse no sólo de un ex presidente, sino también de alguien que ante este suceso aparecía con serias posibilidades de ganar la elección presidenciales de noviembre próximo al tener enfrente de contrincante al actual presidente de EEUU, Joe Biden, pero con evidentes problemas de salud mental como lo ha evidenciado en sus discursos de campaña al cambiarle de nombre a figuras muy públicas.

Al salir con vida de este atentado y la forma como mediáticamente se ha manejado con esa foto de Trump cuando era levantado por agentes del servicio secreto, con el brazo en alto y el puño cerrado con la bandera de EEUU hondeando al fondo, aumentan las probabilidades de ganar las elecciones presidenciales de noviembre próximo para regresar a la Presidencia.

Por cuestión de milímetros la bala que le dirigió el asesino no alcanzó el objetivo del asesinato.

En torno a este intento frustrado de magnicidio, sobran las especulaciones, pero hay dos visiones, alimentadas por las filias y las fobias de unos y otros: una, que fue un autoatentado y un montaje para aumentar su popularidad; dos que la nomenklatura del poder norteamericano está detrás del intento de homicidio, porque como sea, tratan de evitar que vuelva a la Presidencia de los EEUU, ya que de diversas formas se le han cruzado para evitar que vuelva a la primera magistratura del país, ya que iría en contra de las políticas externas del Presidente Biden, en particular, en torno a la posición de la guerra entre Rusia-Ucrania, que ha sido apoyada firmemente por el gobierno norteamericano.

Desde ya, Donald Trump Jr., ha fijado en la parte superior en su página de X, la frase: ¡Nunca dejará de luchar para salvcar a Estados Unidos!

LAS TEORÍAS DE LAS CONSPIRACIONES

En la lucha descarnada por el poder todo puede pasar, la teoría de la conspiración seguramente se nutrirá con interpretaciones, como lo estamos viendo que hubo un buen número de voces que vieron al asesino subirse al lugar donde se instaló para cazar al candidato presidencial republicano, sin que el servicio secreto norteamericano hubiera hecho algo por evitarlo y estos lo asesinaron después de que Thomas Matthews Crooks realizó los disparos.

Si hubo o no mano negra detrás del joven de 20 años Thomas Matthews Crooks, quien tenía un canal de YouTube sobre armas, difícilmente se sabrá, pero lo cierto es que la violencia alcanza a la política norteamericana, el tema de la necesidad de un control de armas, vuelve a discutirse, sin embargo el mismo Donald Trump ha defendido a la poderosa Asociación Nacional del Rifle (ANR), como lo hizo en Houston el 27 de mayo del 2022 ante un público en su mayoría integrado por hombres blancos y mayores. “La existencia del mal en nuestro mundo no es una razón para desarmar a los ciudadanos respetuosos de la ley. La existencia del mal es una de las mejores razones para armar a los ciudadanos respetuosos de la ley”.

Eso dijo Trump. ¿Seguirá pensando lo mismo después de este sábado violento en el que pudo perder la vida?

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MUNDO

Muchas interrogantes: Trump, el atentado

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Opinión invitada, por Juan Raúl Gutiérrez Zaragoza //

A estas alturas todo el mundo, literal, sabe del atentado en contra del pre-candidato republicano a la Presidencia de los Estados Unidos de América, Donald Trump.

El resumen es sencillo, un tipo disparó contra Trump, falló y lo eliminaron. Sin embargo, es bastante más complicado de lo que a simple vista aparece ante nuestros ojos.

La primera duda que he visto o escuchado es ¿por qué a Donald Trump lo protege el Servicio Secreto? La respuesta la encontramos en la Ley de Expresidentes de aquel país que otorgó, en 1958, a los expresidentes y sus esposas una protección de por vida del Servicio Secreto, una pensión, personal y gastos de oficina, y seguro de salud.

Enseguida se analizará hasta la saciedad la actuación, precisamente, del Servicio Secreto con al menos las siguientes interrogantes básicas: ¿cómo nadie se pudo dar cuenta de que había una persona en una azotea con un arma larga? Para el profesionalismo que caracteriza a los agentes del Servicio Secreto de Estados Unidos pareciera muy fácil haber cubierto el área, en esa zona de Butler, Pensilvania, donde sucedieron los hechos, no tiene edificios, por lo que sería, en principio, sencillo de cubrir el espacio visual completo, incluyendo las terrazas de las casas y/o graneros.

Continuemos, se efectúa el disparo agresor, impacta en la oreja derecha del blanco, este voluntariamente se arroja al piso, llegan los agentes del Servicio Secreto a cubrirlo totalmente y hasta aquí la escena va (medianamente porque faltaron los escudos balísticos que protegieran al principal) como lo marcan sus protocolos. Las interrogantes vienen aquí: ¿Cómo le permitieron los Agentes a Trump levantarse y exponer su pecho y cara en al menos tres veces por cinco segundos aproximadamente? Vaya, le dio tiempo a Trump de encarar al público, levantar la mano y gritar tres veces ¡fight! ¡fight! ¡fight!

Otro detalle a analizar es el tiempo que pasa entre el disparo que impactó la oreja de Trump y la reacción del francotirador del SS para neutralizar al agresor, pareciera que desde antes de la reacción ya lo tuviera en la mira. En efecto, de lo que se desprende en los videos públicos disponibles, se aprecia que, al parecer, el francotirador de la Agencia, ya estaba observando al agresor por su mira telescópica. No paran las interrogantes ¿lo tenía efectivamente en la mira? ¿si fuera así, este Agente le informó o no a sus superiores de la situación? ¿recibió la orden de disparar al agresor antes de que este accionara su arma, no obedeció? ¿No recibió esa orden hasta después de que el francotirador detonara la letal bala?

Más aún, en prensa y redes sociales estadounidenses corren un sin número de versiones que se habrán de convertir en líneas de investigación, narro dos de ellas: la primera, que personas asistentes al evento señalaron a diferentes autoridades policiales de la presencia de una persona en esa terraza y la supuesta declaración, en una de esas redes sociales, la segunda, la del Agente del SS que mencionó que, supuestamente, mencionó que avisó a su rango siguiente en la línea de mando y que este no le autorizó el disparo oportuno que impidiera la agresión.

Continúan las preguntas ¿por qué el o los disparos al agresor fueron mortales? ¿pudieron ser solo para inmovilizarlo y después interrogarlo? Al fin, eran solo 120 de metros de distancia, que para un francotirador entrenado es una distancia corta suficiente para hacer impacto en una parte del cuerpo que no causara la muerte. Cuando digo “solo 120 metros” parecieran muchos, pero como referencia señalaré que el record de un experto en este tipo de disparos fue atinar a su blanco a 3,540 metros.

Todavía hay muchos cuestionamientos, cito algunos: ¿quién fue el agresor más allá de su nombre (Thomas Matthew Crooks, de 20 años, quien vivía en Bethel Park, Pensilvania)? ¿Cuáles fueron sus motivos? ¿A qué grupo representaba? ¿Representaba a algún grupo o solo se le ocurrió un sábado cualquiera? ¿Quién o quiénes permitieron que estuviera en esa terraza?, estos, entre muchos otros por supuesto.

No faltarán las teorías del complot y de conspiración, dejemos que la autoridad correspondiente investigue.

Por otra parte, es imposible no referirme a la imagen de Trump, que ilustra a varios rotativos mundiales en su portada: la sangre en su rostro, el puño en todo lo alto, la mirada de los Agentes del SS, la bandera ondeando, etc., sin duda será la foto de la campaña de Trump y se convertirá en un ícono de esta generación, a estas alturas debe haber ya miles o millones de camisetas y otros souvenirs con esa imagen.

Perdón, pero tengo que seguir hablando de esa imagen porque lo tiene todo para darle una potencia visual que difícilmente será superada en lo que resta de esta campaña y las subsecuentes, será icónica. El marco referencial de la foto, es insuperable, representando a un Trump fuerte, enérgico, decidido, valiente, que será contrastada a la de Biden en el anterior debate, donde todos lo vimos frágil, débil, dubitativo, temeroso. El Trump que, en un momento tan difícil, con su vida en peligro tiene la cabeza tan fría que se levanta victorioso, arenga a sus seguidores y los conmina a pelear, frente a la imagen de Biden, que en un ambiente mucho más relajado confunde los nombres del Presidente de Ucrania con el de Rusia y el de su propia vicepresidenta con el de Trump. El contraste entre ambas situaciones será inminente y JB no saldrá bien librado.

Vamos con un poco de números, 2 % es la diferencia a favor de Trump después del debate, veremos en la siguiente medición cuánto aumenta. En el caso de Reagan después de su atentado, la diferencia fue de 22 % en el aumento de su popularidad. En las casas de apuesta, después del atentado, la probabilidad de triunfo de Trump aumentó 10%, quedando en 70 contra el 17 de Biden.

Para la contienda presidencial, si es que se mantienen estos dos candidatos, la pregunta no será si gana Trump, sino por cuánto ganará.

Por si faltara poco, todo esto se da en medio de una generalizada política del odio en casi todo el mundo, contando lo público y lo privado, baste solo ver nuestras propias redes sociales y encontraremos innumerables ejemplos de esa polarización.

Tenemos que revisar analistas, columnistas, youtubers, entre otros actores, cuál es nuestra contribución al clima de odio reinante.

Me despido con dos preguntas ¿qué tanto cambiará el mundo después de Butler? y, ¿seguros que Hollywood o alguna plataforma creadora de series no está escribiendo ya el guion?

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NACIONALES

¡Larga vida a la escuela pública!

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Por Isabel Venegas //

Siempre ha sido un gran reto establecer la distancia entre los ideales y anhelos del “deber ser” y las realidades de lo que se puede ser cualquier institución; en esta complejidad encontramos a la educación pública, tan amada por su valía y tan poco valorada por sus resultados tangibles; la mayoría de las personas adultas con hijos piensa que la escuela pública es una maravilla, pero si tienen las posibilidades, mejor inscriben a sus pequeños en una institución privada.

¿Por qué suele haber esa discrepancia? En primer lugar, sucede que la mayoría de las personas de nuestra generación proviene de escuelas públicas, es decir, para cuando fuimos niños, la oferta era muy poca y los costos de esas colegiaturas eran muy altos; también es un hecho que la dinámica social era diferente, y los resultados de la formación eran tal vez que mejores, o tal vez que eso creíamos, pero a final de cuentas eran diferentes.

Hoy la escuela enfrenta muchos retos que incrementan la complejidad: la dinámica familiar se ha transformado y la tarea de los padres de familia cada vez es menor en la cooperación para que los niños “completen” sus tareas académicas en casa, por el contrario, la escuela asume cada vez más el rol de formador desde la personalidad, los valores, la identidad, la ética y todo lo que tiene que ver con considerar a los pequeños estudiantes, como seres que en la mayoría de las veces, solo conviven con esos profesores y compañeros de clase; el resto del día puede ser una Tablet o un celular.

Tengamos en cuenta que nuestra SEP es muy joven, el 3 de octubre de 1921, se publicaba el decreto en el Diario Oficial de la Federación, con el que se creaba la Secretaría de Educación Pública, y asumía la titularidad del cargo su primer secretario, el Lic. José Vasconcelos Calderón, con la visión y necesidades de hace tan solo poco más de 100 años:

«Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo, en favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productiva de cada mano que trabaja, de cada cerebro que piensa (…) trabajo útil, trabajo productivo, acción noble y pensam¿iento alto, he allí nuestro propósito”, José Vasconcelos.

Es necesario también pensar en la falta que están haciendo los presupuestos, dineros que no alcanzan para mantener los mínimos indispensables de edificios que, si no se mantienen funcionales, poco pueden representar en la formación de niños y niñas que requieren tener una imagen de la limpieza y el orden para construir su propia identidad a partir de entornos higiénicos y bonitos.

Eso sin dejar de lado la asignación de recurso para las nóminas; en 1919 había 9,560 profesores, pero para 1921 el número creció 25,312; al día de hoy, tan solo en nuestro estado se registran 127,352 profesores en la Secretaría de Educación Jalisco. Según el INEGI, por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, México cuenta con 1,225,580 de maestras y maestros en educación básica.

La revolución de la vida con las tecnologías que nos han tocado, obliga a repensar muchas cosas, y tal vez que ya se llegó la fecha de subir al escenario la reingeniería de la educación pública, porque los tiempos, las dinámicas y la filosofía de vida ya no es la misma de hace tan solo diez o veinte años. La sociedad líquida de la que habla Zygmunt Bauman nos hace cuestionar si el gasto en esos edificios, en esas butacas y en esos pizarrones sigue teniendo sentido, en “ese” sentido.

Procurar la transformación obliga a una parada, la reflexión ¿de dónde y cómo surgió la escuela pública? Debemos considerar que, para ese momento, el objetivo era dotar de elementos a toda la población que estaba totalmente carente de estudios, aquellos que de otra manera no iban a tener ninguna posibilidad de aprender a leer, escribir, y con un poco de suerte, tener un oficio como medio para mejorar su economía personal.

Mirar a la educación con ese sentido de justicia social, es reconocerle la altísima encomienda de atender a los niños sin contar con nada más que su propia inteligencia y la motivación intrínseca que se va movilizando a partir del descubrimiento de algo nuevo cada día.

La escuela de hoy puede decir que no cuenta prácticamente con los padres de familia, puesto que ambos hoy se encuentran trabajando con jornadas que agotan su tiempo y sus energías; son los profesores los que abrazan a sus alumnos, los escuchan y acompañan en su proceso de construcción personal. Es justo ahora cuando los maestros deben de tener el respaldo social para hacer la tarea más importante de nuestra vida: ser el refugio de las niñas, niños y adolescentes, ante la lucha diaria; pelea que se da en contra de la ignorancia, la falta de identidad, las drogas, la falta de autoestima, la violencia local y global, y un sinfín de elementos a los que están expuestos todos los días y a todas horas.

Nuestros niños, niñas y adolescentes no pueden esperar a que nos sobre el tiempo para atenderlos, aunque desgraciadamente poner un celular en sus manos los haga acallar la urgencia de escucharlos y atender sus demandas.

Disfrutemos este periodo vacacional con ellas y ellos, démosles espacio para que platiquen y cuenten sus preocupaciones, aspiraciones, pero pongamos en acción todas las ideas para que la escuela siga siendo ese lugar al que acuden cada mañana con emoción y alegría, donde se encuentran con sus mejores amigos, y donde está un tutor y guía que los apoya al contestar las preguntas importantes de la vida.

Que la escuela sea espacio de información, formación, refugio y protección. Que estas generaciones cada vez aprendan más cosas, descubran respuestas interesantes antes los enigmas del universo, pero, sobre todo, que no se sientan solos, que perciban el abrazo amoroso de una sociedad que confía en que cada uno de ellos ha venido a aportar algo extraordinario a nuestra sociedad. ¡Larga vida a la escuela pública!

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Tendencias

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